Cosas que te salen de donde menos las esperas… Estaba con un par de amigos en casa, copas, etc. Uno está hojeando publicaciones de una de las tantas pilas de revistas que tenemos. “¿Tú viste esto?”, me pregunta.
Me enseña un número reciente de Paste, una de las pocas revistas sobre música que consumo aún, abierto a un anuncio de página completa en el que se ve un bajo con una copa de vino blanco encima.
El anuncio es de Kim Crawford, bodega neozelandesa de bastante gran alcance, cuyos vinos, cuando los he probado en el pasado, aunque no me hayan resultado particularmente memorables, sí me fueron bebestibles sin mayores objeciones. La bodega propone una alternativa novedosa de maridaje vino-música, con una web donde te permiten bajar gratis “una banda sonora avant garde” para tu próxima reunión, que de seguro querrás mojar con vino de Kim Crawford, etc.
A mí automáticamente me vienen a la mente repugnantes recuerdos de la bobería aquella patrocinada por Montes, en la que hasta había un “estudio” a cargo de “reputables académicos” avalando que algunos tipos de música iban mejor con ciertos tipos de vino y sacando a colación viejos y bastante cansados clásicos “seguros” de los sesentas y setentas para sustentar la cosa. El espíritu copión es algo que no puede subestimarse en la industria actual del vino. Va y los chilenos tuvieron éxito con la vaina aquella y ahora los neozelandeses…
De todas formas, decidí entrar al sitio de Kim Crawford, a ver con qué venían. Lo peor que podía pasarme era que me diesen tema para una entrada de blog.
Pues menuda sorpresa me llevé… A diferencia del showcito de la megabodega chilena, en el “Music Lounge” de Kim Crawford la música venía muy bien seleccionada. Te ponen un playlist que puedes bajar gratuitamente, tal y como decía el anuncio en Paste. La única pega es que tienes que darles algunos datos y probablemente pasar a formar parte de una lista de correo. Ah, y que solamente parecen aceptar direcciones postales en EEUU para la inscripción. Pero bueno, no tuve problemas por ese lado.
Lo dicho, la música no está nada mal. Aunque me salté la pista inicial, que es pura histeria masculina postadolescente a cargo de Ben Jelen, el resto lo bajé y lo estoy escuchando con gusto ahora, mientras escribo esto. Incluso hasta he descubierto un par de artistas que no conocía, por ejemplo, Chris Berry:
o los escandinavos Datarock:
Alguien de la industria global del vino que te da algo por nada y resulta, encima, ser algo bueno. ¿Quién lo hubiera pensado? Claro, si nos ponemos de nuestro habitual pesimismo, va y se trata de otra instancia de esta vaina.
Pero no, hombre, no, que pillé un par de downloads que no me costaron ni un centavo y hasta están buenos…