Según Decanter.com, a su vez citando un reportaje del Sunday Times de Londres, Château Latour ha estado queditamente a la venta y tiene comprador ya, con el negocio a punto de cerrarse.
En realidad no voy a especular sobre las implicaciones que pueda tener esto para Salma Hayek, quien, de acuerdo con reportajes en la prensa del corazón, se ha reconciliado con el Pinault que es padre de su hija. Lo que me preocupa es a quien dice el rumor que van a venderle la propiedad, marca, etc.
Un grupo de inversionistas encabezado por Bernard Magrez y que supuestamente incluye a ese humilde vinatero de Anjou, Gérard Depardieu.
Si es así, Latour sí que se fue al carajo. Es fácil imaginar la entrada de Michel Rolland a “mejorar” la calidad. Y todo el resto de la horterada Magreziana. Memorias de lo que pasó con mi otrora adorado Pape-Clément aún me resultan muy amargas. No que tenga yo la plata para pagar lo que de seguro pedirán por un Château Latour de los de ahora, pero es lamentable saber que una casa de donde salieron tantos vinos que te remenearon el mundo (aquellos 59 y el 61 que me dió a probar Paco Villón en Puerto Rico, en tiempos de La Cava de Cadierno, que tanto agradezco; o el emocionante 26 de la foto, o el 71, ambos consumidos gracias a la inmensa generosidad de mi amigo Victor L.) probablemente jamás vuelva a ser lo que era.
Manera de amargarle el fin de año a uno… Y encima me han hecho romper el numerito redondo de entradas de blog en que quería concluir el 2008. ¿No te jode?
(1) Me dice el contador que he colgado 49 y, amante de los números redondos que soy, quería que La otra botella cumpliese la cincuentena en este tan especial 2008, año de su reinicio.
(2) Me dicen algunos amigos que si colgué cinco entradas de los Premios El Botellazo™, como si esto fuese algo exagerado dentro de mis estándares. Pues cinco fueron las entradas que me llevó el año pasado esto del Botellazo™ en lomejordelvinoderioja.com. Quería colgar unas cuantas “Bonus Beats”, por lo de no ser menos.
(3) Unas cuantas categorías que me parecían perfectamente dignas para Botellazos™ se quedaron fuera del espectáculo principal. Cosas de la autoedición. Pero de todos modos, el golpe se lo merecen quienes fueron considerados. No quería dejarlos olvidados.
Así, les invito a un After Party de los Premios El Botellazo™ 2008 donde conocerán lo que se quedó, pero no se quedó.
Un par de categorías no las incorporé al gran evento porque podrían hacerme ver ensañado con ciertos elementos sudamericanos. Veamos el metraje…
Justo después de lanzar los fuegos artificiales, me fui a casa y abrí una botella de algo que tenía en la neverita de vinos, pendiente de prueba desde hacía varios días.
Había pensado adjudicar un Botellazo™ Especial 13, Rue del Percebe—3ro. Izquierda a Estrategias Ilógicas en el Mundo del Vino a los programas de vino por copas en los restaurantes de Nueva York, pero luego vacilé. Ya había escrito bastante sobre el tema.
Puse a dormir la categoría hasta después de los premios, fue lo que pasó. Pero esa botella que abrí, creyendo terminada la entrega, me la despertó inmediatamente.
El vino en cuestión era un Achaval-Ferrer, “Quimera”, Mendoza, Argentina 2006, que creo que es el “segundo” o “tercer” vino de esa bodega. La botella fue parte de un regalo navideño que se me pegó. Estaba consciente de su precio, casi US$60, por lo que agradecí debidamente el detalle. Pero vamos, quizás en ocasiones futuras pediré a quienes me regalen generosamente que mejor hagan una obra de caridad con el dinero.
Mi nota honesta sobre este “Quimera”: Huele a bizcocho relleno de mermelada indeterminada, especie de pan con timba genérico. Luego se van definiendo cerezas y un dejecito de violetas entre la vainilla pastelera. En boca, a pesar de su 14% de alcohol, resulta ligero de cuerpo y pasa fácil. De hecho, mi problema viene precisamente por lo fácil que pasa. No se queda en lo absoluto. Es un vino sencillito, goloso, como un merlot californiano que te sirven en un vuelo de American Airlines. A decir verdad, dentro de su tipo no me desagrada. El régimen de madera es relativamente moderado.
Se trata, según declara la sumamente explicativa contraetiqueta, de una cuvée de “34% malbec de vides viejas en Mendoza, 32% merlot de Tupungato, 22% cabernet sauvignon de Medrano y 12% cabernet franc de Tupungato”. Ahí se agrava el problema original, pues la falta de verdadero carácter, de complejidad y agarre caen en lo insultantemente trivial.
Podrá alguien venir a alegar que se trata de un vino joven, que requiere tiempo para dar lo mejor de sí, que sencillamente lo pillo en un mal momento. Y yo replicaré que no me importa. Si lo que quiero es una cuvée de variedades bordelesas, pues, aún en esa meca de los precios de extorsión que es Burdeos encuentro cosas que me dan mucho más por la mitad de la tarifa de admisión a este argentinito.
Todo esto se me hizo mucho más claro aún cuando después abrí un La Rioja Alta S.A., “Viña Alberdi” Reserva, Rioja 2002. Este riojita de corte clásico te recibe con cálidos aromas de cuero, cedro, coco tostado, flores secas, piel de naranja y una frambuesa sorprendentemente viva y suculenta, particularmente considerando que no proviene de una añada muy agraciada en su tierra. Es rioja-rioja. Te lo bebes divinamente ahora, pero tiene la sustancia como para sobrevivir—y hasta evolucionar bien durante unos añitos. Por el precio del “Quimera” te compras tres botellas de esto. Considerando la crisis, hay que ser un perfecto imbécil para dudar sobre el mejor negocio.
No es mi intención vapulear únicamente a Achaval-Ferrer. No están solos ellos en lo de lanzar estos vinos sin sentido a precios con menos sentido todavía. O sea que, en una premiación extraordinaria, el Botellazo™ Especial 13, Rue del Percebe—3ro. Izquierda a Estrategias Ilógicas en el Mundo del Vino se lo llevan todos los hijos de vecino que se han venido sintiendo en el derecho de cobrar cincuenta tacos o más por “segundos vinos” que no dicen nada. Bienvenidos a la crisis, señores. Va siendo hora de que piensen en adaptarse a la realidad. Existe aquel dicho de que uno puede “votar con la billetera”. En este caso, si la situación es una causa de fuerza mayor, el voto será por el que más dé pidiendo menos.
Un momento musical que dejé a un lado porque no me parecía acertado poner en la ceremonia principal dos veces a Ojos de Brujo, fue éste:
Otro Botellazo™ no propinado en vivo—y éste sí que no me explico por qué no se dió, porque mira que es relevante—fue el de la Revista de Vino Que Ha Dado el Más Sorprendente Giro Hacia la Claridad. Este fue de calle para la norteamericana Wine & Spirits, que ha hecho muchísimo en el 2008 para dar cobertura a vinos naturales y a visiones alternativas de la industria. Dan puntos, pero espero que se les pase.
Y más: El Botellazo™ al Marketingazo del Año/División “Viene Con Queso” fue para Concha y Toro y aquella brillante iniciativa de regalarte un sacacorchos cuando compras una botella de sauvignon blanc con tapón de rosca.
Aún más: El Botellazo™ al Marketingazo del Año/División “Intolerancia a la Lactosa” no hubo quien se lo disputara a esta vaina. Si quieren que les diga una verdad que no había dicho antes, algo que forzó mi decisión a sacar mi blog de lomejordelvinoderioja.com, más allá de los problemas técnicos que había—fue el que pusieran la bobería del “estudio de los maridajes de música y vino” como historia de portada. ¿Música y vino? Pues obvio, pero las selecciones musicales de aquel farfullero “estudio” me parecían tan escogidas por un departamento de marketing adicto a estaciones de radio “light” que me hicieron sacar el látigo.
Ah, y hablando de música, el Botellazo™ al Mejor Video Musical con Referencias a Vino fue para la mujer de Robi “Draco” Rosa, “dueña” según su hit “Vino”, “de su bodega”. ¿Que qué? ¿Que la academia prohibe retroactivamente dar Botellazos™ a las cónyugues de intérpretes de canciones terribles, particularmente si no tenemos constancia de que dichas cónyugues existen? ¡Carajo, qué difícil me lo ponen! Bueno, pues, okey, dale “Rewind”. El Botellazo™ al Mejor Video Musical con Referencias a Vino fue entonces deeeeeee…
Creo que hubo también un Botellazo™ a la Mejor Prenda de Vestir con Referencia al Mundo del Vino. No estoy seguro si se lo llevó mi camiseta de Alvaro Palacios o una más indirecta que le ví a una chica en una tienda de vinos neoyorquina, que decí: “Sex Is Natural (Wine)”. En fin, que ese premio voló como mis zapatos hacia la cabeza de aquel incordio que me abucheaba por “amiguismo”. Por cierto, me cuentan que esos zapatos han sido vistos. Si alguien me quiere hacer el favor e identificarlos, son negros y del 44.
