Nueva York 4: Preludio con funk, Concha, Toro y Reyes

Casi concluía mi visita a Nueva York y no había podido reunirme con lmuchos de mis amigos a beber bien. Uno a veces cae de sorpresa y la gente está fuera de la ciudad, o enredada en el trabajo… Así había ocurrido en esta vuelta. Pero la última noche apareció quorum para una buena.

 

Nos reunimos en casa de SFJoe para tomar un par de copas antes de ir a Kori, (http://www.korinyc.com/index.html), un excelente restaurante coreano a la vuelta de la esquina en el cual alguna vez ya nos recibieran anteriormente con todas las botellas que usualmente nos acompañan, sin castigarnos casi nada con tarifas de descorche. Fenomenal comida y un servicio esmeradísimo en esta perlita de local. Claro, la cocina coreana moderna de la chef Hyang Hwa Kim es un reto a la hora de maridar con algunos vinos, pero con un poquito de cuidado todo reto es sorteable.

“Nos” en este caso éramos el gran SFJoe, Brad Kane, Chris Coad, el verdadero Jay Miller, Victor Lederer y este servidor de ustedes. Todos llegamos temprano y no tardamos nada en ponernos p’al asunto.

 

Comenzamos con una botella de etiqueta a la vez muy artística y bastante inescrutable. Debatims buen rato sobre qué era qué hasta concluir que el vino era un Jean-Pierre Robinot, “Les Années Folles”, Vin de Table Français 2006, o sea,  rosado burbujeante natural de pineau d’aunis de Touraine llevado a clasificación “genérica” por alguna arbitrariedad u otra. El aroma instantáneamente me recordó como olía la ropa de algún amiguete de universidad muy de inclinación cannabística: Pachuli, hierbas, habitación cerrada, ceniza… Aparte de eso, hay un elemento de la plastilina con la que juegan mis hijos y un no-sé-qué de morbier sobre fresas frescas. Buena intensidad aquí, pero es un vino más bien rarón y apestosillo. Definitivamente no para los débiles de espíritu. Anís a raudales y muy masticable mineralidad en el final. Creo que lo de “más bien rarón” fue cosa de consenso.

 

Seguimos con una botella del Prager, Riesling Smaragd “Weissenkirchen Achleiten”, Wachau, Austria 1994, en lo que nos llegaba la hora de salir para el restaurante. Un maravilloso riesling seco, inmenso y opulento, pero con una elegantísima precisión de movimiento. La nariz es de miel, piña, melocotón, humo y una mineralidad oscura, seria, que surge para negar cualquier asomo de frivolidad sugerido por el dulzor de los demás aromas. En boca es cremoso, con abundantísima fruta de la que emergen elementos especiados y minerales. Largo y ancho. Delicioso. Uno de esos vinos que te dejan perfectamente satisfecho.

 

Hablando de satisfacción, en casa de SFJoe he podido yo descubrir y redescubrir la música de artistas cuya existencia ignoraba o había olvidado. Los gustos de Joe tienden a irse mayormente hacia country y folclore, acústico y meditativo. Hay interludios de jazz y otras cosas también. Lo que no me esperaba era una vena ultra-funky en mi amigo, la verdad, aunque no sé por qué me pilló tan sorprendido, pues es un individuo muy polifacético. La cuestión es que lo que salía de su servidor musical durante ese preludio a la cena me puso a mover los pies felizmente. Porque para mí si algo conjuga la feliz sensualidad de Nueva Orleans es… ¡The Meters!

 

 

 

 

Claro, tenía yo que venir y hacer una de las mías tras algo tan apoteósicamente rico como ese Prager. Había estado esa mañana en la bodega, buscando unas cuantas botellas para llevarme a Santo Domingo y algo para aportar esa noche. De una caja me salieron un par de botellas que juzgué “interesantes” para servírselas a estos amigos, pues se trataba de vinos de los que se había hablado bastante en aquellos primeros tiempos, cuando todos nos conocimos en aquel excelente rincón de la red el vino que era el Wine Lovers’ Discussion Group.

 

O sea, tenía que venir yo a introducir en esta civilizada compañía una botella de Concha y Toro, “Don Melchor” Private Reserve, Puente Alto Vineyard, Maipo, Chile 1995. Creo que aquí sobran las notas de cata convencionales. Me permito transcribir las impresiones de estos buenos amigos, todos ellos gente con quienes he compartido muchas copas y cuyos gustos conozco.

