La otra botella

Desde el Caribe: ¡El Botellazo 2008!(y 5)

Diciembre 27, 2008 · 21 comentarios

Es reventao esto de una entrega de premios blogueada en semidirecto… De repente se te funde un enlace a un video en YouTube y te das cuenta de que no tienes zapatos que tirarle por la cabeza al encargado técnico porque ya se los tiraste a un cabez”on atorrante que andaba acusándote de vainas. O te das cuenta de que no tienes encargado técnico. En fin, que aquí estamos de nuevo para presentarles la gloriosa conclusión de estos Premios El Botellazo™ 2008 de La otra botella.

Es hora de propinar uno de los Botellazos™ más importantes de la velada, al Blanco del Año. Sigo con lo de que todo conecta. Y es que es verdad. Fíjense ustedes que con lo de encontrar el Blanco del Año me pasó algo muy similar a lo que me pasó con los discos. Había tantos, particularmente alemanes y del 2007, que no podía decidirme. Incluso pensé hasta meterle el Botellazo™ a la añada 2007 en el Mosela, pero luego se me antojó que eso era impracticable y, encima, injusto.

Tuve que hurgar entre mis notas publicadas y entre los cuadernos de apuntes aún por transcribir. Tuve que mirar la pantalla de la computadora como un idiota durante horas muertas hasta que al fin dí con el ganador. Se trata de un vino que pude probar tres veces este año y que me dejó igual de impresionado en las tres ocasiones. Redefinía una casta, un estilo de vino y, para no quedarse corto ni de casualidad, hasta el carácter de su añada. Es un vino con mucho feeling y mucha clase. Un vino con originalidad y autenticidad. Un vino que me encantó. Y además, es un vino que no creo que nadie se espere. Pero bueno, allá va. El Botellazo™ para el Blanco del Año es del…

¡Azienda Agricola Stanislao Radikon, “Jakot”, Venezia-Giulia 2003!

Ya les avisé que se sorprenderían. Es que me gustó de veras. Fíjense lo que dije de él aquí. Y luego aquí. Con este vino Radikon logra llevar el friulano, una variedad a la que yo nunca hice particular caso, a niveles insospechados antes. Y como ésta es una premiación enteramente medalaganaria, Botellazo™ dado, ni rediós lo quita.

Todo conecta. Sí señor. Y no puedo dejar pasar este momento para recordar y celebrar a mi querido amigo Joe Dressner, el importador de Radikon a Estados Unidos. En este último mes, Joe anunció al mundo que tenía un tumor cerebral y ahora está sometiéndose a tratamiento para el cáncer que lo aqueja. Muy para la consternación de algunos—en especial Felipe Méndez—y Joe siendo el tipo de relajo que siempre ha sido, decidió narrarnos de forma jocosa todas sus peripecias en la lucha contra esta terrible enfermedad en un blog titulado The Amazing Misadventures of Captain Tumor Man. A Joe le rejode la paciencia que la gente le diga que “reza por él”. En eso nos parecemos mucho. Como yo no rezo ni sé rezar, no lo importunaría jamás con semejante bobería. Lo que no quita que piense mucho en él y le dedique un Botellazo™ no dirigido a la cabeza, de esos tipo “Lifetime Achievement Award” como el que le dieron en los Oscares a Ennio Morricone.

Pareceré un disco rayado, pero es que todo conecta, carajo. Se los digo. Absolutamente todo. Cuando condenaba el disco de Serrat y Sabina iba a decir que semejante mamarracho por parte de estos dos grandes autores españoles hubiese sido equivalente a que en López de Heredia de repente se les ocurriera hacer una spoofulística cuvée argentino-mediterráneo-riojana en colaboración, digamos, con Michel Rolland y algún otro superstar internacional. quizás Alvaro Palacios. Aberración, horror, etc. Pero me parecía demasiado retorcida la imagen, así que la dejé en el piso del cuarto de edición. Hasta ahora, que me sale de repente porque voy a propinar el Botellazo™ al Tinto del Año.

Pero antes del Botellazo™, otro momento musical para ustedes. Como han aparecido tantos amigos en este evento, me parece muy apropiada la intervención del gran Alejandro Escovedo—uno de cuyos méritos es ser el tío de la incomparable Sheila E—junto a un amigo suyo que todos reconocerán. Aquí tienen “Always a Friend”:

En el verano escribí sobre el ganador del Botellazo™ al Tinto del Año lo siguiente:

“[A]lguno está diciéndose en este momento “¡Ya viene este jodido otra vez con el Tondonia! ¿Es que no encuentra otro vino bueno?” Y yo estaré consciente de que López de Heredia, para mí la cúspide absoluta del vino de Rioja hoy por hoy, me da más de bueno que nadie en esa región. Sorry por todos los otros. Muchos de ellos hacían buen vino en otros tiempos y ahora hacen cosas entre lo inocuo y lo absolutamente ofensivo. López de Heredia, en cambio, se las arregla para siempre apasionarme, aún con vinos que creo conocer íntimamente.

“O sea que a los que se cansan de leerme mencionándolos, a joder a fastidiar a otro, por favor…

“Regio setenta y tres. Elegantísimo. Complejo. Infinitamente bebible. Los aromas entran y salen como personajes de teatro al escenario: Cuero antiguo, violetas, té verde, carne curada, humo, alcanfor, incienso, cantera, frambuesa negra, tomillo seco, naranja rubí… Todo eso tiene su reflejo en el paladar, pero en realidad lo que me mata es ese paso de boca tan sedoso, tan gentilmente elocuente. Bajo la suavidad hay, sin embargo, mucho músculo. Tremenda estructura. Largo, aún con mucho de fruta fresca que se acentúa al final con un toquecito de salinidad.”

Luego pude beber este magnífico vino dos veces más y las impresiones fueron, si se puede, aún mejores. Ya ven, queda entre amigos la cosa cuando declaro que el Botellazo™ es para el… ¡R. López de Heredia, “Viña Tondonia” Gran Reserva, Rioja 1973!

No puedo dejar de recordarles que el único criterio fijo que tengo para el Blanco y el Tinto del Año es que aún estén razonablemente disponibles en el mercado internacional. El que uno pueda aún hacerse de una botella de este Tondonia 73 es de esas cosas que me llenan de sonrisas.

Y que se haga tradición de los Premios El Botellazo™ rememorar todos esos momentos inolvidables con vino que he presenciado yo este año. Con más sonrisas recuerdo…

El mágnum de Vega Sicilia “Unico” 1968 en mi fiesta de cumpleaños, corchado…

La maravillosa secuencia de pomerols de 1966 que se sirvieron a continuación esa misma noche, haciéndonos olvidar la tragedia…

Como mis amigos neoyorquinos descubrieron el Cepas Vellas 2006 de Do Ferreiro cuando les llevé una botella y quedaron enamorados…

Ausone 1971 con SFJoe en Landmarc…

Vega Sicilia 1960 cortesía de Izzy en aquella noche en que, por casualidad, SFJoe cumplía años y estaba con nosotros. Coincidencialmente, SFJoe nació en el 60…

La renovación de mi ojo derecho… Todo el vino que bebimos en la semana en que eso ocurrió. Zeni, Rossara, Trentino 2007. Un descubrimiento. El Zinfandel 1987 de Caymus. El Cabernet 1977 de Mondavi…

El Chablis “Rosette” 2006 de Alice & Olivier De Moor, en casa en Santo Domingo…

El “Verano del riesling”en Terroir, Nueva York…

Château Latour 1971 con los amigos en Kori, Nueva York. As always, thanks, Victor…

El Viña Ardanza 1973 más tarde esa misma noche, en casa de SFJoe, confirmando que en el 73 La Rioja Alta no pudo equivocarse…

Los vinos del Equipo Navazos junto a Jesús Barquín en el Grand Sichuan de Chelsea…

Josie en Trestle on Tenth, cautivada por aquel bello Trousseau 2006 de Jacques Puffeney…

Nuestro nuevo grupo de cata en Santo Domingo, que va adquiriendo fuerzas y avivando cada vez más nuestro entusiasmo…

Pero sobre todo, aquel grito de independencia que me llevó a independizar mi blog y darle a La otra botella su propio dominio.

