Los e-mails noticiosos que me llegan últimamente de Decanter.com son todos como para inspirar fatalismo, o quizás Schadenfreude… Otro me ha hecho preguntarme exactamente cuan imbéciles pueden llegar a ser algunos.
Fatalismo por lo de la baja en las ventas de rioja, pues porque hay que analizar bien los derroteros por los que andan los números. Quizás el hecho de que los más pronunciados declives sean de las cifras de grandes reservas y reservas indica la posibilidad de que estas clasificaciones se hagan vulnerables a nuevos ataques en nombre de competir globalmente. Cosas que ponderar.
Schadenfreude, o sea, el viciosillo placer ante el infortunio ajeno, porque nadie se merece más que la putocracia deluxe de Burdeos el que se les reviente de una buena vez la burbuja.
Y lo de los imbéciles, pues, porque puedo imaginar que vuelva a estar de moda la guillotina si esos organismos gubernamentales franceses del artículo se salieran con la suya.
Como si no fueran lo suficientemente deprimentes las noticias internacionales del vino, pues les reporto alguillo que me dijeron en el emporio de un importador-distribuidor-detallista local de Santo Domingo: “Aquí la gente lo que quiere son tintos que les agarren la boca, ¿sabes? De 14 y medio porciento para arriba…” Esto a propósito de que el otro día ofrecieron una tanda de blancos en cata gratuita abierta a la clientela y ni caso les hizo la dilecta.
Puede que yo haya venido a parar al lugar equivocado, después de todo.
Copio y pego una nota de cata que se me quedó “suelta” en un borrador, solita. Es de hace como semana y media y no sé por qué no llegué a publicarla, ni recuerdo ahora el artículo que la ponía en contexto…
Albert Boxler, Riesling Grand Cru “Brand”, Alsacia 2001: Un vino grande, pero sencillo, directo y con una dosis generosilla de dulzor. Mandarina, piña y un acento de limón amargo en un marco cremoso y especiado. En el paladar medio el aspecto de especias se saliniza y exotiza, desembocando en algo que no deja de recordarme a garam masala. Encima, lo de la cremosidad me hace pensar por momentos en leche de coco y puedo explicarme un irresistible deseo de maridar esto con comida hindú. En el posgusto hay buena acidez, pero la mineralidad resulta bastante difusa, desenfocada. Es un vino interesante si uno se queda en la superficie, pero trivial si uno se pone a buscarle fondo.
Para archivar bajo la rúbrica de “¡Mira que jode la gente!”, lo que le pasó a mi querido Joan Gómez Pallarés en su DE VINIS CIBISQVE con alguien que insertó comentarios un tanto conflictivos sin querer revelar su identidad. Lo que yo siempre digo: Quien se quiera resguardar tras de nombretes o preservar el anonimato en un foro dedicado a la convivialidad no es alguien digno de ese foro.
Ah, y chequeen esta nueva iniciativa de mi buen amigo Lyle Fass: La WineEpedia. Desde hace tiempo se vienen intentando cosas similares. Claro, ninguna la ha montado alguien a quien yo aprecie como aprecio a Lyle, o sea que de ahora en adelante ésta es la que vale…
También ah… Atención Patricio Tapia, que este fin de semana parto hacia aquella antigua ciudad mía que tanto extraño. Estaré en Nueva York una semanita, sometiéndome a una batería de exámenes médicos (pura rutina de viejo diabético) y recargando pilas a base de comida y vino de verdad. Con suerte, Don Patricio y yo coincidiremos. Volveré, seguramente, con muchas historias que contar.
A ver si tengo tiempo mañana y les cuelgo otra entradilla más antes de marchar. Mientras tanto, algo de lo que se oye por acá esta semana. Aunque The Rosebuds no son neoyorquinos, el video está muy apropiado (significativamente, esa estación de metro queda a escasas tres cuadras de mi viejo apartamento en Manhattan):