Archivo diario: marzo 13, 2009

Cositas y cosotas: 13.03.2009

Como todas las semanas, ha habido mucho movimiento. O no. Según se vea.

Cuentan en mi habitual fuente noticiosa que prestigiosas casa británicas del comercio del vino ahora exigen garantías y sacan pólizas en caso de fallo económico de sus proveedores en Burdeos. Leyendo el artículo comencé a ponderar si en verdad tan jodidas andaban las cosas del lado bordelés. Pero de repente me dí cuenta de una cosa…

¿A mí qué me importa?

Es que tengo que darle la cara al asunto de una buena vez. Burdeos, como región, para mí es enteramente irrelevante. Ya no es aquella fuente de los grandes vinos con que me eduqué en este tema. Ya los terroirs de la región significan muy poco y muchísimos vinos no se parecen en nada a las glorias que una vez fueran. Además, ¿quién tiene ya el platal que haría falta para financiarse un hábito de burdeos?

De manera que es un tema menos del que preocuparse. Claro, entre un océano de producto rollandizado, parkerizado, puntista, o de cualquier otra forma desvirtuado,  queda un puñado de châteaux de los cuales aún sale vino que amerite mi atención y respeto. Pero esas excepciones ya son tan poquitas que en realidad las puedo considerar caso a caso, sin tener que andar mojándome en lo que hoy representa la región.

Ajem, hablando de desvirtuar y en un orden de ideas que no tiene nada y tiene mucho que ver con el vino, uno de mis cafés favoritos—por no decir una de mis regiones cafetaleras favoritas—se me ha ido al diablo.

Bien sabido de todos los amigos y parientes políticos puertorriqueños que me visitaban era que el impuesto de entrada a mi casa consistía en algunas laticas de Alto Grande, uno de los grandes cafés de Puerto Rico. Cuando vivía en esa isla, me acostumbré a tomarlo en casa y tanto mi máquina de espresso como yo lo adorábamos por su elegante textura, su amplitud de aromas y sabores y la perfecta crema que presentaba cada taza.

Pues en el último año he descubierto un extraño fenómeno, muy para mi consternación, que ha llevado a que la más reciente lata de Alto Grande sea la última que pruebe.

Sometido al mismo tratamiento de cada mañana durante décadas de mi vida y con la misma maquinita italiana, escrupulosamente mantenida, el Alto Grande de hoy no se parece en nada al de antes. Da unos extraños olores vegetales, casi compostados y a carobo quemado. La crema en taza es mediocre. Y al paladar se presenta amargo y hueco, donde antes fuese un café opulento, achocolatado y térreo, con montones de sobretonos agradables.

¿Qué ha pasado?Y lo más importante: ¡Devuélvanme mi café querido, carajo!

Pues mi eternamente diligente esposa, periodista puertorriqueña al fin, me pasa este artículo del periódico boricua El Vocero.

Al parecer, una nueva maquinaria implementada para efectivizar (o sea, acelerar y abaratar) el proceso de secado de los granos de café está chafando grandes cantidades de café puertorriqueño y ahora lo que sale, a causa de todo esto es un producto que huele fatal y sabe peor, donde antes hubiera un café excepcional.

¿Les suena? Porque a mí de repente me recuerda a ciertas cositas que rutinariamente “le pasan” al tecnovino actual.

Pero bueno, la cosota de este viernes…

No sé si se me habrán enterado los demás amigos que siguen La otra botella en el resto del mundo mundial, pero hoy salió en la revista Wikén del periódico chileno El Mercurio un artículo de Patricio Tapia basado en cierta entrevista que me hizo.

Quería dar las gracias a Patricio por la exposure y el consiguiente aumento de tráfico sureño que me ha creado, por no decir nada de todos los líos que me va a buscar en Chile por mis pronunciamientos sobre el estado actual de la industria del vino en ese país. Es que soy un frescachón, porque mira que andar diciendo que quisiera que los vinos chilenos dejasen de olerme a laboratorio.

No se crean, me tienta la noción de depositar aquí una especie de colección de Bloopers and Deleted Scenes de la entrevista, pues se realizó en una conversación en vivo y a través de e-mail, lo que deja, por así decirlo, bastante sedimento.

Por ejemplo, surgieron un par de interrogantes acerca de por qué prefiero esta plataforma, con un no-sé-qué implícito sobre si me gustaría llegarle a más gente, o tener influencia en el mundo del vino, o motivar o desmotivar el consumo de tal o cual cosa…

Cada vez que yo pienso en los gurús que nos han ocupado en los últimos años, los grandes próceres del vino actual, siento lo que sólo podría definir como repelús. Este blog lo veo como un punto de conversación a pequeña escala, léalo la cantidad de gente que lo lea. A todo el que me lee lo tengo en cuenta y le doy la bienvenida, mirándolo de frente e interpelándolo directamente en la medida en que lo vaya conociendo. Y a esa escala es que me gusta mantener las cosas.

¿Por qué? Pues quizás me inspiro en The Clash, aunque les parezca extraño. Esta tremenda, irremplazable, esencial banda de punks malgrés eux siempre manifestó a sus diversos agentes y contratantes que preferían tocar en locales pequeños, para tener un contacto directo con la gente que venía a escucharles.  Ese contacto directo permitía un intercambio muy inmediato de energía entre músicos y público.

Pues, en honor a esos ídolos míos que lo fueron y siempre serán Strummer, Jones, Simonon y Headon, así música, así blog.

También me tienta la noción de hacerle una especie de “contraentrevista” a Patricio Tapia, para publicar aquí. ¿Qué amigo, te animas? Cosa de “a calzón quitao” (como se dice en Puerto Rico, ya que de esa tierra he hablado hoy) y con un debo y pagaré de almuerzo con botella de trousseau, o de frappato…

Por cierto, que esta mañana, antes de comenzar a ponderar la subida o declive de mi perfil en Chile, estaba revisando a Wine Disorder y ví, con infinito gusto, que mi queridísimo Joe Dressner había iniciado un hilo. Joe rescata un ensayo suyo de hace algunos años que me parece extremadamente relevante hoy día y que todo el que aspira a educarse (de verdad) sobre vino (de verdad) debiera leer.

Ya les hablaré más de Joe en mi próxima entrega. Lo ví cuando estuve en Nueva York ahora y, para alguien con un tumor cerebral, estaba bastante bien, siempre sardónico y dressneriano. Pasamos un ratito discutiendo sobre las mejores navajas de afeitar.

Bueno, a aquellos que en Chile se enteraron de mi existencia hoy gracias al heroismo de Patricio Tapia, les pido que me tengan un poco de paciencia, que tal y como los vinos de trousseau o ploussard, a veces soy uno de esos “gustos adquiridos”. Y a los que sencillamente no puedan adquirir el gusto, pues, no se apenen e imagínenme cantando  ésta de John Wesley Harding: