Sé que en estos tiempos ya no se lleva aquello de acordarse de lo que pasó hace una semana, mucho menos dos… Pero prometí que verían todos ustedes unas cuantas “Bonus Features” en torno a aquella entrevista conmigo que salió en Wikén, la revista del diario chileno El Mercurio.
Como lo prometido es deuda, pero en realidad no quería darles más el coñazo con bons mots míos, se me antojó que era hora de contraentrevistar a mi entrevistados, el periodista de vinos chileno Patricio Tapia.
Lo que hay que saber de Patricio es que es un tipo mordazmente simpático y que, al menos como yo lo veo, tiene las cosas bastante claras—lo claras que pueden tenerse en este mundillo y esta cultureta del vino que hoy nos ocupa. Aparte de El Mercurio, escribe para un montón de publicaciones “tradicionales” y digitales, entre ellas PlanetaVino y Wine & Spirits. Buscando información sobre él, me he topado con que Patricio… ¡Tiene su propia entrada en la Wikipedia!
Palabras mayores, cuando uno está wikeao…
Pues bien, agarré a Patricio y le dije que haríamos con él lo mismo que él había hecho conmigo. En base a nuestras conversaciones anteriores, yo le mandaría un puñado de preguntas a él y él me las contestaría. Pero creo que tenemos la obligación de aprovechar un poco las facilidades que brinda esta plataforma, donde lo dicho nunca tiene la finalidad que tiene aquello que aparece en prensa. Uno puede repensar, re-decir, abrir nuevas vías discursivas a partir de lo dicho y lo re-dicho, dar divertidas volteretas, irse por las ramas, etc., etc. Esta contraentrevista con Patricio Tapia aparece ahora no como artículo y ya. Espero lo tomemos como trampolín sobre el que ponernos a pegar brincos.
Cuando Patricio se lea esto, probablemente se encuentre que a las preguntas que hice originalmente les han salido colas y sombreros. Una libertad que me tomé, incorporar, al transcribir el documento, pequeños apuntes míos que explican algunas cosas dichas por mí, o replican a cosas dichas por él. Más sazón para el guiso, digo yo. Mi mujer dice que eso no está bien, que debí publicar tal cual. Pero ella es periodista de las de antes, de periódicos y revistas. Hoy la cosa es dinámica, interactiva y, sobre todo, jodedora. Las líneas en itálicas, las que usualmente acaban con signo de interrogación, son las mías. Las otras son las de mi interlocutor. Si alguien se confunde, pues, que la pase bien desconfundiéndose.
¡Patricio Tapia, ladies and gentlemen, Patricio Tapiaaaaaaaaaaaaaa!
En una palabra, ¿qué es lo que más te gusta encontrar en un vino?
Brett
En otra palabra, ¿qué es lo que más te disgusta encontrar en un vino?
Pasas.
Un buen amigo una vez resumió el problema de evaluar losvinos numéricamente como una confusión entre valores escalares y valores vectoriales. ¿Cómo defenderías el uso de valoraciones numéricas con el vino?
Esta la esperaba. No defiendo los puntajes; me dan frío, no son algo de lo que me enorgullezca y nunca me vas a escuchar por ahí, alardeando del puntaje que le dí a a tal o cual botella. Pero son parte de mi trabajo y debo aprender a convivir con ellos porque no tengo los cojones para mandarlos al carajo. Espero algun día tenerlos, aunque sé que no se trata sólo de valentía. Sin embargo, hay gente cuyo trabajo es picar piedras a trescientos metros bajo tierra. Pensar en eso me consuela.
Hemos ya discutido las regiones “emergentes” que más prometedoras nos parecen (el Jura, Sicilia, etc.); ahora bien, encrespemos un poco la cosa: Del actual establishment en la industria del vino, ¿ves alguna región prominente donde se respire un cierto aire de cambio, de revolución hacia vinos menos marketingueros, tecnológicos y buscapuntos y más auténticos?
No. No veo ninguna región del establishment que gire, con toda su caballería, hacia esos vinos de los que hablas. Pero en todas ellas hay gente que sí está tomando o ya ha tomado otro camino. Las generalizaciones, como todos bien sabemos, siempre resultan odiosas, incluso en los peores lugares que te puedas imaginar.
