Josie, de profesión, es periodista. Su especialidad es el mundo de la farándula y se mantiene muy al tanto de todo lo último. El jueves pasado me mandó un e-mail a la oficina con el siguiente enlace:
Para los que no están al tanto de estas cosas, “Draco” es el nombre adoptado por el artista puertorriqueño otrora conocido como Robi Rosa. Rosa es uno de los ex-integrantes de la agrupación juvenil Menudo (ocurrieron un poquito después de mi época; yo era más de tiempos de La Pandilla, pero marcaron la niñez de mi esposa muy vivamente), de la que también fuera miembro Ricky Martin. Difícil es de olvidar la actuación de Rosa en aquel clásico del cine, Salsa:
También difícil de olvidar es que Robi—perdón, Draco fue el autor de dos inmensos éxitos para su amigo y compañero de Menudo, Ricky Martin. Uno creo que fue “La copa de la vida” y el otro, nada más y nada menos que la infinitamente sobrerrepetida “La Vida Loca”.
Pero una cosa es el compositor de hits para los demás y otra es el Draco artista, que aparentemente (digo “aparentemente” porque, francamente, no tenía hasta ahora mucha conciencia de su obra) se especializa en especie de emo-pop-rock gótico-cantautoril con ideas fusionistas y melodramatismo a raudales.
Pues, según la noticia que me mandó mi mujer, Draco Rosa ha salido con un nuevo álbum en español titulado Vino. Ya. ya, tómenlo con calma, no salten a conclusiones, etc. Quizás se me adelantaron y ya vieron el video que acompaña la reseña de arriba. Si no, pues, aquí va:
No puedo menos que considerar las influencias de Draco Rosa a la hora de componer esta obra maestra. Utiliza con mucho panache la rima de “tinto” con “instinto”, que conocemos anteriormente de aquella bonita, si bien algo líricamente tropezona, salsa de su compatriota, Gilberto Santa Rosa titulada “Vino tinto”:
“Derrámate en mi copa…/Eres dueña de mi pensar/y mi bodega…” Ahí reside una relación amorosa completa, desde el kinkysmo sexual de esos primeros encuentros hasta lo que pasa invariablemente a la hora del divorcio, cuando la muy-muy se queda con la bodega y hace sangría con tus botellas de L’Ermita, Pingus. Masseto, Screaming Eagle y Château Pavie 2003.
¿Y cómo no recordar la rima de “tinto” con “distinto”, tan espléndidamente empleada por los Estopa de forma encantadoramente pueril en su clásico himno de romance callejero, igualmente titulado “Vino tinto”:
Aunque no me salta ninguna conexión lírica entre el tema de Draco Rosa y la magistral producción de Juan Pierre Giovanni—auteur internacional armado de una Roland 808 y un excelente instinto lingüístico—, no es difícil imaginar un nexo místico entre ambos temas. Además, considerando la genial rima del sonsonete de Giovanni, es que tenía que mencionarlo… Quizás podría ponerse a Giovanni como encargado de algún remix de la canción de Draco, a ver si así puede cambiar el carro.
Lo cierto es que, acordándome yo de algo que una vez ví en la red, sobre si “Tutankamón rima con Don Simón”, se me antoja que debería una nueva generación de compositores explorar otras posibilidades de rima para “vino tinto”.
Pero en serio: Me hacen subir la ceja derecha un par de líneas en el coro de esa canción:
Todo es vino.
Todo es natural.
Curioso, ¿no?
Observando la apariencia y las actitudes de Draco, uno podría esperarse a un apasionado por el vino natural de verdad, tenso, sin maquillaje, casi salvaje, con una conexión estrecha a la tierra. Pensaría uno a Draco como amante de un vino elemental, emotivo y auténtico, encantador con sus asperezas y todo. Ya me lo hacía yo bebiendo poulsard, o algún morgon de esos transcendentales, o cornas, o freisa, o txakolí tinto, o hasta alguna mencía impoluta de Ribeira Sacra no sé.
De ahí que me chocara tanto ver la foto que acompaña la nota de prensa que me mandara Josie.
¿Alguien con mejor vista y memoria que yo puede confirmarme las identidades de esas etiquetas en las botellas con las que posa el Draco? La caja no, que sé que es de Calvario. Pero lo otro… Pues tiene pinta de vino tecno, ¿no? Quizás me equivoco, pero las botellas se ven pesadas y las etiquetas tienen mucho design.
Acercándome a la web del cantante me encuentro con más detalles sobre sus proclividades vínicas y me quedo aún más sorprendido. Draco dixit, en una entrevista, hablando de sus vinos preferidos:
“I like Vega Cecilia [sic] 1997 from Spain, or some Amarones, from Italy….But generally I’ve been trying to stick to the Spanish ones, like Flor de Pingus. That stuff is off the hook. Also anything from 2001. That was a great year for all of them.”
¡Ay, el triste Vega Sicilia napificado de los últimos tiempos! Y el Sr. Sisseck será dizque “bio”, pero no se me ocurriría pensar en sus vinos como ejemplos de otra cosa que no sea rimbombancia, nuevorriquismo y aspiracionalidad burguesa. No digamos nada de que se trata de vinos bastante caros, muy VIP. Resulta que Draco es alternativo en su gestuario y, en cierta medida, musicalmente. Pero sus gustos en vino se van más bien a lo pop y lo pijo. En cuanto al vino, nos salió más Ricky Martin que Draco, el Draco. “Todo es madera (y billete), nada es natural”, podría cantar yo en respuesta. En este caso estamos, claramente, ante una víctima más de la moda del vino.
Hablando de esa moda, éste puede ser un excelente momento para mi segundo “¡Basta ya!” Porque seguramente no soy yo el único que está hasta los mismísimos de la “moda del vino”, del vino como posturita glamorística para disimular vacíos intelectuales. Hora es de que acabe de pasar la “moda” de marras, que se distinga el trigo de la paja y que los que van a quedarse apasionados por el vino lo hagan a cabalidad, sin temer a las profundidades del tema. Y a las celebridades, que por favor se abstengan de andar haciéndose los “sofisticados”, enganchándose al carromato de esta “moda” ¡Que se acabe de una vez la farsa y la ostentación, que se ha banalizado y venalizado demasiado el vino ya!
Pero bueno, quizás lo de esos enoproductos aspiracionales por los que se pirra mediáticamente Draco sea transitorio. Ojalá descubra la contradicción entre la imagen que pretende proyectar como artista y los vinos de los que habla públicamente. Perdón si parece que me ensaño con una celebridad que manifiesta haber “encontrado inspiración” en el vino y anda ufano por ello. Lo hago y no puedo evitarlo. Si se tratase de un ciudadano de a pie como ustedes y yo, le aplicaría lo del de gustibus no joderem la pacienciam, pero tratándose de una famosillo con fans y todo…
Ah, pero es que me fui por las ramas y embarqué en otra jodida diatriba más. Si estaba en lo de las influencias de la canción de Draco y se me olvidaba lo más importante. ¿Que “todo es vino”? Pues sí. Ese acercamiento holístico-zen lo conocía yo de algo:
Pin pirirín pin pin, wa-yo, wa yo-yo (añadiendo un toque de reggae a un repiquetear tan ibérico).