¿Que qué ha pasado en la cultureta del vino esta semana que valga la pena mencionar?
Pues mucho, o nada, dependiendo del ángulo en que lo veamos. El gobierno francés sigue fastidiando la paciencia con la descabellada campaña de demonización del vino que se traen. Sigue la crisis y parece que seguirá por buen tiempo. Hoy me inscribí en un grupo en Facebook en el que se aceptan apuestas en torno a cuando caerá el Dow Jones a 4000. Un tinto austriaco sacó 95 puntos en el Wine Advocate (claro, la puntuación la dió David Schildknecht y no Robert Parker, lo que me hace una inmensa diferencia en cuanto a digeribilidad). Javier Márquez me pasó un enlace a un post muy cómico en Vinography en el que Alder Yarrow, el autor del portal, se pregunta—al parecer con toda seriedad—si en verdad existe un rampante cinismo entre muchos enólogos actuales.
¡Uf!
Dije lo de “cómico” porque Yarrow apela al viejo sonsonete de que decirle a un enólogo que su vino es una porquería es como decirle a una madre que su bebé es feo. La pregunta del millón es cuándo dejarán tantos de tragarse ese tipo de clichés. Del griego antiguo a las lenguas latinas y el inglés, puedo aplicar todas las acepciones de la palabra “cínico” a vastos sectores de la industria del vino hoy día. Sin que me quede nada por dentro.
Al leer ese artículo, me salió de muy adentro una expresión particularmente mexicana que a cada rato le oigo a un buen amigo: “¡No mames!”
Y ya que pienso en amigos mexicanos, me complace anunciarles que mi queridísimo Benjamín Berjón ha lanzado su nuevo blog Gota a gota. Todavía se está figurando las infinitas complejidades de la plataforma de WordPress, pero estoy seguro de que pronto le cogerá el piso a la cosa. Una valiosa adición desde México para la comunidad vinobloguera.
Pero volviendo a lo del cinismo… Ya me gustaría que mi mente no estuviese tan dañada. Ya quisiera yo no sospechar de las motivaciones de la gente cuando hacen ciertas cosas. Trataré. Me leí que Torres ha decidido no presentarse en Vinexpo este año para ahorrar dinero y dedicar la pasta en cuestión a “apoyar” a los cosecheros que le suplen uva en un momento en el que el mercado está dificilísimo.
En el peor de los casos puede ser pura estrategia corporativa urdida por contables y publicistas. Pero en el mejor, que es el que prefiero creerme ahora mismo, sería una noble iniciativa, digna de celebrar y haría de Torres una ciudadana corporativa digna de imitar. Les felicito por la iniciativa.
Ahora me retiro por la semana. Tengo que terminar con los preparativos de la gran fiesta de cumpleaños de mis hijos. Ya sé, ya sé… Hay recesión. Pero bueno, cumplen dos años y en su primer cumpleaños la celebración fue chiquitica y pachucha. Creo que debo reivindicarme y malcriarlos un poquito. El tema del fiestón, como era de esperarse, será Pocoyó.
No, no me vestiré de Elly la elefanta.
Les dejo con el video de un temita que estoy oyendo mucho últimamente. Muy de sábado en la tarde y al sol. O de domingo por la noche. Chicha Libre es un colectivo brooklyniano que fusiona un montón de cosas de forma encantadora: