La otra botella

Dos cosas buenas antes de acabarse el 2008

Enero 2, 2009 · 13 comentarios

Era la tarde del 31 de diciembre y en la ciudad de Santo Domingo había muy poco movimiento. De entenderse, pues  la poca gente que quedaba en nuestra parte de la ciudad  de seguro estaba en descanso, cargando las pilas para los festejos de la noche.

Yo admito haber descabezado alguna siestecilla. Mi pobre esposa, en cambio, tuvo que tirarse la labor de mantener entretenidos a nuestros hijos, cuya edad aún mantiene como irrelevante para ellos esas adultas responsabilidades de las fiestas de Nochevieja y el sagrado deber de fabricarse una resaca monumental para el primero de enero.

La fiesta en casa de mi hermano no comenzaría hasta después de las diez y media, o sea que  Josie, mi suegra (que en estos días nos visita. No comment…) y yo tuvimos un ratito entre la hora de dormirse los niños y el comenzar a ponernos guapos para el evento. Decidí preparar una versión dominicanizada (pan de molde normal, porque buena suerte al que pretenda encontrar una brioche decente en esta isla) de aquellos mini croque monsieurs con gruyère y chorizo del libro Le vin et la table de Alain Sanderens. Comida ideal para “hacer zapata”.

Con estos bocaditos abrí una botella del Pol Roger, Brut Rosé, Champagne 2000. Esta última botella abierta en mi casa en el 2008 me sorprendió. No la esperaba tan deliciosa, la verdad. Bonito color salmón con destellos rosa-de-té y violeta. Sutiles notas de hongos desecados en la nariz, bajo aromas de pan tostado, cerezas en crema, sándalo, cardamomo, pulpa de naranja y flores blancas. Me recuerda—quizás no extrañamente por los elementos ya mencionados—a la colonia de Creed que uso todos los días, “Green Irish Tweed”. Cosas de la vida… Cremoso en boca, voluptuoso y con vivos sabores de cereza y flan de limón sobre tonos ahumados y minerales. Una champaña compleja  que pide comida. Largo y elegante. Muy bien logrado. Tengo que salir a buscar más antes que desaparezca del mercado.

Lo bonito es que este rosado representa una especie de “retorno” de Pol Roger a mi confianza tras varios desencantos con botellas adquiridas acá. Particularmente el Brut 1998 me había resultado extraño, fofo, dulzón y sin gracia, descriptores  sumamente poco característico antes en mis descripciones de vinos de Pol Roger. Todavía no logro comprender lo que pasó con ese 98. Pero nada, que el rosado 2000 compensa de sobra.

Igual compensa, en otro ámbito y por un fallo a mucho mayor plazo, uno de los regalos de Navidad que me autohice. Yo habitualmente me compro libros, vino,  música e instrumentos musicales en las ocasiones mayores. Dejo todo lo demás a quien sienta el impulso de regalarme. Este año uno de los sets de DVD/CD que cayeron fue The Police: Certifiable, Live In Buenos Aires y puedo decir a Sting, al menos, que la caterva de discajos  infumables que lleva una década grabando está perdonada.

Los habitués de la primera versión de este blog recordarán que mis emociones mixtas con respecto a las presentaciones iniciales de la gran reunión de The Police en el 2007. A principios de los ochentas fui un fan apasionado. Me rompió el corazón cuando se separaron, aunque también entendí. Luego seguí las carreras de los integrantes por separado, particularmente la de Sting, con gran atención. Aquel experimento de pop-jazz que engendró primero a The Dream of the Blue Turtles y luego a Bring On the Night me pareció una gran cosa. Claro, las expectativas en cuanto a un reencuentro con The Police casi garantizaban no ser cumplidas. Eran demasiado.

Sin embargo, viendo el DVD de Certifiable quedé mucho más que satisfecho. Aquí tenemos a Sting, Andy Summers y Stewart Copeland, más maduros y con la sabiduría de la rueda dada en el cuarto de siglo pasado, haciendo las cosas con iguales medidas de energía renovada y sofisticación.

Injusto sería pedirles a dos cincuentones y un sesentón el tipo de vitalidad de los muchachos que eran cuando se desbandó The Police en 1983. Hoy por hoy Andy Summers tiende a parecerse a la abuela de un amigo mío (o, como dijo el autor de una reseña de este film que me leí, a un hobbit). Stewart Copeland es el mismo flaco hiperkinético, pero mucho más arrugado. Sting parece un playboy envejeciente con ese brillo que da el mucho billete (piel resplandeciente por abundante resurfacing, la estirada obligatoria, la musculatura escultural de quien tiene tiempo para hacer todo el ejercicio del mundo). Repito, imposible confundir a estos tres musicos—perdón, a estos tres musicazos, porque eso demuestran ser en este concierto—con muchachos.

Como decía antes de irme por las ramas, injusto sería pedirles la energía de hace veinte años ahora a The Police. Otro orden de energía es lo que nos dan y es inevitable apreciarlo exactamente por lo que es.

Las canciones interpretadas son viejas favoritas para medio mundo, pero los arreglos, en muchos casos, son nuevos y resaltan el virtuosismo musical del trio. No deja de sorprenderme como son capaces de crear un sonido tan pleno, tan intrincadamente complejo aún en sus momentos de mayor economía, tan provocador al oido.

Pero espérense… Que la palabra clave en ese último párrafo en realidad es “trio”. Creo que lo mejor que tiene el DVD es ver a The Police con el mismo formato que tenían cuando comenzaron (o sea, sin el tinglado de teclados y coristas, por ejemplo, de los tiempos de Synchronicity). Tal y como el trio era el formato perfecto para la energía desenfrenada de aquellos muchachos de finales de los setentas y principios de los ochentas, lo es para la energía impecablemente regulada y canalizada de estos tres veteranos. Eso no debe olvidársenos. Copeland es acojonante en su exuberancia polirrítmica. Summers es todo virtuosismo textural, lo mismo en un solo gritón que soltando armónicos como campanitas. Sting es un líder de obvia mano firme. Su ejecución es impecable al punto de hacerlo parecer frío y distante. Podemos concentrarnos en la suma de las partes igual que en el todo y salir igualmente recompensados con cada vista del concierto. De cierto modo, la tensión, la energía y la precisión que muestra The Police aquí me recuerda a un buen riesling seco austriaco con sus añitos encima. Cosas mías.

Se reunieron. No pude verlos en vivo, pero qué importa. De todos modos, a mí también se me nota una energía diferente a la que tenia hace un cuarto de siglo. El cuerpo definitivamente ha dejado de pedirme ir a meternos en ese tremendo joderse que es ir a conciertos en estadios. Ya los gentíos me ahuyentan en vez de atraerme y quiero poder enfocarme en los detalles de lo que escucho, o sea que no me culpen si prefiero la pantalla de mi cuarto.

Por cierto, he de declarar que las tomas del público en Certifiable merecen atención. No por los momentos de histerismo de parte de miembros del respetable que comienzan a llorar como críos cuando oyen a Roxanne, sino porque los camarógrafos parecían tener un especial talento para enfocar a chicas muy bellas. O sería que había muchas. No sé, pero es digno de observar.

Aunque no es mi canción favorita (por mucho) ni en el DVD, ni en la carrera de The Police en general, les dejo con una muestrecita que encontré en el tubo:

Categorías: Bebienda doméstica · Cosas que me pasan · Música de la buena
Etiquetado: , ,