Un borrador que se me quedó sin publicar antes de mi más reciente viajecito a Nueva York, por lo de alimentar al respetable y motivarle a la reflexión. Ya antes del fin de semana publicaré las primeras historias del viaje, pero mientras tanto…
Lo peor es el aburrimiento. Cuando quieres apagar esa plasta de película pero los controles no funcionan. Cuando entiendes que no hay nada que hacer. Cuando confrontas una mediocridad que es más que superficial, que parecería ser intrínseca. Cuando te das cuenta de que la pintura secándose en la pared es sólo eso, pintura secándose en la pared. Cuando, reitero, entiendes que no hay nada que hacer porque “hacer” resulta mera repetición de lo mismo, por los siglos de los siglos, etc. Eso es, amigos, lo peor
Tenía que asaltarme aquella chica en el supermercado y brindarme aquel refresquito, dizque “sabroso y muy dietético—cero calorías, con vitaminas y minerales”. Confieso haberlo probado más por la sonrisa, disposición y escultural figura de la muchacha que por particulares ganas de bajar por mi gaznate un sorbo de la nueva Dasani Plus Cítrus, o como se llame: Una bebida saborizada probablemente a base—habiendo leido tantas historias sobre esta marca Dasani—de agua del grifo.
Pues el refresquito en cuestión no estaba del todo mal, en la medida en que semejante sustancia industrial puede no estar, etc. Agua con sabores artificiales de cítricos “exóticos”. No es dulce. Tampoco es seco. En un día de calor, servido frío, pues, daría un anuncio de televisión pasable.
La cosa es que yo había probado hacía poco dos sauvignons chilenos que, aparte de 13 y pico porciento de alcohol extra, más o menos me daban lo mismo que la Dasani con saborcito. El Santa Rita, Sauvignon Blanc “120″, Valle de Casablanca, Chile 2008 y el Santa Rita, Sauvignon Blanc Reserva, Valle de Casablanca, Chile 2008 ambos eran blanquitos industriales, supersimples, cuya única marca de carácter era un aspecto cítrico tropicalista. El “120″ tiraba más a fruta de la pasión, o maracuyá, o parcha, o chinola, o como se llame donde estén ustedes. El Reserva andaba quizás un poquito más pirazínico, con un filo herbáceo entre sus aromas de piña verdosa. El mejor de los dos era el “120″, en virtud de ser un par de pesos más baratito. Pero aparte, la diferencia no era mucha.
Estaba yo pensando que si eso es el estándar de vino “de diario” hoy por hoy para un vasto segmento del mercado global, de verdad que vivimos un momento raro. Considerando la actual coyuntura económica mundial, si lo único que tienen estos productos por encima de la Dasani Toronja, o Naranja, o… Bueno, se me olvidó ya la que me dió la guapetona chiquilla… Que si lo único que tienen estos vinos qua bebidas por encima de ese nuevo potinguillo de Dasani es el alcohol, pues mal los veo. Por volumen, aquí el refresquito cuesta una fracción de lo que cuestan los vinos. Y uno le aligera la carga a su sufrido hígado, tan cotidianamente castigado. Además, hay que pensar en las calorías…
De repente me asalta la pregunta: ¿Por qué vino?
En serio: ¿Podemos justificar de alguna manera la diferencia, en términos de estímulo sensual e intelectual, entre uno de estos vinos industriales (no vaya a parecer que me coge con los de Santa Rita; fueron los que probé, sencillamente, e igualmente hubiesen podido ser de cualquier gran grupo enocorporativo chileno, argentino, californiano, australiano, español, francés o italiano…) y cualquier refresquito de cítricos, gaseoso o no?
Estos cuestionamientos los he planteado mil veces ya de otras formas y en otros contextos. Pero llega el momento en que, viendo las cosas desde donde las veo y aburrido de encontrarme tantas cosas idénticas, veo el asunto con una claridad que no estaba antes. ¿Qué hacer cuando te profesas amante del vino y, de repente, una muestra gratis de gaseosa en un supermercado te provoca la misma reacción que un par de vinos de marca?
Una para ponderar: ¿No les parece que vivimos un momento para actuar responsablemente a nivel calórico, hepático y fiscal?
Además, no hay derecho a que el vino sea tan aburrido.
A propósito de aburrimiento, les dejo con un temita de The Buzzcocks, viejito pero sabroso, con película de Chantal Akerman incluida:
Hablando de Santa Rita, tienes suerte de no haber probado el 120 Reserva Especial Cabernet Sauvignon 2007. Mi nota de cata sobre este vino es muy breve: vino con salsa de vanilla. Hasta hace pocos años, el Medalla Real Sauvignon Blanc de este productor era bastante bueno (no conozco las últimas añadas), aunque sospecho que el proceso industrial de producción no debe ser muy diferente al de los dos que probaste. Saludos.
Hola Gerhard,
Hace años que no pruebo un tinto de Santa Rita, creo que porque la última vez la experiencia fue descorazonadora. He podido ver que han expandido el portafolio muchísimo, con varias etiquetas “premium”. Pero nada que haya generado mi interés.
