Archivo diario: enero 10, 2009

¿Soy un clon?

Hay gente muy tremenda en este mundo. O al menos así me parece, pensando en todo lo que se cruza en mi camino.

Tomemos el caso de “Marcos de León”, cuyo nombre permanecerá entre comillas hasta que se me demuestre que es verdadero, y no algo tomado del santoral por motivos que no son especialmente fáciles de dilucidar.

“Marcos de León”, quien parecería ser puertorriqueño, o al menos vivir en Puerto Rico (esta atribución se aclarará en los próximos párrafos), inaugura la sección de comentarios de mi post “Dos cosas buenas antes de acabarse el 2008″ con una aseveración tan breve como críptica: “Mientras más te leo más me pareces un clon de Paco Villón”.

Confieso haberme quedado rascándome mi afeitado cráneo un buen rato. No entendía. Sé quien es Paco Villón. Puedo hacer conexiones. Pero de ahí a poseer su mismo ADN hay un salto que mis capacidades lógicas son incapaces de dar, sea en frío o en caliente. Llamé a Josie para que viera el comentario. Ella tampoco comprendía. Ambos escribimos, por separado, mensajes en respuesta a “Marcos de León” pidiéndole aclaraciones con respecto a este pronunciamiento. Paco Villón es muy buena persona. No me tomaría como algo ofensivo una comparación bien sustanciada con él. Pero así, de la nada, tengo que ponerme chivo, chivísimo… Más aún cuando el autor del comentario no se ha dignado explicarlo.

“¿Quién es este Paco Villón?”, dirán algunos, particularmente si no viven o han vivido en Puerto Rico o se mueven entre círculos gastronómicos españoles que tengan pendiente a esa islita… Pues no tiene nada que ver con el poeta francés medieval François Villon. Paco Villón es el seudónimo de don José Luis Díaz de Villegas, el octogenario cronista y crítico de gastronomía y vino del periódico puertorriqueño El nuevo día. Paco Villón es un personaje ampliamente reconocido en Puerto Rico y el hombre que hay detrás del personaje ha sido, al menos conmigo en los momentos en que entramos en contacto, un modelo de amabilidad y generosidad. Fue él quien, en una mañana de sábado allá por 1998 ó 1999, en el local de la desaparecida Cadierno Corporation, en San Juan, me dió a probar por primera vez el Château Latour de 1959, seguido inmediatamente por el de 1961, compartiendo las muestras que le tocaron en una cata que celebraba La Cofradía del Vino en Cadierno aquel día (yo estaba allí para una cata de champañas de Krug que se celebró en otro salón, o sea que fue un sábado nutridito en emociones). Luego Paco Villón tuvimos unos cuantos debates en cuanto a los vinos que celebraba en su columna de los fines de semana. Yo discutá con mi habitual ardor, tratando siempre de llevar el tema a sus últimas consecuencias. Paco Villón, aún ante mis más airadas aseveraciones, nunca perdió la sonrisa y la afabilidad. Eso puede ser desesperante. Pero también puede ser maravilloso si esa sonrisa es auténtica. Aparte de la vez de los Latour, Paco Villón habremos probado vinos juntos en un par de ocasiones más en el par de años que pasé viviendo en Puerto Rico.

Aún recuerdo la última vez que llamé su atención por un artículo que publicase en El nuevo día. En él se quejaba de lo aburrido que estaba con los chardonnays californianos de la época, mantecosos, fláccidos e hiperenmaderados. Se unía a la moda que se llevaba en aquel entonces en las columnas de opinión de varias revistas norteamericanas de vino,  del “ABC” o “Anything But Chardonnay“ . Se rechazaba (en mi opinión con muy poca visión) a una variedad de uva por los pecados enológicos de muchos elaboradores, cuyos altos alcoholes, bajas acideces, tratamientos “texturizantes” y abusos con el roble habían convertido a la chardonnay en un símbolo de aburrida homogeneidad. Mi problema era que Paco Villón ofrecía un puñado de blancos como “alternativas” al chardonnay que eran básicamente elaborados de forma exactamente igual a los chardonnays denostados, pero con otras variedades. ¿A alguien le apetece una copita de Caymus “Conundrum” (en aquel entonces el “Conundrum” aún se vendía bajo la marca de Caymus) mientras digiere esto?

Desde que me fui de Puerto Rico en el 2000 no he vuelto a ver o contactar de ningún modo a Paco Villón. Ni siquiera lo he leido. Esto puede tener que ver con que El nuevo día cobra US$11 mensuales, o algo así, por el acceso a su versión “online”, lo que no me da la gana de pagar. Mucha lectura ya tengo. Y el New York Times es gratis.

Pero volvamos a “Marcos de León” y su aseveración de que soy “un clon de Paco Villón”. Lo que les digo, no me molestaría en lo absoluto si la tomamos como referencia al hombre, pues me estaría llamando alegre, amable, generoso y, encima, bastante erudito. Pero si se trata de que me he vuelto un Paco Villón como autor de estas páginas, creo que es buen momento para considerar el harakiri. Lo digo porque, como decía la canción aquella tan bonita de Concrete Blonde, “If I had a choice, I’d take the voice I’ve got/Because it took so long to find…”  Muchos de ustedes me conocen ya desde hace años. Tenemos historia. Saben que, aparte de no tener pelos ni en la lengua, ni en el teclado (bueno, ni en la cabeza…), he sido bastante consistente en mis opiniones. Cuando me equivoco, automáticamente hago enmiendas, si puedo hacerlas. Pero lo que tengo claro, claro lo tengo.

Hurgando en todo este asunto, me puse a buscar en Google a Paco Villón. Lo único que encontré de factura relativamente reciente fue esta entrevista.

Coindidimos Paco Villón y yo en unas cuantas cosas. Ambos somos de origen cubano. Ambos incluimos frecuentemente a nuestras esposas en nuestros escritos sobre comida y vinos. A ambos nos gusta cocinar.  Ambos usamos gafas. Hasta ahí lo más obvio.

Paco Villón es sumamente diplomático a la hora de expresar opiniones. Yo… Bueno, ya saben. Y si no, pregunten, que hay mucho hijo de vecino mosqueado conmigo. El noble arte de hacer enemigos es algo para lo que parezco tener un determinado talento natural.

Me dió curiosidad lo que dice cuando le pregunta el entrevistador sobre algún descubrimiento reciente suyo en el mundo del vino. Aparentemente, Paco se dió cuenta recientemente de que no aguanta más riberas. Creo que yo podía haberle dicho eso hace diez años, en Puerto Rico. Quizás hasta va y se lo dije… Aparentemente le gusta la champaña. Aunque yo comparto el amor por ese vino espumante, no creo que pueda generalizar tanto. Hasta donde sé, en Puerto Rico hoy por hoy lo que hay disponible es todavía todo de grandes marcas. Mucho LVMH. Mucho vino industrial con marca de lujo, es decir. ¿Buenas compras entre eso? Pues depende del presupuesto de uno. Y de lo exigente que uno sea.

Me sonreí cuando ví aquello de que si cualquier restaurante de mariscos en Rías Baixas le valía, bebiendo Veigadares. Si pudiera conseguir su correo electrónico, le enviaría una docena de recomendaciones de vinos locales más interesantes. Pero bueno, va y es sencillamente que se amarchantó con esa bodega.

No entraré en lo de los vinos californianos que menciona. Y me encantaría saber cuales son esos productores artesanales de Borgoña a los que es aficionado Paco ahora. Pero no menciona nombres. En cuanto a eso de que “ha vuelto” a los riojas porque “los mejores están reconquistando su personalidad”, pues, resulta tan enigmático como lo de que yo sea un clon de este caballero. Los mejores riojas, como bien sabemos, son los que nunca han perdido su personalidad en pos de “modernización” y puntos, o de las pendejadas que se le ocurran a un departamento de marketing compuesto por bebedores de gaseosa.

Pero bueno, lo del clon… Prefiero enfocarme en una definición más abierta de “clon” como individuo que comparte material genético con otro, sin andarme con enredos sobre “originales”, “copias” y “quiénhizoaquienes”. Me alegra ver a Paco Villón harto de Ribera del Duero. Que yo lo haya estado primero, pues, no debe ser relevante. ¿Que ahora acusa al esnobismo que se ha apoderado de la “cultura del vino”? Pues muy bien, gracias por darse cuenta. ¿Que reconoce la perniciosa influencia del marketing excesivo? Pues tres “hurras” le dedico yo a eso, ya que me sienta muy bien dejar de estar solo denunciándolo.

Es bonito tener cosas en común. De repente me estoy acordando de aquella bella escena en que muere Rutger Hauer en Blade Runner:

Pero eso no era un clon, era un “replicante”, verdad… Mientras miraba el video me he hecho un bonito origami con una factura de tarjeta de crédito, en forma de unicornio.

Clon. Espejo. ¿Qué importa? A ver si mencionado en portada “Marcos de León” al fin nos aclara lo que quería decir. Va y la clónica filiación que tengo con Paco Villón resulta en algo chulo; por ejemplo…

Nota: La imagen para el mini-collage que ilustra esta entrada la obtuve de la web de Editorial Plaza Mayor. Espero que disculpen mi atrevemiento al utilizarla.