 

SF Joe: “Huele a vino sobremaquillado que ha visto mejores tiempos. Es como la mañana después del baile de la secundaria. Nadie se ha ido a casa aún y ves el maquillaje y la vestimenta decaer aceleradamente…”

 

Jay: “Monstruoso…”

 

Yo: “Esta es la “Cuvée After Eight, carajo. Menta con chocolate industrial.”

 

Bueno, por si no nos explicamos y en honor a mi querido amigo Felipe Méndez, que es tan aficionado a este tipo de producto de su patria, el vino estaba horrible. Amargo. descoyuntado. Compostado. Como algo artificial a lo que, misteriosamente, se ve envuelto en un proceso de descomposición biológica. Creo que dijimos algo sobre un esqueleto con tetas de silicona, no sé…

 

La cuestión es que, añadiendo dolor, puse también sobre la mesa una botella del Teófilo Reyes, Ribera del Duero 1995. Pensé que con lo buena gente que es el personal de Kori, no quería abusar con botellas potencialmente malas si no nos cobraban el descorche y no quería tener que pagar eldescorche por algo indisfrutable. En este caso la cosa iba de puro desgaste. Madera vivita y coleando y cereza cadavérica en la nariz. Hueco en la boca. Descarnado. Amargo. Granuloso. Los taninos ásperamente secantes de la madera y lo que parecería ser una adición de ácido se notan mucho en este penoso contexto.

 

Tanto el Don Melchor como el Reyes habían sido vinos altamente alabados por las revistas importantes del mundillo. Quizás cuando los compré no pensé en guardarlos el tiempo que los guardé, pero a veces uno pierde algo de vista y pasan estas cosas. Lo que me hace maravillarme es por qué diablos pensé yo que uno de estos vinos tenía la chicha y la estructura para mejorar con la guarda. Es que uno aprende mucho con los años. pero quizás nunca lo suficiente.

 

Hora de salir andando. Por suerte quedaba algo del riesling en la botella y todos pudimos lavarnos un poco el paladar antes de entrar en la verdadera materia de la noche. Mis amonestaciones me las llevé por las atrocidades presentadas. Me quedaban dos botellas en la mochila con las que reivindicarme. Bueno, eso si había suertecilla…

 

(Continuará)

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24 Respuestas a Nueva York 4: Preludio con funk, Concha, Toro y Reyes

  1. Estimado Manuel:

    Aunque es a los tiempos que escribo un comentario, siempre te leo y sigo muy de cerca tu blog.

    he probado algunas cosechas de Don Melchor y bueno te diré de frente que es un vino que jamás me ha impresionado, he probado esa cosecha 1995 y no es de las mejores, pero no sé hasta que punto saber si la botella que degustaron no estaba ya en etapa de caida o con algún defecto, en todo caso es una pena que una viña como Concha y Toro tenga tanto tecnovino a raudales, y Don Melchor que sea considerado por la “critica” como uno de los mejores vinos, de verdad que se quiere tapar el sol con un solo dedo, lástima.

    Un abrazo fuerte.

    Sebastián.

  2. Manuel Camblor

    Hola Sebastián y bienvenido a la nueva casa de La otra botella…

    Creo que esa botella de Don Melchor 95 sencillamente ya iba de capa bien caida. De ahí las referencias a “haber visto mejor momento”, cadáveres y esqueletos. La botella, tengo que aclarar, estuvo impecablemente guardada desde que la tuve. La adquirí cuando vivía en Puerto Rico, me imagino que allá por 1997-98, y pasó el tiempo entre Eurocave y almacén refrigerado. Si algún defecto tenía era estructural y fue lo que la dejó como estaba.

    Creo que no puede uno perder de vista de qué estamos hablando. Aún siendo el supuesto “vino premium” de aquella época para Concha y Toro, no podemos obviar que el productor es lo que es y quizás eso es lo que pod7a sacar de ese viñedo.

    M.

  3. Ricardo Chávez

    Hola Manuel, primero que nada felicitaciones por éste nuevo hogar.

    A inicios del 2001 probé el don Melchor ’95 y me pareció un buen vino, con su mentol y eucaliptus armado y presente (siempre digo que sé que a muchos no les agradan estas notas, pero a mi no me molestan).. ahora viéndolo de otro punto de vista CyT hace mucho rato que solo hace vinos inmediatos, de vida corta, cito otro ejemplo que evidentemente es grosero pero encaja en ésta idea que me he formado como su Cabernet Marqués de Casa Concha de los de ahora, unos jarabes de frutillas maduronas que ya vienen de otros viñedos y que en su momento comprobé que no vale la pena guardarlos .
    Ahora me gustaría ver que por el precio de su Carmenere Carmín (aprox. 144 U$), su nueva estrella “mega-premium” incluya una póliza de garantía que diga: Bébase con confianza mínimo 15 años sino le devolvemos el doble de su dinero.

    En fin.. aqui la moda se copia, y se copia mal y rápido.. hasta mi querido Domus Aurea en su última cosecha (que ahora no recuerdo.. por algo será), ya no es el mismo viejo amigo.. de Rush ahora se pasó al reggetón..

  4. Ricardo,

    En realidad no recuerdo la vez anterior en que probé ese Don Melchor 95. Puede haber sido en 1999-2000. En aquel entonces debe haberme dejado suficiente buen sabor de boca como para decidir guardarlo un tiempo más, una decisión que ahora, si bien no lamento, me presenta serias interrogantes sobre lo que yo asumía en aquellos tiempos sobre el potencial de guarda de los vinos.

    Ojo, lo del mentol no me hubiese molestado, en realidad, si el vino hubiese estado un poco menos moribundo. No sé si habrás leido por ahí, pero soy muy aficionado a aquellos cabernets de Napa en los setentas y ochentas (los de ahora, en su vastísima mayoría, me producen toda una gama de reacciones negativas) cuya “trademark” era precisamente mentol y eucalipto a raudales.

    Oye, pero lo que me dices de Domus Aurea–que tenía como asignatura pendiente, pues es, según me contaban, algo chileno de lo que hubiese aprobado–pasándose al lado oscuro sí que es una terrible noticia.

    M.

  5. Felipe Méndez

    Concuerdo con el lote chileno: tu botella estaba rana. Melchor 95 te puede gustar o no, pero es un vino bien hecho, sin “excesivos excesos”, una de las últimas añadas bebibles de este vino. Y tú sabes que no soy de los que defiende el vino chileno sólo por defenderlo, sino más bien lo contrario.
    De todos modos, me despiertas la curiosidad, y abriré uno de estos días una botella de eso. Te aviso.

  6. Manuel Camblor

    No sé, Felipe. La verdad es que quizás estaba predispuesto para con ese Don Melchor. Pero me pareció sencillamente un vino manipulado que, moribundo, mostraba todo el trabajito de forma más bien vergonzosa. Claro, va y sí, mi botella estaba “rana”. Pero como no aparezca una que me demuestre lo contrario, ésa es la impresión que conservo, pues no tengo otras con las que dar más oportunidades.

    Ya me contarás ,a ver.

    M.

  7. Ricardo Chávez

    Yo le daría una segunda oportunidad a don Melchor ’95, ojalá exista una buena sorpresa.

    Por aqui rondó mucho la obsesión por desterrar el mentol y el eucaliptus, a Don Melchor y Domus Aurea le daban duro con eso.

    Por ejemplo a don Melchor 2004, para mi un vino sobrevalorado y sobrepuntuado en cierta revista que da premios a restaurantes que no existen, en particular lo he probado sus tres veces y la verdad resulta irreconocible como un don Melchor y menos un vino del Valle del Maipo.. ahi nos vamos en pura fruta roja confitada estandar, del mentol y eucaliptus: nada.

    Por otro lado, Domus Aurea, un Vino que nos tenía malcriados al placer, del ’96 al 2001 hay buenísimo Vino aqui, pero en el 2005 se nota que miraron para los lados, incluso copiando los 14º (ahora parece que nadie puede hacer vino de 13º para abajo) y con su caracter de Macul muy de capa caída.. sino hay Domus Aurea como Dios lo manda al mundo.. todo está perdido.

  8. Hace no mucho bebimos un smaragd de Prager, del 2000, creo recordar. Y también nos dejó muy contentos. Muy buen riesling, en ese estilo austriaco opulento, con una boca con tremenda estructura.
    El último sobaquillo aqui con los Sarmientos, también nos dió por abrir purrelerías de estas de hace unos años, de las que todos hablaban tan bien, para ver la evolución… hubo alguna sorpresa agradable, pero en general, acabamos bastante cansaditos de maderas esperando a ser integradas.
    Saludos

    Olaf

  9. Olaf,

    Prager dió excelentes vinos en el 2000. Incluso a nivel de Federspiel se dan cosas preciosas, combinando intensidad con precisión. Este 94 del que hablé aquí estaba en su propia liga…

    En cuanto a esas maderas, pues la verdad es que el juego a si integran o no integran me resulta un tanto parecido a la ruleta rusa…:-)

    M.

  10. Para que veas que cumplo.
    Anoche en mi jornada semanal de cata abrí el Melchor 2005.
    A nadie le pareció defectuoso, ni “chocolate”, ni “sobremaquillado”, ni maderizado ni nada. A mí me gustó mucho, a varios otros lo mismo, y a otros ya los tiene un poco cansado el mentol del Alto Maipo, cosa con la que no concuerdo, pues ese mentol es el que les confiere sentido de lugar y, con eso, reconocimiento emotivo.
    Es un vino bien estructurado, con personalidad, si bien no muy complejo ni particularmente elegante.
    Mi botella salió de la bodega Concha & Toro a la mía.
    Ahora lo creo más que antes: tu botella estaba rana.

  11. ¿2005 dices? La botella de que hablé en esta crónica era de 1995. Creo que hay diferencia, ¿no?

    M.

  12. Corrigo lo de Felipe, porque bebimos esa botella de Don Melchor ayer y se trata de la cosecha 1995. El tuvo un error de tipeo, no de cosecha.
    Posiblemente tengamos niveles de tolerancia distintos para determinar que un vino ya viene de capa caída. Creo que eso depende mucho de la cantidad de vinos que hayas tomado, de cada experiencia.
    Yo personalmente no me “encanté” con ese Melchor 95. He bebido otros, casi todos e incluso he probado años como el 89, que me han parecido más armados, más elegantes.
    Hace tiempo que me viene molestando el mentol en exceso, algo que con el tiempo y la guarda se ha transformado en un factor molesto y negativo. Me pasa lo mismo con algunas añadas de Domus Aurea, lás útlimas que hemos probado, 96, 98 y 2001.
    Felipe dice que es parte de la tipicidad de esos vinos, cosa cierta, pero no encantadora.
    Manuel quería contarte que eché andar un sitio web sobre vinos, en marcha blanca aún, pero pronto a salir con el diseño nuevo, todo esto impulsado por la lectura de tu blog y con las ganas de escribir. Te dejo un link para que le des una lectura:
    http://vinosycopas.com/2008/10/09/la-teoria-del-despilfarro/
    Yo también estoy escribiendo en word press y luego te hago una recomendación pequeña, para que tus enlances o links puedan abrirse en otra ventana ni no en la misma del blog y que se pierde la lectura.

    Saludos
    Coralo

  13. Felipe, Coralo,

    Creo que se trata de niveles distintos de tolerancia a ciertas cosas y de receptividad a otras. Por extraño que les parezca, no me parece que la descripción que doy yo, considerando el grupo que cataba en Nueva York, y la que dan ustedes, sean tan distintas. Le notamos todos al vino elementos de manipulación que tienden a molestarnos, en este caso muy perceptibles pues un vino de no particularmente buena estructura o complejidad (en eso creo que estamos de acuerdo) ya comienza a mostrar los años y no se ve particularmente bien.

    Lo del mentol en realidad no me hubiera molestado en lo absoluto en un vino más erguido y mejor organizado. Creo que he dejado claro en los años que llevo interneteando sobre vino que ese tipo de aroma me gusta en muchos cabernets viejos de Napa, donde se tiende más a eucalipto que a menta. En el caso del Don Melchor que probamos, no era ésa la molestia, sino el contexto en que ocurría.

    En cuanto a la cantidad de vinos tomados y a la capacidad de identificar si algo viene de capa caida, creo que esa noche en casa de SFjoe la mesa como colectivo tenía, en términos de botellas antiguas consumidas, una cantidad de experiencia que da vértigo. Y fuimos unánimes.

    La cuestión es que si aquella botella estaba “rana” y una en perfecto estado, salida directamente de la bodega acaba solamente dando un vino “no muy complejo ni particularmente elegante”, no sé hasta que punto la alegada “ranez” es tan detrimental. Lo de la estructura, pues, es debatible. Y no te niego que, si el carácter del Alto Maipo envuelve menta como elemento saliente, pues carácter tenía en cantidad.

