La otra botella

De lo que hablamos cuando blogueamos de vino

Febrero 8, 2010 · Dejar un comentario

Hace solamente un par de semanas que hice mi anuncio de hiato y debo confesarles que me han parecido a la vez demasiado y muy poco tiempo.

Tenía un cierto mono de bloguero, pero a la vez sentía ansiedad en cuanto a retornar a la actividad sin haber organizado mis pensamientos y—más importante aún—sin sentirme todo lo fresco y vitalizado que quería estar.

Llega la segunda semana de febrero y, eso sí, como soy hombre de mi palabra, aquí estoy,  atormentado por severas dudas sobre si continuar un régimen como el que me caracterizara hasta el otro día. Quizás he sido demasiado prolífico, lo que puede ser un coñazo. Considerando que según un estudio reciente, 1.1 de cada 10 adultos mayores de 30 años con conexión a la internet mantiene un blog, ¿quién diablos tiene tiempo para leer tanto material, particularmente si uno que otro bloguero se monta posts interdiarios de mil y pico de palabras y con montones de enlaces a lectura secundaria?

Es que soy un tipo muy considerado, les digo…

Junto con mis tantísimas ruminaciones en cuanto al tema de la cantidad de entradas que produzco, está lo de la calidad. Yo me autojuzgo constantemente, pensándome como un internauta cualquiera, que llego a leerme así, de la nada… ¿De qué voy?

No es casualidad que brutalizara yo el título de un cuento de Raymond Carver, “What We Talk About When We Talk About Love”. Podemos sustituir la ginebra que propulsa la conversación de los cuatro protagonistas del relato por vino y más o menos… Bueno, utilicen la imaginación.

La otra botella es, en principio, un blog sobre la cultura del vino. Es también, inevitablemente, un blog sobre el consumo de vino (mucho vino, dicho sea de paso). Es también un blog sobre las circunstancias en que sucede dicho consumo—físicas, emocionales, sociales, históricas, políticas, económicas… A cada rato se oye un poco de música que acompañe el meditar. O les llamo a ser solidarios con una causa noble (Haití es el más reciente ejemplo). O me encuentro con algún libro, fotografía, cuadro, amigo (la gente tiene una habilidad increible para convertirse en obra de arte a mis ojos) y… Ocurre lo que ocurre. Ya saben. Como suelo decir, todo conecta. Y este blog acaba siendo, al final, sobre el vivir y el beber de este hombre calvo, regordete, altamente sarcástico,  bastante preocupado y deprimido ante el mundo que lo rodea (lo admito para que nadie especule) y rápidamente envejeciente. En torno a botellas de vino ocurren mis momentos de mayor lucidez, honestidad y goce intelectual (aquella jouissance mental de la que hablaba Roland Barthes, apoyado en Lacan). A ellos hago honor aquí. De ellos hablo cuando blogueo de vino.

Y a veces tengo amplio motivo para creer en las inmensas recompensas de este blog mío, más allá del desahogo (o narcisismo, según se vea) de escribir. La principal de estas recompensas es como me une a gente. Ya la página de La otra botella en Facebook va por más de 250 fans, muchos de los cuales no conozco en lo absoluto. Sin embargo, ver sus avatares en el recuadro allí, o en las páginas de comentarios de este blog, me hace pensar en ellos como amigos reales—los que he tenido el placer de encontrarme en vivo—y potenciales—los que aún no—de mi persona, ya que parecen serlo de mis textos. A los que dicen que estar tan “internetizado” es un aislante y un asesino del contacto humano les propongo que, al contrario, si uno tiene suerte, es tremendo potenciador de afinidades electivas, que son la verdadera base del afecto.

Tomemos, por ejemplo, la joven pareja dominicana con quien salimos a cenar Josie y yo el jueves pasado. César Castro-Pou y su novia Mary Ann acaban de regresar a su país después de unos añitos estudiando en Barcelona. César me abordó por primera vez al enterarse de que este bloguero enómano perdido vive y bebe en su ciudad natal, mire usté… Me preguntó por un mensajito de Facebook como me hacía para sobrevivir vínicamente. Yo le conté. Me escribió desde Barcelona sobre su retorno y Mary Ann y César hacen su debut en La Otra Botellasu decisión de dedicarse a importar vino de verdad a este país. Yo le ofrecí todo mi apoyo. Mensajes fueron, mensajes vinieron. Y hace unos días pudimos reunirnos a verificar que no solamente eramos seres reales, sino que encima hasta somos buena gente. Todo gracias a un blog de entre millones que hay hechos por treintones, cuarentones, cincuentones y otros dizque adultos pobladores de la red.