(¡Atención! La siguiente es anticipo de una “Pista Oculta” como regalo a los que adquieran a la “Caja Edición Especial DVD Blu-Ray/CD/Nintendo Wii con Panfleto de 56 Páginas Repleto de Fotos Inéditas de los Premios El Botellazo™ 2008: Camblor On Broadway!“. ¡No se la pierdan! Entrevistas con los Abotelleados, la Bitácora de The Making of… El adictivo juego detectivesco ¿Dóne #$%^&@ cayeron mis zapatos? y, so es usted de las primeras 20 personas en llamar, su propia Botella Conmemorativa para Pegar Botellazos™. Utilícela con familiares, amigos o desconocidos… ¡Es una gozada!)
Uno de los más peculiares fenómenos de la actual “cultura del vino” es la incorporación del vino como marcador de estatus, sofisticación, etc. en todo tipo de libros. Esto me ha llevado a concebir una categoría nueva en estos Botellazos™ 2008: Más Babosa Utilización del Vino en Libros y Cine. Me da un poco de cosa, porque el premio es para u libro que muy bienintencionadamente me regalasen mis padres un domingo por la mañana… Pero creo que faltaría el respeto a la fortuna que se gastaron en sobreeducarme, precisamente en el ramo de la filología y la crítica cultural, si me quedo callado.
Y el Botellazo fue para… ¡Noah Gordon y su insoportablemente improbable culebrón La bodega!
El autor de otros dramones históricos que he tenido que soplarme, incluyendo El último judío, esta vez emite lo que él llama “una carta de amor” a España y su vino. Es la historia de Josep Alvarez, el segundo hijo de una familia campesina de algún lugar del Penedès. Josep es, como segundo hijo, casi inempleable y, encima, según las tradiciones en vigencia allá por mediados del s. XIX, lo que le toca de la herencia de su padre es basicamente nada. Ante la falta e prospectos, Josep es alistado en una especie de milicia que acaba involucrada en un atentado contra Prim, o quien fuera. Se ve obligado a huir de España, etc., etc.
Cae en Languedoc, donde trabaja para un señor que (y esto es el colmo de la improbabilidad, pues digamos que para aquella época esa región no era particularmente dada a producir grandes caldos)_ le enseña a hacer “buen vino”. Josep retorna a su país y embarca en una serie de murumacas que envuelven comprarle la finca de su padre a su hermano mayor, prometiendo pagar a plazos que raras veces no cumple. Nunca queda claro de dónde saca la plata, pero el chico paga. Y, a todas luces, siempre cae parado. Es sumamente recto y su honestidad, al parecer, es lo que le lleva a triunfar. Acaba por comprarle las tierras a un vecino y casándose con una viudita que era su otra vecina. Por el camino, este hombre comienza a hacer lo que, según las descripciones de Gordo, se parece sorprendentemente a un vino catalán moderno. Da risa el avanzadísimo conocimiento ampelográfico y de gesti´øn de viñedo que tiene (es todo un Richard Smart) y el uso que hace de los nombres de las variedades que cultiva. Ah, y cada vez que hace una expansión de su masía, algo le cae en las manos que le mejora el vino. Los momentos de deus ex machina son muchos y variados. Lo único que acaba faltando es que, tras comprar algún viejo granero, se encontrara una máquina de osmosis inversa que le mejorara aún más el vino. Ah, y este caricaturesco personaje, ni corto ni perezoso, entra al mercado rapidito con un “segundo vino”.
El resumen es para que no tengan que zumbarse esto. Si lo hacen, pues, se lee rápido. Pero ésa es su única virtud.
Un Botellazo™ que tampoco llegó al gran evento, pero que no deja de tener su importancia, es el de dedicado al Limbo Bloguero. Este premio es de un blog o conjunto de blogs que ha desaparecido o quedado inactivo por razones inexplicables y que nos gustaría ver resurgir. Y el Botellazo™ fue de La conciencia del catador, de Rubén Arranz. Este joven sumiller (creo que a eso se dedica) hizo una página que era una auténtica bocanada de aire fresco muy necesaria para la región en la que se centraba, o sea, la Ribera del Duero. Rubén prometía mucho como bloguero honesto y directo y, además, su estilo literario me pareció siempre muy atractivo. Pero desde principios de agosto no cuelga nada nuevo.
(Fin del segmento oculto)
Bueno, ahora me voy a dormir. Hay champaña y bocaditos en este After Party. Disfruten ustedes con otro de los momentos musicales que se rehusan a no salir al aire: The Main Drag con “Love During Wartime”:
No, si mira que me quedan energías. Uno final, para dejarlos recibir el año con el blues, pero felices. Dos hombres. Un concierto. Incomparable. Serrat y Sabina, por favor aprendan como se hace…
Gracias a todos ustedes, que me leen aquí. Sin ustedes, esto sería palmadas con una sola mano en el aire. Les deseo todo lo mejor para el 2009.
Es reventao esto de una entrega de premios blogueada en semidirecto… De repente se te funde un enlace a un video en YouTube y te das cuenta de que no tienes zapatos que tirarle por la cabeza al encargado técnico porque ya se los tiraste a un cabez”on atorrante que andaba acusándote de vainas. O te das cuenta de que no tienes encargado técnico. En fin, que aquí estamos de nuevo para presentarles la gloriosa conclusión de estos Premios El Botellazo™ 2008 de La otra botella.
Es hora de propinar uno de los Botellazos™ más importantes de la velada, al Blanco del Año. Sigo con lo de que todo conecta. Y es que es verdad. Fíjense ustedes que con lo de encontrar el Blanco del Año me pasó algo muy similar a lo que me pasó con los discos. Había tantos, particularmente alemanes y del 2007, que no podía decidirme. Incluso pensé hasta meterle el Botellazo™ a la añada 2007 en el Mosela, pero luego se me antojó que eso era impracticable y, encima, injusto.
Tuve que hurgar entre mis notas publicadas y entre los cuadernos de apuntes aún por transcribir. Tuve que mirar la pantalla de la computadora como un idiota durante horas muertas hasta que al fin dí con el ganador. Se trata de un vino que pude probar tres veces este año y que me dejó igual de impresionado en las tres ocasiones. Redefinía una casta, un estilo de vino y, para no quedarse corto ni de casualidad, hasta el carácter de su añada. Es un vino con mucho feeling y mucha clase. Un vino con originalidad y autenticidad. Un vino que me encantó. Y además, es un vino que no creo que nadie se espere. Pero bueno, allá va. El Botellazo™ para el Blanco del Año es del…
Ya les avisé que se sorprenderían. Es que me gustó de veras. Fíjense lo que dije de él aquí. Y luego aquí. Con este vino Radikon logra llevar el friulano, una variedad a la que yo nunca hice particular caso, a niveles insospechados antes. Y como ésta es una premiación enteramente medalaganaria, Botellazo™ dado, ni rediós lo quita.
Todo conecta. Sí señor. Y no puedo dejar pasar este momento para recordar y celebrar a mi querido amigo Joe Dressner, el importador de Radikon a Estados Unidos. En este último mes, Joe anunció al mundo que tenía un tumor cerebral y ahora está sometiéndose a tratamiento para el cáncer que lo aqueja. Muy para la consternación de algunos—en especial Felipe Méndez—y Joe siendo el tipo de relajo que siempre ha sido, decidió narrarnos de forma jocosa todas sus peripecias en la lucha contra esta terrible enfermedad en un blog titulado The Amazing Misadventures of Captain Tumor Man. A Joe le rejode la paciencia que la gente le diga que “reza por él”. En eso nos parecemos mucho. Como yo no rezo ni sé rezar, no lo importunaría jamás con semejante bobería. Lo que no quita que piense mucho en él y le dedique un Botellazo™ no dirigido a la cabeza, de esos tipo “Lifetime Achievement Award” como el que le dieron en los Oscares a Ennio Morricone.
Pareceré un disco rayado, pero es que todo conecta, carajo. Se los digo. Absolutamente todo. Cuando condenaba el disco de Serrat y Sabina iba a decir que semejante mamarracho por parte de estos dos grandes autores españoles hubiese sido equivalente a que en López de Heredia de repente se les ocurriera hacer una spoofulística cuvée argentino-mediterráneo-riojana en colaboración, digamos, con Michel Rolland y algún otro superstar internacional. quizás Alvaro Palacios. Aberración, horror, etc. Pero me parecía demasiado retorcida la imagen, así que la dejé en el piso del cuarto de edición. Hasta ahora, que me sale de repente porque voy a propinar el Botellazo™ al Tinto del Año.
