La otra botella

Errores fatales y otras burradas

Octubre 20, 2008 · 8 comentarios

En un momento de tranquilidad el pasado fin de semana, me dediqué a ponerme al día en mis lecturas internéticas. Ojo, “ponerme al día” porque había dejado pasar cuatro o cinco días sin dedicar mis madrugadas a leer los blogs de amigos y los diversos sitios de noticias sobre vino y gastronomía que tiendo a frecuentar.

No sé por qué, me dió por leer sobre política norteamericana y la ya global crisis financiera. A veces me pongo en ésas.

Pues caí en una entrega del genial Wine Camp de Craig Camp sobre las (erróneas) valoraciones de cosechas y vinos hechas a través de los años por James Suckling, crítico de vinos italianos para el Wine Spectator . En esencia, Craig denuncia la proclividad del Sr. Suckling a sobrevalorar añadas que, en regiones otrora caracterizadas por vinos sutiles y elegantes como Piamonte y Toscana, dan vinos hipermaduros, ostentosos, de taninos acolchados y con el obligatorio embarricamiento francés que caracteriza la más moderna enomodernidad. Suckling le planta puntuaciones de 99 y 100 a cosechas como 1997 y 2000 en Piamonte y Montalcino, premiando la opulencia de los vinos por encima de su tipicidad, su compatibilidad con comida, su longevidad o su mera bebibilidad (esto en oposición a la desgraciada “catabilidad” que tienen tantos vinos hipertróficos hoy por hoy, los que catas in poderte beber más de un sorbo o dos). 

Craig alude a la forma en que Suckling y la publicación para la que trabaja parecerían penalizar la delicadeza en los vinos, recompensando con las más altas puntuaciones solamente lo grande y obvio, las supertetas por encima del carácter. También discute directamente como los elaboradores piamonteses habrán aceptado las valoraciones de Suckling en términos de puro marketing, para ayudarles a mover el vino, pero que no comparten esos juicios ni de lejitos, reconociendo que las añadas en cuestión tendrán sus virtudes, pero distan de la excelencia en términos tradicionales.

Donde esta excelente exposé me pierde es cuando Craig Camp insta al Wine Spectator a la autocrítica y la aún más importante autorrectificación.

¿Para qué? No vale la pena conceder a esa revista mayor valor o legitimidad, en términos de información verdaderamente usable para quienes de verdad sentimos pasión por el vino. Sus puntuaciones debemos tomárnoslas como lo que son, meras fabricaciones mercadológicas, y seguir de largo. Si nos cuesta creer que James Suckling no tenga ni puta idea, podemos ver de nuevo su momento en el film Mondovino y confirmar.

Craig, al final de su artículo, nos brinda un enlace a la “Carta abierta a los elaboradores italianos de vino” escrita por Tom Hyland en su interesantísima web Learn Italian Wine. Hyland también habla de las valoraciones de Suckling, pero llevando las cosas a un plano mucho más útil para nosotros, los consumidores que queremos verdadera diversidad y originalidad en nuestra experiencia vínica. En vez de pedir a Suckling y al Wine Spectator que reconsideren sus valoraciones de ciertas añadas y cierto tipo de vinos, insta a los elaboradores mismos a no caer en la trampa de hacer vino sólo para impresionar a un sector de la crítica. Porque al final de todo estamos hablando de eso: Un sector. Una voz en lo que debe ser una feliz discusión entre muchas voces distintas, todas con algo que aportar.

Hyland explica como muchos elaboradores italianos andan dedicados a producir vinos “como les gustan a los americanos”, o sea, rimbombantes, hipermaduros, siropescos, bajos en acidez, con taninos mullidos y con potente presencia de roble. Acto seguido, explica también que esta idea de “los americanos” es muy injusta y deja fuera a mucha gente con gustos diferentes. Hyland invita a estos vinateros a hacer vinos auténticos, asegurándoles que el mercado no es un monolito y hay gustos para todos los estilos. Hacer vino buscando puntos de Robert Parker o el Wine Spectator, considerando a estos representativos de la totalidad del mercado americano, es una idiotez de primer orden. Es, porque George W. Bush está en el poder y existe Sarah Palin, que es el W con moño y tetas, pensarse que eso es representativo de la totalidad de todos los norteamericanos.

O sea que vean ustedes como, saliéndome de la política gringa, vuelvo a caer en ella.

Ah, esta entrada quizás venga cociéndose en mi mente desde antes de leer a Craig Camp y Tom Hyland. La semana pasada me encontré con palabras ahora inmortales en el olimpo de la enoridiculez pos-posmoderna, emitidas (aunque en realidad se me ocurren otras designaciones más onomatopéyicas para la actividad que las produjo) por Ezio Rivello, ex-enólogo de Banfi y uno de los más vocales individuos en el escándalo del Brunello di Montalcino: “No se ganan 100 puntos del Wine Spectator usando sólo sangiovese”.

Es que algunos tienen una escala de prioridadessssssssssssssss…

Hablando de prioridades y en otro orden de ideas: El sábado me dí, navegando por YouTube, con una cosa feísima. Ya había leido las noticias sobre el pleito entre Prince y ese galáctico repositorio de videos. Prince pretendía prohibir el uso de sus videos y su imagen en YouTube, alegando “bastardeo” de su música. Al final lo que logró fue que se quitara el audio a todos los clips que incluyen música suya. O sea que nada de disfrutar videos de Prince en el tubo. Pero lo peor de todo es que Prince no se limitó a sus propias interpretaciones de las canciones de su autoría.

Iba yo en busca de la lindísima versión de “Starfish and Coffee” que hiciera Matt Nathanson y me encuentro que todos los videos vienen sin sonido. Busco otras versiones de canciones de Prince y la cosa es más extraña. Me encontré que el video “oficial” de “I Feel for You” por Chaka Khan (démosle la cara, esa canción es casi más de la fenomenal CHaka que de Prince) no tiene sonido. Sin embargo, dando un poco más de refinamiento a la cosa:

Igual pasa con “Nothing Compares 2 U” por Sinèad O’Connor. El video “oficial”, mudo. Pero…

Dos versiones magistrales de tremendas canciones. La “Starfish and Coffee” de Nathanson, si me creen, es lindísima. A mis hijitos les encanta y a mí me fascina cantársela. Pero video con sonido no hay. Por culpa de Prince y las locuras que le entran.

Esto de un artista al que hemos visto versionando cosas de otra gente muy frecuentemente. Incluso alguna vez, en la otra encarnación de este blog, apareció el pequeño genio llevando “While My Guitar Gently Weeps” a niveles que… Bueno, ustedes lo vieron. Prince rutinariamente hace versiones de canciones de James Brown, The Ohio Players, Led Zeppelin y un montón de gente más. Hace videos de concierto que incluyen esas versiones (por ejemplo, éste), pero no deja que otros artistas hagan lo propio con su música, aunque las versiones que hagan sean excelentes.

Me he declarado muchas veces “fan” de Prince, pero ahí me perdió. ¡Qué estupidez!

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8 respuestas hasta el momento ↓

  • r i p // Octubre 21, 2008 a 4:05 am

    creo que ha llegado el momento del cambio…
    es cierto que con W y con W con C/Moño y tetas no molan…

    no sabía que MrM estaba detrás de un potencial cambio…

    cuenta con mi voto…

    http://www.tsgnet.com/pres.php?id=370743&altf=Ns4N&altl=3Nbovfm1Dbncmps3

  • Manuel Camblor // Octubre 21, 2008 a 1:10 pm

    En realidad no estoy muy contento con ninguna de las dos opciones en la política norteamericana, o sea que quizás sería bueno ver la plataforma de esa señora que pones.

    Creo que ha llegado el momento, eso sí, de un cambio en el reduccionismo idiota que algunos mercadólogos del vino se traen.

    M.

  • javier // Octubre 23, 2008 a 10:00 am

    Manuel, creo que hay una inmensa cantidad de productores que carecen de los aspectos mas importantes que se necesitan en su actividad y entonces ponen a WS y WA como su Norte. Simplemente no conocen nada mejor que hacer ni se preocupan por intentarlo. El gran score es el unico camino. He leido algunos numeros y comentarios sobre el coletazo que ha afectado y esta afectando a los vinos australianos en USA, lo cual parece serio y por encima de cualquier corriente de contra cultura. Va a ser interesante seguir esta evolucion en tiempos venideros y ver como el pendulo se va a mover entre los vinos super-todo que estas publicaciones exaltan y aquellos vinos que solo nos pueden entregar aquellos productores que tienen buen material, capacidad y sensibilidad. Tal vez habra siempre lugar para los diversos gustos y espero sea asi, solo deseo que estos poderosos paladares no nos pinten toda la oferta del mismo color. Saludos.

