Pensaba yo que La bodega de Noah Gordon era lo peor del 2008 en babosadas cursis y desinformativas intentando pasar por literatura del vino. Pero no. Cayó en mis manos un volumen con guardapolvo anaranjado titulado The Widow Clicquot: The Story of a Champagne Empire and the Woman Who Ruled It, de Tilar J. Mazzeo y supe que las faltas del Sr. Gordon en su absurdo culebrón sobre un vinatero del Penedès son muy poquita cosa comparadas con lo que puede suceder si…
Bueno, muchos sabrán que yo, en algún momento, fui aprendiz de profe universitario. Estudiaba mi doctorado en Literatura Comparada en cierta prestigiosa universidad estadounidense. Me distinguía por ser un candidato doctoral jodedor, nada ortodoxo en cuanto a mis métodos investigativos e ideas, y, sobre todo, por preferir que las discusiones en torno a mi disciplina que me ocupasen incluyeran buen vino. En una de esas le dije a un colega algo que sigo creyendo hasta hoy: Si tienes un gran personaje y los lineamientos de una trama apasionante y quieres convertirlos en el peor libro posible, dáselo a escribir a un académico norteamericano.
Habrá, seguramente, sus excepciones a eso, pero Mazzeo no es una de ellas, como evidencia abundantemente lo que ha hecho con la vida y aventuras comerciales de Barbe-Nicole Ponsardin, Viuda Clicquot. El libro tiene 191 páginas nada más, pero se me hicieron tan eternas como si fuesen 1910. Esto por variadas razones.
La primera de todas es lo insoportablemente repetitiva que es, a varios niveles, la Sra. Mazzeo. El primer nivel, que no es el más insufrible, aparece en la decisión autorial de referirse a la Viuda Clicquot como “Barbe-Nicole” en todo el libro. Quizás esto lo hace Mazzeo con la intención de dar una impresión de “intimidad” entre autora, lector y personaje. El problema es que el personaje, tal como lo presenta Mazzeo, se queda en casi nada, aunque Mazzeo insista en tutearlo. En vez de cobrar vida y profundidad, la Viuda Clicquot (cuyos logros en el negocio del vino son induscutibles) es un monigote de cartón con unas cuantas consignas sentimentalonas pintarrajeadas encima. Les digo, problema de académicos: No te desarrollan un personaje como ser humano, sino como vehículo para expresar a puñetazos una tesis. Veamos… La Viuda era inteligente, audaz y una trabajadora incansable. Abrió el mundo de los negocios en la Era Industrial a la mujer. Su visión la llevó a crear importantes innovaciones en la elaboración industrial y el mercadeo de la champaña. Por todo ello es un ícono. Esto me tomó un puñadito de líneas de blog que, si han leido con atención, les salvan de tener que dispararse a Mazzeo, porque, francamente, el libro no dice mucho más sobre su protagonista. No basta con reiterar ad nauseam que Mme. Cliquot era “una mujer excepcional” para hacer la historia de su vida algo que valga la pena leer.
Peor aún es que Mazzeo repite incesantemente formulaciones como “seguramente Barbe-Nicole hizo esto”, o “probablemente Barbe-Nicole pensó aquello”, pero en realidad no hay sustancia ni en documentos históricos ni en los poderes narrativos de Mazzeo que lo motive a uno a suspender su incredulidad en cuanto a las emociones y acciones atribuidas a la Viuda. Sería un tanto injusto culpar a Mazzeo por lo de la documentación histórica de la vida de Mme. Clicquot, pues es bien sabido que dejó muy poca constancia escrita sobre sus asuntos personales. Pero la labor especulatoria que realiza Mazzeo a la hora de “llenar los vacíos” es penosa, cayendo constantemente en los más torpes clichés románticos. En manos de Mazzeo, los personajes de esta historia tienen toda la carga emocional y el gestuario de actores de telenovela. Tomemos, por ejemplo, la muerte de François Clicquot, el esposo de Mme. Clicquot: Mazzeo dedica un par de párrafos a la chismografía de Reims en aquel momento, pues se rumoraba que el joven Clicquot se había suicidado porque los negocios no iban bien. Mazzeo apela a una de las imágenes más fatigosamente repetidas de la literatura sentimentaloide, La mort de Marat, el cuadro de Jacques-Louis David, para zumbaros que ésa probablemente era la imagen en las mentes de la familia Cliquot al descubrir el cuerpo del difunto en una tina sangrienta. No me hubiese molestado un poquito de especulación rosa en lo absoluto, pero hacerlo con una imagen tan gastada es insultante. Por poco boto el libro tras leer el pasaje.
Pero le dí una de esas oportunidades que el sentido común me dice que no dé. Error.
El episodio que se constituye en “nudo dramático” de esta desafortunada obra sufre igualmente del vicio del cliché romántico y la repetición infinita. Mme. Clicquot se las vió negras para mantener a flote su negocio tras la muerte de su marido. Las guerras napoleónicas imposibilitaban a las empresas francesas el comercio con casi todo el resto de Europa. :a Viuda y su viajante estrella, Louis Bohne, dieron un gran golpe al abrirse al fin el comercio con Rusia, estando allá como marca antes que nadie y apoderándose del mercado para la champaña de la Viuda. Mazzeo reitera incansablemente lo mucho que le iba la Viuda y a su empresa, que habían pasado años al borde de la quiebra, en este asunto de Rusia. Cuando se da el triunfo, Mazzeo comienza otro ciclo de repeticiones de como dicho triunfo implicó el salto a la fama y la fortuna de Mme. Clicquot, convirtiendo a su bodega en una empresa gigante de alcance internacional. El problema es que a todas estas se trata muy poco sobre como funcionaba en verdad esa gran empresa y como creció. Sencillamente se espera que demos el salto lógico de “Mme. Clicquot estaba en la fuácata” a “estrella internacional de los negocios ganando más dinero que Dios” sin parar en todos los detalles de algo que casi nunca es un “salto”. Más bien es un proceso que, por más veloz que parezca, es complejo y, para muchos de nosotros, crucialsi se pretende vendernos a un personaje como grande en los negocios.
Creo que en este aspecto resulta muy significativo algo que dice Mazzeo acerca de su investigación. No encontró mucha documentación sobre la vida privada de la Viuda. Sin embargo, en su epílogo cuenta que: “Los archivos de [Veuve Clicquot Ponsardin] en Reims, aunque llenos de tesoros para economistas e historiadores de negocios, pfrecían pocos secretos del tipo que buscaba yo…” (Mi traducción, p. 187). Ajem, profesora, le recuerdo el título de su libro… The Widow Clicquot: The Story of a Champagne Empire and the Woman Who Ruled It. Me parecería que indica (engañosamente) que esto se trata precisamente de la historia de un negocio y de una mujer obsesionada con él, o sea que en esos archivos debió encontrar mucho material para pintarnos un mejor retrato. Pero no lo hizo. Las obras previas de Mazzeo indican que su especialidad académica es el romanticismo inglés. Quizás hubiese querido enmarcar la vida de una gran mujer de negocios en términos shelley-byronescos que no aplican. Hasta en los mejores momentos le abaratan la historia de forma intolerable.
¿Les parece que estoy siendo exageradamente duro con este libro? Quizás. Pero me cuesta pensar que esta chapuza pueda ser aceptable como literatura del vino. O de los negocios. No funciona como biografía. Tampoco funciona como ficción histórica. Una trama potencialmente interesantísima se vuelve un rotundo coñazo. Entonces, ¿qué queda? Si bien la investigación de Mazzeo produce bastante información sobre la historia de la champaña como la conocemos hoy, no es nada que otros no nos hayan dado ya.
Me resultó curioso que Mazzeo no aborda para nada lo que es Veuve Clicquot Ponsardin hoy día. Una de las grandes innovaciones de la Viuda Clicquot fue la implantación del concepto de marca de lujo instantáneamente reconocible. Eso es especialmente importante para lo que actualmente es su firma, una subsidiaria del gran grupo global del lujo, LVMH. Hubiera podido resultarle significativo a Mazzeo, que tanto repiqueteó sobre como Mme. Cliquot abrió las puertas del negocio del vino a la mujer, el que la actual presidenta de Veuve Clicquot sea Cécile Bonnefond, una mujer. Igual debiera serle interesante la baja opinión que hay hoy día entre la enochaladura sobre los vinos de esa marca, vistos, al menos en mis círculos, como emblemas de la mediocridad industrial en Champagne. Como ejemplo les presento esta perla comparativa del siempre magistral Keith Levenberg en The Picky Eater (Vean el último párrafo, acerca del Krug “Grande Cuvée”). Poner al presente de la marca a hablar con el pasado hubiese sido fascinante. Pero creo que eso es cosa de otro libro, quizás otro autor.
Se me ocurría constantemente mientras leía el infumable The Widow Clicquot que éste era al carácter y la obra de la Viuda Clicquot exactamente lo que el producto que se vende hoy bajo la marca “Veuve Clicquot” es a una champaña verdaderamente excelente. Y hasta aquí me juego de “things that might have been”, atribuyéndole a Mazzeo lo que “hubiese podido hacer”. A ver si el próximo libro de vino que agarre de entre la pila de los nuevos sale decente. Hastiado de las infinitas profesiones de admiración que hiciera Mazzeo a la Viuda Clicquot sin mostrarnos convincentemente a la Gran Dama, lo que me viene a la mente es cierto tanguito diciendo “No mequieras tanto, quiéreme mejor…”
Les prometo que el color de fondo del marco de YoutTube que ven en pantalla es pura casualidad. Una posdata breve se hace imperativa: Tras publicar esta reseña hice una búsqueda en Google y encontré otras que, aunque no tan severas como la mía, creo que concurren con lo que digo aquí.
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