Pero antes del Botellazo™, otro momento musical para ustedes. Como han aparecido tantos amigos en este evento, me parece muy apropiada la intervención del gran Alejandro Escovedo—uno de cuyos méritos es ser el tío de la incomparable Sheila E—junto a un amigo suyo que todos reconocerán. Aquí tienen “Always a Friend”:
En el verano escribí sobre el ganador del Botellazo™ al Tinto del Año lo siguiente:
“[A]lguno está diciéndose en este momento “¡Ya viene este jodido otra vez con el Tondonia! ¿Es que no encuentra otro vino bueno?” Y yo estaré consciente de que López de Heredia, para mí la cúspide absoluta del vino de Rioja hoy por hoy, me da más de bueno que nadie en esa región. Sorry por todos los otros. Muchos de ellos hacían buen vino en otros tiempos y ahora hacen cosas entre lo inocuo y lo absolutamente ofensivo. López de Heredia, en cambio, se las arregla para siempre apasionarme, aún con vinos que creo conocer íntimamente.
“O sea que a los que se cansan de leerme mencionándolos, a joder a fastidiar a otro, por favor…
“Regio setenta y tres. Elegantísimo. Complejo. Infinitamente bebible. Los aromas entran y salen como personajes de teatro al escenario: Cuero antiguo, violetas, té verde, carne curada, humo, alcanfor, incienso, cantera, frambuesa negra, tomillo seco, naranja rubí… Todo eso tiene su reflejo en el paladar, pero en realidad lo que me mata es ese paso de boca tan sedoso, tan gentilmente elocuente. Bajo la suavidad hay, sin embargo, mucho músculo. Tremenda estructura. Largo, aún con mucho de fruta fresca que se acentúa al final con un toquecito de salinidad.”
Luego pude beber este magnífico vino dos veces más y las impresiones fueron, si se puede, aún mejores. Ya ven, queda entre amigos la cosa cuando declaro que el Botellazo™ es para el… ¡R. López de Heredia, “Viña Tondonia” Gran Reserva, Rioja 1973!
No puedo dejar de recordarles que el único criterio fijo que tengo para el Blanco y el Tinto del Año es que aún estén razonablemente disponibles en el mercado internacional. El que uno pueda aún hacerse de una botella de este Tondonia 73 es de esas cosas que me llenan de sonrisas.
Y que se haga tradición de los Premios El Botellazo™ rememorar todos esos momentos inolvidables con vino que he presenciado yo este año. Con más sonrisas recuerdo…
El mágnum de Vega Sicilia “Unico” 1968 en mi fiesta de cumpleaños, corchado…
Como mis amigos neoyorquinos descubrieron el Cepas Vellas 2006 de Do Ferreiro cuando les llevé una botella y quedaron enamorados…
Ausone 1971 con SFJoe en Landmarc…
Vega Sicilia 1960 cortesía de Izzy en aquella noche en que, por casualidad, SFJoe cumplía años y estaba con nosotros. Coincidencialmente, SFJoe nació en el 60…
La renovación de mi ojo derecho… Todo el vino que bebimos en la semana en que eso ocurrió. Zeni, Rossara, Trentino 2007. Un descubrimiento. El Zinfandel 1987 de Caymus. El Cabernet 1977 de Mondavi…
El Chablis “Rosette” 2006 de Alice & Olivier De Moor, en casa en Santo Domingo…
El “Verano del riesling”en Terroir, Nueva York…
Château Latour 1971 con los amigos en Kori, Nueva York. As always, thanks, Victor…
El Viña Ardanza 1973 más tarde esa misma noche, en casa de SFJoe, confirmando que en el 73 La Rioja Alta no pudo equivocarse…
Los vinos del Equipo Navazos junto a Jesús Barquín en el Grand Sichuan de Chelsea…
Josie en Trestle on Tenth, cautivada por aquel bello Trousseau 2006 de Jacques Puffeney…
Nuestro nuevo grupo de cata en Santo Domingo, que va adquiriendo fuerzas y avivando cada vez más nuestro entusiasmo…
Pero sobre todo, aquel grito de independencia que me llevó a independizar mi blog y darle a La otra botella su propio dominio.
Sí, eso me parece un punto importante y, a la vez, un apropiado cierre para estos Premios El Botellazo™. Es que allá a principios de septiembre se veía a La otra botella moribunda. Yo no tenía ganas de nada. Sin embargo, gracias a las sugerencias de algunos buenos amigos lo que hice fue emigrar a una nueva casa, mía enteramente. Ahí me esperaban mis energías y, por suerte, ahí vinieron ustedes, los amigos que ahora me honran leyéndome. ¡Porque mira que me tienen paciencia!
Hora ya de cerrar el chiringuito para irme a despedir el año. Esperando que esta maratónica entrega haya sido de su agrado, a todos ustedes, amigos, les deseo lo mejor en el 2009 que viene.
Pzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzztttt. Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. Pzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzpffffffffffff. Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. Ekete ekete ekete. ¡Coño, se fue la luz de nuevo! ¿Que no? Ah, pérate’… Ekete ekete ekete: Pzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzztttt.
Interrumpimos esta transmisión en indirecto para traerles este mensaje de servicio público:
El mensaje de arriba va orientado especialmente, aunque no lo diga de forma explícita, a la industria del vino. Ya saben, hay que lograr que la gente joven beba más vino. Y baile como el muchacho en la escena a 00:25 de comenzado el clip.
Lo que me pone delante el tan esperado próximo Botellazo™ de la noche.
La categoría es Personalidad del Año. Esta “Personalidad” (es con mayúscula, fíjense) no puede ser cualquiera de esos “hijos de vecino” de los que tanto hablamos. No. Se trata de alguien capaz de provocar el tipo de movimiento tectónico que logra transformaciones radicales en esa absurda comedia de gestos que es la “cultura del vino” como la conocemos hoy.
Me ha dado trabajo encontrarle, pero al final… Tomando una pauta medio extraña establecida por la revista Time en su edición de “Person of the Year” hace un par de años (pusieron un espejito en la portada; se suponía que la “Persona del Año” fuese el propio lector como agente de cambio social, o lo que fuera), yo me tomo la libertad de abrir la categoría a algo más allá de un solo individuo. La Personalidad del Año que recibe el Botellazo™ 2008 ha obrado poderosamente para que los amantes del vino tomemos conciencia de lo que verdaderamente hay. Esa conciencia quizás logre que nos percatemos de como deben ser las cosas, que logremos visualizar el disfrute del vino mismo, no de la comemierdería marquista/puntista/ostentatoria.
Así que el Botellazo™ 2008 a la Personalidad del Año es de…
(Gran fanfarria en el teatro)
¡La puta crisis!
Celebrémosla.Quizás sea el golpe con el que aprendemos donde queda la pared. Y no nos la pegamos de nuevo.
Todo conecta. Hay que seguir con ese tema. Resulta que tuve yo una pequeña crisis a la hora de elegir el ganador del Botellazo™ al Disco del Año. El 2008 se ha portado muy bien en cuanto a música. En consideración estaban trabajos como el soberbio 22 Dreams de Paul Weller, el vibrante y simpático We Sing, We Dance, We Steal Things de Jason Mraz, el fenomenal The Renaissance de Q-Tip, el irresistiblemente sexy Hello x de la bella y dulce Tristan Prettyman, el emocionante y completísimo Maestro del gran Taj Mahal, el polimorfamente perverso e hiperteatral Skeletal Lamping de Of Montréal, el ardientemente profundo Like a Fire de Solomon Burke… Muchos. Muy variados. Ya se imaginan. Una labor inmensa e intensa.
Al final he decidido no dar un Botellazo™ a uno solo de todos esos discos que tanto me han cautivado. Como estos premios son enteramente medalaganarios, creo oportuno premiar a un disco que sí tengo claro que es el peor que compré. Así, sorpréndanse, pónganse furiosos, ríanse, o lo que sea, ante el Antidisco del Año, que es…
¡Dos pajaros de un tiro, de Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina!
Ya sé, ya sé, suena a sacrilegio, particularmente de parte de un individuo que le puso Sabina a su hija honrando a uno de los protagonistas de esta debacle, la cual hace suya de forma definitiva aquella sentencia que se ha vuelto un cliché: “A bad idea, poorly executed“.
No que me parezca mala la idea de Sabina en concierto. O Serrat. A ambos los he admirado siempre. Incluso la idea de un concierto a duo hubiese podido funcionar, si se manejaba de otra forma. Pero ponerlos a ambos en escena con una orquesta en plan Las Vegas (piensen metales rimbombantes, melosas coristas y cuanto floreo baboso de piano hay) a ejecutar un programa más digno de Christian Castro y Luis Miguel que de dos cantautores de tal magnitud resulta imperdonablemente caricaturesco—no, perdón, esperpéntico. A veces Sabina canta a Serrat y otras es vice versa (perdón por el juego de palabras), pero sin aportar nada en particular a las piezas originales. Al final ambos intérpretes sólo suenan cansados y forzados.
Intenté escuchar el álbum una decena de veces, pero me deprimía. No podía imaginar que peculiar noción comercial llevó a dos poetas de los de verdad a hacer esto. Al final dejé el disco tirado fuera de mi despacho un día. Alguien se lo llevaría, pues a los pocos minutos ya no estaba. Gracias.