¿Qué les cuento? Pues que nos reunimos en esa trattoria a la que siempre voy, donde de vez en cuando me permiten llevar alguna botelluca y, además, tienen una lista de vinos decente. Para comenzar nos pedimos un Foradori “Myrto” 2006, blanco ganador de un Botellazo™ al “Vino Que Más Ha Hecho Por la Salud Mental de Camblor”, y nos salió no rana, sino ranísima. Horrible peste sulfúrica que no hubo aireación que le quitara. Y estuvimos esperando su disipación durante casi tres horas… Para compensar por este fiasquillo, ordené de la carta un Abbazia de Novacella, Kerner, Alto Adige 2007, viejo amigo que no defraudó. Perfumado y casi graso en boca, pero con vibrante acidez y mineralidad. Además, para agasajar a estos nuevos amigos, yo había llevado un Pierre Damoy, Chambertin Grand Cru 2000—botella importada a mano por Josie en algún momento, adquirida por recomendación del personal de alguna tienda manhattaniana.

Demasiada madera encima, pobrecito. No que no hubiese un buen vino debajo, con bastante concentración y bonitos elementos florales, frutales y térreos. Pero la carga tablonal viajaba separada del todo, molestando con un vainillazo trivializante. Pena. Quizás integre algún día, pero como era la única botella que tenía de él y asumí que los 2000 son para beber antes mejor que después, quizás ya no me entere.

¿Que por qué saco a trapo esto? Pues vinos insatisfactorios, y sin embargo, satisfactorios al propiciar un buen encuentro de enómanos hardcore en un lugar donde, a decir verdad, no parece abundar esa especie. La vida a veces se porta bien. De eso hablo yo cuando blogueo de vino. Antes de ponerme a contarles sobre todo lo que hice en mi más reciente visita a Nueva York (habrá revelaciones explosivas), una cancioncita de The Rosebuds que viene mucho al caso…

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Si quieres encontrarme, ya sabes donde estoy…

Enero 25, 2010 · 7 comentarios

El comienzo del 2010 ha sido terrible de muchas maneras. La primera tiene que ver con mi marcada falta de inspiración para bloguear, que se ha vuelto aún más notable en las últimas dos semanas, tras el terrible terremoto que destruyera a Haití. nación vecina del país en que actualmente habito.

El Camblor que les escribe estas líneas es un hombre bastante cansado y triste. Necesito tomarme un respiro de todo, recobrar la perspectiva y hacerme ver la cantidad de achaques físicos que mis tres décadas de diabetes me han endilgado.

Es justo que me vaya por ahí un rato. Lejos de este lugar. A casa. Mañana mismo.No habrá entregas de La otra botella hasta que regrese de este merecido descanso, en la segunda semana de febrero. Espero no molestar mucho con esto. Y lo que es más, si les da el mono otrobotellil pueden seguir mis comentarios breves, requiebros amorosos, notas fugitivas de bebienda y todo lo demás que se me ocurra colgar en nuestra página de Facebook.

Es que es tanto más fácil publicar cositas desde el iPhone allí que aquí…

Bueno, ya saben.

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Escuchando…

Enero 22, 2010 · 5 comentarios

He aquí un videoclip explicando el álbum que repite en mi mente…

La exquisitamente desgarradora Concha Buika con el maestrazo Chucho Valdés. Interpretando el material de la inimitable Chavela Vargas, diosa de mis amarguras que, como decía el gran Sabina, “no son amargas”. Es una combinación inesperada, pero a la vez casi cósmicamente preordenada. En el reportaje del video, me encanta como Concha explica las canciones con las que trabajaron. Es casi como si estuviese explicando un terroir.  El disco de Concha y Chucho se titula E último trago, y como el último trago de un vino conmovedor, no tiene desperdicio.

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And Now, For Something Completely Different…

Enero 21, 2010 · 1 comentario

Ha sido un comienzo de año terrible, el del 2010. Les confieso que no solamente me eluden las ganas de escribir sobre vino, música, libros, etc. Lo que es más, mi ritmo de producción del 2009 ahora se me hace impensable. La catástrofe en Haití ha realineado mis prioridades. He ayudado económicamente todo lo que he podido y, sintiéndome que no es suficiente, he comprometido mi tiempo y energía a crear conciencia, a movilizar a amigos… He visto excelentes iniciativas que están dando buenos resultados, como la Subasta de Vinos Extraordinarios. Y estoy seguro de que otras iniciativas igualmente buenas surgirán. La crisis en Haití es a largo plazo. La necesidad no desaparecerá en mucho tiempo. O sea que todo lo que imaginemos será útil.

Intento despejarme un poco de las preocupaciones, zafarme de los hilos noticiosos, zafarme de los intentos de telemaratón, porque estoy consciente de una vaga necesidad de escribir sobre algo más. Pero, francamente, no tengo muy claro sobre que. Anoche abrí una botella que me vino regalada. Era del Argiolas, “Costera”, Cannonau di Sardegna DOC 2006. No hace mucho leí u oí algo sobre una tragedia en la familia que regentea esta bodega grande de Cerdeña. Me falla la memoria. Otra seña más de lo malo que ha sido el inicio de año y década, ¿qué puedo decirles? Recordaba vinos de Argiolas consumidos en cierto restaurantico italiano de la Calle Fortaleza en el Viejo San Juan, cuando Josie y yo vivíamos en Puerto Rico hace una docena de años. El restaurantico desapareció ya. Y los vinos, si este Costera es el ejemplo, no se parecen a los tintos rusticones, pero elocuentes, que recuerdo. La desganada nota de cnsumición que le dediqué anoche en mi libreta negra pone lo siguiente: Un tinto aparatosamente licoroso, fofo, pesado, en el que es ineludible la desagradable memoria del jugp de ciruela pasa. A  13.5% de alcohol no acaba de quemar, pero su peso resulta abrasivo en boca. Cosa rara en un vino completamente liso. Te hiere por puro tamaño.

Sobró más de la mitad de la botella. En la mañana, antes de decidir lo que haría con los restos, olí lo que quedaba en una de las copas. Jugo de ciruela pasa.

¿Les he contado que nozco a nadie que haya nacido en Paraguay? Pues tampoco conozco a nadie a quien le guste el jugo de ciruela pasa.  Son limitaciones serias que tengo. O quizás no.

El jugo de ciruela pasa es recomendado por nutricionistas y médicos como promotor de la regularidad intestinal. No que yo tenga necesidad de esas cosas, pues en ese aspecto funciono excelentemente, gracias. Pero son cosas que he oido por ahí. Algunos toman batiditos de fibra. Otros le pegan al jugo de ciruela para aliviar el extreñímiento.

¿Les conté también que estoy viendo mucho CNN últimamente? Pues me salió un anuncio curioso el otro día. Aparentemente, la marca de endulcorante dietético norteamericana Splenda® ha lanzado una nueva variante de su producto “enriquecida con fibra”, para ayudar a ya ustedes saben que. Como diabético insulinodependiente, consumo bastante Splenda, pero del “regular”. Es con lo que endulzo los múltiples cafés que me tomo al día. Es un producto que te lo venden como supuestamente obtenido de azúcar natural, pero sin la carga de hidratos de carbono y las calorías del azúcar. Y la verdad es que endulza aceptablemente.

Lo de la fibra añadida me da una idea.

Pensando yo en ese Cannonau di Sardegna de Argiolas, que me parece un vino bastante tratadito, se me ocurre que, ya que tiene tanto olor y sabor a jugo de ciruela pasa, quizás una adición de fibra sería un tremendo golpe comercial. Ya saben, te das un cantazo de vino y te ayuda a la hora de ir al baño. Podía ser un éxito. Añadir más beneficios de salud al vino tinto… Imagínenselo.

Hablando de salud, me acabo de hacer fan de una página en Facebook que promete.  Digo que promete porque profesa el odio a las puntuaciones de vinos en su título, porque hay muchos amigos míos que son fans y porque lo primero que ves si entras hoy es un chismecito muy gustoso. ¿Será cierto el rumor sobre el despido de Jay Miller del Wine Advocate?

Una para que se la piensen. Uno aquí hablando de ayudas para evacuar y resulta que puede que al pobre Dr. Jay lo hayan evacuado. Es que todo conecta. Este servidor de ustedes ahora se va a descansar un ratito. Quizás en Nueva York.

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A mis amigos hacedores y mercadeadores de vino…

Enero 19, 2010 · 6 comentarios

Sigo esperanzado los despliegues de generosidad provenientes de todas partes del mundo, destinados a ayudar a Haití tras el terrible terremoto de la semana pasada. Anoche Josie y yo vimos el telemaratón de CNN, en el que se recaudaron más de US$9,000,000, y Joel Madden (el cantante de la banda  Good Charlotte) declaró: “Nosotros somos todo lo que tiene Haití”. Palabras muy ciertas. Sin nuestra ayuda, Haití queda reducida a la desesperanza absoluta.

Ayer escribí una entrada titulada “Solidaridad. Generosidad.” Continúo en la misma línea de pensamiento. Me enteré esta mañana de que la Subasta de Vinos Extraordinarios ya va por más de 4,000€ en pujas y se me ocurrió apelar a todos los amigos de la industria del vino que me leen y corresponden conmigo frecuentemente: Dueños de bodegas, enólogos, comerciales, sumilleres, dueños de tiendas… ¿Por qué no echar mano a algunas botellas en sus bodegas y donarlas a la Subasta de Vinos Extraordinarios, o, alternativamente, a cualquiera de las otras subastas a beneficio de Haití que me he enterado se están planificando? Añadas viejas, o algo de lo que se sientan especialmente orgullosos—piénsenlo, en vez de dármelo a catar a mí en alguna de ésas que nos veamos, donarlo a esta causa tan noble y tan crucial sería magnífico. Haití se los agradecería inmensamente. Yo también.

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Solidaridad. Generosidad.

Enero 18, 2010 · 7 comentarios

Si la tragedia en Haití deja el corazón roto, ver la solidaridad de la gente en todas partes para con las víctimas del terremoto de la semana pasada va un buen trecho en el camino a hacerlo a uno sentir menos esa rotura. Y lo inspira a uno no solamente a dar y actuar, sino a seguir dando y actuando al máximo. No es momento éste para flaquear. La ayuda a nuestros hermanos haitianos debe seguir. Si no podemos ayudar económicamente, podemos dar de nuestro tiempo y continuar motivando a otros a donar.

Varias iniciativas excelentes surgieron la semana pasada en el mundo del vino. Del lado norteamericano está la subasta de Palate Press, así como también la cata benéfica celebrada el sábado en Nueva York, en Chambers Street Wines, con vinos de Louis/Dressner Selections. Las últimas noticias son que la recaudación excedió los US$9,000. Todo va a Stand For Haiti/Partners In Health (pueden ustedes donar a esta organización también, aunque no pudiesen asistir a esa cata, directamente desde esta página; sólo utilicen el botón anaranjado que ven en el margen derecho).

Ayer recibí, además, noticias de otro proyecto de ayuda, éste desde España y organizado por un grupo de foreros de Verema.com, quienes han lanzado una Subasta de Vinos Extraordinarios con botellas donadas por particulares generosos y alguna que otra bodega amiga. Dejaré que los organizadores mismos lo expliquen y den las instrucciones para donar vinos que subastar o pujar por los vinos subastados.Para seguir la subasta también pueden hacerse fans de la página de Vinos Extraordinarios en Facebook.

Oigo por ahí que hay más planes para actividades benéficas. Me alegro. Y espero que crezca y crezca el ánimo de ayudar. Haití nos necesita. Ayudemos. Es crucial.

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Cositas y cosotas: 15.01.2010

Enero 15, 2010 · 3 comentarios

Iba ya a saltarme el “Cositas y cosotas” de esta semana, pues en realidad lo que ocupa principalmente mis energías mentales y físicas es ayudar a las víctimas del terrible terremoto del martes en Haití. Por favor, si no lo han hecho aún, tomen conciencia y colaboren con todo lo que puedan. Donen generosamente a la organización benéfica que prefieran. Donen dinero, donen sangre, donen medicamentos, alimentos… Pero por lo más que quieran, no piensen que “la vida sigue” e ignoren este desastre. Recuerden, hoy es por Haití, pero mañana puede ser por cualquiera de nosotros, sin importar cuan desarrollado, poderoso o estable creamos el país en que vivimos.