Sí, eso me parece un punto importante y, a la vez, un apropiado cierre para estos Premios El Botellazo™. Es que allá a principios de septiembre se veía a La otra botella moribunda. Yo no tenía ganas de nada. Sin embargo, gracias a las sugerencias de algunos buenos amigos lo que hice fue emigrar a una nueva casa, mía enteramente. Ahí me esperaban mis energías y, por suerte, ahí vinieron ustedes, los amigos que ahora me honran leyéndome. ¡Porque mira que me tienen paciencia!

Hora ya de cerrar el chiringuito para irme a despedir el año. Esperando que esta maratónica entrega haya sido de su agrado, a todos ustedes, amigos, les deseo lo mejor en el 2009 que viene.

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Desde el Caribe: ¡El Botellazo 2008!(4)

Diciembre 27, 2008 · 2 comentarios

Pzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzztttt. Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. Pzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzpffffffffffff. Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. Ekete ekete ekete. ¡Coño, se fue la luz de nuevo! ¿Que no? Ah, pérate’… Ekete ekete ekete: Pzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzztttt.

Interrumpimos esta transmisión en indirecto para traerles este mensaje de servicio público:

El mensaje de arriba va orientado especialmente, aunque no lo diga de forma explícita, a la industria del vino. Ya saben, hay que lograr que la gente joven beba más vino. Y baile como el muchacho en la escena a 00:25 de comenzado el clip.

Lo que me pone delante el tan esperado próximo Botellazo™ de la noche.

La categoría es Personalidad del Año. Esta “Personalidad” (es con mayúscula, fíjense) no puede ser cualquiera de esos “hijos de vecino” de los que tanto hablamos. No. Se trata de alguien capaz de provocar el tipo de movimiento tectónico que logra transformaciones radicales en esa absurda comedia de gestos que es la “cultura del vino” como la conocemos hoy.

Me ha dado trabajo encontrarle, pero al final… Tomando una pauta medio extraña establecida por la revista Time en su edición de “Person of the Year” hace un par de años (pusieron un espejito en la portada; se suponía que la “Persona del Año” fuese el propio lector como agente de cambio social, o lo que fuera), yo me tomo la libertad de abrir la categoría a algo más allá de un solo individuo. La Personalidad del Año que recibe el Botellazo™ 2008 ha obrado poderosamente para que los amantes del vino tomemos conciencia de lo que verdaderamente hay. Esa conciencia quizás logre que nos percatemos de como deben ser las cosas, que logremos visualizar el disfrute del vino mismo, no de la comemierdería marquista/puntista/ostentatoria.

Así que el Botellazo™ 2008 a la Personalidad del Año es de…

(Gran fanfarria en el teatro)

¡La puta crisis!

Celebrémosla. Quizás sea el golpe con el que aprendemos donde queda la pared. Y no nos la pegamos de nuevo.

Todo conecta. Hay que seguir con ese tema. Resulta que tuve yo una pequeña crisis a la hora de elegir el ganador del Botellazo™ al Disco del Año. El 2008 se ha portado muy bien en cuanto a música. En consideración estaban trabajos como el soberbio 22 Dreams de Paul Weller, el vibrante y simpático We Sing, We Dance, We Steal Things de Jason Mraz, el fenomenal The Renaissance de Q-Tip, el irresistiblemente sexy Hello x de la bella y dulce Tristan Prettyman, el emocionante y completísimo Maestro del gran Taj Mahal, el polimorfamente perverso e hiperteatral Skeletal Lamping de Of Montréal, el ardientemente profundo Like a Fire de Solomon Burke… Muchos. Muy variados. Ya se imaginan. Una labor inmensa e intensa.

Al final he decidido no dar un Botellazo™ a uno solo de todos esos discos que tanto me han cautivado. Como estos premios son enteramente medalaganarios, creo oportuno premiar a un disco que sí tengo claro que es el peor que compré. Así, sorpréndanse, pónganse furiosos, ríanse, o lo que sea, ante el Antidisco del Año, que es…

¡Dos pajaros de un tiro, de Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina!

Ya sé, ya sé, suena a sacrilegio, particularmente de parte de un individuo que le puso Sabina a su hija honrando a uno de los protagonistas de esta debacle, la cual hace suya de forma definitiva aquella sentencia que se ha vuelto un cliché: “A bad idea, poorly executed“.

No que me parezca mala la idea de Sabina en concierto. O Serrat. A ambos los he admirado siempre. Incluso la idea de un concierto a duo hubiese podido funcionar, si se manejaba de otra forma. Pero ponerlos a ambos en escena con una orquesta en plan Las Vegas (piensen metales rimbombantes, melosas coristas  y cuanto floreo baboso de piano hay)  a ejecutar un programa más digno de Christian Castro y Luis Miguel que de dos cantautores de tal magnitud resulta imperdonablemente caricaturesco—no, perdón, esperpéntico. A veces Sabina canta a Serrat y otras es vice versa (perdón por el juego de palabras), pero sin aportar nada en particular a las piezas originales. Al final ambos intérpretes sólo suenan cansados y forzados.

Intenté escuchar el álbum una decena de veces, pero me deprimía. No podía imaginar que peculiar noción comercial llevó a dos poetas de los de verdad a hacer esto. Al final dejé el disco tirado fuera de mi despacho un día. Alguien se lo llevaría, pues a los pocos minutos ya no estaba. Gracias.

Por lo de despejar un poco el ambiente tras un Botellazo™ que me apena bastante (Sabina, por favor, nunca más así…), algo de uno de los que se seguirán peleando ad infinitum por ser mi Disco del Año. Q-Tip, “Gettin’ Up”:

Ya me siento mejor… Vamos ahora a la categoría del Blog del Año/División Internacional. De calle se lleva el Botellazo™ alguien que ha hecho, a mi ver,  más que nadie por exponer las tonterías, corrupciones y descaros de la industria actual del vino. Me refiero a Franco Ziliani. Este señor ha dado impresionante caña este año, primero con el asunto Brunellopoli, que fue de los primeros y el más incisivo  en cubrir. Segundo con su puesta a parir de Thomas Matthews, editor ejecutivo de la ya bastante vapuleada Wine Spectator. Por ello, ¡un Botellazo™ bien dado a Franco Ziliani y Vino al vino, uno de los imprescindibles!

Pasamos ahora a una categoría del Botellazo™ que resultará controvertida para algunos y para otros más clara que el agua. En cubano, a lo que ahora premiaremos, se le llama picuencia. En dominicano se le llama más ambiguamente chopería. Los españoles tienen un vocablo que me gusta más por su aspereza, su dureza y lo directo que pega: horterada. El Botellazo™ a la Horterada Vínica del Año es para…

¡La nueva barrica X-Blend de Radoux! Recubierta en cuero caro y con tapón de cristal de Swarovski, esta barrica se superlujo es sólo para quienes tienen que ser los más-más de los más… Felicitamos por el galardón no sólo al imaginativo tonelero, sino a todos los que han adquirido de estas barricas para en éllas criar sus “vinos”—que los hay.