Los sauvignons los probé precisamente por lo que dices. Hasta hace unos años eran bastante decentes. Lamentablemente, van en franca decadencia hacia el anonimato industrial.
La semana que viene compararé los de Concha y Toro con la Orangina Light, a ver qué tal… Si al fin y al cabo se trata de beber algo con un perfil de cítricos exóticos, que lleve alcohol, creo que ante la crisis lo fiscalmente responsable es añadir un chorrito de vodka a la gaseosa y listo.:-)
M.
Santa Rita tiene una política de exportar etiquetes que no comercializa en Chile (y viceversa) que hace difícil saber qué es lo que beben afuera.
Hace unos días tomé el Casa Real Sauvignon Blanc, de Leyda, y estaba bastante bien, nada emocionante pero bien jugoso y fresco. Por cierto que nada comparable con un agua saborizada. De otras etiquetas de Santa Rita no podría decir lo mismo.
buzzcock tocaron ayer en madrid… por si te interesa la crónica y de como andan de salud, te la paso…
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/03/05/rockandblog/1236229972.html
yo los tuve que ver hace dos años en Barcelona y fueron lamentables aunque molan…
por cierto, seguro que no conoces a russian red… una chica tan frágil como consistente tan grande como pequeñita y tan sexi como fría…
tiene solo unos 22 o 23 años y es el fenómeno alternativo en españa… la vi estas navidades en logroño… me enamoré…
yo, como dices, solo cambiaría mi vino por gaseosa con vodka.. quizás el vino ya no sea tan bueno.. pero como dice un amiguete mío: no se que mierda es esta, pero coloca…
a ver quien es el listo que me dice que el fin no justifica los medios…
Felipe,
En el caso de estos dos vinos, y ante la crisis económica global, hay que ponerse a pensar en esas cosas. Llega el momento en que uno se cansa de adjudicar la nobleza del buen vino a productos industriales que sencillamente no la tienen. O, puesto de otra forma, llega un punto en el que no se puede denostar honestamente al agüita saborizada en comparación con el vino, si el vino es como este tipo de productos. Comparas y, de repente, te surgen ideas sobre como hacer economías.
M.
Erre,
Ver a los Buzzcocks ahora me imagino que será punto menos que ver a los Stones. Llega un momento en que la gente pasa de ser “artista veterano” a sencillamente no estar para esos trotes. Claro, uno va a verlos por asuntos sentimentales, ya que lo marcaron tanto a los quince años…
Lo de cambiar el vino por gaseosa con vodka, pues, aplica lo que le digo a Felipe arriba. El problema es que no me da la gana de enaltecer el enoproducto industrial por encima de la gaseosa vodkificada. Sencillamente llega el momento de replantearse lo que uno va a privilegiar como vino y lo que es prescindible.
M.
Macho, si es fermentado de uva lo pueden llamar vino! A aguntárselas. Es el vino Fanta, el vino new wave! Y viene en las más divertidas presentaciones! Hay veces que la duda te carcome, no sabes si estás para una Sprite, para un té frío o una limonada. La cerveza te hincha. Y como decía abuelito, el agua mata. Entonces el vino Fanta llega al rescate! Sí, tiene sus desventajas también, es más caro que la Sprite, no puedes tomar litros y salir manejando tu auto, menos el de otro, o seguir trabajando si eres cirujano, dicen que no es lo mejor para el hígado (pero sí para desinhibirse!), y otras ponderaciones que no vienen al caso. Pero es vino!! Qué hacemos?
Javier,
En la segunda mitad de los ochentas, cuando a mí me picó fuerte lo de la enochaladura y comencé a catar y estudiar en serio, en EEUU (donde yo hacía mis estudios universitarios) se puso muy de moda este tipo de bebida:
El “wine cooler”era un potingue dulce a partir de vino y jugos de diversas frutas. Alguna vez alguna chica en la que estaba interesado me hizo perder forzosamente el interés cuando yo quería que ella probara algún buen chardonnay californiano (en aquellos tiempos eso existía, te lo juro; recuerdo con gran afecto los de Château Woltner, Château Montelena, Grgich Hills y unos cuantos más, muy reales y satisfactorios) y ella me pedía un Bartles & Jaymes.
Quizás el genio de la moda actual del vino es que haya logrado impartir una cierta “legitimidad” a enoproductos industriales que a mí, como bien sabes, me pesa llamar “vino”.
M.
Bueno que hayas colgado la etiqueta de los Santa Rita.
Ese SB “reserva” no existe en Chile (o tal vez sí, bajo otra etiqueta). Me tinca que es el “Medalla Real” nuestro, de unos US$ 6-7. El 120 tal vez exista acá, pero yo, ni para cocinar.
El Medalla Real no me parece malo en su rango de precio. No aporta crecimiento ni excitación, pero se deja beber.
Felipe,
Me parecería que, en efecto, este “Reserva” es el “Medalla Real”, pero esta rúbrica se ha desaparecido bajo toda la parafernalia de los premios del Wine Spectator que se ven en la etiqueta de la foto. Que quede claro, el “120″ es más baratito, pero me pareció mejor, al menos a mí. Vamos, potable, si uno tiene $8 y no le molesta gastarlos en algo sin particular carácter.
M.