Como todas las semanas, ha habido mucho movimiento. O no. Según se vea.
Cuentan en mi habitual fuente noticiosa que prestigiosas casa británicas del comercio del vino ahora exigen garantías y sacan pólizas en caso de fallo económico de sus proveedores en Burdeos. Leyendo el artículo comencé a ponderar si en verdad tan jodidas andaban las cosas del lado bordelés. Pero de repente me dí cuenta de una cosa…
¿A mí qué me importa?
Es que tengo que darle la cara al asunto de una buena vez. Burdeos, como región, para mí es enteramente irrelevante. Ya no es aquella fuente de los grandes vinos con que me eduqué en este tema. Ya los terroirs de la región significan muy poco y muchísimos vinos no se parecen en nada a las glorias que una vez fueran. Además, ¿quién tiene ya el platal que haría falta para financiarse un hábito de burdeos?
De manera que es un tema menos del que preocuparse. Claro, entre un océano de producto rollandizado, parkerizado, puntista, o de cualquier otra forma desvirtuado, queda un puñado de châteaux de los cuales aún sale vino que amerite mi atención y respeto. Pero esas excepciones ya son tan poquitas que en realidad las puedo considerar caso a caso, sin tener que andar mojándome en lo que hoy representa la región.
Ajem, hablando de desvirtuar y en un orden de ideas que no tiene nada y tiene mucho que ver con el vino, uno de mis cafés favoritos—por no decir una de mis regiones cafetaleras favoritas—se me ha ido al diablo.
Bien sabido de todos los amigos y parientes políticos puertorriqueños que me visitaban era que el impuesto de entrada a mi casa consistía en algunas laticas de Alto Grande, uno de los grandes cafés de Puerto Rico. Cuando vivía en esa isla, me acostumbré a tomarlo en casa y tanto mi máquina de espresso como yo lo adorábamos por su elegante textura, su amplitud de aromas y sabores y la perfecta crema que presentaba cada taza.
Pues en el último año he descubierto un extraño fenómeno, muy para mi consternación, que ha llevado a que la más reciente lata de Alto Grande sea la última que pruebe.
Sometido al mismo tratamiento de cada mañana durante décadas de mi vida y con la misma maquinita italiana, escrupulosamente mantenida, el Alto Grande de hoy no se parece en nada al de antes. Da unos extraños olores vegetales, casi compostados y a carobo quemado. La crema en taza es mediocre. Y al paladar se presenta amargo y hueco, donde antes fuese un café opulento, achocolatado y térreo, con montones de sobretonos agradables.
¿Qué ha pasado?Y lo más importante: ¡Devuélvanme mi café querido, carajo!
Pues mi eternamente diligente esposa, periodista puertorriqueña al fin, me pasa este artículo del periódico boricua El Vocero.
Al parecer, una nueva maquinaria implementada para efectivizar (o sea, acelerar y abaratar) el proceso de secado de los granos de café está chafando grandes cantidades de café puertorriqueño y ahora lo que sale, a causa de todo esto es un producto que huele fatal y sabe peor, donde antes hubiera un café excepcional.
¿Les suena? Porque a mí de repente me recuerda a ciertas cositas que rutinariamente “le pasan” al tecnovino actual.
Pero bueno, la cosota de este viernes…
No sé si se me habrán enterado los demás amigos que siguen La otra botella en el resto del mundo mundial, pero hoy salió en la revista Wikén del periódico chileno El Mercurio un artículo de Patricio Tapia basado en cierta entrevista que me hizo.
Quería dar las gracias a Patricio por la exposure y el consiguiente aumento de tráfico sureño que me ha creado, por no decir nada de todos los líos que me va a buscar en Chile por mis pronunciamientos sobre el estado actual de la industria del vino en ese país. Es que soy un frescachón, porque mira que andar diciendo que quisiera que los vinos chilenos dejasen de olerme a laboratorio.
No se crean, me tienta la noción de depositar aquí una especie de colección de Bloopers and Deleted Scenes de la entrevista, pues se realizó en una conversación en vivo y a través de e-mail, lo que deja, por así decirlo, bastante sedimento.
Por ejemplo, surgieron un par de interrogantes acerca de por qué prefiero esta plataforma, con un no-sé-qué implícito sobre si me gustaría llegarle a más gente, o tener influencia en el mundo del vino, o motivar o desmotivar el consumo de tal o cual cosa…
Cada vez que yo pienso en los gurús que nos han ocupado en los últimos años, los grandes próceres del vino actual, siento lo que sólo podría definir como repelús. Este blog lo veo como un punto de conversación a pequeña escala, léalo la cantidad de gente que lo lea. A todo el que me lee lo tengo en cuenta y le doy la bienvenida, mirándolo de frente e interpelándolo directamente en la medida en que lo vaya conociendo. Y a esa escala es que me gusta mantener las cosas.
¿Por qué? Pues quizás me inspiro en The Clash, aunque les parezca extraño. Esta tremenda, irremplazable, esencial banda de punks malgrés eux siempre manifestó a sus diversos agentes y contratantes que preferían tocar en locales pequeños, para tener un contacto directo con la gente que venía a escucharles. Ese contacto directo permitía un intercambio muy inmediato de energía entre músicos y público.
Pues, en honor a esos ídolos míos que lo fueron y siempre serán Strummer, Jones, Simonon y Headon, así música, así blog.
También me tienta la noción de hacerle una especie de “contraentrevista” a Patricio Tapia, para publicar aquí. ¿Qué amigo, te animas? Cosa de “a calzón quitao” (como se dice en Puerto Rico, ya que de esa tierra he hablado hoy) y con un debo y pagaré de almuerzo con botella de trousseau, o de frappato…
Por cierto, que esta mañana, antes de comenzar a ponderar la subida o declive de mi perfil en Chile, estaba revisando a Wine Disorder y ví, con infinito gusto, que mi queridísimo Joe Dressner había iniciado un hilo. Joe rescata un ensayo suyo de hace algunos años que me parece extremadamente relevante hoy día y que todo el que aspira a educarse (de verdad) sobre vino (de verdad) debiera leer.
Ya les hablaré más de Joe en mi próxima entrega. Lo ví cuando estuve en Nueva York ahora y, para alguien con un tumor cerebral, estaba bastante bien, siempre sardónico y dressneriano. Pasamos un ratito discutiendo sobre las mejores navajas de afeitar.
Bueno, a aquellos que en Chile se enteraron de mi existencia hoy gracias al heroismo de Patricio Tapia, les pido que me tengan un poco de paciencia, que tal y como los vinos de trousseau o ploussard, a veces soy uno de esos “gustos adquiridos”. Y a los que sencillamente no puedan adquirir el gusto, pues, no se apenen e imagínenme cantando ésta de John Wesley Harding:




12 respuestas hasta el momento ↓
errepe // Marzo 14, 2009 a 7:52 am
hola M,
como va la cosa?… se te ve muy bien en el macro reportaje de patricio… así, visto un poquito desde abajo, acojonas más todavía…
leyendo el articulito de dressner y reflexionando sobre tu comentario acerca de tu búsqueda de los espacios pequeños y particulares en lugar de los grandes y públicos, pensé que ambos dos, reclamáis una búsqueda proactiva del usuario. una implicación del interlocutor.
ambos dos, exigís a quien quiera compartir vuestro mundo, un plus que ayude a complementar el vuestro. creo que ambos tenéis la necesidad de compartir vuestras pasiones tan puras y sinceras (al menos para vosotros) que el hecho de que cualquiera pueda acceder a ellas o que cualquiera las malinterprete o no las entienda os decepciona sobremanera.
por eso no debe ser fácil estar a medias contigo, o si, siempre y cuando se esté desde una posición siempre integral, personal, sincera e independiente.
los puntos y los grandes foros, son el nicho de los reactivos, de los que no proponen, de los que no piensan, de los que se informan para reproducir, pero nunca generan ni enriquecen…
si un día este fuera un foro masivo, creo que perderías un poco el interés. no todo requeriría tu replica, no todos, sobre todo los inseguros, sentiríamos la seguridad necesaria de pensar que lo que aportas tiene un ámbito reducido un trasfondo pequeño, un foro limitado… esa pequeña trascendencia es a veces lo que nos hace sentir libres y por lo tanto desarrollarnos…
este pequeño o gran espacio es para mi un espacio de reflexión personal compartible, en la que uno se siente cómodo, se siente crecer y del que es fácil sentirse parte…
espero que no crezca mucho, porque como seguramente sabes, también existe un sentimiento de egoísmo y exclusividad entre los pioneros… seguro que más de una vez te ha jodido que algo que sólo gustaba a unos pocos se haya puesto de moda, no?
Manuel Camblor // Marzo 14, 2009 a 9:04 am
Erre,
Gracias por la alentadora apreciación. No creo que esto crezca mucho, la verdad. Yo no lo permitiría, pues como bien sugieres, no hay camino más directo a la pérdida de interés (de mi parte) que el que esto se haga tan grande que no pueda interactuar con todos y cada uno de quienes me leen/interpelan.
Parecerá egoista, pero el carácter del blog me va precisamente porque el tema a discutir lo presento yo y quienes a discutirlo vienen es porque en verdad les interesa, de la forma que sea. La energía queda así mejor enfocada.
En cuanto a que me joda el que algo que era cosa de pocos se ponga de moda, pues… Tres palabras: López de Heredia. Y es porque los vinos se me han comenzado a poner demasiado caros ya. Claro, ese puyazo me lo dí, en gran medida, yo mismo.:-)
M.
Jose // Marzo 14, 2009 a 9:46 am
En la foto de Wiken acojonas lo tuyo y más. Parece la portada de la película ‘El Cabo del Miedo’
Adeplús se me ha hecho muy corta. Si no fuera porque te conozco la impresión que me habría llevado seria la de un ogro del vino que habla poco… Y todos sabemos que ogro sí, pero hablar pocoooooo
)))))))))
Saludos,
Jose
Manuel Camblor // Marzo 14, 2009 a 11:26 am
Pos mira que el ogro hoy puede hablar poco, Jose, porque se ve poseido por un gripazo de órdago. Hay que joderse con estos virus tropicales, que no creen en vacunas ni ninguna otra de esas jodiendas de la “civilización”. La familia entera ha ido sucumbiendo. Yo creo que soy el último ya. Con suerte lo que dura es cinco o seis días.
Pero sí, lo que dices es cierto. Ahora que lo pienso, aunque Patricio abre con lo de las ramas, como que la impresión que da el artículo es que soy más parco y preciso de expresión que lo que en realidad soy. Y que echo menos tacos. Vaya usté a saber.
La foto proyecta mi perenne superciliaridad y los vivos tonos de mi vestimenta a diario. Además, me hace ver más delgado. O sea que a otro con las quejas. Be acojonated, be very acojonated…:-)
M.
Jose // Marzo 14, 2009 a 1:06 pm
Arf, espero que se te pase pronto la gripe y que no sea el mismo virus que el que me ha pegado a mi una paliza de órdago. Me ha tenido 3 semanas totalmente fuera de juego y todavía ando renqueante de toses. Y tantas otras semanas sin probar vino alguna
En descargo del virus habría que apuntar lo poco que valgo, pero aun así…
Con respecto al artículo quizá habrá que esperar a esa sesión de ‘Así se hizo’ que apuntabas o bien a una segunda parte más extensa en la revista, o que aquellos que se hayan sentido interesados se pasen por aquí para ver la verdadera naturaleza del blog y de Camblor Unleashed
Saludos,
Jose
Benjamín B. // Marzo 14, 2009 a 2:16 pm
Enomaníaco, ta bueno, pero sí esa cara de pocos amigos debió imponer a tu entrevistador. Hablando de Chilenos, ¿ya probaste el Epu? no está nada mal, o será que lo descorché en un trance de alegría en un día muy especial. Dentro de tu lista de Burdeos debe estar: Domaine De Chevalier y La Mission Haut Brion, ¿cuál otro tinto pondrías en la lista?