Otro importante Botellazo™, esta vez a algo verdaderamente noble, es el que corresponde al Ave Fénix de la Cultura del Vino en el 2008. A principios de año, mi sitio favorito para discutir con amigos de vino fue objeto de un ataque terrorista y murió una tristísima muerte. Me refiero al hackeo (y saqueo, pues le tumbaron la base de datos) de la genial Wine Therapy. Pues de las cenizas de aquel magnífico foro ha surgido ahora uno que recoge a todos los informadísimos y animados participantes del desaparecido, sumándoles gente nueva, reanimando así el mejor lugar del universo para el debate machopedántico de todo lo que a vino se refiere. Ese maravilloso Ave Fénix es…

¡Wine Disorder!

Otra pausa se avecina. La última de este show. Antes,  otra intervención musical. Creo que se me quedó en la lista de todos los discos buenos que me confunden este año el genialmente retro The Way I See It de Raphael Saadiq—una vuelta a los tiempos de Motown y Stax que de verdad convence, que va más allá de la moda… De ese excelente álbum, aquí tienen “Love That Girl…” O bueno, no, que nos han jodío el “embedding” y resulta que no se ve nada cuando uno hace clic en este video. A ver si del mismo disco podemos con “100-Yard Dash”

(No se vayan, que aún falta lo mejor en la conclusión de los Premios El Botellazo™ 2008. En breve retorna la fiesta…)

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Desde el Caribe: ¡El Botellazo 2008! (3)

Diciembre 27, 2008 · 9 comentarios

¡Aquí estamos de nuevo! Y hay que decir algo sobre lo guapa que está la concurrencia en esta sensacional gala anual de los Premios El Botellazo™. A esa chica guapa que nos leía hace un momento y se mov’ia en su asiento al ritmo de Michael Franti (difícil no hacerlo): Que te sienta tan bien el pijama blanco… Y a los señores que nos leen trajeados, igual, aunque bien podrían soltarse la corbata.

En fin, que la siguiente categoría es una que siempre toca cerquita de mi corazón. Bueno, como todas, de formas distintas, pero ya ustedes saben.

Hace veinte años, cuando yo era apenas un chaval en segundo año de universidad, me mordió la singular bestiola ésa que transmite la enochaladura. Fue en ese momento cuando pasé de ser un mero “consumidor promedio” a convertirme en esta cosa voraz que soy ahora, constantemente tan ávido de una buena copa como de veinte buenas lecturas y cuarenta buenas pláticas sobre vino.

Hace veinte años, picado por el antedicho bichito, una cosa que me creía fielmente era aquel sonsonete de “La Promesa de California©”. De Napa, de Sonoma, de Costa Central… Vivía encontrándome sorprendentes vinos de cabernet sauvignon, pinot noir, chardonnay, zinfandel, petite sirah y todo lo demás que se le ocurría cultivar a una población de vinateros que yo imaginaba como pioneros del oeste. Los vinos eran sumamente originales,  muy sabrosos y tenían estructura para hacer todo lo que se supone que haga un gran vino a través de los años. Yo no vacilaba en compararlos con lo mejor que conocía del mundo en mi breve experiencia, particularmente porque quedaban bastante más cómodos a mi presupuesto de estudiante que muchos burdeos y borgoñas.

Pero luego vino Robert Parker. Vino el Wine Spectator. Vino la “moda del vino”. Vinieron los megamillonarios nuevecitos a poner bodegas como símbolos de estatus. Vinieron los puntos, los premios, las ínfulas, la necesidad de  ser más ‘de lujo’ que el vecino, o sea, más hipertrófico, más ostentoso, más extraido, con más madera. Vinieron las supercorporaciones, los ejecutivos de marketing, los tecnólogos “mejoradores”. Vinieron los “vinos de culto”.  Vinieron los tiempos en que poner una bodega en Napa ya era sólo asequible de billonario para arriba. Vinieron los tiempos en que hacer vino requería “media training” y poner una bodeguita era poner una atracción más en la perversa disneylandia del vino californiano. Vino el momento en que cualquier hijo de vecino, dados sus costos de operación, representación y mercadeo, se sentía obligado a clavarte ochenta dólares por botella de su primera añada de alquitrán endulcorado con madera y puntuado con 95 por el “crítico” de turno.