  • Manuel Camblor // Octubre 23, 2008 a 5:20 pm

    Javier,

    En efecto, usualmente los productores que tienden a ver los puntuos como base de su éxito carecen completamente de los elementos necesarios para crear un gran vino. No que no tengan excelentes viñedos. No que no hayan creado una bodega que debiera dar un vino muy bueno. Pero quedemos claro, si se enfocan enteramente en los puntos y la hipérbole del crítico tal, probablemente pierdan de vista a la naturaleza. Una tragedia, pero así ocurre y me veo obligado a zumbarme cada repugnante producto de este tipo de mentalidad que no veas…

    Yo no tengo que irme tan lejos para observar cambios en lo que actualmente pasa por “cultura del vino”. Doy crédito al inventor de los puntos por haber notado que la cosa ya no está para un gusto único e imperial. El mismísimo Robert Parker ha abierto su publicación a gente con paladares muy discrepantes del suyo. Y creo que así la ha enriquecido y asegurado su verdadera relevancia futura. El Wine Spectator es otra cosa y para mí el Sr. Suckling es un epsilon minus en términos de entendimiento de los vinos que juzga.

    Pero aparte de esto, me has dado una idea para una entrega futura. Lo de los “movimientos pendulares” es muy interesante, pues tal parecería que en el mundo del vino como lo conocemos hoy existe, al menos de parte de algunos sectores, la idea de que es una cosa o la otra, de que hay un solo estilo de hacer vino que realmente merece existir. Una falacia, digo yo. Me propongo discutir eso un poquito.

    M.

  • javier // Octubre 24, 2008 a 4:55 pm

    Cuando se critica abiertamente a los vinos “de California” por ejemplo, por su graduación alcohólica o su extracción, inmediatamente pienso por qué no los dejan producir lo que quieren producir, ya que obviamente tienen su público consumidor. (o ese público está siendo manipulado por los críticos? Y quién no está en cierta medida? Igual que los vinos italianos a los que se refiere la nota. Entre paréntesis, creo que Hyland articula muy bien su carta al pedir que por favor no todos los vinos sean hechos para los 100 puntos. El contempla obviamente que hay mercado que compra los 100 puntos. Pero la parte más profunda de este tema para mi tiene que ver con el análisis de causa y efecto de estas tendencias en lo que se refiere a la interacción entre consumidores, productores y críticos. Concretamente, qué diferencias en el consumo de vino habría si no existieran críticos influyentes? Y, perdón por la disgreción, pero pienso en el ejemplo de los electrodomésticos para la cocina que hoy deben ser de acero inoxidable (o ya no?) pero en unos años seguramente no nos gusten más? Los próximos serán espejados o serán un gran LCD?

  • Manuel Camblor // Octubre 27, 2008 a 7:24 am

    Javier,

    Me parece que la analogía de los equipos de cocina de acero inoxidable falla en la medida en que (a) no existe una “autoridad crítica” declarando ese estilo más valedero que otro, sino que los consumidores han adoptado la moda, que se inspira en los equipos de las cocinas profesionales de los restaurantes, y (b) porque no existe un mercado especulatorio en torno a tales o cuales enseres que posean un valor artificialmente generado por la “crítica”. Ah, y (c), que se me olvidaba: Incluso los más tecnológicos entre la categoría de los “grandes vinos” no son productos de los que sencillamente se pueda “fabricar más” cuando se agota una tirada. El valor fetiche se ve aumentado por una manifiesta escasez.

    Hoy día el problema de la interacción de los consumidores con la “crítica” y los elaboradores es sumamente complejo, pero a la vez fácilmente simplificable. La “crítica” va entre comillas porque, al menos en la modalidad puntista, pasa a ser parte del gran aparato de mercadeo de la industria. Lo brillante es la manera en que se vende como “defensora del consumidor”, porque lejos está de serlo.

    Yo, en principio, estoy más del lado de Hyland. Siempre digo a los productores que conozco que se sienten tentados a hacer vino para la “crítica” que consideren si es necesario un “vino tecnosimplificado” más cuando, en realidad, puede existir un nicho en el mercado que aprecie (y pague a precio más que justo) el vino que el mismo productor y sus ancestros han venido haciendo durante décadas, sino siglos.

    Pero me temo que esto es material para una entrada en sí. Probablemente una entrada multipartes. No temas, vendrá pronto.

    M.

  • javier // Octubre 28, 2008 a 3:44 pm

    Evidentemente el ejemplo de los electrodomésticos no se puede aplicar al vino en cuanto a causas y efectos. Espero con anticipación tu entrada futura sobre este tema. Saludos

  • Le Tue-Boeuf La Caillère Vin de Table Francais 2006 | Vinos y Copas // Noviembre 2, 2008 a 8:27 pm

    [...] y porque no incluirlo también, de Michel Rolland. Ya comentó algo parecido nuestro amigo bloguero Camblor sobre las valoraciones del encargado de vinos italianos para el Wine Spectator, James Suckling. [...]

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