    En fin, que sigo sin tener muy clara nuestra diferencia de opinión.

    M.

  14. Ah, Coralo, excelente página. Muy bien escrito el artículo. Tengo que leer lo demás y luego te comento. Ya te puse enlace en mi blogroll a la derecha.

    Ah, y voy a ver si encuentro algo de De Martino…

    M.

  15. Sí, corrijo: 1995.
    La 2005 no la he probado ni tengo ganas de hacerlo. Los Melchores desde 1999 a esta parte son una prostitución total.
    Y nuestro desacuerdo es importante, si bien insondable porque bebimos botellas distintas desde perspectivas e historias distintas.
    Yo creo, insisto, que, bottom line, es un buen vino. No tenía chocolate ni maquillaje por ninguna parte. No estaba descoyuntado: estaba enterito, muy bien erguido. Los descriptores que arrojaron tus compañeros me merecen el mayor respeto pero no tienen nada que ver con el vino que bebí anoche. Nada.

  16. No sé, Felipe. Quiz5s es que el grupo neoyorquino, yo incluido, es incapaz de apreciar aquello en que se convierte un vino como este Don Melchor 1995 con los años. Te prometo que cuando lo compré me gustó y le ví potencial, pero la botella que abrimos, rana o no rana, me pareció bastante inatractiva. No dije que estaba muerto el vino. De hecho, creo que podría ver lo de “muy bien erguido” si hago un esfuerzo, aunque a esa erección le falte cierta gallardía… Vamos, que por estar parado no se tiene necesariamente buena postura.:-)

    We agree to disagree?

    M.
    M.

  17. Yo me simplifico, independiente de todos los Melchor que pudiese haber probado y ese 1995, el que catamos ayer, no fue de los mejores. El paladar no me llamó la suficiente atención. Estaba cansado. Un vino agotado. Ese para mi puede ser el mejor resumen.
    Y, Manuel, las gracias por haberme agregado al blogroll.
    Se me olvidaba un detalle, ya que trabajas en wordpress. Cuando hagas un enlace a otro link, para que ese link se abra en otra ventana y no te salgas de La Otra Botella, anda a la imagen de la cadena, haces click sobre ella (insertar/editar enlace) y donde dice destino hay dos opciones cuando hagas click: hay que tomar la opción: abrir el enlace en una nueva ventana.
    Un abrazo
    Coralo

  18. Hola, soy parte de ese grupo de loquitos tratando de tomar grandes vinos en Santiago de Chile. Meto mi cuchara porque había una suerte de empate entre Felipe y Coralo en su opinión sobre el Don Melchor 1995. Para mi, no estaba para nada cansada el vino aquella noche. Lo que sí, le sobraban dos o tres grados en la temperatura de servicio. ¿Maquillada? No, creo que es la más pura expresión del terrunyo del Maipo, antes de que a Concha y Toro se les ocurriera hacer vinos para WS y no para tomárselos. Incluso discrepo con Mendez por la falta de complejidad: tiene bastantes capas este vino y para mi junto con el Don Melchor 1989 es una de sus grandes añadas.
    Estoy de acuerdo, eso sí, que estas narices Eukalyptus-Menthol-Albahaca-Tierra de los vinos del Maipo a la antigua no siempre envejecen bien y a veces pueden agarrar una nota a hojas mojadas en descomposición que no es muy placentera. Nos ha pasado con algunas botellas del famoso Domus Aurea 1998, vino que lamentablemente ya parece estar en el limbo entre la vida y la muerte. Y, para confirmar lo que dice Ricardo más arriba, con el 2003 y el 2005 el Domus ya salió de la corta lista de los grandes vinos chilenos y entró a la lista de fortificados (casi 15% de alcohol!). Habrá que ver que pasa con el 2004 que estaba muy prometedor a la salida. Saludos.

  19. Hola, Gerhard. Bienvenido a La otra botella y perdona que no te respondiera antes, pero de los comentarios en otros posts ya habrás visto que he tenido una semanita infernal con mis bebés enfermitos.