Es que ésta te la debía por la de “los vinos de Chile, en general”, ¿eh? Bueno… ”Robert Parker y el Wine Spectator han sido peores para el vino que la filoxera” (cuasi-cita verídica de un gran amigo mío, periodista y crítico de vinos). ¿Qué te parece?
Si, es posible, aunque también una buena cuota de responsabilidad la hemos tenido nosotros los imbéciles que compramos los vinos que ellos nos recomiendan. Aunque a veces caigo en la tentación (por rabia, por aburrimiento) de apuntarlos con el dedo y decir que ellos son el demonio, la verdad es que creo que la culpa no es del cerdo, sino de quien lo alimenta. El público consumidor, ese ente abstracto, bebe mermeladas llenas de madera, pero también lee porquerías, ve porquerías, come porquerías y hasta respira porquerías.
(No habiendo nunca estado suscrito al Wine Advocate y habiendo dejado lapsar su suscripción al Wine Spectator hace más de quince años, además de siempre haberse tomado las valoraciones de vinos realizadas por estas publicaciones a broma, Camblor da un suspiro de alivio, pues puede permanecer en los márgenes de ese diagrama de Venn que contiene a “nosotros los imbéciles”. Mejor irle a otra línea, antes de que se me pegue algo…) Dime tú ahora, sin bullshitearme, please, ¿qué te parecen los vinos de Chile, así, en general?

Crisis de identidad en el vino chileno: ¿Cómo olvidar aquella botella de Concha y Toro, con tapón de rosca, que venía con "descorchador de obsequio"?
Tremendamente ansiosos de agradar al mercado, cometiendo los mismos abusos que cometen muchos países del Viejo y del Nuevo Mundo por ganar dinero, pero también descubriéndose a sí mismos, de a poco. Es un problema de saber quién eres. Los vinos chilenos y los chilenos por extensión no sabemos quiénes somos. En el caso de los vinos, creo que se ha comenzado un lento camino de autodescubrimiento. Por ahora, paciencia.
Publicaste en Wikén como billboard de tu artículo aquello de “quisiera que los vinos chilenos me olieran menos a laboratorio”. Tú cubres España y Sudamérica para varias publicaciones. Te pregunto yo ahora: ¿Qué tendencia viticultural o enológica te gustaría ver en las regions que cubres?
La verdad es que, por el momento, como para empezar—y ya que hay vicios que parecen tatuajes—lo único que me gustaría es que la gente macerara menos, lo que sea, lías, hollejos, duelas. Por favor, un poquito menos de maceración, qué les cuesta…
Los tatuajes se quitan con láser, ¿no? Claro, quedan cicatrices que luego cuesta un huevo quitarse con cirudía plástica. Eres periodista profesional del vino. O sea, te ganas la vida con esto. Honestamente, ¿qué piensas de la corriente de “periodismo ciudadano” y opinión—muchas veces muy erudita—redactada sin cobrar un centavo por la comunidad de blogueros? ¿No te jodemos un poco, a veces, amateurs invadiendo tu territorio?
Tal como en el mundo del periodismo de vinos, en el mundo de los blogueros, hay de todo. Los que me molestan son esos pendejos escribiendo sobre lo que tomaron la otra noche. “Con juanito y luchita nos tomamos este Lafite. Humm, que rico estaba..” Hay buenos, como este sitio, o el de Peter Liem o el de Dr. Vino o tantos otros que ya hemos citado. Creo que gente como ustedes, con voz, son necesarios para complementar la discusión. Aunque yo lo intento, la verdad es que no alcanzo a tener el tufillo a consumidor que aquí se siente. Y es por esa razón que los trato de incluir en lo que escribo, porque creo que es necesario que se les lea más. Habiendo dicho eso, tiendo a sospechar de la gente que está tan segura de lo que le gusta. Pero bueno, imagino que eso es ya más bien un problema mío. ¿O no, Manuel?
Yo nada más sé estar seguro de lo que no me gusta. Y de lo que estoy dispuesto a tolerar. El rango de “lo que me gusta” es todo posibilidad. Pero basta de mí… ¿Por qué y cómo le entraste a esto de escribir de vino? ¿Es en realidad la glamorosa profesión que la gente se imagina?