Saludos
Manuel Camblor // Marzo 14, 2009 a 4:18 pm
Benjamín,
La Mission nunca ha sido santo de mi devoción. Preferí siempre el Haut-Brion de verdad.
¿La lista? Pues no hay ninguna, en realidad. Un puñadito de productores entre los que sí, figura el DDC. También Cantemerle. Y al otro lado del río Vieux Château Certan y La Magdelaine. Antes también estaba Soutard, pero lo vendieron. Y hay un par de vinos de productores más pequeños que no están mal. Pero el problema con Burdeos es que, aún cuando abrazas esos casos excepcionales, te resulta imposible evitar la peste a putiferio que tiene la región en sí. Quisieras (o al menos quisiera yo) que esos productores tan nobles, que hacen vino de verdad y todavía se preocupan por reflejar un terruño singular, no estuvieran en la misma región que todos los proveedores de parkería deluxe. Les desearía su propia apelación aparte a esos héroes, digo yo.
Bueno, el tipo de Soutard medio que lo intentó, pero acabó sucumbiendo a presión financiera y vendiendo.
En cuanto a mi cara… ¡Pues es cara de pocos amigos la única que tengo! Mira que a mí me gusta esa foto porque refleja mi actitud hacia la vida bastante bien. No es inímica, sino naturalmente desconfiada. Pero cuando llegas, llegas.
No he probado el Epu. No sé lo que es. Y no tengo la menor intención de ponerme a comprar vino chileno en cantidad ahora para ver si hay algo que vale la pena, como le he hecho con Argentina y con alguna otra región que ahora olvido. El horno fiscal no está para ese tipo de roscas.
Claro, si me pusiera en ésas, pues, aquí chilenos es lo que más importan.
M.
Manuel Camblor // Marzo 14, 2009 a 4:19 pm
Jose,
Veremos lo que pasa, con la gripe y con el “Making of”. Cuando me suelte la peste ésta le meteré mano al asunto.
M.
Juan // Marzo 14, 2009 a 6:08 pm
Vale por lo de la visita al blog, sugerencia de wikén. El turismo es lo que todos queremos hacer ahora, y por cierto sin tanto preámbulo, ni tanta gente. Sirva el pasear y nada más. En este fin de semana está lleno de promociones de semana de la vendimia, y uno dice, hace algunos años tal vez. Lo mismo con asia, lo mismo los b&b, exactamente lo mismo con una cata de vino. Prevalece la embriaguez, realmente democratiza.
Manuel Camblor // Marzo 14, 2009 a 7:02 pm
Hola Juan, bienvenido.
Espero sinceramente que tu experiencia en y con La Otra Botella no sea de mero turismo. Eso sería muy triste, pues nada más lejos de mi misión personal que brindar mera “embriaguez” impensante. Bueno, claro, si hablamos de vino, por la naturaleza del asunto la embriaguez tiende a ocurrir en algún momento. Pero yo procuro que sea una embriaguez lúcida, pensante y que conduzca a dulces sueños. Bueno, y que a la mañana siguiente se levante uno sin resaca.
Se me había olvidado que allá abajo la vendimia es ahora. Cosas de vivir encima del Ecuador.:-)
M.
Miguel // Marzo 15, 2009 a 2:12 am
Saludos
Y hablando de Bordeaux, podrias hacerme un comentario sobre un vino que me obsequiaron y que probe hace un tiempo, Chateau Meyney, Cru Bourgeois, 2001. Que te parecio este vino?
No se nada de vinos, pero intento educarme un poco, y leyendo tu antiguo blog vi que era una buena opcion de informarse, no con Enciclopedias, sino con las experiencias propias de las personas.
Y ya que tambien hablabas de cafe, no se si alguna vez probaste el cafe de Loja, una region a 1900 mts de altura en el sur de Ecuador. Su calidad es tan buena, que actualmente se escuchan muchos rumores de que productores colombianos se lo estan llevando a su pais, para hacerlos pasar como cafe colombiano.
