Archivo diario: febrero 7, 2009

Kraftwerk y yo, con riesling…

Hay temas tan recurrentes en mi vida que me hacen sospechar que ésta fue ideada por un asociado menos talentoso de Borges, que intentaba impresionar al maestro.

Uno de esos temas con losque no puedo evitar encontrarme y reencontrarme constantemente es la tontería ésa de los maridajes música/vino.

El otro día en Facebook mensajeaba con una vieja amiga sobre música electrónica. Hablamos del peculiar concepto de “Death Disco”, un género que yo solamente había venido a conocer esa mañana, cuando bajaba de eMusic unos cuantos temas de Glass Candy, la agrupación que arriba aparece representada con su versión de “Computer Love”, de Kraftwerk.

Yo inmediatamente comencé a hablar que aspirantes a Kraftwerk hay muchos, pero Kraftwerk sólo hay uno y me confieso fan de este pionero grupo  alemana de música electrónica desde 1981, cuando adquirí mi primera copia de Trans-Europe Express.

Extraño fenómeno siempre ha sido para mí Kraftwerk, que de la supuesta frialdad de computadoras y sintetizadores saca música con gran complejidad armónica e hipnóticas melodías—música que al menos a mí me resulta inesperadamente cálida y estimulante.

Esa amiga, ocasional lectora de este blog, me preguntaba qué vino bebería yo acompañando un disco de Kraftwerk.

Claro que no hay una respuesta fácil a esa pregunta, aún para el confeso subjetivista empedernido que soy. Sencillamente puedo beber muchas cosas distintas y Kraftwerk me provocaría con igual seguridad, pero quizás enfatizando sutilezas diferentes. No sé.

Lo que menos hubiese querido era hacer una conexión a nivel nacional, enfatizando un teutonismo un tanto forzado. Fue en mi resistencia a ese asunto que encontré, si no una respuesta satisfactoria, al menos un trampolín argumental. Con Kraftwerk, de preferencia bebería riesling.

¿Que por qué?

Pues tararear el coro de la canción “Trans-Europe Express” siempre me lleva a Bambaataa:

Esto ocurre de forma muy directa, pues “Planet Rock” cita directamente a “Trans-Europe Express”. Independientemente de lo que esto implica en cuanto a la relación de Kraftwerk con los orígenes del hip hop—y, por extensión, todo lo importante que ha ocurrido en el pop después de los setentas—, la cosa se me manifiesta de la misma forma que ciertos rieslings alemanes o austriacos, por ejemplo, conectan directamente con sus suelos. Bebiendo buen riesling jamás se me ocurriría dudar de la existencia del terroir. Incluso, no podría imaginar la existencia del uno sin el otro. Así Kraftwerk y tantas cosas.

Errática meditación y perdonarán ustedes, pero era lo que me daba ganas de escribir hoy como preludio a dos notas sobre dos rieslings consumidos esta semana en mi casa.

Recuerdo que alguien me pidió una vez que le hablara sobre la DOC italiana Oltrepò Pavese y yo repliqué que el nombre significaba “Más p’allá del Pò, donde asan los pavos”. Lo que no está muy lejos de la realidad, pero bueno… Esta zona del suroeste de Lombardía me ha dado unas cuantas sorpresas agradables en los últimos tiempos, con vinos de bajo precio que me resultaron bastante placenteros. En Bengodi, ese deli-market italiano donde hago compras para las cenas de tantos días en Santo Domingo, me encontré recién llegado el Ca di Frara, Riesling Racolta Tardiva “Apogèo”, Oltrepò Pavese 2007 y lo compré.

Resulta que, según Vino Italiano de Joe Bastianich y David Lynch, la riesling en esta región italiana promete. 13.5% de alcohol en la etiqueta. Pensé automáticamente que se trataría de una especie de Spätlese Trocken puesto en italiano, pues azúcar residual a ese grado estaba un tanto difícil.

Buscando en la red mientras escribo esto, encuentro que se trata de una cuvée de “Riesling renano 85%, restante riesling italico” plantados sobre suelo “calcareo, gessoso, con affioramiento di marna.

¿Qué da esto en la copa? Pues según mi libreta, no mucho. Una ligera pestecilla a lata de bolas de tenis recién abierta, luego melocotón verdoso, té, uva, limón verde y una mineralidad decididamente… Calcárea.

No es por ufanarme de destrezas o fastidiar la paciencia, pero esta nota la tomé varios días antes de leer la web de Ca di Frara. Lo de la transparencia al suelo en riesling es verdad, pura verdad.

Completamente seco en boca, bastante ligero para su grado y con vibrantes cítricos en un marco de melocotón pintón y crujiente.  Su fruta no permite a uno ni por un segundo ignorar una impresión palatal de austeridad. Según le sube la temperatura se le va saliendo un deje glicérico. Se deja beber, pero es sencillo y no particularmente largo. Hmmm…

Mucho más agradable y narrable la experiencia con una botella del Müller-Catoir, Riesling Kabinett Halbtrocken “Haardter Bürgengarten”, Pfalz 2001 que me traje de Nueva York en noviembre pasado.

No recuerdo por qué lo hice, pero creo que después de los 2001 dejé de comprar los vinos de esta prestigiosa bodega alemana. Si me contrarié por algo años atrás, la verdad es que ahora se me escapa lo que fue. Pero fueron del 2001 mis últimas adquisiciones, según puedo constatar en el inventario de mi bodega.

Lo dicho, otro panorama totalmente. Capas aromáticas se suceden, con agua de lluvia, lirios recién cortados, un toquecito de mango, mandarina, una caricia de diesel, albaricoque fresco y piedra triturada. Aunque hay una cierta carnosidad y  un cierto exotismo sugeridos por esta nariz, lo bonito que tiene es lo inexplosivamente que se expresan los aromas, dejándote apreciar detalle tras detalle relajadamente.

La boca es definitivamente tropicalista, pero sin perder elegancia ni autenticidad. Mango y piñasobre toronja blanca y mandarina en un vino de peso medio y paso gentil, con una sabrosa salinidad arenosa de fondo. En el paladar medio aligera un poco, arriesgándose a parecer levemente difuso, pero pronto retoma su actitud original. Al final ese aligeramiento tiendo a verlo como un toque de “acuosidad” que hace a este vino particularmente fácil de beber. Muy largo y sabroso, con delicada mineralidad pulsando tras una firme mordida cítrica. Delicioso ahora mismo y no lo dejaría para luego.

Ya, ya, paradójico, pero en mi mente el duradero placer es familia del que me produce algo así: