Archivo diario: octubre 3, 2008

¡Basta ya!

Quizás ésta sea la primera de lo que bien pueda convertirse en una serie de entregas. No vendrán todas juntas, una tras otra. Me saldrán según ocurran cosas que las inspiren, o de forma puramente medalaganaria. Todavía no me he figurado la menéutica y, siendo como soy, puede que no me la figure nunca. Pero en fin, que solita o una de muchas, ésta va de sobreexposición.

Comienza en Nueva York, conversando yo con un amigo, reconocido cronista del mundo del vino y una persona que admiro mucho. Me pidió que buscase el número más reciente de la revista GQ.

Yo creía que se había vuelto loco. Aún con mi fama de dandy, esa publicación es una a la que no le tengo mucha paciencia. Los modelos tienden a ser niñatos (o peor, hombres ya entrados en adultez, pero igual) anoréxicos y patiflacos posando con ropa que estoy seguro que no voy a encontrarla de mi talla, o sea que para qué molestarse.

Pero mi amigo lo que quería era que me leyera el nuevo artículo de Alan Richman, comentarista de vinos de GQ, sobre España. Porque, decía, “¿este pendejo anduvo tres mil millas en España para salirnos con esto?”

Le informé que sí, que para validar o refutar su noción sobre la pieza de Richman tendría que leerla, como si no tuviera yo suficiente en la pila de lectura pendiente ya…

Lo que leí aparece convenientemente en:

http://men.style.com/gq/features/full?id=content_7400&pageNum=1

Echenle una ojeada ustedes, si así lo desean. Aunque no, porque eso va contra lo que pretendo exponer en esta protesta. Total, no es que el artículo de Richman sobre vino español diga nada que ustedes no hayan ya escuchado y leido ad nauseam.

Frase operativa, esa última.

Resulta que hay cosas en el mundo del vino tal y como es hoy que deberían cesar. No es que quiera que desaparezcan. Pero merecen tomarse un descanso. Hay temas, hay gente, hay vinos que de los que ya se ha contado tanto, sobre los cuales se ha vertido ya tanta coba o tanto vituperio, que nos merecemos una franca moratoria de su presencia. Cero cobertura. Radio silence. Hacerse echar de menos un poco.

Quienes hayan hecho clic en el enlace y se hayan zumbado la docena y pico de páginas del artículo de GQ probablemente intuyen por donde van los tiros. Es que sí, mi amigo el cronista tiene razón, carajo: ¿Richman dió esos miles de millas de rueda por España y lo único que encontró para reportar fue a Alvaro Palacios, Peter Sisseck y Mariano García? ¡Por favor! (Dicho con los dedos de la mano en la unión capuchinesca que hacía Mafalda en conjunción con esas palabras…)

Bueno, okey, no es lo único. También dedica espacio a Raúl Pérez (aunque eso es, mal que bien, hablar de Alvaro Palacios por aproximación) y a Benjamín Romeo. Pero acaba la mayoría del artículo siendo dedicado a Palacios-Sisseck-García, hombres que han logrado mucho en el vino pero de quienes ya, francamente, se ha hablado y escrito demasiado (el RP probablemente se mosquee mucho conmigo por esto y, además y  a decir verdad, considero a Mariano García una bellísima persona; no quiero que esto sea visto como una crítica personal ni nada por el estilo, sino como una denuncia de exceso mediático…)

Aquí lo que voy a pedir se hace truculento. Porque en realidad poco puede culparse a estos elaboradores superestrellas, que al fin y al cabo son hombres de negocios, por aceptar publicidad. La culpa, si analizamos bien el asunto, es de Alan Richman y todos los demás como él en ese peculiar julepe que es el periodismo vinícola—los dizque periodistas que al final, por la ley del menor esfuerzo o por algún motivo más oscuro, acaban escribiendo lo mismo siempre, sobre exactamente la misma gente.

Porque, en un artículo que trata sobre una supuesta “revolución” en el vino español—¿otra más?—terminamos los mismos perfiles de melomitomanía aspiracional: Que si Alvaro Palacios lo que quiere es tener el Musigny español en el Priorato y el danés quiere tener la sala de barricas más espectacular de Ribera el Duero y ambos venden vinos supermegacarísimos, de los cuales producen cantidades diminutas, etc., etc., etc., bla, bla, bla. ¿Seré yo el único que está harto de esta dieta tan monótona?

Aparte de lo poco apropiado que resulta toda esta exaltación de productores de vinos de a US$500 la botella en tiempos de tan severa crisis económica como la que vivimos ahora, surge la pregunta del millón: ¿No hay más nada de qué hablar ya? Y la del segundo millón: ¿Cuánta gente habrá con un mínimo de interés por el vino que no se conozca la historia de L’Ermita o Dominio de Pingus? Y otra más: ¿Cuánta gente habrá aún que considere vital escribir otro perfil más de la misma gente?

Me consta que en España ocurren cosas excitantes hoy por hoy, que hay regiones de las cuales salen vinos verdaderamente singulares y fascinantes. ¿Por qué caer, entonces, en lo mismo?

Entonces, a mi petición: Pido una moratoria de historias sobre la misma gente desiempre. Ya Palacios, Sisseck, García, etc. no necesitan más exposure. Si de ellos mismos no sale la iniciativa de mantener un perfil algo más bajito por un tiempo, pues, que los “periodistas” instauren una moratoria de historias sobre toda esta gente. Busquemos nuevos temas, exploremos nuevas fronteras. Si vamos a conducir 3000 millas, por favor, que se note que llegamos a lugares nuevos y encontramos historias frescas. ¡Que se note un poco más de curiosidad y vigor!