Primero que nada, quiero agradecer sinceramente a todos los amigos de este blog que me han mandado buenos deseos y palabras de aliento en los últimos días. Como dejé saber en un comentario a mi última entrada, mi hijito Julián estuvo hospitalizado un par de días con un problemita pulmonar que, por suerte, ya parece irse resolviendo. El bebo está en casa con nosotros, tan alegre y juguetón como siempre.
¡Pero vaya susto que hemos pasado!
Siendo el padrazo dedicado que soy, pasé largos ratos en aquella suite del hospital. Mientras Julián dormía me dedicaba a responder e-mail y a leer noticias en la red mediante mi nuevo supercomunicador intergaláctico Blackberry. El miércoles recibí este artículo de WebMD, un sitio de informaciones médicas que frecuento. Poco después, me llegaban otras versiones de la misma historia desde varios diarios ingleses. También, Ricardo Chávez me envió un enlace a la noticia en MSN Latina. Decanter.com, algo rezagada, no vino a reportar la historia sino hasta hoy.
El conciso título de esta entrega resume precisamente las implicaciones de la noticia, de resultar 100% válidos los resultados del estudio del que trata.
Resulta que los doctores Declan P. Naughton y Andrea Petroczi, de la Kingston University en Londres realizaron un análisis de muestras de vinos blancos y tintos provenientes de 15 países y descubrieron entre las muestras provenientes de un buen número de países europeos la presencia de metales pesados como cobre, vanadio, manganeso, zinc y plomo, entre otros.
La alarma viene de que esos metales se encuentran presentes en niveles potencialmente tóxicos, aún con un consumo de vino moderadísimo. Beberse una sola copa cada día tendría suficiente toxicidad cumulativa para causar severos trastornos de salud con el paso de los años. Se habla de diabetes, mal de Parkinson, cáncer… A los que llevamos ya nuestros añitos bebiendo alguito más de una copita diaria, lo dicho, ¡nos jodimos!
Curioso resulta que el análisis de Naughton y Petroczi exonera a vinos de Brasil, Argentina e Italia, los cuales no presentaron los niveles tóxicos de metales pesados. Los peores países en cuanto al contenido de metales pesados en los vinos evaluados fueron Hungría, Eslovaquia, Francia, Austria y España.
Todavía tengo que indagar mucho más en cuanto a los pormenores de este estudio. Alguito he leido yo sobre la presencia de cantidades significativas de sulfato de cobre en vinos bajo tapón de rosca. Pero quisiera entender mejor como llegan todos estos metales pesados a los vinos analizados. ¿Un caso extremo de terroir perverso? ¿Una contaminación externa? ¿Y qué hacen en Brasil, Argentina e Italia de diferente para que los vinos no tengan esta potencial toxicidad? Además, me interesaría enterarme del tipo de vinos de los que estamos hablando, pues no me basta solamente con “blancos y tintos” como descripción. Culpar a naciones enteras por unas cuantas muestras de vino que permanecen anónimas es, en el mejor de los casos, un argumento dudoso si no hay una sustentación irrefutable de la generalización. Es que noto en la cobertura de prensa de este estudio un cierto sensacionalismo del que no puedo dejar de sospechar.
Yo me quedo aquí, pensando en no dejar de disfrutar del vino. Tarareo una tonadita de BranVan 3000 titulada “Montréal”", la que va:
One day God woke up on old Mount Royal,
just a dream of the human form;
threw stones and cans
and comic books in a kettle
and you came out like a shining goddess,
Heavy Metal…
11 respuestas hasta el momento ↓
Sobre Vino // Noviembre 1, 2008 a 11:47 am
Manuel,
No me había enterado de la hospitalización de Julián, pero ahora que todo ha pasado me alegro de que todo haya quedado en un susto.
Un abrazo
Benjamín Berjón // Noviembre 1, 2008 a 11:52 am
Me alegra que Julián ya este en casa recuperado
Con respecto a los metales, me llama la atención el estudio , uno de tantos que se hicieron a las famosas botellas de “Thomas Jefferson” que no fue concluyente, ya que sólo demostró que el vino se había vinificado y embotellado antes de los cincuentas. Se trata del Cesio – 137, que aparece después de las primeras pruebas de la bomba de hidrógeno, por 1952. Los vinos con Cesio – 137 están hechos después de ésta fecha. Dato que se encuentra en el libro de Benjamín Wallace que has recomendado. Yo creo que siempre han existido “cosas raras” en la naturaleza, con la difernecia que ahora podemos darnos cuenta que ahí están.
Saludos
Manuel Camblor // Noviembre 2, 2008 a 7:42 am
Bueno, ya Julián está mucho mejor, pero ahora tenemos a Sabina con lo mismo. Por suerte el doctor no juzgó que debíamos hospitalizarla y la estamos tratando en casa. Pero hay mucho estrés y muy poco sueño. Ya quisiera yo que me hubiese dado a mí y no a ellos.
Lo de los metales pesados en el vino es algo que no deja de levantar cierta sospecha en mí. Resulta muy conveniente para el sensacionalismo colocar las muestras analizadas en un marco nacional y establecer que sencillamente son los vinos de tal o cual país los que presentan estos niveles altos de toxicidad, pero me encontraría esa conclusión alarmista tan prematura como irresponsable.
Sería interesante ver si existe algún paralelo entre la manera en que se manifiesta el cesio-132, que si no me equivoco es un elemento creado por el hombre, y la forma en que lo hacen estos metales pesados encontrados por el estudio de Kingston.
M.
