¿Goce en la repetición?

No es secreto que desde que vivo en Santo Domingo he tenido que volverme leal a un par de marcas de vino. Esto ocurre por el carácter de la oferta vínica aquí. Aunque hay una amplia gama de vinos altamente puntuados por las revistas internacionales y otros no tan premiados, pero aceptables para paladares menos quisquillosos que el mío, me las estoy viendo negras para encontrar cosas verdaderamente interesantes que beber.

De vez en cuando se me cruza algo novedoso, pero lejísimos estoy de aquella prodigiosa promiscuidad vínica que viví en Nueva York. Allá podía pasarme el año entero bebiendo un vino distinto cada día y encontrando una mayoría de vinos artesanales realmente fascinantes. Así era muy fácil llenar el blog con notas de cata.

Pero ahora… No creo que sea muy entretenido para el minúsculo segmento de la enochaladura hispana que me lee dispararse notas de quince botellas consecutivas de Viña Alberdi 2002, por más sabroso que esté el vino y por más bien que maride con muchos platos distintos (anoche lo serví junto a pollo con anacardos y mangetout y se portó requetebién). Igual pasaría con aquel riesling de Georg Breuer (cuyo tapón de rosca parece estarle causando ese extraño efecto que causan los tapones de rosca; ya el vino no tiene tanta garra como hace tres meses y comienza a sentirse ligeramente fatigado). No les diré nada de las ya casi incontables botellas del teroldego 2006 de Foradori, o de las de lo que viene aquí del portafolio de Abbazia di Novacella y Cantina Terlan. Mi relación con todos esos vinos, a base de pura repetición (y aquí se prueba o desprueba aquello de la balada de Prince que decía “There’s joy in repetition…“) es decididamente íntima. Estoy llegando, como hubiese dicho el Rey de la Rumba, a saber donde tiene su lunar María, al menos en cuanto a todos estos vinos se refiere.

Que es mucho preámbulo para desembocar en que hay una marcada carestía de notas de cata nuevas este mes para La otra botella, así que más me vale dosificarlas tal y como he tenido que dosificarme los vinos. Quizás así sea mejor, de todos modos, dándonos oportunidad de concentrarnos un poco más en un número menor de vinos.

Que quede claro, uno a veces se aburre… En esas ocasiones echo mano a las cositas que me he ido trayendo poquito a poco cada vez que he saltado a Nueva York. Como es el caso del Alzinger, Grüner Veltliner Federspiel “Mühlpoint”, Wachau, Austria 2007. Muy perfumado: Verbena, pimienta blanca, pasto recién cortado, agua de lluvia, azúcar pastelera, fruta de pan, limón, manzana verde y algo sutil de alcaravea sobre un atractivo fondo de piedra triturada. De cuerpo intermedio, fresco, puro y jugoso en boca; inmediato y amable de una forma que te engaña, pues tiene un paso de boca tan ágil que bien podría uno  no percatarse de lo complejo que es. Posgusto largo, con buena carnosidad  apretada alrededor de un firme centro especiado y  mineral. Delicioso veltliner para beber ya. Un vino alegre y provocador. Viene bajo tapón de rosca, por cierto.

De vuelta al mercado local… Tras aquel reciente debate sobre el sobreprecio del  “Quimera” de Achaval Ferrer, se me ocurrió que debía volver a probar el malbec “básico”, tercer vino de la bodega, que aquí se vende por veintipico largos de los verdes, que no es ninguna bicoca. Pero mi breve experiencia con muchas de esas jóvenes bodegas que se atreven a sacar segundos y terceros vinos es que tiende a ser mejor quedarse en lo barato. Así pruebas y no te sientes que has botado tanta plata si no te gusta.

Este Achaval Ferrer, Malbec, Mendoza, Argentina 2007 la verdad es que no está mal, aunque me parece muy debatible el precio (que probablemente sea mucho menor en otros lugares, pero que es lo que es donde vivo). Digamos que por veintitantos verdes, podría estar mejor.

En contraste con la del “Quimera”, la contraetiqueta de este malbec es muy parca en detalles, limitándose a un parrafito bucólico sobre que si Mendoza es sol y montaña, bla, bla, bla. Pero nada de datos utilizables. Salvo que el vino viene “sólo” con 13.5% de alcohol. El medio gradito menos que el “Quimera” se agradece en este clima, la verdad.

“Está pesado” y “Sabe a welchito” son las declaraciones inmediatas de Josie, siempre económica y precisa en sus apreciaciones. Con lo de “welchito” mi mujer hacía referencia al jugo  de uvas moradas (o jugo morado de uvas, mejor) mercadeada por la compañía norteamericana Welch’s, algo muy ávidamente  consumido aún por gran cantidad de niños en toda américa. O sea que para Josie decir “welchito” es hablar de vino con perfil goloso, infantilista.

Razón llevaba, porque se trata de un tinto sencillo y plasticón. En la nariz, leve volatilidad trementinesca que se disipa rápidamente para dar paso a una suave nota floral que no deja de recordarme al Misto;in con aroma de “flores frescas” con el que se baldea mi casa cada mañana. A esto siguen frambuesa y cereza negra abundantemente sazonadas con vainilla. Más o menos lo mismo en boca. Pero, dicho todo esto, no me desagrada. Es un tinto fácil, jugosillo, casi sin la más mínima arista. De hecho, el único mínimo punto de agarre que tiene en su redondez es una cierta masticabilidad y  erguidez de nalguitas  en su posgusto.

Ayer, a raíz de lo de los nuevos vinos del cantante Wilkins y en un e-mail,  Javier Márquez me puso a pensar. Me decía—y espero que no se me mosquee por utilizar un mensaje privado como trampolín para el blog—que debía entender precisamente el tipo de vino fácil que es este malbec como “vino pop” manufacturado para las masas, a diferencia de lo que yo considero como vino de verdad—el que me es auténtico y estimulante realmente y a un nivel tan visceral como intelectual. Creo que su punto es validísimo. El problema para mí es que hay pop y hay pop. No es lo mismo MGMT, The Ting Tings o Los  Super Elegantes que Celine Dion, Maroon 5 o Paulina Rubio.

Creo que ese problema, transportado al vino, se manifiesta claramente si consideramos las notas que escribo arriba sobre dos vinos muy fáciles de beber, vinos que cualificarían, si tenemos la mente abierta y definimos laxamente el término, como “vinos pop”.

Claro, estaríamos hablando a un nivel superficial, puramente estético. Pero luego vienen las consideraciones técnicas, los por qués de esa facilidad de beba y las intenciones de un elaborador u otro.

Este es un tema que nos ocupará la semana próxima. Tomen este pedacito de inicio de discusión como un anticipo. Mientras tanto, les dejo con un par de cositas que considero pop y que, sin embargo, jamás descalificaría:

o

o quizás

Advertisement

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Gravatar
Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s