Desde hace unos días me escuece una pregunta: ¿Quién será “Mi Vino y Yo”, que ha dejado en el foro de Verema.com joyas como ésta sobre cierta reunión celebrada por la cábala WieFuturística en el Hotel Villamagna en Madrid el 26 de octubre?
¿Quién será?
Bueno, quien quiera que sea, diré aquí abiertamente que le considero uno de mis héroes y un candidato que ni pintado para los Premios El Botellazo™ 2009. En esta nixonada que podría acabar siendo el Wine Future Rioja 09, este caballero o es el mismísimo “Garganta Profunda”, o está muy, muy cerca de él.
“Pablo”, quien declara verse amenazado con expulsión del foro de Verema.com si insiste en discutir todas las fascinantes interrogantes generadas por Pancho Campo MW y su Wine Future Rioja 09, debiera hacer lo que hice yo hace unos años y mandar a cualquiera de los señores moderadores a buen sitio. Muy liberador, eso. Y luego puede venirse para acá, que aquí sí tenemos deseos de llegar a la verdad del caso, sea cual sea.
Y otra notita veloz respecto a lo del Wine Future: Se anuncia en la antigua morada de este blog que la Asociación de Enólogos de Rioja se ha montado su propio Salon des Refusés en respuesta al sarao campero-futurista de Logroño. El día 9 celebrarán una cata de garnachas riojanas que quizás debieron ser consideradas para la “cata magistral” de Robert Parker en Wine Future. BIen hecho, señores. Si les funcionó a los pintores impresionistas en el s. XIX, tiene que funcionar ahora también, digo yo. A catar, disfrutar y debatir en serio el futuro.
Volviendo con el tema de asuntos de los cuales probablemente jamás sabremos todo lo que quisiéramos saber, Hanna Agostini y Robert Parker han desistido de las demandas que se habían puesto la una al otro y el otro a la una. Todavía Agostini tiene pendiente un proceso por alegado fraude en Burdeos [¡Ultima hora! Hanna Agostini recién fue hallada culpable en el "Caso Geens" por un juzgado en Burdeos, o sea que nada de "pendiente"]. Al menos con respecto a Parker, tiene un par de batallas menos.
De repente se me olvidaba por qué venía esto al caso. Pero ahora me acuerdo: Es que no se crean, lo afecta a uno tener que leer la palabra “fraude” tan frecuentemente en el mundo de hoy.
La noticia de al lado de esa última sobre Parker y Agostini en Decanter.com abre con una cita curiosa:
Hay considerables dudas entre los comerciantes norteamericanos sobre como van a vender la nueva y aparentemente estelar añada 2009.
Los comerciantes comprarán futuros de los burdeos del 2009, pero dicen que les quedan añadas previas a;un sin vender, sigue incierta la economía y la tasa de cambio les es muy desfavorable y dudan que Robert Parker vaya a darles a estos vinos puntuaciones más altas que las que adjudicó a los del 2008 (Mi traducción).
Pues vaya usted a saber… ¿La tormenta perfecta de infortunio económico? ¿La necesaria dosis de realidad en un negocio del vino gobernado por pajas mentales del orden de “si lo hacemos y decimos que es bueno nos lo comprarán al precio que nos dé la gana”?
La vida es como es y el mundo es muy traicionero. Hay una lección importante en todo esto. Sólo falta que sea entendida.
Ah, cuando ví en Dr. Vino el titular que conducía a un artículo sobre “vinos libres de la Mafia”, pensé que iba de otra cosa…
También: La semana pasada me llegó la copia que pedía a Amazon.com de Liquid Memory: Why Wine Matters, el “nuevo” libro de Jonathan Nossiter. Las comillas van porque esto no es más que una versión en inglés de Le goût et le pouvoir, un libro del que quizás ya les hablé en la otra versión de este blog, hará como dos años. Este lanzaiento anticipa la salida al mercado norteamericano (el 29 de este mes, como tres años tarde) del paquete de DVDs con la serie completa de Mondovino. La enochaladura neoyorquina anda muy apasionada con el libro de Nossiter, aunque los reseñadores profesionales no están siendo muy bondadosos con Nossiter. Salvo anticiparles que la versión francesa se leía infinitamente mejor que la inglesa en cuanto a tono, me guardaré mis opiniones para un artículo futuro, pues precisamente ahora me estoy leyendo Liquid Memory.
Se habrán dado cuenta de que estoy muy fragmentario, muy picaflor en cuanto a los temas de esta semana. Es que, lo confieso, tengo la cabeza en un montón de cosas ahora mismo. No tengo más remedio que limitarme en la discusión de las cosas y confiar en que a buenos entendedores, pocas palabras basten. Por si acaso pasó desapercibido el enlace en mi entrega de ayer, les invito de nuevo a considerar lo que entiendo como la lectura necesaria de la semana, en el blog de Alice Feiring. Ya pronto hablaremos a profundidad sobre lo que es o no es vino natural.
Y ahora, videito. Anoche, un frecuente visitante a estas páginas me acusó de “hortera” en mis gustos musicales. De otra persona, eso hubiese sido una declaración de guerra, pero en este caso lo dejo pasar. Hablaba este amigo sobre la absoluta, rampante, completamente anárquica heterogeneidad de mis preferencias y creo que lo hacía desde la rigidez de alguien a quien le gusta encasillar, categorizar claramente. Pero para mí la música esm como el vino, algo que tiene que tocarme de forma personal. Por los más diversos motivos, diversos géneros pueden hablarme en su propio idioma y yo sencillamente entenderlos con el cuerpo. Así me ha pasado con una bandita de Malawi que no puedo sacarme de la cabeza últimamente. Me voy a la playa dentro de un rato, que es fin de semana largo en Dominicana y hay que aprovechar. En el carro, de seguro iremos cantando ésta de The Very Best con el chico de Vampire Weekend:
Ya saben ustedes. Me pasé un ratitp en mi adorada Nueva York con Josie. Varias visitas médicas y un par de gestioncitas de trabajo me robaron buena parte de los días. Pero, como dijera alguna vez el inmenso Sabina, las noches no.
Sería porque era la noche del primer juego de la Serie Mundial de béisbol entre los Yankees de Nueva York y los Phillies de Filadelfia. Probablemente nos tocó una noche en la que Thalassa sencillamente ”no estaba en lo que tenía que estar”. De plano, al entrar al restaurante nos sorprendió lo vacío que estaba. Parece ser un patrón de nuestras visitas recientes a Nueva York: Local inmenso, poquísimos comensales (ver lo que nos pasó en Rouge Tomate, en plena Restaurant Week, en el viaje pasado). Con nuestra mesa hacíamos tres ocupadas. Eso sí, las otras dos tenían en ellas gente de muy alto calibre. CEO de megabanco (que hasta hace poco fuese CEO de conglomerado de medios) junto a diversos patricios neoyorquinos.
Es casi cómico: Aquí decir “vino español”, por ejemplo, es decir una tremenda cantidad de vinos perfectamente intercambiables, comprados “en paquete” a megabodegas multirregionales. O a bodegas que aspirarían a serlo y siguen el modelo “trajeado” del “wine business”. Hay sus honrosas excepciones, pero no muchas. Si uno busca algo de originalidad y autenticidad, hay que inclinarse a italianos. Irónico, ¿no? Antigua colonia española, donde el castellano tiene ventaja implícita por herencia y por pura conveniencia. Y sin embargo…
Estaba leyendo hace unos días en Decanter.com, siempre generosa fuente tanto de noticias de verdad como de tonterías, que el
Lo que son las cosas… Cuando dije que ya iba a abandonar los diversos temas en torno a Pancho Campo MW y Wine Future Rioja 09, comenzaron a surgirme interesantes consideraciones respecto a ambos. Pero de verdad que ya estoy cansado. La única conclusión a la que he podido llegar es que todo esto es un reflejo bastante claro del estado actual de la gran industria del vino, movida a base de pretensiones, la locura del dinero virtual, trapicheos de dudosa índole, vanidad, desinformación y la mentecatez de tantos, entre muchas otras cosas. Personalmente, he llegado a ver eso que llamo “la cultureta actual del vino” como un compendio de sordideces mejor mirado como una página de 13 Rue del Percebe o, si uno anda más grandilocuente y apocalíptico, como un paño pintado por Hieronymous Bosch.
Tomemos el caso, por ejemplo, del Pazo Pondal, Albariño, Rías Baixas 2007. O no lo tomemos, porque no hay mucho de que asirse. La nota de cata es minimalista: Cítricomanzanita y otra fruta de identidad indefinida que quisiera parecerse a melocotón blanco, pero… Suave y ligero. Inocuo.
La misma nota de cata aplica a un Pazo Pondal, Albariño “Leira”, Rías Baixas 2007. Literalmente. En mi libreta se repiten casi exactamente las palabras sobre ambos vinos, consumidos el primero a varios días del segundo. Ninguno de los dos ofende en lo absoluto a la nariz o paladar. Aunque, cuando te das cuenta de que estas botellas de nada blanca te costaron US$20 cada una, el mosqueo conjunto de la billetera y el cerebro está casi garantizado.
El tercer gallego fue un Fillaboa, Albariño, Rías Baixas 2007. En este espacio he declarado en unas cuantas ocasiones que el “Selección Finca Monte Alto” de Fillaboa es lo más cercano a un albariño decente que puede uno comprar en Santo Domingo. Su “hermanito” más “básico” es, pensando en lo dicho sobre aquel, un desencanto. Cítricos y un toquecito tropical que recuerda esa frutita medio prima del litchi que se llama quenepa en Puerto Rico, limoncillo en Santo Domingo y mamoncillo (mi versión favorita) en Cuba. Hay sutil salinidad. Pero el efecto total, aunque carilimpio, es plano, sin dimensionalidad ni largo. Aquí la falta de excitación es más grave, pues el precio sobrepasa los US$27.
Pero bueno, para sacarme del tedio me fui a la neverita de emergencia, la que contiene los vinos importados a mano por mí. Saqué una botella del Quinta do Feital, “Dorado” Alvarinho Superior, Subregião de Moncão, Vinho Verde 2005.
La noticia me llegó a principios de semana por canales “extraoficiales”. Random House había decidido solucionar fuera de corte la demanda interpuesta por Michael Broadbent a causa del libro The Billionaire’s Vinegar, de Benjamin Wallace.