La otra botella

Lucideces…

Diciembre 11, 2008 · 5 comentarios

Leía ayer en la versi’on “online” del New York Times un interesante artículo de Eric Asimov sobre las listas de vinos en restaurantes.

Asimov hace muy certeros comentarios que resultan relevantes a nuestra reciente discusión sobre el copeo en los restaurantes neoyorquinos: Se va a las selecciones más económicas de  la carta para analizarla desde ah’i. Intentando beneficiar a los no angloleyentes, les traduzco una parte:

“Una carta de vinos requiere análisis a la inversa. No debe juzgarse desde arriba hacia abajo, sino desde abajo hacia arriba. Debe ofrecer, a todos los niveles, selecciones bien pensadas, incluso excitantes. Como mínimo, una buena lista debe dar a los clientes de recursos moderados algo a que echar mano y poder disfrutar, que les haga sentir bienvenidos, en vez de meramente tolerados.

“Las botellas de bajo precio en una carta de vinos dicen tanto de la naturaleza e identidad del restaurante como las más costosas. No importa lo buena que sea la comida, un amante del vino consciente de su presupuesto se toma selecciones genéricas entre los vinos más económicos de la carta como seña de mediocridad. Por otro lado, aunque una carta imaginativa a todos los niveles de precio no excuse pecados culinarios, al menos motiva al cliente a otorgar el beneficio de la duda.”

Me parece que son puntos muy válidos. Uno, como cliente de restaurantes, llega con la mejor disposición de pagar por una buena experiencia. El que uno no tenga una tarjeta Visa Plutonio con la que pagarse tal o cual vino trofeo no debe ser un impedimento. De hecho, responsabilidad de cualquier restaurante que se precie es dar opciones a toda su clientela.

Pero me perdonar’an ustedes si esta entrega se siente un tanto desganada. Esta mañana recibí confirmación de algo que venía temiendo desde hacía un mes. Un buen amigo afronta lo peor con su habitual sentido del humor. Yo intento reir con él, no pensando en las consecuencias, pero en siento un agujero abríseme cuando leo…

“Perdonen la tristeza” es la frase que me viene a la mente, prestada.

Categorías: Uncategorized

5 respuestas hasta el momento ↓

  • Felipe Méndez // Diciembre 11, 2008 a 12:15 pm

    Entiendo tu tristeza, y lamento la terrible situación de Dressner (un tumor cerebral que requiere radio/quimio raramente es algo curable), pero, ¿ahora colgamos nuestras enfermedades en la red?

  • Manuel Camblor // Diciembre 11, 2008 a 12:30 pm

    Felipe,

    En ese aspecto no seré yo uno de los que condene nada o haga pronunciamientos sobre si es buena forma o no. Mea culpísima, pues yo soy el primero que llevo mi diabetes tipo 1 sobre la manga para que todos la vean, hablo de la lucha que me representa abiertamente y de los tratamientos que utilizo. Además, alguna vez hice una detallada exposé de como me pusieron la cubierta escleroidal que puso fin a mi antiestético periplo con un ojo muerto a la vista. Fotos y todo.

    La situación es lo que es y creo que esto

    http://www.answers.com/topic/jokes-and-their-relation-to-the-unconscious

    te ayudaría a entender lo que está haciendo Joe. Yo, personalmente, lo admiro. No sé lo que haría si me viese en su situación y me parece que, al convertir una tragedia en fuente de comedia nos ayuda a todos a poner muchas cosas en perspectiva.

    M.

  • Josie // Diciembre 11, 2008 a 12:40 pm

    Felipe,

    Me permito responder a tu comentario porque creo que entiendo tu observación y también conozco a Dressner… Te recuerdo que soy periodista y muchas veces crítico de lo demasiado que alguna gente comparte en los medios. Contradictoriamente a mi profesión, que busca sacarle el jugo a la información disponible o no, soy partidaria de mantener las vida privada bastante privada.

    La situación, por no decir el problema, es que la red le ha dado el espacio al mundo que la utiliza para colgar lo que le de la gana, aún cuando atente contra la dignidad humana, como es el caso de la pornografía. Y que quede claro que pienso que éste no es el caso en el blog de nuestro amigo.

    Entonces, para una persona como Dressner creo que es importante desahogarse y compartir su experiencia. Ahí está para el que la quiera consumir. El que no, pues que no haga click. Eso sí, a Dressner hay que conocerlo bien y sobre todo saber “leerlo” para entender por dónde va la cosa.

    En mi humilde opinión, pienso que alguien que es capaz de comunicar y articular con tanta lucidez sobre un momento tan difícil en su vida tiene mucho mérito. Al menos tiene sus pensamientos en una especie de orden.

    Josie

  • Felipe Méndez // Diciembre 11, 2008 a 2:23 pm

    La familia en pleno ha contestado.

    Como dijo Federico Guillermo Nietzsche: “ante todo, no me malinterpretéis” (cosa que en su caso no fue posible).

    Hice una pregunta que no quiso ser una crítica (tampoco un halago, vamos). Una pregunta que se aloja en lo más genuino que cabe: la necesidad de una respuesta.

    Entiendo, además, que crear un blog para contar una enfermedad terminal es en sí mismo moralmente neutro, y estéticamente puede llevar a los más opuestos resultados. O sea, puede ser basura o gema.

    Tal vez sea mi yo latinoamericano que no se acostumbra a ciertas cosas. O tal vez sea mi yo médico (y médico dedicado a los enfermos más graves de todos) el que le profesa particular respeto y celo a la enfermedad, en cuanto proceso interno constitutivo de toda vida.

    Tampoco me cuadra el hacer infinitamente público un caso tan dramático (créanme, he visto muchos tumores cerebrales, he visto muchos pacientes, nunca es chistoso), para luego pedir que nadie se conduela (algo tan natural que hasta yo hago). ¿Para qué?, entonces, me pregunto. Para muchas cosas, claro, pero, en el fondo, ¿para qué?

    A veces no me molestan las cosas en sí, sino sus potenciales consecuencias. Porque cuando el límite es difuso, es que simplemente no lo hay. Sé que Dressner no es ni con mucho el primero en bloguear su proceso de muerte, y algunos han sido muy inspiradores con aquello, pero, ¿hasta dónde?
    Hasta donde nuestro pudor o amor propio lo permita. Sí. Hasta que quepa dentro de la moral y las buenas costumbres. También. Hasta que deje de ser un ejercicio enriquecedor. Mejor.
    Mas insisto: ¿hasta dónde? ¿Y si alguien cuelga las imágenes de su patológica resonancia magnética en Flickr? ¿O el video de su colectomía laparoscópica en Youtube? ¿O alguien muy socarrón nos cuenta en su Facebook que “se me trancaron los orines… Ahora meo por una sonda. No se crean, es bien cómodo no tener que ir al baño… ¿Próstata? No, no… una gonorrea mal cuidada…” No pretendo comparar estos ejemplos con lo que hace Dressner, por favor. Sólo exploro un camino.

    En todo caso, mi más sincero respeto al dolor de él y de todos los que con él padecen. Y larga vida a Dressner, que lo que hace, su trabajo, es muy bonito.

  • Manuel Camblor // Diciembre 11, 2008 a 6:34 pm

    Existe un conflicto básico entre las ideas tradicionales de “decoro”, “pudor”, “discreción” y hasta “privacidad” con las que me educaron a mí (y muy probablemente a ti también, y a Josie) y la realidad actual, donde en realidad el medio se ha convertido en el mensaje. Y hasta en el correlato objetivo del mensaje, si se quiere. No nos damos cuenta de que la internet no es cualquier parte de nuestra vida, sino una parte ya crucial. Vivimos en, por, a través de y para ella.

    Extraña, feliz distopía, ¿no?

    No dudes tú que ya haya alguna colonoscopía en YouTube. De hecho…

    http://www.youtube.com/watch?v=HOaZCkA8Zvk

    Y tú sabrás interpretar la información visual perfectamente. No conocemos al sujeto, pero tenemos que lidiar con la posibilidad de que haya alguien por ahí que no solamente comparta eso como material didáctico, sino como expresión personal.

    Me parece que usar la red como mecanismo para manejar una tragedia personal puede ser algo positivo. Todo depende de quien lo haga y como lo haga.

    M.

Dejar un comentario