La otra botella

En casa, de vacaciones 7: En honor a un amigo…

Diciembre 12, 2008 · 6 comentarios

Los que me leyeron ayer ya saben lo de mi amigo Joe Dressner.  Joe ha logrado, convirtiendo esa tragedia en una gigantesca y muy compleja broma,  subvertir unos cuantos paradigmas de forma genial. Así es Dressner.

Comparto con él su ateismo. Joe pide a sus amigos, conocidos y a cualquier extraño que lea sobre su enfermedad que no rece por él, instándonos a todos a copartir una buena comida y una buena botella de vino con un ser querido y dedicarle, en el disfrute, un pensamiento feliz. Yo pensé en hacer precisamente eso con cada comida buena que disfrute y cada buena botella de vino que abra. También pensé en honrar la tremenda labor de Joe Dressner abriendo buena cantidad de botellas que llevaran su siempre confiable contraetiqueta. El problema es que lo que tengo aquí en Santo Domingo ha llegado muy recientemente y no quisiera abrirlo para encontrármelo descompuesto por la travesía de Nueva York acá. Además, como que las comidas verdaderamente memorables andan un poco escasas en mi barrio. Un arroz negro mojado con La Rioja Alta S.A., “Gran Reserva 904″, Rioja 1995 en Don Pepe, un muy buen restaurante cerca de mi casa era un comienzo. El arroz, la verdad, muy bien logrado. Y el vino, después de una fase inicial en el mercado un tanto torpe, comienza a tomar la forma de un gran 904. Está bastante compacto, pero sedoso y con el perfil clásico de la marca muy en evidencia. Creo que es uno que va para largo.

Pero ya les digo, como homenaje a Dressner tenía en mente otra cosa. Literalmente en mente, pues la cena que quería dedicarle había ocurrido hace semanas y era cosa de memoria y de un par de apuntes en mi libretita negra.

En nuestra cuarta noche en Nueva York, Josie y yo decidimos ir a un viejo favorito en 10ma. Avenida, Trestle on Tenth. Tenía de fuentes muy confiables que la cocina del chef Ralf Kuettel estaba como nunca y que la carta de vinos seguía tan repleta de cositas interesantes a precios razonables como siempre.

Mi amigo SFJoe me había recomendado que pidiese como primer plato los pescuezos de pato fritos, un plato que apela a mi vena más aventurera, pero cuyo atractivo no me parecería especialmente “universal”. Como yo siempre sigo los consejos de SFJoe, pues, pescuezos comí. Y estaban fenomenales. Empanados, perfectamente sazonados,  fritos a la perfección y servidos con un aioli de anchoas, era verdad lo que dijera mi amigo: “Se comen como palomitas de maíz”. Josie, por su parte, fue mucho menos atrevida, ordenando un entrante de salmón ahumado que no por los sencillo dejara de estar excelente.

Me perdonarán si no recuerdo muy bien lo que comió mi mujer como plato principal. Yo pedí un suculento filete de salmón con papitas, nabos, tocino y salsa de perejil. O al menos eso creo. Estaba muy bueno, lo que fuera. La cosa es que no le dediqué nada de espacio en mis apuntes, absorto como estaba en el vino que seleccioné de la carta.

Felices son las ocasiones en que a Josie se le ilumina la cara ante una copa de vino y quiere saber lo que es. Ella no es mujer de notas de cata, ni de ruminaciones extensas acerca de los atributos de cualquier vino. Pero cuando algo la agarraaaaaaaa…

Tal fue el caso del Jacques Puffeney, Trousseau “Cuvée Les Bérangères”, Arbois 2006. No lo importa Dressner a Estados Unidos, pero no creo que le esté mal que en mi recuerdo levante una copa y brinde por él con esto. Es un vino de color rubí aframbuesado con tonos cobrizos, transparente, limpio, luminoso. La nariz comienza tímida, pero con unos minutos comienza a desplegar tonos florales y térreos, de cera caliente, de piedras, arbustos y especias, además de una fruta brillantemente roja. Su aroma es como su color.

En boca es un vino ligero, ultravivo, de una pureza y un desenfado geniales. El agarre tánico y la acidez en el posgusto invitan a la comida. Rico, rico, rico… Cuando mi esposa y yo, cenando solos los dos, comenzamos a ponderar si pedir otra botella, es señal de que algo anda muy bien con el vino, ¿no creen?

Así lo pienso, así lo cuento, en honor a un amigo.