Por lo de despejar un poco el ambiente tras un Botellazo™ que me apena bastante (Sabina, por favor, nunca más así…), algo de uno de los que se seguirán peleando ad infinitum por ser mi Disco del Año. Q-Tip, “Gettin’ Up”:
Ya me siento mejor… Vamos ahora a la categoría del Blog del Año/División Internacional. De calle se lleva el Botellazo™ alguien que ha hecho, a mi ver, más que nadie por exponer las tonterías, corrupciones y descaros de la industria actual del vino. Me refiero a Franco Ziliani. Este señor ha dado impresionante caña este año, primero con el asunto Brunellopoli, que fue de los primeros y el más incisivo en cubrir. Segundo con su puesta a parir de Thomas Matthews, editor ejecutivo de la ya bastante vapuleada Wine Spectator. Por ello, ¡un Botellazo™ bien dado a Franco Ziliani y Vino al vino, uno de los imprescindibles!
Pasamos ahora a una categoría del Botellazo™ que resultará controvertida para algunos y para otros más clara que el agua. En cubano, a lo que ahora premiaremos, se le llama picuencia. En dominicano se le llama más ambiguamente chopería. Los españoles tienen un vocablo que me gusta más por su aspereza, su dureza y lo directo que pega: horterada. El Botellazo™ a la Horterada Vínica del Año es para…
¡La nueva barrica X-Blend de Radoux! Recubierta en cuero caro y con tapón de cristal de Swarovski, esta barrica se superlujo es sólo para quienes tienen que ser los más-más de los más… Felicitamos por el galardón no sólo al imaginativo tonelero, sino a todos los que han adquirido de estas barricas para en éllas criar sus “vinos”—que los hay.
Otro importante Botellazo™, esta vez a algo verdaderamente noble, es el que corresponde al Ave Fénix de la Cultura del Vino en el 2008. A principios de año, mi sitio favorito para discutir con amigos de vino fue objeto de un ataque terrorista y murió una tristísima muerte. Me refiero al hackeo (y saqueo, pues le tumbaron la base de datos) de la genial Wine Therapy. Pues de las cenizas de aquel magnífico foro ha surgido ahora uno que recoge a todos los informadísimos y animados participantes del desaparecido, sumándoles gente nueva, reanimando así el mejor lugar del universo para el debate machopedántico de todo lo que a vino se refiere. Ese maravilloso Ave Fénix es…
Otra pausa se avecina. La última de este show. Antes, otra intervención musical. Creo que se me quedó en la lista de todos los discos buenos que me confunden este año el genialmente retro The Way I See It de Raphael Saadiq—una vuelta a los tiempos de Motown y Stax que de verdad convence, que va más allá de la moda… De ese excelente álbum, aquí tienen “Love That Girl…” O bueno, no, que nos han jodío el “embedding” y resulta que no se ve nada cuando uno hace clic en este video. A ver si del mismo disco podemos con “100-Yard Dash”
(No se vayan, que aún falta lo mejor en la conclusión de los Premios El Botellazo™ 2008. En breve retorna la fiesta…)
¡Aquí estamos de nuevo! Y hay que decir algo sobre lo guapa que está la concurrencia en esta sensacional gala anual de los Premios El Botellazo™. A esa chica guapa que nos leía hace un momento y se mov’ia en su asiento al ritmo de Michael Franti (difícil no hacerlo): Que te sienta tan bien el pijama blanco… Y a los señores que nos leen trajeados, igual, aunque bien podrían soltarse la corbata.
En fin, que la siguiente categoría es una que siempre toca cerquita de mi corazón. Bueno, como todas, de formas distintas, pero ya ustedes saben.
Hace veinte años, cuando yo era apenas un chaval en segundo año de universidad, me mordió la singular bestiola ésa que transmite la enochaladura. Fue en ese momento cuando pasé de ser un mero “consumidor promedio” a convertirme en esta cosa voraz que soy ahora, constantemente tan ávido de una buena copa como de veinte buenas lecturas y cuarenta buenas pláticas sobre vino.
Pero luego vino Robert Parker. Vino el Wine Spectator. Vino la “moda del vino”. Vinieron los megamillonarios nuevecitos a poner bodegas como símbolos de estatus. Vinieron los puntos, los premios, las ínfulas, la necesidad de ser más ‘de lujo’ que el vecino, o sea, más hipertrófico, más ostentoso, más extraido, con más madera. Vinieron las supercorporaciones, los ejecutivos de marketing, los tecnólogos “mejoradores”. Vinieron los “vinos de culto”. Vinieron los tiempos en que poner una bodega en Napa ya era sólo asequible de billonario para arriba. Vinieron los tiempos en que hacer vino requería “media training” y poner una bodeguita era poner una atracción más en la perversa disneylandia del vino californiano. Vino el momento en que cualquier hijo de vecino, dados sus costos de operación, representación y mercadeo, se sentía obligado a clavarte ochenta dólares por botella de su primera añada de alquitrán endulcorado con madera y puntuado con 95 por el “crítico” de turno.
A todas luces, se jodió aquello.
O bueno, se jodió para los de nosotros que nos interesamos en el vino y no en los mitos y el marketing.
Lo bonito es que toda situación así pare rebeldes, incluso a veces entre gente que ha jugado dentro del mismo sistema. Sucumben a la salutaria tentación, cuando se cementa un status quo, de tirar pa’otro lao y romper el paradigma establecido, lo que equivale, si el paradigma se ha establecido artificial o forzosamente, a devolver las cosas a su puesto. Tal es el caso del ganador de nuestro Botellazo™ 2008 en la categoría Como Deberían Ser las Cosas/División Tintos. La etiqueta habla por sí sola…
La primera vez que probé este vino, aún no tenía nombre, pero era objeto de montones de rumores. Yo escribí lo siguiente: “Este es un vino del que se ha hablado bastante últimamenteen círculos selectos de la enochaladura alternativa. Mike Dashe lo elaboró de forma completamente natural. De fruta vendimiada en un punto óptimo de madurez mucho más realista que lo que se estila bajo los preceptos vitícolas dominantes hoy día en California. Levaduras ambientales. Nada de trucos.Su crianza ocurrió en Füder de roble neutral. Obviamente, el establishment crítico de nuestros tiempos lo consideraría insuficiente, probablemente hasta inaceptable. Pero la concurrencia a mi fiesta de cumpleaños estaba encantada… ¡Si tan sólo hubiera más zinfandel así! SFJoe nos lo sirvió a ciegas y la mayor parte de los primeros en catarlo pensaron que se trataba de alguna brillantemente suculenta cuvée de gamay de floralidad bellamente acentuada. Pero no… De plano se presenta un tanto sauvage y automáticamente te dice que aquí todo es de verdad, sin manipulaciones “mejorantes” ni correcciones. Bayas purísimas, dulces y limplias. Regaliz, aceite de rosas, arbusto, cereza, piedras, jengibre en conserva, violetas y sorbete de fresa. Fresco, jugoso y perfectamente equilibrado en boca. Largo y reverberante.Verdaderamente delicioso. Te invita a beber y, dada la rareza que es comparado a casi cualquier otro producto contempráneo de su variedad de uva, te invita sobre todo a pensar. ¡Bravísimo, Mike!”
Otra botella bebida en Nueva York luego, cuando ya el vino tenía nombre, fue igual de deliciosa y es lo que me lleva a pegarle este Botellazo™ a ¡Mike Dashe y su Dashe Cellars, Zinfandel “L’Enfant Terrible”, McFadden Farm, Potter Valley, California 2007! Para los que sigan fastidiando con lo del amiguismo conspiratorio, pueden ver a Mike aquí. Alguna que otra copa he compartido en su compañía y es un tipo que me cae muy simpático.
Como todo conecta y utilicé la palabra sauvage en la nota reciclada de arriba, ahora una intervención musical que también tiene lo suyo de sauvage y de gustosa. El disco de Babyshambles del que sale “French Dog Blues” será del 2007, pero salió después de la primera entrega de los Premios El Botellazo™, oséase que, siendo esta gala enteramente medalaganaria, cualifica para que yo haga lo que me dé la gana y la incluya. Además, si Juanes ha participado en los Grammys latinos con el mismo disco durante una década completa, aquí que tire la primera piedra el que se haya puesto el protector de pudenda… ¿Que no ha sido el mismo disco el de Juanes? Pues necesito pruebas científicas de ello. En fin, ¡que aquí está Babyshambles, hijo de The Libertines y nieto de The Clash!
Sí, todo conecta. Dije sauvage y el último premio fue a un vino completamente natural. El orden de la entrega de estos Premios El Botellazo™ se va sugiriendo solito y resulta que ahora viene perfectamente al caso el Botellazo™ al Blog de Vino del Año/División España y Latinoamérica.