A todas luces, se jodió aquello.

O bueno, se jodió para los de nosotros que nos interesamos en el vino y no en los mitos y el marketing.

Lo bonito es que toda situación así pare rebeldes, incluso a veces entre gente que ha jugado dentro del mismo sistema. Sucumben a la salutaria tentación, cuando se cementa un status quo, de tirar pa’otro lao y romper el paradigma establecido, lo que equivale, si el paradigma se ha establecido artificial o forzosamente, a devolver las cosas a su puesto.  Tal es el caso del ganador de nuestro Botellazo™ 2008 en la categoría Como Deberían Ser las Cosas/División Tintos. La etiqueta habla por sí sola…

La primera vez que probé este vino, aún no tenía nombre, pero era objeto de montones de rumores. Yo escribí lo siguiente: “Este es un vino del que se ha hablado bastante últimamente en círculos selectos de la enochaladura alternativa. Mike Dashe lo elaboró de forma completamente natural. De fruta vendimiada en un punto óptimo de madurez mucho más realista que lo que se estila bajo los preceptos vitícolas dominantes hoy día en California. Levaduras ambientales. Nada de trucos. Su crianza ocurrió en Füder de roble neutral. Obviamente, el establishment crítico de nuestros tiempos lo consideraría insuficiente, probablemente hasta inaceptable. Pero la concurrencia a mi fiesta de cumpleaños estaba encantada… ¡Si tan sólo hubiera más zinfandel así! SFJoe nos lo sirvió a ciegas y la mayor parte de los primeros en catarlo pensaron que se trataba de alguna brillantemente suculenta cuvée de gamay de floralidad bellamente acentuada. Pero no… De plano se presenta un tanto sauvage y automáticamente te dice que aquí todo es de verdad, sin manipulaciones “mejorantes” ni correcciones. Bayas purísimas, dulces y limplias. Regaliz, aceite de rosas, arbusto, cereza, piedras, jengibre en conserva, violetas y sorbete de fresa. Fresco, jugoso y perfectamente equilibrado en boca. Largo y reverberante. Verdaderamente delicioso. Te invita a beber y, dada la rareza que es comparado a casi cualquier otro producto contempráneo de su variedad de uva, te invita sobre todo a pensar. ¡Bravísimo, Mike!”

Otra botella bebida en Nueva York luego, cuando ya el vino tenía nombre, fue igual de deliciosa y es lo que me lleva a pegarle este Botellazo™ a ¡Mike Dashe y su Dashe Cellars, Zinfandel “L’Enfant Terrible”,  McFadden Farm, Potter Valley, California 2007! Para los que sigan fastidiando con lo del amiguismo conspiratorio, pueden ver a Mike aquí. Alguna que otra copa he compartido en su compañía y es un tipo que me cae muy simpático.

Como todo conecta y utilicé la palabra sauvage en la nota reciclada de arriba, ahora una intervención musical que también tiene lo suyo de sauvage y de gustosa. El disco de Babyshambles del que sale “French Dog Blues” será del 2007, pero salió después de la primera entrega de los Premios El Botellazo™,  oséase que, siendo esta gala enteramente medalaganaria, cualifica para que yo haga lo que me dé la gana y la incluya. Además, si Juanes ha participado en los Grammys latinos con el mismo disco durante una década completa, aquí que tire la primera piedra el que se haya puesto el protector de pudenda… ¿Que no ha sido el mismo disco el de Juanes? Pues necesito pruebas científicas de ello. En fin, ¡que aquí está Babyshambles, hijo de The Libertines y nieto de The Clash!