Les recuerdo que en la sección Impact Your World de CNN.com encontrarán una utilísima lista de organizaciones que ya tienen al menos un poco de conocimiento e infraestructura en Haití con la cual expeditar la ayuda, en la medida en que algo pueda ser expeditable entre tanta devastación.

Perdonen si lo que sigue les suena un poquito desganado. Mi mujer me aconsejó escribir la entrega, aunque en realidad el ánimo no estuviera, por lo de intentar despejar un poco la preocupación.

La cultureta del vino parece querer compensar por no darnos mucho de que hablar en la primera semana del 2010. El día antes del terremoto, nuestro amigo Dr. Vino presentó una entrada interesantísima en su blog, cuestionando si en realidad es posible y económicamente viable que Robert M. Parker, Jr. y su Wine Advocate compren de su propio bolsillo el porcentaje de vinos que alegan comprar para sus catas (dependiendo del momento histórico en que se le ha preguntado, la cifra ha sido anunciada por el megacrítico norteamericano  como 75%, 70%, 65%, etc.)

Según los cálculos de Dr. Vino—extrapolando cifras a partir de la edición de diciembre 2009 del Wine Advocate tomando en cuenta el porcentaje de “compras” que dictaría la política de esa publicación—, Parker reseña vinos por un valor promedio aproximado de US$1.2 millones cada año. Un 60% de esto da más o menos a US$700,000. Sigue la presentación del número de suscriptores del Wine Advocate (publicación, dicho sea de paso para refrescar la memoria, que no admite publicidad), la tarifa de suscripción y otras cifras interesantes. Y como quiera que uno lo mire, el cálculo no da ni a jodidas. Pero seguro que hay una explicación. La cosa es que alguien nos la dé.

En una noticia que quizás pudiese estar relacionada, la revista Sibaritas de Pepe Peñín dejará de publicarse. Esto lo tengo del genial blog de Alfredo Selas, A ojo de buen cubero (somos vecinos de enlace en lomejordelvinoderioja.com, por cierto). Les recomiendo leer su texto y comentarlo. Meteoro. Dinosaurios. Me pregunto si alguno de esos gigantes extintos se preguntó “¿Qué he hecho yo para merecer esto?” antes del momento en que cayó…

Pero no estamos como para Schadenfreude, no señor.

Otras noticias a las que he dedicado alguna micra peregrina de espacio mental: Según Decanter, está en franco alza la demanda de los grands vins de Burdeos para el año nuevo chino. Sí, claro, y el gobierno chino sólo se comprometió a aportar US$1 millón para ayudar a Haití. Muy María Antonieta, eso…

Como todo conecta, vale poner otra noticia de Decanter sobre Burdeos. O dos. Resulta que hay una línea nueva del TGV que conectará Burdeos, Toulouse y España amenaza parte de los viñedos de Graves. Sí, porque tenía que venir a fastidiar a la única de las apelaciones bordelesas de las que todavía compro algún vinito yo. Ah, y en el tema de amenazas a Burdeos, la enfermedad de la vid que por allá llaman flavescence dorée está siendo llamada por algunos un mal posiblemente tan devastador como la filoxera.

La verdad es que buenas noticias, lo que se dice buenas noticias, no parece habre pa’ nadie. Mucha gente habla de lo malo que fue el 2009. Los augurios del principio del 2010 espeluznan, al menos a mí. Les dejo con una canción favorita mía para momentos en los que me siento como me siento ahora. Aquí está el difunto Warren Zevon, exhortándonos a la verdad…

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Imágenes desgarradoras de una tragedia

Enero 14, 2010 · 10 comentarios

Amigos y amigas lectores de este espacio,

La catástrofe en Haití es de proporciones inmensas, inimaginables para muchos de nosotros que estamos acostumbrados a vidas de comodidad y seguridad. El país más pobre del hemisferio occidental ha recibido un golpe formidable y debemos ayudarlo. Millares de vidas humanas se han perdido y Puerto Príncipe yace en ruinas. Rompe el corazón pensar en la desesperación de esta pobre gente. Brindarles todo el alivio que podamos es nuestra obligación.