Aunque se me ha olvidado el nombre del restaurante donde ocurrió, recuerdo como si hubiese sido anoche una cena en Madrid con Laureano Serres hace varios años. Laureano condujo esa tarde desde su rincón de Cataluña hasta Madrid sólo para conocerme. Comimos y bebimos muy bien. Los vinos fueron un Cornas de Clape y un Clos Rougeard, pero sobre todo un soberbio rancio de 1975 elaborado por el padre de Laureano. Ese vino era elemental, real, conmovedor. Era de los que se te quedan con hitos en la conciencia. Laureano y yo conversamos mucho sobre las virtudes de ese vino y de retomar la esencia de la tierra.
Hoy día Laureano Serres es, al menos como yo lo veo, el más vocal practicante y defensor del vino natural en España. Lo considero un amigo y—un momento, por favor, en lo que me quito los zapatos y se los tiro por la cabeza al mamerro aquel del fondo, que volvió a gritar que si “amiguitos” y “favoritismo.” Pero… ¡Diablos! ¡Se agachó más rápido que Bush!
Bueno, a seguir con lo que tenía entre manos. Que la labor de Laureano se extiende a un blog que me encanta, simplemente titulado Vinos naturales. Apasionado, idealista, pero sobre todo honesto, no puedo imaginar a un bloguero y un blog más merecedores de este Botellazo™. La preciosa imagen de la derecha, por cierto, se la he birlado a Vinos naturales para tentarlos a que, si no han descubierto el blog y aprendido de las vivencias y el ideario de Laureano, lo hagan ya (disculpas por la amistosa vulneración de derechos de autor, que espero compensar con cualquier interés en el sitio que mis palabras generen).
Ahora toca dar un Botellazo™ muy especial, en una categoría nueva. Es el Trofeo Especial Y No Estaba Muerto, No, No a Vinos de los Que No Se Esperaba y Dieron.
Este galardón lo merece cualquier vino que en mi vivencia anual me haya dejado positivamente a-l-u-c-i-n-a-d-o al presentarse no meramente vivo cuando se le creía difunto, sin extraordinariamente vivaz, elegante y en su franca plenitud. Y el ganador del primer Y No Estaba Muerto, No, No es…
¡El Bodegas Julián Chivite, “Colección 125″ Gran Reserva, Navarra 1988!
Recordarán como, en una crónica de hace un par de meses les conté que una botella de este vino aportada a una bebienda por mi gran amigo El Verdadero Jay Miller pareció difunta durante su primera hora de abierta y luego cobró vida. Dije yo, maravillado: “El vino había dado un giro dramático. Donde había demasiada madera, ahora aparecían agua de rosas y una carnosidad melonesca. La fruta se decide a salir al frente y está vivísima, se apodera del escenario y revela que la madera era un mero accesorio. Impresionante cambio.”
El atorrante que ahora mismo intenta vender mis zapatos en eBay (todavía no puedo creer que le fallé a semejante cabezón ninotesco) vuelve a acusarme de crímenes inmencionables contra el honor, la rectitud y la imparcialidad porque dizque alguna vez me vió bebiendo en la misma mesa que el encargado de exportación de Chivite. ¡Es que no se acaba nunca este j’accuse que se trae, les digo!
Nos vamos a otra pausa anticomercial y los dejamos, ya que vulneramos lo de poner sólo música de este año, con un clásico de The Brand New Heavies, que siempre me hacen vibrar. A ver si logro recuperar los zapatos. Va y necesito volver a tirarlos luego. Debiera alguien inventarse calzado en forma de bumerán…
(Sí, esto sigue… Es un buen momento para ir al baño, o a hacer palomitas de maíz.)
¡Está caliente la cosa en el auditorio! Chicas, por favor, lo del perreo está un poco pasadito, ¡que esto es un blog familiar!
Como les iba diciendo, este 2008 ha sido un añito muy peculiar, repleto de episodios que parecen cosa de película. Retomando nuestros Premios El Botellazo™ 2008, es hora de reconocer a alguien muy, pero que muy merecedor, un auténtico héroe de este mundo del vino tan terriblemente vápido y venal que nos ocupa. Así, el Botellazo™ “En Mágnum” 2008 al heroismo jodedor en el mundo del vino se lo doy a…
¡Robin Goldstein, por perpetrar el más delicioso engaño mediático de los últimos tiempos! Goldstein sometió la “carta de vinos” de un restaurante ficticio a “concurso” para un Wine Spectator Award of Excellence. Ojo al detalle: Restaurante ficticio. No existente. Nunca existió. Pero se ganó el premio. Gran vergüenza para la revista, controversia, etc.
No es que se requiera mucha sesera para reconocer al Wine Spectator por lo que es, pero el Sr. Goldstein se las apañó para convertir la noticia de que un Wine Spectator Award of Excellence no vale ni como papel de inodoro en una exquisita comedia. ¡Bravo! ¡Bravísimo! ¡Requetebravo!
Y ya que estoy en el tema de grandes jugarretas, fraudes que revelan otros fraudes en el mundo del vino, etc., creo que voy a variar un poco el orden de premiación que tenía anticipado y a soltar ahora el Botellazo™2008 al Mejor Libro de Vino.
Como dije la vez que lo reseñé, cuando este blog todavía habitaba en lomejordelvinodetioja.com, para mí este libro fue un ejercicio en el más sabroso Schadenfreude imaginable. El goce que sentí al ver a una caterva de ricos nuevos horteras (y unos cuantos ricos viejos cuya solera no los hace menos horteras) con más billete que buen juicio engañados por un maestro falsificador/timador en The Billionaire’s Vinegar: The Mystery of the World’s Most Expensive Bottle of Wine, de Benjamin Wallace (Crown Publishers, Nueva York 2008) todavía me hace reir como una colegiala oyendo un chiste verde de boca de Jorge Porcel.
Magistral libro, de esos que agarras y no sueltas. La trama incluye el desprestigio de alguno que otro personaje que yo admirase, pero bueno, collateral damage. El mundo del vino se ha puesto como se ha puesto en gran medida por el afán ostentatorio que llevara a las “víctimas” en esta historia—y a millares de individuos como ellos, enriquecidos en una economía cuya exuberancia ahora sí podemos constatar como completamente irracional— a pagar los más descabellados precios por botellas “trofeo”. Lo más bonito de todo es que ya no puede encontrarse uno en subasta una botella antigua de algún legendario vino sin automáticamente pensar: “Hardy Rodenstock”.
Ji, ji, jiiiiiii…
Como estoy en risitas de aire pueril, es el momento de declararles que este año voy a imitar a otras entregas de premios, al menos en cuanto a la música se refiere. El año pasado propiné un golpe de pote a un álbum cuádruple y no se habló más. Este año habrá una Canción del Año y un Otro Disco del Año. Bien podrían ser la misma cosa, aunque no necesariamente.
A la primera. Mi Canción del Año es una que me habló desde la primera vez que la escuché. El chico que la canta parecería hacedor de pop ligero, pero en realidad es un musicazo de todas todas y, encima, un compositor de cuidado. Su más reciente álbum se llama We Sing, We Dance, We Steal Things y con él suturé a un nivel inesperadamente hondo. Irresistiblemente pegajosa (ha ido a parar a todas las recopilaciones en CD hechas por DJ CamblorNO para sus amigos) y con una letra juguetonamente mordaz, el Botellazo se lo lleva “The Dynamo of Volition”, de Jason Mraz:
“Heck is for people who believe in a gosh” es una de la docena de líneas favoritas que Mraz me ha dado en esta cancioncita. Y en lo de “líneas favoritas”, vamos con el Botellazo™ a la Cita Citable del Año. Este ha estado difícil, existiendo toda una panoplia de estupideces proferidas por personalidades del mundo del vino que merecerían el honor de un coscorrón de vidrio mío. ¿Cómo olvidar al Marqués de Griñón? (Ëspaña ha hecho los deberes en materia de equipamiento de las bodegas y formación de personas cualificadas. En elaboración de vinos estamos al nivel de otros países, pero hay que superar la etapa agraria y optar por hacer vino de calidad, aunque con costos más bajos, como los hacen los australianos.”) ¿Y el actor-bodeguero francés Gérard Depardieu? (“Puedes trabajar la tierra, puedes eliminar los herbicidas, pero siempre vas a verte obligado a tratar tu viñedo (químicamente). En Burdeos tratan los vinos hasta la muerte porque tienen los medios. Los tratamientos cuestan mucho dinero. Yo sólo uso biodinámica en Anjou porque soy pobre.”)
Indiscutiblemente, en los anales de la capullez, estas iluminaciones merecen su plaquita de honor. Pero en el 2008 sólo una declaración va a llevarse el galardón máximo, el Botellazo™. Y el ganador es… ¡Paul Pontallier, de Château Margaux! ¿Que qué dijo? Pues díganme ustedes qué les parece esto: “Somos tan afortunados con esto del calentamiento global. Miren la cantidad de grandes añadas que hemos tenido en las últimas doce o trece. Es absolutamente alucinante. “
Bueno, ahora a volver a hablar un poco de vino. Y a que me vuelvan a acusar de amiguismo. Resulta que toca el Botellazo™ a Como Deberían Ser las Cosas/División Blancos y hay un amigo mío que se va a poner contento, porque el botelleado es nada más y nada menos que el… ¡Portal del Montsant, “Sant Bru” Blanc, Montsant 2007!