Joan Gómez Pallarès // Noviembre 2, 2008 a 5:43 pm
Yo tampoco tenía la menor idea, pero me alegra leer esto a “toro pasado”, sabiendo que Julián está en casa. Yo he vivido eso también y noches que jamás olvidaré son las pasadas sin dormir junto a la cama de mi hijo pequeño en un hospital. Eso sitúa todo en una adecuada escala de valores, sin duda.
Saludos muy cordiales,
Joan
Manuel Camblor // Noviembre 2, 2008 a 6:40 pm
La mayoría de la gente se ha enterado ahora, Joan, pues solamente lo mencioné passim, en los comentarios de un post anterior.
Por suerte, ya Julián está mucho mejor. Ahora, como suele ocurrir con los mellizos, estamos bregando con lo mismo en la pobrecita Sabina. Por suerte, ella parece tener un caso más leve y la hemos podido tratar en casa con antibióticos.
Este tipo de tensión emocional y temor, he de confesarlo, no imaginaba que existía.
M.
J. Gómez Pallarès // Noviembre 3, 2008 a 3:22 am
Los hijos, Manuel, nos sacan lo mejor y lo peor. Lo tengo ya muy experimentado. Hay que acostumbrarse a ello.
Cuandoe eliges ese camino, es tenso y emocionante, duro y gratificante. Nuevo y complejo. La vida misma, vaya.
Adelante!
Joan
Ricardo Chávez // Noviembre 3, 2008 a 6:55 pm
Manuel, me alegro por la mejoría de tu hijo.. nada alegra más el alma de los padres que ver bien a un hijo.
En cuanto al tema de los metales pesados, encontré llamativo que Chile no fuera nombrado (para los Mega-litros que se producen… mmm) y más aún estando al lado de argentina!.. que ni en éstas listas figuremos es muy singular.
Yo también encuentro algo de alarmista la noticia, PERO, haciendo otra lectura también me pregunto por aquellas sustancias agregadas artificialmente al Vino, algunas conocidas y otras en el limbo.. que no será por “ésta razón” y no por la ubicación geográfica que se presentan metales pesados?
En la misma línea, hace rato hay una deuda de información de los productores, sobre los efectos acumulativos de las cosas que se adicionan al Vino, posiblemente como son relativamente recientes no hay mucho que difundir, pero a menos dar un mínimo de conocimiento para saber con qué se está brindando.. considero es un deber.
Salud! (y crucemos los dedos).
Otto Monsivais // Noviembre 3, 2008 a 7:42 pm
Hola Manuel, me alegra que el susto haya pasado, y saliendo completamente de los dos temas, me gustaria que me ayudaras a decidir, si comprar tres botellas de TAITTINGER COMTES DE CHAMPAGNE BLANC DE BLANCS 1986 ya que me las venden por $350 USD pero tengo mis dudas que esten en buen estado, ¿que me recomindas?
Saludos OTTO
Olaf // Noviembre 4, 2008 a 11:15 am
En primer lugar, me alegro de que los niños vayan mejorando y que al final quede todo en un susto.
Y el tema de los metales. Cuando lo leí por primera vez, me quedé mosca por la falta de datos, así que he buscado el artículo original y despues de leerlo, solo me queda decir que es un trabajo realmente lamentable que no merece la amplia difusión que le está dando la prensa general. En primer lugar lo han mandado a una revista completamente desconocida, creada en febrero de 2007, ansiosa de recibir artículos, sobretodo de estos que creen revuelo y que por tanto no creo que revisen con mucho rigor. No tiene valoración de índice de impacto todavía.
Y el artículo en si, es bastante malo. No habla de en qué estado estan esos iones (el estado de oxidación de alguno de estos metales es clave para ver su toxicidad, así como ver si se encuentra libre o formando un complejo estable con alguna molécula orgánica). Los valores del contenido de metales, los toma de otras fuentes (de forma que es imposible ver como se han tomado esas muestras y si se ha hecho por métodos comparables) no los mide él mismo.
Las procedencias de los metales en el vino son muy variadas y se ven afectadas por el entorno de la viña y los métodos de elaboración. Así que llegar a un valor medio de todo un pais, me parece un trabajo complicado.
En fin, que no merece la pena seguir dándole bombo a esta chorrada de artículo. Leyendo y mirando el tema si que he encontrado algunas cosas interesante sobre el origen de los metales en el vino. A ver si cuando tenga un rato preparo un resumen para el blog.
Saludos
Olaf
Manuel Camblor // Noviembre 6, 2008 a 5:28 pm
Olaf,
Graicas por la perspectiva científica. Yo también fui a leerme el artículo original y lo encontré sumamente fatulo. Las preguntas que yo hacía en mi post no sólo quedan sin respuesta, sino que se generan más y más con cada párrafo.
Espero con ansias ese resumen tuyo del origen de los metales en el vino. Algún conocimiento tenía, por temas como el del sulfato de cobre en los vinos bajo tapón de rosca, pero ando en pañales.
M.
Manuel Camblor // Noviembre 8, 2008 a 7:17 am
Otto,
Perdona que no te respondiese antes. A veces se me pasan las notificaciones de comentarios y luego quedo mal…:-{
El Comtes de Champagne 86 es un vino escepcional que ahora comienza a llegar a su apogeo. El problema es que tengas dudas de la procedencia. Yo, si tengo dudas, habitualmente no compro. Está lo de perder el dinero y, encima, el desencanto de no poder beberte un vino que adquiriste con ilusión, aparte de la indignación que siento contra los que lo hayan maltratado, si sale dañado.
M.