Estudié periodismo. Mi sueño era escribir sobre música, pero el primer trabajo que encontré fue saliendo de noche para escribir sobre bares. Allí conocí a un amigo que se dedicaba al vino. Me dijo que era un buen trabajo. Lo primero que me di cuenta era que quizás sería bueno tener una base teórica, así es que me fui a Burdeos a estudiar enología y degustación. Si era capaz de soportar, en francés, el tema del vino por un buen tiempo, lejos de mi casa y de mis amigos, pues entonces el asunto me gustaba. Lo soporté y aquí estoy. Y sí, es una profesión tremendamente glamorosa.
Esta va por una que me hiciste sobre la posible importancia de los blogs en motivar el consumo de vino: ¿Debe ser función de un comentarista completamente independiente de la industria, que escribre sus opiniones como consumidor, generarle ventas a la industria del vino?
Primero que nada, ya no soy tan pelotudo como antes como para proclamarme completamente independiente. Soy un ser humano y, como tal, creo lazos, hay gente que me cae bien, qué le voy a hacer. Y a esa gente le pongo mayor atención, las escucho más, les creo más. Sigo creyendo que los grandes vinos están hechos por grandes seres humanos. Y lo de generar ventas es algo que viene de refilón, un subproducto. Veo mi profesión como la posibilidad de mostrar perspectivas. Nada más.
Lo decía más bien por los blogueros. Los que no recibimos muestras de los productores y nos pagamos el viaje, si es que vamos. Pero vale. Puede que en realidad no exista diferencia alguna dentro de poco. Bueno: Tres palabras sobre Gary Vaynerchuk…
¡No me jodas!
Gary Vaynerchuk, por cierto, es uno de los protagonistas de una reciente edición de la revista Wine & Spirits, para la que escribe Patricio, acerca de “Lo mejor del mundo del vino”. Y no sólo eso, la Wine Academy de Pancho Campo le considera “una de las personalidades más importantes de la industria vinícola mundial”. Yo meramente tripeo cuando le oigo pronunciar el “meunier” de “pinot meunier” como la palabra inglesa para caca de vaca. Pero perdonen, que va y me les quedo en la rama…
¿Qué tipo de gente crees tú que lee mi blog?
Wine geeks, internatutas desprevenidos que enganchan con tu prosa, abuelitas preocupadas por la música que escuchan sus nietos, enólogos disfrazados pelotudamente con nics de jardín infantil, periodistas chilenos asombrados y preocupados por la cantidad de caracteres que puedes producir, consumidores babosos… en fin, gente normal como la conocemos. De todos ellos, yo que tú me cuidaba de los wine geeks. Hay gente que cree que el vino es algo trascendental. Aléjate de ellos.
Solamente en preguntas y respuestas ya llevamos tú y yo 1284 palabras. Es que para hacer poesía sólo tenemos que mover los labios, amigo (paz, Sabina…) Una de las más peculiares casualidades en la historia de este blog: Cuando mencioné que a mis hijos les encanta Pocoyó y que el tema de su fiesta de cumpleaños había sido ése. Como resultado, muchísimas búsquedas en Google traen gente acá. Puede que tengas más razón de lo que imaginas con lo de los “internautas despistados”. ¿Qué planes te gustaría que tuviese para mi blog en el futuro?
Para ser honestos, yo espero que no cambies nada. Ahora, por si acaso, voy a comprar tickets en primera fila para ver cómo sucumbes o no a la tentación de ponerle fuegos artificiales al asuntillo.
“Ads by Gooooooooooooooooogle”. Y prepárate para mi “Twitter Feed”, no digamos nada de la comunidad de La otra botella en Facebook. Bueno, y lo de irme a video… Quizás sea bueno meter chicas en el asunto en plan Hefner-con-vino. Podríamos hasta montar un “rialiti chou”. Las posibilidades son ilimitadas. Si es que no me aburro un día de esta vaina. ltimo. Alguna vez, en otro artículo que te agradezco muchísimo, pues era francamente laudatorio, hablaste de que mi blog era “de actitud punk”. Te pido que me precises eso: ¿Sex Pistols? ¿Black Flag? ¿The Clash? ¿Buzzcocks?