Aparte de que Alfredo Arribas me merece mucho cariño, este blanco catalán vino—en la presentación de la Peñín Guide 2008— a romperme todos los preconceptos que tuviese yo sobre blancos mediterráneos españoles, En abril escribí: “Este vino trae como novedad la introducción de garnacha gris en el coupage, y ésta es una variedad de cuya existencia había leido, pero que no había tenido ocasión de probar. Esta versión del Sant Bru se presenta aún dominada por aromas de lías, pero detrás hay algo que me gusta. Resulta más ligero y vibrante que el 2006, con un sabroso centro cítrico de naranja y limón. La floralidad es más bien de madreselva. Fresco, enérgico, limpio y muy sexy. Habrá que ver como se porta de aquí a un añito, cuando se asiente un poco. Tiene muy buena persistencia y, lo más curioso, el final logra una eterealidad muy elegante, algo raro en un blanco mediterráneo”.
Lo dicho. El último blanco mediterráneo que lograra impresionarme de este modo fue el Carjcanti 2001 de Gulfi, o sea que no es chiquito lo que consigue el Sant Bru.
Hora de tomarme otra de esas pausas que refrescan antes de seguir repartiendo Botellazo™ tras Botellazo™. Estando en catalanes me acuerdo de una rapera/poetisa cubana que me tiene encantado desde hace unos meses. Telmary Díaz es otra cosa. Su voz y su flow son arrulladores, pero sin dejar de tener un cierto tono sandunguero y mordaz. Su genial álbum A diario contiene una canción en la que intervienen esos tesoros catalanes que son Ojos de Brujo. Aquí tienen “Sueño brujo”, de Telmary con Ojos de Brujo. No se me vayan, que falta lo mejor todavía…
Algo me dijo Joan Gómez Pallarés sobre la “Noche de San Esteban”. Inexperto como soy en el santoral, confío en él y les doy a todos la bienvenida a esta noche de San Esteban—bueno, “noche” es relativo, pues ahora mismo en la isla desde donde transmito son las once de la mañana—y, sobre todo, de los Premios El Botellazo™ 2008 a todo lo mejor y peor de este añito en vino y música. ¡A ver la fanfarria, maestro. Que se me caiga el pelo!
¿Que no tengo pelo? Pues igual, una bullita…
Antes de comenzar a propinar Botellazos™, he de explicarles como se decide quien merece uno de estos prestigiosos galardones y quien no.
Este año, tras un alud de quejas el año pasado, quise hacer una premiación más a lo tradicional. Vamos, unos Grammys en plan pobre. Sometí a los miembros de la Academia Botellera una serie de correos pidiéndoles que me sugiriesen lo que ellos, en su docta opinión, estimaban como digno de recibir un Botellazo™ en el 2008. De las sugerencias extraje las nominaciones y sometí el asunto a votación de los mismos ilustres académicos. Luego contraté a tres tipos que me dijeron que eran de Price Waterhouse y puse en sus manos las boletas debidamente sometidas por los miembros de la Academia. Hasta ahí todo muy recto, pero entiendo que los tres individuos a cargo de la contabilidad han sido secuestrados por unas fulanas. La última vez que fueron vistos entraban en un picapollo/barra americana en las afueras de Puerto Plata. Me pidieron rescate por un maletín que dizque llevaban, pero los tiempos no están para desembolsos extraordinarios.
En fin, que los Botellazos™ 2008 son como los del año anterior, enteramente medalaganarios. Y a quien no le vaya eso, pues, que nos haga el favor a todos y no venga acá a fastidiar la paciencia pidiéndome “objetividad” y similares leches. ¿Que quién me creo yo para andar dando estos premios? Pues eso, yo.
Y hablando de mí, nuestro primer Botellazo™ de este momento que no se sabe si es noche o día, sale en una categoría muy especial para mí. Con el consentimiento de los profesionales de la salud mental que me tratan, les propongo la categoría Vino Que Más Contribuyó a la Salud Mental de Camblor en el 2008/División Blancos.
El ganador aquí no puede ser otro. Lo digo con sentimiento. Es un vino con el cual he establecido una relación muy íntima. Cuando me mudé de Nueva York a Santo Domingo veía mi panorama vínico muy negro. De verdad que me deprimí. Pero en una, de compras por ahí, lo ví y fue un rayo de luz en las tinieblas. No puedo menos que felicitar a El Catador, la firma que lo importa a Santo Domingo, por importarlo. Y no puedo menos que lamentar cuando me dicen que quizás dejen de importarlo, aunque yo haya hecho mi parte comprando una buena decena de cajitas en el tiempo que llevo aquí.
Es un blanco limpio, impecablemente estructurado, auténtico, preciso en sus aromas y sabores, pero con una personalidad mercurial que provoca que estos aromas y sabores se manifiesten diferentemente con cada botella (de tapón de rosca) que abro. No sé qué me haré si no traen la próxima añada.
Pero bueno, ese objeto de intimidad que se lleva el primer Botellazo™ 2008 es ¡el Georg Breuer, Riesling “Charm”, Rheingau 2005!
Ya que estamos en el tema del vino como herramienta siquiátrica, el Botellazo™ al Vino Que Más Contribuyó a la Salud Mental de Camblor en el 2008/División Tintos es para un vino de cuya elaboración está a cargo alguien que me cae muy requetebién.
Lo digo para aclarar lo poco que me importa el que esta edición de los Premios El Botellazo™ sea acusada de “amiguismos” y vainas así. Es lo bueno de unos premios enteramente medalaganarios, ¿no? Pues el Vino Que Más Contribuyó a la Salud Mental de Camblor en el 2008/División Tintos es nada más y nada menos que ¡el La Rioja Alta, “Gran Reserva 904″, Rioja 1995!
Es que lo tienen en unos cuantos buenos restaurantes de la capital dominicana y me ha hecho felices una buena docena de comidas. Es un gran rioja clásico donde los haya, que hace un año, cuando lo probé por vez primera, no me impresionaba. Pero los meses han sido generosos con él y aproximadamente desde septiembre se ha convertido en una belleza, sedoso, profundo y elegantísimo, pero con la estructura para envejecer bellamente. Como es el primer 904 en salir al mercado desde que mi apreciado Julio Sáenz es enólogo de la bodega, pues, a ver Julio, trae acá la testa y recibe tu bien merecido Botellazo™ (de paso, también la gente de Almacenes Continente, que importan los vinos de La Rioja Alta, S.A. a República Dominicana, han de compartir el golpe de este premio, porque sin ellos…)
Hablando de clásicos, nuestro primer interludio musical viene por parte de un grupo que es para mí precisamente eso. Desde que oí por primera vez a “Rock Lobster” cuando era un chiquillo allá en los ochentas tempranos hasta su más nuevo álbum, Funplex, The B-52s han sido potentísimos motores de mi espíritu lúdico. No nos fallan con esto, de ese último disco, “Deviant Ingredient”:
“I am a fully eroticized being…” Como dicen en esta tierra adoptiva de mi infancia y mi madurez: Yatúsaaaabeeeeeee…
Un categoría que no vino a tener su ganador sino hasta la semana pasada fue la del Espumante del Año. Pero en la reciente cata de champañas del nuevo grupo de cata que tenemos en Santo Domingo, de repente, todo quedó claro. ¡El Botellazo™ no podía ser más que para el Bollinger, Brut “Vieilles Vignes Françaises”, Champagne 1999! Y los que imaginaban que una de las grandes marcas de Champaña jamás podría ganarse un Botellazo™, pues, ¡a rec0ger los cachos de vidrio roto del piso! Bollinger demuestra como se hacen bien las cosas a este nivel y que no todo es “lujo industrial” en plan LVMH.
Un premio que casi tiene la obligación de salirnos a continuación es el Botellazo™ al Generozo del Año. Ya, ya, sé que se imaginan cual es el vino en cuestión y no los culpo. Obvio era que abotelleado como un árbitro de fútbol sin suerte en esta categoría sería ese supertrozo de vinazo que me presentó mi querido Jesús Barquín en Nueva York hará casi un par de meses, ¡el Equipo Navazos,La Bota de Manzanilla Pasada No. 10, Sanlúcar de Barrameda NV!
No recuerdo si este premio lo dí el año pasado. Lo que dije de este magnífico vino, que para mi sienta la nueva pauta de lo que debe ser una manzanilla pasada, no hace falta repetirlo. Si la categoría no existía en los Premios El Botellazo™, el Equipo Navazos hizo necesario inventarla.
Es mi intención que cada edición de los Premios El Botellazo™ se desborde de música nueva e interesante para ponerlo a uno a mover el esqueleto mientras espera cada sucesiva concusión craneana a los diversos galardonados. Buena cancioncita a ese efecto es ésta del nuevo disco de Michael Franti & Spearhead, producido por los siempre geniales Sly and Robbie. Antes de tomarnos una pausita, los dejo con algo rico. “Say Hey!” Porque hoy La otra botella está de bum-bum…
Ibamos en el carro hablando un poco de todo. Que si los bebés de Ricky Martin “están bellos”, declaraba Josie. Que si “¿Bellos? Yo me los encuentro igualitos a Gonzalo Lainez”, ripostaba yo. Que si era increible la cantidad de tráfico que había en la arteria otrora marginal por la que transitábamos. Que si podía constituir un acto de violencia doméstica contra mi persona el traer aquella copia del ¡Hola! con klas fotos de los churumbeles del antedicho Sr. Martin… Que si había que dar regalos navideños a fulano, doble sueldo a mengana, una propinita extra a la otra… Que si esto de las navidades es un joderse total. Que si Santa Claus es un vivo que se lleva todo el crédito por los regalos, pero me pasa la cuenta para que pague yo. En fin, cosas de las que conversa una pareja varada en un tapón, de camino a una (sumamente prometedora) cata-bebienda de champañas.
Al fin llegamos a La Cava Baja, el salón de degustaciones de Alvarez y Sánchez. José Antonio Alvarez había tenido el detallazo de ponerlo a la disposición de nuestro joven grupito de cata para la segunda reunión de nuestra historia. Que histórica quedó, dicho sea de paso.
Elizabeth y Cecilia.
Del elenco de aquella primera noche sólo faltó Avelino, que el pobre tuvo que perderse la champañada por motivos de trabajo. Con nosotros estaban Elizabeth Peña, José Antonio y su esposa Cecilia. Además se nos unían caras nuevas: Elías del Llano y su esposa Shahily y Práxedes Castillo. Nuestro grupo crece con gente apasionada y divertida. Eso me tiene muy feliz.
El tema de la noche era efervescente, festivo… Yo soy de los que no te dejan los espumantes para ocasiones especiales. Me gusta poner una buena champaña en cualquier noche de semana, si la comida me lo pide. Pero claro, me van las Navidades y el fin de año igual, que cualquier momento es bueno.
Probamos unas cuantas cosas excelentes. Y—al menos que oyera yo—no se habló mucho más de los hijos de Ricky Martin.
Comenzamos con una contribución mía que pensé servir a ciegas, pero que al final cayó a botella vista, el François Pinon, Brut Non-Dosé (Mis en bouteille en 2006), Vouvray NV. Un espumante limpio y vivamente seco (2.5 gr./l. de azúcar residual, según leí) que, sin embargo, es muy, muy vouvray. Nariz delicada de frutas amarillas, limón en conserva, agua de lluvia y profunda mineralidad de tono calizo. Buen cuerpo en boca, especialmente para no tener azúcar añadido. La carnosidad, eso sí, es firme—de hecho, aprieta bastante en un posgusto muy largo que te deja un agradable amarguito entre frutal y mineral en la lengua. Sabroso, pero jovencísimo. Otro espumante de Pinon que tengo que comprar en cantidad para guardar, pues puedo imaginarlo evolucionando deliciosamente con unos cuantos añitos de botella.
Continuamos pronto con un Bollinger, Brut “2003 de Bollinger”, Champagne. Primera vez que veo a una casa de Champagne crear una etiqueta tan enfática de la añada. El énfasis parecería querer dejar dicho que se trata de más que una champaña vintage. O bueno, especulo, no sé… Lo que no entiendo es por qué hacer hincapié en el canicular 2003, un año cuyos calorazos provocaron vinos raros en casi toda Europa. Las champañas etiquetadas como 2003—o que meramente contenían una proporción de vino de esa cosecha—me habían resultado demasiado amplias e imprecisas. Que fue precisamente lo que hizo de ésta de Bollinger un choc. Aromas de bizcocho de vainilla, polvo de tiza, mantequilla y piel de naranja. Aunque tiene bastante cuerpo y cremosidad, resulta sorprendentemente ligero, fresco y enfocado en su paso de boca. Hay en el paladar medio un deje amarguito de cereza que yo tiendo a asociar con los vinos de Bollinger, por lo que siempre me han gustado. Largo y sabroso. Acariciante. De verdad, una sorpresa.
Tengo que decirles ahora que verán aquí bastante de Bollinger y, a seguir, algo de su casa hermana, Ayala. La razón es que la firma de José Antonio importa estas champañas a República Dominicana y él se nos puso muy espléndido, sacando unas cuantas galas como el Ayala, Brut “Perle d’Ayala” Grand Cru, Champagne 2001.
Otra sorpresa, esta cuvée prestige de una casa que confieso haber perdido de vista hace mucho. La nariz es relativamente austera, mineral con fondo de repostería, pero de una forma que inmediatamente me sugirió un dosage modesto, si es que lo hay. Otra cosa que me vino a la mente fue que quizás se trataba de un blanc de blancs (de lo que da fe una notita al margen de mi libreta que declara que “se me parece al blanc de blancs deDuval-Leroy, así de primera intención), hipótesis desmentida más tarde por la web de la bodega, que lo declara 80% chardonnay y 20% pinot noir, todo de viñedos grand cru.
Iba por lo de “nariz relativamente austera…” Y sumamente atractiva también. Firme y elegantísimo en boca, un vino vibrante y erguido que se compacta en un posgusto largo y cremoso. Es un bebé. Un descubrimiento que quiero ver cumplir todo el potencial que se le nota.
Mi segunda contribución a esta cata fue el A. Margaine, Brut Rosé, Champagne NV. Conozco a Margaine desde hace unos cuantos años ya. La primera vez que probé uno de sus vinos fue recomendado por mi gran amigo Jeff Connell, cuando éste todavía trabajaba en Astor Wines en Nueva York. Desde entonces habré podido consumir unas cuantas docenas de botellas, todas deliciosas.
Me entró una cierta trepidación cuando leí la nota de Terry Theise sobre este vino en específico en su más reciente catálogo. Ponía que “Unfortunately for me, this wine had the very miseries and I cannot describe it to you…” Eso lo deja a uno imaginando todo tipo de cosas. Decidí confiar en la trayectoria del productor y achacar el extraño juicio de Theise a algo personal. Quizás lo pilló en un mal momento, o él estaba de malas. Aposté…
Y les diré, orgulloso, que me salió bien la cosa de confiar en este pequeño elaborador de la Montagne de Reims. Degollado en enero de este año, este rosado pálido y asalmonado de color es—según el mismo catálogo de Theise—80% chardonnay del 2006 y 20% pinot noir, del cual luna fracción es vino quieto del 2005. Bonita coincidencia, la proporción varietal de éste y del Perle d’Ayala, aún con diferentes colores, ¿no?
Sexy, este rosadito. Afresado y coqueto de nariz, cremoso, con filigranas de pan tostado, clavel y arena. Gentil en boca, para un vino de tanto sabor. Excelente persistencia. Sumamente fácil de beber. Podría imaginarnos a Josie y a mí bajándonos una botella en casa en cuestión de media horita, casi sin darnos cuenta. El problema con esto es que se produce poquísimo (apenas 600 cajas) y probablemente no lo encuentre ya cuando vuelva a visitar a mi proveedor habitual en la Gran Ciudad.
Una botella de Pol Roger, Brut, Champagne 1995 estaba en un punto interesantísimo de consumo. Comienza ya a exhibir aromas secundarios muy bonitos y sus tostados se hacen sutilmente otoñales, con subtonos acaramelados. Nueces y flores secas. Cítricos limpios y mordelones típicos de Pol Roger, que tiran por momentos a pulpa de naranja. Largo y expansivo en boca. Final ligeramente salino.
Elías y José Antonio
Cortesía de Elizabeth vino después un Salon, Brut Blanc de Blancs, Le Mesnil, Champagne 1995. Estaba yo recordando mis problemas con botellas de Salon de los ochentas adquiridas en el mercado secundario y cruzando los dedos porque ésta fuera de las… Nada, que salió excepcional el especimen. Potentes tostados, turrón de almendras, un aire marino, cítricos de gran nervio… Un vino opulento en nariz y boca, típico Salon. Pero se nota que apenas está dejando entrever una partecita de sus glorias. Esto requiere tiempo de guarda para llegar a su mejor momento.
Las horas se nos fueron volando. Ya para el Salon estábamos completamente poseidos por esa camaradería y esa gregariedad que invariablemente ocurren con el libre flujo de buen vino. El no haber tenido ni una sola botella rana sobre la mesa ayudaba, pero le atribuyo la onda mayormente a un grupo de gente sensacional. Bueno, y uno que se puso sensacional con acento, reitero, fue José Antonio. El próximo vino que sacó fue el gran tesoro de Bollinger, un Bollinger, Brut “Vieilles Vignes Françaises”, Champagne 1999.