    Habría que consultar algún reporte claro y honesto sobre la elaboración de este Don Melchor 95 para determinar qué tan natural es o no es. Creo que las menciones de “maquillaje” por parte de mis amigos (algunos de los catadores más experimentados y sagaces que conozco, dicho sea de paso) era más figurativa que literal. Da el vino lugar a pensar que se usó alguito más que levaduras naturales y, definitivamente, una dosis generosa de roble. Lo que teníamos en la copa definitivamente no era un ejemplar óptimo de gran cabernet con una docena de añitos encima. El perfil mentolado quizás no hubiese sido tan particularmente negativo si no viniese acompañado de la parafernalia de la enología maderera moderna. De ahí lo que decía yo de la “Cuvée After Eight”.

    Pero vamos, que fue sólo una botella y no nos consideramos infalibles por aquí. Si algún día se me aparece otra prometo considerarla.

    M.

  20. Gracias Manuel por tu respuesta. Entiendo muy bien el estrés que pasaste por tus bebés que aqui tengo dos niñitos que por suerte soportan relativamente bien el smog invernal santiaguino (caso contrario: subsripción segura de hospitalizaciones por enfermedades respiratorias) . Cuando nos pase otra de estas botellas de Don Melchor de los años 80/90 por delante, seguro que te vamos a avisar. Saludos, Gerhard

  21. Concuerdo con Gerhard. Yo también estuve en esa cata. A mi me gutó mucho Melchor 95. Es un vino con las características propias de donde nace. Es cierto, sin embargo, que parece no ser un vino de términos medios en cuanto a gustos: te gusta o no te gusta. Las notas especiadas y balsámicas le entregan mucha complejidad y frescura en nariz y boca. Ya quedan pocos de estos vinos en Chile, tomando en cuenta, como ya se dijo, que Domus Aurea (y también Stella y Peñalolén, segundo y tercer vino de la misma bodega) han caido ante la tiranía de los puntos y los gurúes internacionales. Recuerdo que hace años, cunado nos invitaron a una vertical de Domus (memorable por lo demás), el dueño de la viña demostraba su malestar frente al hecho de que sus vinos no estuvieran en el top de los rankings y no fueran reconocidos por con muchos puntos ws… quizás ahora se pueda sentir más orgulloso de lo que produce.

  22. Hola, Claudio, y bienvenido a este espacio.

    Creo que lo de “gustar o no gustar” en el caso de este Don Melchor 95 es relativo. Obviamente me gustó cuando lo probé de joven y le ví cierto potencial de guarda, pues la botella salió de mi bodega, donde había estado cuidadosamente guardada mucho tiempo. El perfil mentolado, etc., no es cosa que le sea ajena al grupo con que lo abrí, siendo todos adeptos de los vinos de Napa en los sesentas, setentas y ochentas. Aguantamos eucalipto como no te imaginas.

    Esa botella se mostraba cansada, algo descarnada y con la madera tirando para su lado de forma incómoda. Creo que la impresión fue unánime. No descarto que la botella que probaron ustedes en Santiago estuviera mejor. Pero ésa era la que teníamos en Manhattan.

    La verdad es que me molesta infinitamente lo de Domus Aurea, pues, aunque no pude probar los vinos, los usaba como referencia de alguien supuestamente “haciéndolo bien” en Chile. Duele ver lo débil que es la gente ante la estúpida fatuería de los puntos y el marketing al mínimo común denominador. Te demuestra que, en realidad, no todo el que dice que “hace vino” hoy día está en el asunto para hacer vino…

    M.

  23. Estimado Manuel:
    El pasado lunes (en las catas de los lunes) volvimos a probar, junto a un delicioso corderito, Don Melchor 95 y, definitivamente, creo que la botella que probaste no debió ser de las mejores. Es más, este vino hasta estaba mejor que el que ya habíamos probado unas semanas atrás. Un vino con una exquisita nariz, fresco, gracias a esas notas balsámicas y las especias propias de los vinos de alto maipo, nada molesto. En boca una estructura armónica, en donde la acidez, y la sedocidad de los taninos lo hacen un vino muy grato de beber. Para nada es un vino cansado y en sus últimos momentos, es un vino que está en su momento óptimo para ser bebido. Espero tengas la oportunidad de probar una buena botella de este vino, claramente requiere de otra vuelta.

  24. Hola Claudio,

    Pues ya veremos, en el altamente improbable caso de que se me cruce por delante otra botella de este Don Melchor 95 sin tener yo que desplazarme hasta Chile y ponérmele a tiro, te prometo que le daré esa nueva oportunidad intentando dejar de lado cualquier preconcepto.

    M.

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