Disculpen mi carencia de caracteres propios de nuestro idioma como las tildes o las enies, pero tengo un software en ingles.
Gracias por crear este espacio
Saludos,
Miguel
Manuel Camblor // Marzo 15, 2009 a 6:57 am
HOla Miguel, bienvenido.
Me pillas un poquito fuera de base con la pregunta del Meyney 2001, pues debo admitir que la última añada que probé de este antiguo favorito mío fue el 99.
Pero tratemos de dar un poquito de contexto, a ver si ayuda… Château Meyney era para mí una excelente compra como Saint-Estèphe y como burdeos, durante todos los años que pasé comprándolo. Recuerdo, cuando estaba en la universidad en los ochentas, varios vinos muy buenos de la casa, entre ellos el 70, el 82, el 83, el 85 y, un poquito más tarde, el 89. Inclusive, puede hasta que tenga alguna botella guardada todavía.
Una de las razones por las cuales siempre consideré a Meyney una dirección confiable era que formaba parte del protafolio de la firma de negociantes Cordier. Los vinos bajo el sello de Cordier me habían dado muy buenas experiencias (los chx. Talbot y Gruaud-Larose en Saint-Julien me vienen a la mente enseguida), eran auténticos en cuanto a sus respectivos terruños y bastante longevos–de hecho, también eran bastante cerradotes y téanicos de jovencitos, lo que no los hacía tan atractivos a la crítica norteamericana, razón por la cual los prcios se mantuvieron razonables incluso en tiempos de boom bordelés.
En cuanto al vino en sí, pues, es mayormente cabernet sauvignon (más del 50%) con otro porcentaje grandecito de merlot y luego menores cantidades de petit verdot y cabernet franc. Si mal no recuerdo, Meyney es una finca bastante grande donde todos los viñedos son contiguos y los suelos son de gravas con arcilla de significativo contenido férrico debajo. O va y eso último lo estoy recordando mal o extrapolándolo de alguna otra propiedad que haya visitado en Saint-Estèphe, pues estoy viendo ahora mismo una foto mía en un viñedo que bien podría ser Meyney, pero no estoy seguro. Alguien podrá saltar y rectificar si me traiciona la memoria.
Los vinos de Meyney como yo los recuerdo, de jóvenes son, como ya mencioné, densos, muy tánicos y cerrados, a la vez que bastante dominados por aromas de roble, pero con el tiempo se integran bastante bien y adquieren gracia, perfume y suavidad. O bueno, se INTEGRABAN hasta donde yo los conocía. Me explico: La propiedad cambió de propietarios en la última década y ahora es parte del protafolio de viñedos del banco francés Crédit Agricole, No sé lo que ello conlleva en cuanto a régimen enológico y no quisiera ponerme a especular. Pero en Burdeos un cambio de dueño muchas veces puede significar una transformación dramática en vinos que uno creía conocer bien…
En cuanto al 2001, pues es una añada bordelesa que, en la medida en que he podido catar vinos de productores en que aún confío, me agrada. Los vinos no tienen la supermadurez y opulencia de, digamos, el 2000 y el 2003, siendo más de perfume y estructura. Viendo notas sobre el Meyney 2001 de conocidos en ciertos foros de la red (uno hace los deberes un poco antes de embara), hay algo en común, que es el asunto de mucha madera en evidencia.y ciertos toques verdosos-herbáceos provenientes, al parecer, más de la madera misma que de la fruta. Pero las apreciaciones son generalmente lo suficientemente positivas como para despertar mi curiosidad sobre ese vino.
Te recomendaría darle unos años de guarda, al menos cinco más, aunque si sólo tienes una botella quizás sea más prudente probarlo ahora y ver lo que hay. Yo, con botellas únicas, tiendo a ser draconiano y a errar del lado del consumo prematuro muchas veces. Pero en unas pocas me pego en la lotería y me sale algo divino…
En cuanto al café de Loja, pues no eres el primero en mencionármelo. No recuerdo bien haberlo probado por sí solo, o sea que no puedo decir nada ni de un lado ni de otro, pero ahora lo buscaré activamente.
M.