La historia es muy sabida: Pinot noir de pie franco proveniente de una parcela de vides viejísimas que se salvaron de la filoxera, etc. Un lujazo. Mi último “Uveuve-efe”, como le llamamos de cariño, antes de éste fue el 90, un vino de meditación donde los haya.
Este 99 llena todas las expectativas. Nariz sumamente distintiva, con elementos de grano de mostaza, anís y hongos secos sobre un fondo de cereza y algo curioso que me recuerda, de forma agradable, a cebolla dulce. Cremoso de entrada en boca, pero en realidad se te olvida rápido que es champaña, pues estás ante algo tremendamente concentrado y vinoso. Muchas capas de contenido aquí, que se van revelando a un paso glacial. Significativamente, un cierto aspecto térreo que me desconcertara en añadas anteriores por su exagerada intensidad aquí se manifiesta mucho más discretamente, como una nota de fondo muy distante que armoniza a la perfección con el todo. Este es un vino para dedicarle la noche entera, preferiblemente con comida incluyendo codornices a la brasa.. Claro, eso podría tomarse de otra forma, porque el posgusto tras cada sorbito parecería querer durar precisamente la noche entera. La única manera que tengo de describir su efecto total es que se trata, ante todo, de un vinazo, luego de una gran champaña y, por último, de un vehículo de sensaciones que te sacuden deliciosamente la mente y el cuerpo. Lástima poder dedicarle sólo un ratito a semejante deleite.
Inmediatamente después, antes de irnos, probamos un Bollinger, Brut Rosé “Grande Année”, Champagne 1999 que, aunque muy bueno, sólo podía resultar anticlimáctico tras el fenómeno que es el Vieilles Vignes Françaises. Un rosado suave y redondeado, cremoso, con sutiles elementos florales y de té blanco entre sus aromas reposteros y de fresa silvestre. Fresco, amable y con buen largo. Pero vamos, era imposible dejarse llevar por él después de lo que acabábamos de beber.
De camino a casa ya no había tráfico. Ibamos Josie y yo hablando de lo afortunada que había sido la idea de este grupito de cata y beba. Poco característico de mi esposa, parecía recordar vivamente una cantidad inusitada de detalles sobre los vinos. No me hablaba simplemente de si éste “estaba bueno”, sino de un disfrute más curioso. Junto a viejos amigos que se hacen nuevos y a nuevos amigos que nos hacen sentir como si fuesen de siempre, lo pasamos muy bien. Y salimos contentos con lo mucho que promete esta, la mejor de las iniciativas que se me han ocurrido en Santo Domingo, para el 2009.
Bueno, ésta es la última crónica de cata de La otra botella en el 2008. Pronto me iré a casa a estar con mi familia delante de nuestra singular Mata de Navidad (una planta artificial con aires de arbusto faltón adornado por Josie con lazos y luces). Luego llegará el momento bombástico de los Premios El Botellazo™. Habiendo escrito estas líneas de mucho goce hasta se me ha quitado un poco mi antinavideñismo. Les dejo con una cancioncita que lleva un mes sonando en mi oficina y que, contra toda probabilidad, se me ha pegado:
Ya, ya, un momento decididamente anticambloriano y cursilón. Pero todos tenemos licencia para actuar atípicamente alguna vez, ¿verdad? Mirando los regalos para mis hijos, que han ido amontonándose en mi despacho poco a poco y recordando una bonita velada de champañas me dejo llevar: Merry Christmas all, and to all a good night.
Viene algo. No sé si es chiquito o grande y no formularé ningún juicio escalar acerca de la magnitud de su importancia, pero definitivamente viene algo.
Dentro de una semana llega a esta nueva versión de La otra botella el gran show con motivo de la entrega de los Premios El Botellazo™ 2008.
Un espectáculo para toda la familia. Que vengan hasta el perro y el gato y a repartir históricos golpes a lo mejor, lo peor, lo sublime, lo ridículo y todo lo demás de este año que se nos acaba, tan nutridito en casos y cosas para el mundo del vino y la enochaladura.
La diversión comienza el 26 de diciembre. Aquí nos vemos…
Habiendo dejado de lado el resto de mis apuntes sobre las vacacioncitas de Nueva York, vuelvo a rememorar la muchas veces cruda realidad de mi vida y beba diaria aquí en Santo Domingo. Lógico es que de vez en cuando amplifique yo la oferta local con cosas que me he ido trayendo en la maleta cada vez que viajo. Así, en esta ocasión puedo abrir con…
Benoît Lahaye, Brut Grand Cru, Champagne NV: Una botella sacada entre celebraciones por la victoria de Barack Obama en las elecciones presidenciales de EEUU. Bonita champaña con una nariz de croissant aux amandes caliente, melocotón, cereza y naranja rubí y talco. COqueta, es lo que es. En boca es enérgica de manera muy festiva. Aunque tiene lo suyo de nervio, está lo suficientemente relajada como para ser peligrosamente fácil de beber. En el posgusto se sienten notas masa de pan, tiza y un amarguito entre el limón verde y la piel de cereza que resulta de lo más agradable. Largo y sabroso. Te invita a servirte otra copa. Y otra. Y otra. La botella se va demasiado pronto. Y lástima que sólo tenía una, comprada en Crush en Septiembre.
Masciarelli, Trebbiano d’Abruzzo 2007: Comprado localmente en un desliz, pues se me olvidó que su elaborador produce también ciertas monstruosidades “modernistas” de las cuales ya he hablado. Pero este trebbiano básico no está mal. No es nada especial, pero no está mal. Nariz perfumada de manzanas asadas, anís, lavanda y miel. Seco y sabroso, aunque su carga frutal-confitesca en boca acaba por hacerlo trivial, abonbonándolo un poco. Aunque fresco y bien bebestible, es cortito y no tiene nada en que colgar la imaginación.
Canepa, Chardonnay “Novísimo”, Valle Central, Chile 2007: Que es chardonnay chileno cuyo reclamo de ventas es que viene “sin roble”. Y yo necesitaba una botella para cocinar. Claro, lo probé antes de rociarlo en la sartén y tomé una nota de cata, por lo de que no se diga… Sanitariamente cítrico, con un filo amargo que me recuerda a morder una aspirina. Simple, corto y completamente anónimo. Eso, tal parecería si tomamos este producto como evidencia, es lo único que se consigue en nuestros tiempos por debajo de los US$10. Al menos sirve para una salsa, si uno no es particularmente exigente.
R. López de Heredia, “Viña Cubillo” Crianza, Rioja 2002: Una botella que me traje de Nueva York, esperanzado en poder repetir la excelente experiencia que con el Cubillo 2002 tuve cuando probé esto junto a María José López de Heredia en la última cata masiva de Polaner Selections en Nueva York. Pero no sé, parece que no le gustó Santo Domingo, porque esta botella distaba muchísimo del vino vivaz y suculento que recordaba. Como una taza fría de té Earl Grey. Se sentía descarnado, con apenas vestigios de aquella fruta y aquella estructura. Una botella rana, definitivamente. Y no tenía otra, o sea que ahí me quedé, desencantado.
Argiolas, “Costera”, Cannonau di Sardegna 2006: Recordaba yo como diez años atrás, cuando vivía en Puerto Rico, alguien me sirvió una botella de esta bodega en un restaurantico italiano del viejo San Juan y me gustó mucho. Era un vinito rústico y simpático. Desde entonces me parece haber visto esta marca expandirse. Aquella vez en Puerto Rico me parecía exótica, pero me la he comenzado a encontrar en todas partes, hasta en Santo Domingo. Y los vinos, hay que decirlo, se mantienen aceptables, si bien con una cierta “lavadita de cara” modernística que parece haberles acontecido por la fuerza. Este tinto “básico” es cárnico y ligeramente olivesco de nariz, con pastel de chocolate y mermelada de cereza como fondo. Lo mismo en boca. Lo que le hace particular es más bien textural. Térreo, especiado y con taninos que aprietan lo suyo y acidez firme, esto es vino manufacturado al que, por suerte, se le sale aún algo del carácter que hayan querido matarle en pos de aprobación internacional. Funciona con carnes grasas, si no aparece otra cosa más interesante.
Pierre Gonon, Saint-Joseph 2006: ¿Qué? ¿Se creyeron que yo me iba a conformar con ese “Costera” con mi trozo de carne de cerdo? Por suerte, “otra cosa más interesante” no falta nunca en casa y pude echar mano a esto, que es muy, muy de verdad… Bonita nariz de tocino, cuero y frutas rojas muy puras, con una interesante mineralidad de fondo. Lo que impacta aquí es esa pureza, debo recalcar. Un syrah compacto, tánico, masticable, que se enorgullece de lo que es y no necesita afeite alguno. La furta pura da tanto detalle que intentar “decorarla” con madera sería un crimen. Largo y poderoso, es un bebé ahora mismo, pero me dió mucho placer tal cual. Feliz etiqueta manchada.
Hoy estoy ahogando el ruido navideño con una vieja favorita de mis tiempos más rebeldes. Recuerden conmigo a Francis Dunnery en aquel primer álbum en solitario: