La otra botella

Nueva York 3: Cenando solo. En griego. Otra vez.

Octubre 2, 2008 · 3 comentarios

Se maravillarán de la cantidad de veces que les he escrito sobre visitas a Molyvos, uno de mis restaurantes griegos favoritos en Manhattan. En mi último viaje a Nueva York comí allí dos veces, cosa que es notable, particularmente por haberme quedado sólo cuatro noches.

Pues este viaje caí allí otra vez, yo solito, a cenar en el área “bistro” del restaurante. ¿La razón? Pues, que me encanta la cocina griega y en Molyvos la ejecución es consistentemente excelente. A eso podemos añadir el elemento de que queda frente al Park Central, el hotel donde suelo quedarme cuando voy solo a Nueva York. Además, la carta de vinos es admirable, con una oferta estilísticamente variada que cubre a Grecia como nigún otro restaurante en Nueva York lo hace. Y tienen una selección por copas que se las trae… Allí, a través de los años, me he ido educando poco a poco sobre vino griego, comprendiendo tradiciones y a veces asombrándome ante iniciativas “innovadoras”.

Iba yo con un libro esa noche, cansado después de un día de visitas médicas y compras para Josie y los niños. Cenaría y probaría un par de copas de las novedades de la carta de vinos, que invariablemente las hay cada vez que voy a Molyvos.

Como siempre, gravité inicialmente hacia un assyrtiko de Santorini, que es mi región vinícola favorita de Grecia, la que da los vinos con más manifiesto terroir. La salinidad volcánica y los anisados que caracterizan a estos blancos me resultan fascinantes. Pedí uno nuevo para mí, el Ktima Gavalas, Assyrtiko, Santorini 2007 y me salió uno de los ejemplares de assyrtiko más discretos que he probado en buen tiempo. Aromas de cardos, brisa de mar y rocas con las especias más bien distantes en el panorama nasal. BIen seco en la boca, angularillo y austero. Lo que dice, lo dice en un susurro que se hace inteligible únicamente por la firmeza del tono. Una cosa: La mineralidad en el posgusto es muy modesta, algo chocante para esta variedad en Santorini. Lo que te deja esto es una gotica de limón y otra de agua de mar. ¿?

Una pareja que estaba sentada a mi lado parecía observar mientras yo cambiaba impresiones con el camarero que siempre me atiende. Como intentaba pronunciar bien los nombres de los vinos, parece que creyeron que entendía algo de vino griego, cosa muy distante de la realidad, pues aunque no son palos a ciegas lo que doy en Grecia actualmente, creo que lo son a tuertas, al menos. Fue curioso ver como, tras preguntarme lo que había pedido, iban ordenando ellos de la selección por copas, a veces lo mismo, a veces no.

Mi segunda selección obedeció a lo que en la jerga internética actual se llama un “WTF Moment”. Mi traducción sería un “Momento ¿Qué carajos es esto?” Es que ví que había en la carta un Ktima Pavlidis, “Tema” Tempranillo Rosé, Drama 2007. Mis instintos me decían que abstenerme era lo inteligente, pero me tentaba demasiado enterarme de a qué sabía este engendro de la globalización. Drama es una región al noreste de Macedonia que yo conocía más bien por sus mármoles… Pero leyendo por ahí descubrí que experimentó una especie de “resurgimiento” vinícola hacia mediados de los noventas. Lo plantado, según creo, fue mayormente “variedades bordelesas”. Bueno, y esto del tempranillo, que aparentemente es cosa de Pavlidis.

Pues, de esperarse era que sabe más o menos a lo que sabe cualquier rosado industrial de tempranillo de Toro, Ribera del Duero o alguna otra de esas regiones españolas que… Bueno, ya ustedes me conocen. Como beber gelatina de frutas rojas mixtas sin solidificar. Densillo, bajo en acidez, plano y liso. La esencia del aburrimiento en una copa. La señora de al lado me preguntó que qué tal el rosado, porque le apetecía un ídem. Le dije. Pidió una copa como quiera. Le sonreí cuando, tras el primer sorbo, me dijo: “Oiga, yo no sé nada de vino, y menos de vino griego, pero creo que lleva usted razón.”

Lamentable, tener que beber eso con el fenomenal entrante de pulpo a la parrilla, tomate, alcaparras y bulbo de anís. Beh…


La noche estaba fresca. Como mis visitas médicas y el shopping me habían dejado estropeado, necesitaba un plato reconfortante. Pedí moussaka. Ya. Cliché. Pero a veces eso es lo que el cuerpo necesita. Antes de que llegara, me trajeron una copa del Ktima Argyros, “Aspa” Manditaria-Mavrotragano, Santorini 2005.

 

La verdad es que no sé casi nada de los estilos tradicionales de vinificación de uvas tintas en Santorini. Asumo que esto no es de lo más moderno sencillamente porque se me da un aire—en versión más ligera y un poco menos rústica—a alguno de esos prioratos de Scala Dei en los setentas y primeros ochentas, cuando Priorato no era Priorato, etc. Huele a pasificación, a nueces, humo y silla de montar sudada, con una leve pero fácilmente apreciable dosis de volatilidad. En boca esto es cálido, campechanote y justito de acidez, con una oscura veta mineral corriéndole por el medio. Se deja beber con mi moussaka, pero no es algo de lo que se me ocurriría repetir frecuentemente.

No había tenido mucha suerte con la carta por copas de Molyvos esa noche, la verdad. Pero la conversación con la pareja de al lado, sobre vino primero, luego sobre cine y, finalmente, sobre si uno prefiere el Times Square “peligroso” de antes o el “disneyficado” de ahora. El voto iba dos contra uno a favor de la versión actual. Yo era el uno.

En fin, que esta gentil gente me convidó a una copa más, antes de que yo acabara con mi plato principal, pidiera la cuenta y me retirase sin más a mi hotel—porque cansado estaba de sobra. Era del Kir-Yanni, “Paranga”, Macedonia 2005, elección mía a insistencia de ellos.  Según creo entender, esto es una cuvée de agiorgytiko, xinomavro, merlot y syrah. El color es un granate bien oscuro, lo que, francamente, me hizo temer un poco. Pero no, está bien… Es de un productor que ocnocía de antes por su excelente rosado “Akakies”, o sea que no me imaginaba que se andarían con esperpentificaciones. Aromas de tinte de pelo (especie de volatilidad mezclada con una sutil nota flatulenta que no es suficiente para desagradar), aceituna negra, carne curada y furtas negras. Muy curioso en boca, oscuro de fruta y con pronunciada salinidad, además de un peculiar aspecto de mentol. Muy carnoso, pero se las arregla, extrañamente, para proyectar una agradable ligereza. Seco, especiado, con elementos de cuero y hierbas secas en un final firmemente tánico y de muy decente acidez. Por suerte me quedaba un poquito de moussaka aún, porque esto sí que le iba. Plato y vino se pusieron a cantar. No, no hubo platos rotos…

De cuatro copas, una y media (el “Aspa” es la media). No estuvo bien para la selección por copas de Molyvos la performance de esa noche, pero bueno, se le perdona. Comí rebién y pasé un rato agradable. Lástima que se me perdió la tarjeta que me dió uno de los integrantes de la pareja con la que tan divertidamente aprendí un poquito más de vinos griegos modernos. Me hubiera gustado dar crédito a la buena compañía con nombres y apellidos.

 

En otro orden de ideas, andaba yo viendo esta mañana las estadísticas de este nuevo blog y la verdad es que a todos les agradezco la atención que le prestan. En el portal en el que estaba antes me era imposible ver un desglose claro de visitas, desde donde enlaza la gente, etc., pero WordPress esas cosas te las pone claritas y por delante. Me dió curiosidad ver que en los buscadores la búsqueda más efectuada es de “la otra botella” y me dió por hacerla yo, a ver lo que me salía. Es que a las seis menos cuarto de la mañana en Santo Domingo no hay tanto que hacer…

Pues me encontré lo siguiente, muy interesante:

http://www.purevolume.com/_laotrabotella_


Lástima que no podamos escuchar nada de estos chicos, cuyo espíritu no anda tan lejos del mío, aunque ya yo esté un poco viejo para hacer punk-metal, o metal-punk… Bonito nombre han elegido, ¿no?
 

Continué mi pesquisa en torno a este descubrimiento. YouTube. Nada. Pero al menos encontré…

Hay que reir un poco… Siempre.

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