La otra botella

Otras observaciones de la bebienda diaria…

Diciembre 18, 2008 · 20 comentarios

Habiendo dejado de lado el resto de mis apuntes sobre las vacacioncitas de Nueva York, vuelvo a rememorar la muchas veces cruda realidad de mi vida y beba diaria aquí en Santo Domingo. Lógico es que de vez en cuando amplifique yo la oferta local con cosas que me he ido trayendo en la maleta cada vez que viajo. Así, en esta ocasión puedo abrir con…

Benoît Lahaye, Brut Grand Cru, Champagne NV: Una botella sacada entre celebraciones por la victoria de Barack Obama en las elecciones presidenciales de EEUU. Bonita champaña con una nariz de croissant aux amandes caliente, melocotón, cereza y naranja rubí y talco. COqueta, es lo que es. En boca es enérgica de manera muy festiva. Aunque tiene lo suyo de nervio, está lo suficientemente relajada como para ser peligrosamente fácil de beber. En el posgusto se sienten notas masa de pan, tiza y un amarguito entre el limón verde y la piel de cereza que resulta de lo más agradable. Largo y sabroso. Te invita a servirte otra copa. Y otra. Y otra. La botella se va demasiado pronto. Y lástima que sólo tenía una, comprada en Crush en Septiembre.

Masciarelli, Trebbiano d’Abruzzo 2007: Comprado localmente en un desliz, pues se me olvidó que su elaborador produce también ciertas monstruosidades “modernistas” de las cuales ya he hablado. Pero este trebbiano básico no está mal. No es nada especial, pero no está mal. Nariz perfumada de manzanas asadas, anís, lavanda y miel.  Seco y sabroso, aunque su carga frutal-confitesca en boca acaba por hacerlo trivial, abonbonándolo un poco. Aunque fresco y bien bebestible, es cortito y no tiene nada en que colgar la imaginación.

Canepa, Chardonnay “Novísimo”, Valle Central, Chile 2007: Que es chardonnay chileno cuyo reclamo de ventas es que viene “sin roble”. Y yo necesitaba una botella para cocinar. Claro, lo probé antes de rociarlo en la sartén y tomé una nota de cata, por lo de que no se diga… Sanitariamente cítrico, con un filo amargo que me recuerda a morder una aspirina. Simple, corto y completamente anónimo. Eso, tal parecería si tomamos este producto como evidencia, es lo único que se consigue en nuestros tiempos por debajo de los US$10. Al menos sirve para una salsa, si uno no es particularmente exigente.

R. López de Heredia, “Viña Cubillo” Crianza, Rioja 2002: Una botella que me traje de Nueva York, esperanzado en poder repetir la excelente experiencia que con el Cubillo 2002 tuve cuando probé esto junto a María José López de Heredia en la última cata masiva de Polaner Selections en Nueva York. Pero no sé, parece que no le gustó Santo Domingo, porque esta botella distaba muchísimo del vino vivaz y suculento que recordaba. Como una taza fría de té Earl Grey. Se sentía descarnado, con apenas vestigios de aquella fruta y aquella estructura. Una botella rana, definitivamente. Y no tenía otra, o sea que ahí me quedé, desencantado.

Argiolas, “Costera”, Cannonau di Sardegna 2006: Recordaba yo como diez años atrás, cuando vivía en Puerto Rico, alguien me sirvió una botella de esta bodega en un restaurantico italiano del viejo San Juan y me gustó mucho. Era un vinito rústico y simpático. Desde entonces me parece haber visto esta marca expandirse. Aquella vez en Puerto Rico me parecía exótica, pero me la he comenzado a encontrar en todas partes, hasta en Santo Domingo. Y los vinos, hay que decirlo, se mantienen aceptables, si bien con una cierta “lavadita de cara” modernística que parece haberles acontecido por la fuerza. Este tinto “básico” es cárnico y ligeramente olivesco de nariz, con pastel de chocolate y mermelada de cereza como fondo. Lo mismo en boca. Lo que le hace particular es más bien textural. Térreo, especiado y con taninos que aprietan lo suyo y acidez firme, esto es vino manufacturado al que, por suerte, se le sale aún algo del carácter que hayan querido matarle en pos de aprobación internacional. Funciona con carnes grasas, si no aparece otra cosa más interesante.

Pierre Gonon, Saint-Joseph 2006: ¿Qué? ¿Se creyeron que yo me iba a conformar con ese “Costera” con mi trozo de carne de cerdo? Por suerte, “otra cosa más interesante” no falta nunca en casa y pude echar mano a esto, que es muy, muy de verdad… Bonita nariz de tocino, cuero y frutas rojas muy puras, con una interesante mineralidad de fondo. Lo que impacta aquí es esa pureza, debo recalcar. Un syrah compacto, tánico, masticable, que se enorgullece de lo que es y no necesita afeite alguno. La furta pura da tanto detalle que intentar “decorarla” con madera sería un crimen. Largo y poderoso, es un bebé ahora mismo, pero me dió mucho placer tal cual. Feliz etiqueta manchada.

Hoy estoy ahogando el ruido navideño con una vieja favorita de mis tiempos más rebeldes. Recuerden conmigo a Francis Dunnery en aquel primer álbum en solitario:

Categorías: Bebienda doméstica · Uncategorized