Sí, todo conecta. Dije sauvage y el último premio fue a un vino completamente natural. El orden de la entrega de estos Premios El Botellazo™ se va sugiriendo solito y resulta que ahora viene perfectamente al caso el Botellazo™ al Blog de Vino del Año/División España y Latinoamérica.

Aunque se me ha olvidado el nombre del restaurante donde ocurrió, recuerdo como si hubiese sido anoche una cena en Madrid con Laureano Serres  hace varios años. Laureano condujo esa tarde desde su rincón de Cataluña hasta Madrid sólo para conocerme. Comimos y bebimos muy bien. Los vinos fueron un Cornas de Clape y un Clos Rougeard, pero sobre todo un soberbio rancio de 1975 elaborado por el padre de Laureano. Ese vino era elemental, real, conmovedor. Era de los que se te quedan con hitos en la conciencia. Laureano y yo conversamos mucho sobre las virtudes de ese vino y de retomar la esencia de la tierra.

Hoy día Laureano Serres es, al menos como yo lo veo, el más vocal practicante y defensor del vino natural en España. Lo considero un amigo y—un momento, por favor, en lo que me quito los zapatos y se los tiro por la cabeza al mamerro aquel del fondo, que volvió a gritar que si “amiguitos” y “favoritismo.” Pero… ¡Diablos! ¡Se agachó más rápido que Bush!

Bueno, a seguir con lo que tenía entre manos. Que la labor de Laureano se extiende a un blog que me encanta, simplemente titulado Vinos naturales. Apasionado, idealista, pero sobre todo honesto, no puedo imaginar a un bloguero y un blog más merecedores de este Botellazo™. La preciosa imagen de la derecha, por cierto, se la he birlado a Vinos naturales para tentarlos a que, si no han descubierto el blog y aprendido de las vivencias y el ideario de Laureano, lo hagan ya (disculpas por la amistosa vulneración de derechos de autor, que espero compensar con cualquier interés en el sitio que mis palabras generen).

Ahora toca dar un Botellazo™ muy especial, en una categoría nueva. Es el Trofeo Especial Y No Estaba Muerto, No, No a Vinos de los Que No Se Esperaba y Dieron.

Este galardón lo merece cualquier vino que en mi vivencia anual me haya dejado positivamente a-l-u-c-i-n-a-d-o al presentarse no meramente vivo cuando se le creía difunto, sin extraordinariamente vivaz, elegante y en su franca plenitud. Y el ganador del primer Y No Estaba Muerto, No, No es…

¡El Bodegas Julián Chivite, “Colección 125″ Gran Reserva, Navarra 1988!

Recordarán como, en una crónica de hace un par de meses les conté que una botella de este vino aportada a una bebienda por mi gran amigo El Verdadero Jay Miller pareció difunta durante su primera hora de abierta y luego cobró vida. Dije yo, maravillado:  “El vino había dado un giro dramático. Donde había demasiada madera, ahora aparecían agua de rosas y una carnosidad melonesca. La fruta se decide a salir al frente y está vivísima, se apodera del escenario y revela que la madera era un mero accesorio. Impresionante cambio.”

El atorrante que ahora mismo intenta vender mis zapatos en eBay (todavía no puedo creer que le fallé a semejante cabezón ninotesco) vuelve a acusarme de crímenes inmencionables contra el honor, la rectitud y la imparcialidad porque dizque alguna vez me vió bebiendo en la misma mesa que el encargado de exportación de Chivite. ¡Es que no se acaba nunca este j’accuse que se trae, les digo!

Nos vamos a otra pausa anticomercial y los dejamos, ya que vulneramos lo de poner sólo música de este año, con un clásico de The Brand New Heavies, que siempre me hacen vibrar. A ver si logro recuperar los zapatos. Va y necesito volver a tirarlos luego. Debiera alguien inventarse calzado en forma de bumerán…

(Sí, esto sigue… Es un buen momento para ir al baño, o a hacer palomitas de maíz.)

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