Era jueves por la tarde en Manhattan y probablemente acababa yo de pagar una de esas barbaridades que te piden allí en cualquier restaurante por un par de copas de vino. Sonó la campanita de mi Blackberry.
El mensaje era de mi buen amigo Greg dal Piaz, invitando a un grupo de gente a unirse a él para una degustación gratuita de grandes barolos en Chambers Street Wines, auspiciada por un nuevo portal de vinos con el que Greg colabora y que tiene pinta de que podría resultar sumamente interesante: Snooth.com.
Sí, leyeron bien: Degustación gratuita. De grandes barolos. No es una siniestra coña. Semejante cosa es posible. Sólo hay que saber estar en el lugar correcto, en el momento propicio y, como dijera el gran Sabina, “el diablo va y se pone de tu parte”. O bueno, una nueva empresa internética con mucha clase.
Me personé en el nuevo local de Chambers Street Wines el sábado a la hora acordada. La tienda estaba repleta de gente. Al parecer se riegan rápido las noticias de que hay vino gratis. Y si es vino de calibre, pues, la rapidez del riegue aumenta exponencialmente. Tenía intenciones de visitar Chambers de todas maneras esa última tarde de mis vacaciones, para hacerme de algunas botellas que traer a Santo Domingo. Lo de los barolos era el proverbial merengue encima del bizcocho.
Estaba Greg tras una mesa con una hilera de botellas. Junto a él estaba Candela Prol, de Chambers, asistiéndole en lo de servir y explicar los vinos. Yo fresqueé un poco, como amigo de la casa y me colé detrás de la mesa, parqueándome junto a Candela para conversar y probar los vinos sin la presión de la cola de gente que había esperando ser servida. Cosas…
Lo que probé. Sin pagar un centavo. Todos los vinos estaban en venta en Chambers, si alguno deseaba comprar al final, claro está. Pero era notoria la poca presión que sentía uno. En fin, yo probé, en porciones servidas por seres humanos sonrientes…
Ferrando, Etichetta Bianca, Carema 2004: La más reciente entrega del siempre fabuloso carema de Ferrando. Nariz con fenomenal detalle frutal y mineral. Arándanos, fresas, agua de rosas y roca triturada. Muy puro en boca, ligero, preciso y masticable de taninos. Un vino que, aunque se mueve con eminente delicadeza, no pierde nada de presencia. Largo y delicioso.
F.lli Brovia, Barolo 2004: De una de mis casas favoritas en Piamonte, un vino especiado, pulido al tacto, pero con gran nervio. Frambuesa negra y ciruela fresca tras la cual se asoman maravillosos aspectos térreos y anisados. Violetas también. Compacto y tánico. Muy largo. Necesita tiempo.
Massolino, Serralunga, Barolo 2004: Volátil y con un montón de madera por delante. “Otoñal” es como primero se me ocurre describirlo, pues encajonados en la madera vienen hojas secas, arándano pasificado y piel de naranja, Aunque el roble es una distracción inicialmente molesta, hay una cierta vivacidad que me hace interesarme un poco por este vino y darle el beneficio de la duda.
Oddero F.lli, barolo 2004: Térreo, salino, con notas de cuero y, de fondo, fruta que me hace pensar en la frase “pequeña, peluda y suave”. Un vino cálido, que se te ofrece en finas capas aromáticas y te invita a contemplar la aparición de una, luego la próxima… Taninos de grano bien fino en un final largo y ancho. Muy prometedor, sobre todo a este nivel.
Teobaldo Cappellano, “Pie Rupestris”, Barolo 2003: Muy maduro, como corresponde a la canicular añada. Y perturbadoramente facilón de acceso, esto… Cereza y ruibarbo en nariz y boca, con notas de fondo de tabaco y carne. Mullidisimo en su pureza, tanto así que parece simple. No sé…
Giacomo Conterno, “Cascina Francia”, barolo 2003: Volátil, con aromas de laurel, pétalo de rosa seco, tierra y frutillas rojas. Un vino sensual y cálido, pero a la vez con recia musculatura y erguida postura. Recios taninos y un toque cítrico en el posgusto.
F.lli Brovia, “Rocche”, Barolo 1982 (en mágnum): Un golpe de caramelo sobre alquitrán en la nariz. En un principio no quiere darme mucho más, pero con cierto juego de muñeca comienzo a obtener de mi copa notas de violetas, tierra, ciruela y canela. No, notitas, quedas, indecisas. Está cerrado a cal y canto, este vino. Necesitaba por lo menos unas cuantas horas aireándose.

Candela y Greg, desde donde cataba yo...
Francesco Rinaldi, Barolo 1970: Precioso. Enamorador. Para alguien que nunca hubiese probado un gran barolo, esto sería motivo para no querer beber más que barolos así el resto de su vida. Cuero antiguo, especias asiáticas, incienso, membrillo, cerezas y arándanos desecados, higo, polvo… Es que es de los que te provocan a apuntar la listica de aromas y sabores sólo para que no se te olvide ninguno. Yo dejé de apuntar ahí, pero hubiese seguido. Posgusto largo y vibrante, juvenil, refrescante, que te invita a beber. Mi vino de la tarde, por mucho.
Oddero F.lli, Barolo 1967: Tras el espectacular Rinaldi, un anticlimaxito. Aromas pálidos de lápiz, rosas secas y arbusto. En boca hay algo agradable de manzana y té negro, pero es un vino que se siente apagado, ya de capa caida.
Claro, la experiencia con los vinos se agradece, y mucho. También el rato con amigos, en mi tienda de vinos favorita. Si todas las historias que les contara fueran así…