No soy capaz de escribir de vino, música y buena vida en estos momentos. Sólo intento concentrarme en contribuir—con dinero, con energía, con medicamentos, con agua potable, con lo que sea. Esta mañana recibí el desgarrador reportaje gráfico de Luis Alcalá del Olmo, un antiguo colega de mi esposa en el diario puertorriqueño Primera hora y estoy completamente convencido de que no podemos quedarnos como si esto no fuese asunto nuestro.

Les ruego que, si no lo han hecho ya, hagan donativos a la Cruz Roja Internacional, Médicos Sin Fronteras, Yelé Haiti, la Fundación Clinton y todas las otras organizaciones que en estos momentos comienzan a brindar  necesarísima asistencia al pueblo haitiano (un buen lugar donde encontrar listados de estas organizaciones es aquí; hay enlaces directos para hacer donativos inmediatamente). Recuerden, todos somos humanos y es hoy por Haití, mañana por cualquiera de nosotros.

Les agradezco todo lo que puedan hacer.Ya volveremos a hablar del mundo del vino otro día.

Manuel

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Es el momento de ayudar.

Enero 13, 2010 · 9 comentarios

Antes de que empiecen las alusiones a Roma ardiendo y Nerón haciendo música, quisiera dar una aclaración. La publicación de la anterior entrada en La otra botella coincidió más o menos con el momento en que un potente terremoto sacudía el área de Port-au-Prince, en la vecina nación de Haití. Esto fue pura coincidencia, pues ya la entrada estaba escrita desde hacía rato y en fila para autopublicarse a una hora de la tarde elegida al azar.

Quería informarles a todos aquellos lectores y amigos que se han preocupado por nosotros, que estamos bien. Gracias por tenernos en la mente y el corazón. Se sintió un fuerte temblor en Santo Domingo, pero nada más. Me encontraba yo revisando un trabajo en mi despacho y asumí que la sacudida del edificio se debía a alguna de las excavadoras en las construcciones circundantes. Ni me levanté de mi silla. O sea que el susto, si susto hubo, fue posterior a los hechos.  Haití, en cambio, es una historia muy distinta… Una de horror y desolación. Debemos unirnos y dar generosamente de nuestro tiempo y recursos para ayudar a ese país tan pobre, que ahora se ve sumido en esta tragedia de inmensas proporciones. Donen alimentos enlatados, donen medicamentos, donen dinero… Si encuentran una manera particularmente eficiente de ayudar, por favor informen a todos los que conocen para hacer el esfuerzo lo más grande y potente posible. Seamos lo que debemos ser y ayudemos.

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Dime, ombligo…

Enero 12, 2010 · Dejar un comentario

Perdonen ustedes si hago un poco de autoanálisis en público. La temática de mi última entrega me ha dejado pensando sobre opciones de lenguaje para intercambiar mis experiencias como amante del vino. No que éste sea un problema nuevo, ni mucho menos. Más bien es un viejo némesis que saca su cabeza y se burla de mí cada par de meses, creándome unas crisis existenciales de no te menees…

Lo del autoanálisis viene de los comentarios de esa anterior entrada. Hablábamos de encontrar términos comprensibles en los que expresar lo que nos emociona o no de cada vino que probamos. Joan Gómez Pallarès, que aparte de muy buena gente es muy sabio, tocó en lo mucho que me sirve a mí la música para dilucidar otras cosas. A base de música—es verdad—pueden explicarse muchas de mis actitudes, incluso algunas de las más contradictorias.

Mientras trabajo, suelo tener música puesta en mi computadora. Confío en iTunes para elegir bien entre la tremenda cantidad de canciones que poseo. Desconozco los criterios del Genius de iTunes para elegir la música, pero una canción que me encanta sale con bastante frecuencia. Como hace unos minutos. Les he encontrado el video, que es, para más señas, de la versión exacta de la que les hablo, en directo en el Royal Albert Hall…

“Jealous of Youth” es un underground classic de The The, una “banda” bastante enigmática que gira en torno a un solo hombre, el genial Matt Johnson, o que no gira en lo absoluto, pues hace años que no sale nada bajo esa firma. Las comillas en torno a “banda” son porque en realidad la mayor parte del tiempo The The ha sido Johnson solito, aunque a veces ha hecho cosas mágicas con un elenco rotativo de músicos geniales.

Tal es el caso de esta canción, dramática, cómica, pegajosa y funky al mismo tiempo. Si ya han visto el video de arriba, saben que hay muchos elementos exquisitos ahí. Principal entre ellos es la presencia de Johnny Marr. Intrigante es que en una entrevista Marr declaró que pasó más tiempo como guitarrista de The The que con The Smiths, la banda que hizo su fama originalmente.

La interpretación de Marr aquí es plurivalente, a la vez textural y de “gancho”. Esos tintineos agudos que repiten y repiten bien podrían ser el estribillo de la canción, sin hacer falta más nada.  Hipnóticos. Y sumamente de Johnny Marr. No sé, pero se me hacen inmediatamente identificables. Por el tono de la stratocaster y el fraseo. Por parecer una especie de alter ego, más angular y de mayor economía sonora (todo suena claro y preciso en la guitarra) que aquel “The Draize Train” instrumental de The Smiths, también en vivo en Rank.

¿Repetiré con gusto tantas veces “Jealous of Youth” por mera familiaridad? ¿Por mi admiradísimo Johnny Marr y como la canción conecta dos etapas de su carrera de forma absolutamente clara para mí? ¿Es Johnny Marr la marca de terroir de esta canción?

Posiblemente. Pero no podemos dejar de considerar a Matt Johnson. Su voz siempre ha tenido para mí veta de madera quemada por colillas de cigarrillo en algún bar que frecuenté alguna vez. Y líneas como “Quiero vivir, pero no soy un hombre lo suficientemente grande como para hacer algo más que pensar” lo hacen candidato ideal para bloguero del vino, me parece.

Sardónico, pero con un genuino eco de amargura resulta el momento en que, a media pieza, Matt habla a una antigua enamorada. “Pensamos que nunca nos dejaríamos ir. ¿Ah no?” Es uno de los espejos por donde entro. Y vuelvo a entrar.

Me da por acordarme de un vino del cual he consumido un par de cajas ya en los dos años que llevo viviendo en Santo Domingo, el Viña Ardanza 2000 de La Rioja Alta S.A.

Creo haber dejado abundantemente claro que en el mercado local de aquí no hay muchos vinos que me cautiven. Los que logran satisfacerme lo hacen, estoy seguro, por no tener mucha competencia. Los riojas de esa histórica bodega de Haro están entre esos pocos a los que vuelvo constantemente.

No sé si les conté que poseo toda la obra discográfica de The The. No me he perdido un solo disco, en vinilo, cassette o CD. Igual más o menos me ha pasado con los vinos de La Rioja Alta de los últimos veinte años. ¿Podré trazar un patrón entre la fidelidad a Matt Johnson y las diversas encarnaciones de su “banda” y la fidelidad a los vinos de una bodega? No sé… Quizás sea estirar demasiado la cosa. El Ardanza 2000 no es el mejor de esa marca que he probado. Puede que con tiempo en botella dé más de sí y supere a otros, pero mis favoritos los tengo claros.

¿Por qué me recuerda “Jealous of Youth” a un Ardanza 2000?  ¿Una cierta angularidad en el vino (cosas de la añada) tiene el mismo efecto del fraseo angular de Johnny Marr en la guitarra? ¿El tono de la fruta y el nervio acídico del vino me hace pensar en las ironías que le salen por la boca a Matt Johnson? ¿La manera en que los elementos de madera, de fruta, y los elementos secundarios en el Ardanza parecen querer presentarse a la vez independiente y conjuntamente me recuerda la independencia y cohesión de los instrumentalistas en el directo de The The? ¿O será que tanto la “banda” como el rioja me refieren a como se hacían las cosas en otra época?

Esto es una educación sentimental cada día, señoras y señores. Que no les quepa la menor duda.

Les prometo que la semana que viene retomo el ritmo regular de La otra botella. Por el momento, sírvanme de terapia, a ver si logro figurarme el epistema éste en el que quiero habitar.

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