Estaba yo pensando en lo que hubiese sido la banda sonora perfecta para esa cena, con ese vino. A decir verdad, un elemento negativo de la velada fue el individuo que nos cayó en la mesa de al lado. Parecía estar en una especie de primera cita con la mujer que tenía enfrente en su mesa. Ella no pronunció más de diez palabras en dos horas. El no dejaba de hablar, en un vozarrón estertóreo, sobre sus viajes y hazañas en Europa, Asia y Africa. Quizás la narración hubiese sido interesante de no haber sido el tipo, según transpiró por unos cuantos comentarios, de una posición política ultraderechista. Pero bueno, eso no tiene importancia. No sé ni para qué lo saco… Ah bueno, para ponerles un videito que esta mañana también puse en mi perfil de Facebook. Es un clásico de los de verdad, que ha sido reinterpretado por media humanidad (desde The Clash hasta The Specials e Izzy Stradlin, nada más en YouTube), pero me quedo con la versión original, natural, bella como ese trousseau…


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6 respuestas hasta el momento ↓

  • javier // Diciembre 12, 2008 a 11:16 pm

    Drop Pressure por Toots and the Maytals. Apostaba que esto era de Strammer y Cía. Pero qué interesante la comparación de esta versión con un vino de Puffeney. Tienen la paz de una rosa y sus espinas. Al Pinot Noir de este señor lo conocimos en forma desinteresada, menospreciándolo al inicio, luego creció sobre nosotros, después nos hizo sentar derechitos y prestarle atención y terminó en forma recatadamente conmovedora. Se convirtió en un favorito para ciertas ocasiones, en esas cuando menos te da más. Como la versión de este tema el día de hoy. Gracias por la perlita.

  • Manuel Camblor // Diciembre 12, 2008 a 11:30 pm

    Como puse en Facebook: A mi hijo Julián le encanta dar vueltas como un trompo. O uno de esos 45 que él probablemente no conozca de forma directa. Aimqie aún es muy chiquito para entenderme, le contaba ayer que a mí también me encantaban las vueltas. Una vez me puse en ésas en el patio de casa, delante de los rosales de mi madre Mareado tras una buena tanda me abalancé sobre esos rosales. Y aprendí de dolor.

    Hay cosas que son perfectamente claras en la versión original. Sabes que adoro a The Clash y la versión de “Pressure Drop” que aparece en el
    “Super Black Market Clash” es fenomenal. Incluso la de los Mescaleros me da mucho. Pero Toots es Toots. La pureza es admirable.

    La trousseau es una uva que merece más atención. Trestle on Tenth, cuando estuvimos, tenía dos monovarietales de ella en carta. Imagínate… El de Ganevat también es muy interesante.

    M.

  • Ignacio // Diciembre 16, 2008 a 3:51 pm

    Una bodega de la Provincia de Río Negro (Argentina), Estepa, tiene un varietal Trousseau vinificado como rosado y saca también un corte entre Malbec y Trousseau. No los he probado -son más o menos difíciles de conseguir- pero quería consignar la curiosidad. Parece que, no se sabe muy bien como, alguien llevó la variedad hace unos cuantos años a Río Negro y hay un número de viñedos más o menos importante. Se la conoce también como “Pinot Gris de Río Negro” (!).

    Saludos

  • Manuel Camblor // Diciembre 16, 2008 a 5:36 pm

    Ignacio,

    Muchas gracias por el dato. Río Negro es de clima más frío, ¿no? ¿Me estoy equivocando de región pensando que es bien al sur? Podría, dependiendo del suelo y la exposición, ser un buen lugar para la variedad.

    Pero vamos, éste de Puffeney merece plato aparte…

    M.

  • Ignacio // Diciembre 17, 2008 a 4:05 pm

    En efecto, es una provincia más austral que Mendoza. En los últimos años ha habido una expansión hacia el sur en nuestra industria vitivinícola, con nuevas bodegas en Río Negro, la vecina Neuquén y, más al sur aún, en Chubut.

    En Río Negro ya existía una actividad vitivinícola desde hace tiempo (y de allí las rarezas como el Trousseau), ahora más enfocada en la producción de vino de calidad.

    También han surgido, más al sur de Mendoza pero algo más al norte que éstas nuevas bodegas que menciono, algunos proyectos interesantes en zonas sin mayor tradición vitivinícola como la Provincia de La Pampa (en 25 de Mayo) y el sur de la Provincia de Buenos Aires (cercanías de la Sierra de la Ventana y la localidad de Médanos).

    En general, estos proyectos -los patagónicos sobre todo- además de “lo seguro” (Cabernet Sauvignon, Malbec, Syrah) se destacan por enfocarse en variedades como Merlot, Pinot Noir y Sauvignon Blanc.

    Algunos resultados son prometedores, pero es pronto para veredictos: las plantas son bastante jóvenes (10 años más o menos) y creo que todavía se le está “tomando la mano” a la cosa. Un problema que veo es que muchos de estos proyectos tienen una vocación preponderantemente “comercial” y están destinados a producir volúmenes de vino “a la moda” más que originalidades (hay bodegas con más de 800 hectáreas plantadas…). Un estilo como el de Puffeney que mencionas sería un bicho raro acá. Probablemente los que más se acerquen a algo parecido serían los Weinert, con una bodeguita que crearon en El Bolsón, Chubut, que es la más austral del país si no me equivoco. No he probado los vinos de allí, pero sé que pretenden venderlos a precios bien altos, mayores que los de su bodega madre en Mendoza.

    Veremos qué sale de todo esto.

    Saludos,

  • Nueva York otra vez 3: Más pequeños grandes encuentros « La otra botella // Marzo 11, 2009 a 1:24 pm

    [...] Arbois 2006. Decidí no tomar nota de cata alguna, pues la impresión que me causó fue casi idéntica a la de la ocasión anterior. Digo “casi” porque quizás en compañía de hombres el vino se hace un poquito más [...]

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