Lo que no sé es si algún día se me permitirá apropiarme de aquella frase y transformarla a "The Only Blog That Matters".
En mis días, nunca tuve mucha conexión con los Black Flag ni menos con los Buzzcocks. Mi grupo de cabecera eran los Sex Pistol, aunque también me rayaban los Exploited, si es que hablamos de punk, claro está. En eso de la “actitud punky” la verdad es que, ahora que lo pienso, mi cabeza estaba pensando en The Clash. Hay cierto desafío al establishment, hay batalla, hay lucha cara a cara, pero también hay un aire intelectual que los Sex Pistols nunca tuvieron (o más bien, que el bueno de Malcolm nunca les dijo que tuvieran). Tu confrontación es una batalla desde la trinchera intelectual, muy Clash. Esto, por cierto, dicho con cariño.
The Clash tenía a Bernie Rhodes, mucho más cabronzuelo que McLaren, diciéndoles qué hacer. A mí siempre me ha hecho gracia la idea de que ese gran grupo, gran símbolo para mí de tantas cosas, fue “armado” por un avivato empresario como quien arma a Menudo. Claro, luego la física y la química se encargaron de rizar rizos, prender mechas, etc. Algo así como esta conversación, ¿no?
jajajajaja, el lobo disfrasado de oveja…. que tal…
saludos
cocoperalta
Coco,
¿Así, dices?
http://www.gutenberg.org/files/15464/15464-h/images/39-1.png
Por que al final, si el hambre es suficiente, sirve para lo mismo.:-)
M.
Coincido totalmente con lo que Patricio dijo sobre los vinos de Chile y los de muchos otros países o regiones que aún están gateando en esto de producir un vino de calidad, con identidad y todo eso. La cita fue: “Tremendamente ansiosos de agradar al mercado, cometiendo los mismos abusos que cometen muchos países del Viejo y del Nuevo Mundo por ganar dinero, pero también descubriéndose a sí mismos, de a poco. Es un problema de saber quién eres. Los vinos chilenos y los chilenos por extensión no sabemos quiénes somos. En el caso de los vinos, creo que se ha comenzado un lento camino de autodescubrimiento. Por ahora, paciencia.” Siendo “autodescubrimiento” la palabra operativa en todo esto. Concuerdo y espero realmente que el tiempo, los trabajos de prueba y error y la sabiduría en definitiva los lleve a poder mostrar el potencial que tienen en su tierra y en su fruta, el cual creo que muchas veces es potencialmente superior a lo que están mostrando hoy. Saludos.
Javier,
He de disentir aquí un poco, o bastante, según se vea… Llevo ya veinte años oyendo, leyendo y catando de esos “gateos” chilenos a los que te refieres y en realidad no podría adjudicar a la “evolución” del vino chileno en ese período de tempo la linearidad que mucha gente parece dispuesta a adjudicarle.
Pongámoslo en perspectiva: Si planté una parcela con vides hace veinte años, tras los primeros cinco ya tengo plantas perfectamente productivas. En los segundos cinco quizás pueda “experimentar” un poco, si es que no tengo una tradición vinícola que informe lo que estoy haciendo. A los veinte años, ya las vides de mi parcelita son adultas. De hecho, si estuvieran en algunas de las regiones más descaradas de España y yo fuese de cierta disposición comercial, ya tendría una “Cuvée Viñas Viejas” en mi portafolio.:-)
Si fuésemos a llevar el paralelo del “gateo” a su completa expresión (créeme, estoy viviendo en estos precisos momentos el paso de dos pequeños seres humanos de la inercia al gateo al andar al correr al treparse en todo y te digo que la analogía se cae, pues lo que pasa gateando un ser humano es nada; antes de lo que imaginas ya son triatletas), estamos hablando de un manganzón de (como mínimo) varias décadas de edad ya que aún insiste en gatear y decir “a-gu-gu-ta-ta”. ¿Qué quieres que te diga? Me parece, en el mejor de los casos, una excusa que requeriría mucho más trabajo.
Recuerdo, hace una docena de años, cuando de repente en Chile se “descubrió” la carmenère. Había ahí una variedad “perdida” que los chilenos podían reclamar como suya. Lo hicieron, pero solamente en términos de marketing. Ya para hace tres annos tenías a Pascal Chatonnet declarando para la audiencia en una presentación del vino ultrapremium “Altaïr”, que los sabores que uno debía buscar en la carmenère eran de “cereza” y “frambuesa”.
Recuerdo también hace ya un poquito más, cuando comenzaba yo en esto del vino, ver muchas de esas casas chilenas que ahora dizque “aún gatean”, produciendo vinitos muy buenos para el diario beber. Concha y Toro, Santa Rita o Cousiño-Macul no fueron siempre los objetos de la mofa, befa y escarnio camblorianos que son hoy. No, señor… Estando en la universidad en los ochentas, mi presupuesto era bastante limitado, o sea que no creas que mis etapas formativas fueron todo Margaux… Desde bien jovencito me la pasé buscando buenas compras, vinos de “responsabilidad fiscal”. Chile, en los ochentas y principios de los noventas fue fuente de muchos de ellos. Les mencionaré unas cuantas frases, a ver si hacemos un jueguito de asociación no-tan-libre:
Don Melchor
Casa Real
Castillo de Molina
Antiguas Reservas
Don Maximiano
Recordando las añadas del noventa y aledañas que se corresponden con esas frases (digo por sembrar un marcador temporal en alguna parte), no eran vinos que “gatearan”. De hecho, el Antiguas Reservas de Cousiño fue una excelent compra hasta el otro día, un vino serio, estructurado y muy digno de beberse a la hora de la comida entre adultos. El cabernet Castillo de Molina de Viña San Pedro, igual. De hecho, en alguna ocasión hasta lo llamé léovillebartonesco, que para mí era un elogio mayor.
Pero todos esos vinos ya no son ni remotamente lo que eran, habiendo pasado a convertirse en tecnoproductos sin un ápice de carácter cuando antes tuvieran carácter de sobra.
Si tomamos como muestra esas frases, esas marcas y los vinos a los que alguna vez daban nombre, creo que más bien no se “gatea” en una progresión natural, sino que se ha lapsado descaradamente a algo y ahora se usa el “gateo” como excusa. Pero desde aquí los movimientos que se ven son de otro orden, menos motor, menos evolutivo, más confuso… Ni siquiera lo llamaría un movimiento atavístico, pues eso implicaría un retroceso. Más bien, y aquí tengo que agradecer a SobreVino por un libro de Alessandro Baricco que gentilmente me regaló, hay evidencia de una mutación hacia el caos.
Perdón por entrarle a esto con tanta fuerza, tan temprano en la mañana. Es que justo cuando leía tu mensaje pasó una tumbacocos (una camioneta con todo el equipo de audio del mundo, tocando música a volúmenes improbables) con “Get Up, Stand Up” a todo lo que da. Eran las cinco’e'la mañana, Santo Domingo, 24 de marzo, etc. Ya me predispuso.
Continuemos la discusión.
M.
enhorabuena a ambos por tan dinámica y divertida mezcla de vino y letras… de paso, patricio me ayudo a descifrar el porqué de mi paso casi diario por tu foro, MrM, desde hoy me declaro como un internauta desprevenido enganchado con tu prosa.
en la vida hay pocas cosas que me gusten más que el aprendizaje: y aquí aprendo, pero es el aspecto formal de lo que aprendo lo que me ha generado cierta fidelidad…
mola!
Indiscutiblemente en este proceso hay productores yendo en la dirección contraria también, y en forma planeada, si se quiere. Tal vez el error aquí fue la generalización. Pero me refiero a que yo creo que con el tiempo, la experiencia, los errores cometidos, pienso (o tal vez quiero creer) que una cantidad de productores que se iniciaron en las últimas 2 décadas van a darse cuenta de lo que pueden producir, mirando hacia adentro, hacia la viña, y no dando tiros en la oscuridad, buscando el rumbo que suponen dicta el mercado. Y por eso me hizo hincapié el comentario de Patricio sobre las ansias de agradar que tienen los productores, y que repito, me parece que miran más para afuera que para adentro. Y para ser francos, hasta ahora el crecimiento de los volúmenes de venta los han acompañado a muchos de ellos, sobre todo los grandes, a pesar de los vinos que mencionas como ejemplos de estilos que han retrocedido estilísticamente o cualitativamente. El Don Melchor debe ser el caso más claro entre los que mencionas. De todas maneras, vuelvo a lo anterior, no estoy sugiriendo que estas corporaciones estén gateando (y no me refiero literalmente a Chile sino algo más conceptual), pero sí que una cantidad de nuevos productores aún no han mirado hacia adentro y creo que lo van a hacer, eliminando un poco la cosmética y dándole al vino vino el lugar de destaque que le cabe.
p.d. la camioneta podría haber pasado tocando un regaeton, lo que convierte al tema de Marley en una bendición. Mira el lado positivo.
Ni gateos, trotes ni caminatas: a la industria chilena la mueve el viento.
El viento de la caja chica, como fuente primaria de energía. Y menciono “caja chica” y no, digamos, “finanzas”, por su perfil claramente cortoplacista, inmediatista y, con ello, míope y sin horizonte claro.
El viento de la caja chica lo sopla el Eolo de las exportaciones (el paladar local no existe ni cuali ni cuantitativamente), siempre atento a lo que exige el mercado. Sí: el mercado. Omnímodo, anónimo, amorfo. Más fácil de comprar que de educar. Plebeyo de modas, gurús y campañas de márketing. Ferozmente ignorante: sí, ése, el mercado, es el Señor de las oraciones de nuestros empresarios vinícolas.
De pronto el viento lleva las parras a descubrir nuevas zonas y parece que aparece algo nuevo. Hay cacareadores profesionales del next big thing en esta angosta faja de tierra. Pero la novedad es adquirida por Concha y Toro, ponen a cosechar a uno, a vinificar a otro, a diseñar el packaging a una consultora internacional y a distribuir a algo como Tesco. El edulcorado jugo de las nóveles parritas, antes de decir “soy así” fue rematado al postor de un retailer en Londres.
No hay dónde ni cómo escapar. La economía del hambre inminente obliga a que todo debe ser venta rápida y segura o no ve la luz. Empresarios con espíritu de bolicheros. Gerentillos importados desde el retail. Enólogos que no duran cuatro cosechas y que nunca cruzaron la frontera. Comunicadores con obsecuencia a toda prueba.
No hay salida: hasta Weinert se vendió a la WineSpectator.
Erre,
Si tú dices que mi prosa fue el gancho, pues santos y buenos. Yo, por mi parte, sigo pensando que lo que te atrae a estas páginas es tu alma de tahur.
Porque al fin y al cabo…
M.
Javier,
Lo de la tumbacocos es imperdonable como quiera que se vea.
Y apuntado lo de la “generalización”. El problema es que sí, pagan los pocos justos que de seguro hay por la caterva de megacorporaciones exportando tecnoproducto. Lo que me gustaría tener es una lista de esos productores jóvenes que puede especularse que un día de estos descubran la luz tras sacarse la cabeza de donde ahora la puedan tener metida.
Digo por lo de estar delante de la curva… Ya en su momento me habló alguien de Quebrada de Macul y su “Domus Aurea”, pero posteriormente se me dijo que se habían pasado al lado oscuro y que ni me molestara.
Me interesa de verdad saber, con información de dentro, lo que promete allá abajo, los productores que sólo necesitan ese empujoncito crucial para entrarle al vino-vino y los pormenores sobre el potencial que tengan.
A ver, ¿quién se anima a dar detalles?
M.
Felipe,
¿Qué pasó con Weinert? Ellossiempre han llevado muy orondos en sus etiquetas ciertas palabras sobre los vinos que emitieran Parker o el Spectator, lapsus que les he perdonado porque los vinos me resultaban excelentes. Pero, ¿han cambiado?
Que el Spectator les haya dado puntos altos es algo que me tendría sin cuidado, de seguir en la misma línea de siempre la bodega. No sería la primera vez que un vino que me gusta saca noventa y pico.
M.
Vino chileno que valga la pena, ahí van unas referencias. No se encuentran en ninguna tienda en Santiago, nadie los reseña. Pero son lo poco bueno y de verdad que por estos lados se puede encontrar:
http://www.closouvert.blogspot.com/
http://www.kankura.cl/
http://www.vinosdellarqui.cl/portal/?newlang=spanish
Y Weinert? Me tiene bien decepcionado. Hace poco estuve en la bodega. Nuevas instalaciones. Precios de escándalo. Etiquetas y botellas “enchuladas”. Y los vinos, al menos desde la añada 2002 en adelante, no son lo que eran.
Felipe,
Me pongo a explorar en cuanto tenga un momento.
Me devastas con la noticia de Weinert, eso sí. Duele mucho pensar que una de las últimas casas argentinas que servían de algo se ha ido al lado oscuro. Duele mucho. Es como cuando en Bodegas Riojanas le dieron la “modernizada” al perfil del Monte Real Reserva. Me sentí traicionado. Fue un golpe terrible.
M.
De acuerdo al enólogo de Weinert, Hubert Weber, la vinificación no ha cambiado desde fines de los 70 en la bodega, Reconoce, eso sí, que el alcohol ha subido en los últimos años, asunto que él atribuye al consabido calentamiento global, un punto en el que muchos se apoyan hoy en día cuando se habla de alcohol. En todo caso, sus vinos me siguen pareciendo llenos de carácter. Me gusta compararlos con los de Bodegas López. Mientras estos últimos están llenos de delicadeza y una sutil profundidad, los de Weinert -desde que recuerdo- siempre fueron más robustos, más ambiciosos en términos de cuerpo. Ambas bodegas, en todo caso, tienen filosofías cercanas en cuanto a la vinificación, sobre todo en lo que se refiere a la importancia que le dan a los toneles de madera vieja y lo contrarios que son a la madera nueva, modelo 225. La brett, uno de los grandes temas en los tintos de Weinert, sigue estando presente, la mayoría de las veces aportando complejidad. Yo siento un cambio, eso es innegable, sobre todo a nivel de madurez de la fruta. Sin embago, me siguen gustando sus vinos… No les haría la cruz, así como así. Y desde que los conozco que se vanaglorian de los puntos que alguna vez les dio Parker. Ese Estrella 1997 Malbec. Sería bueno, ya que estamos hablando de algo importante en Sudamérica, que Felipe diera sus razones.
Ah! Y lo de GV está total. Cómo era que se pronunciaba meunier? Por favor, Manuel, ilumínanos…
Con Weinert, lo del alza descarada de precios y reestilización de las etiquetas no es opinión, es un hecho. Y, a la luz de lo demás, una señal.
Antes, a la entrada de la bodega a mano derecha estaban los estanques de cemento, donde todo comenzaba. Ahora están en desuso. Algo ha cambiado, obvio.
Mi primera grave decepción con un Weinert fue el Malbec 2002. Me consta que al menos hasta el 2000 el estilo era inmutable. Probado 2 veces, este Malbec tiene otro color (más luctuoso diría Brascó), otro alcohol y otro extracto. Sin duda. Más roble, lo creo, pero no lo apuesto. Pero más madurez y maceración hay sin duda.
Luego el Cabernet 2002. Muy malo, sin ninguna de las señas de identidad antiguas. El color impenetrable ya anuncia la debacle.
No compraría ninguno de esos vinos. Menos a los precios de ahora.
Te puedo comprar todo menos la “reestilización de las etiquetas”. No será mucho prejuicio?
Patricio,
Pues habrá que probar los vinos actuales de Weinert y cerciorarse. La verdad es que la única tienda que tenía algo disponible, entre las que yo frecuentaba en Manhattan (Astor Wines), sólo llegaba al 2000, o sea que no tengo material para comprobar o desmentir lo que ice Felipe.
Si hay mayor madurez en la fruta, eso del calentamiento global no será excusa que me trague. La decisión de cuando vendimiar para modular un poco esos azúcares es enteramente humana. Si vendimias a treinta y tantos brix porque sencillamente tienes que hacerlo en las mismas fechas todo el tiempo y un año te salió de calor bestial, ya es cosa tuya el vino que salga.
Una nota feliz para ti, eso sí: Si los alcoholes y los pHs andan más altos en los vinos de Weinert, el brett lo andará también. Como tanto te gusta encontrarlo en los vinos, pues, happy the man.
Pero lo dicho, sin los vinos delante esto sólo es especulación de mi parte, en base a lo que me dicen. No es una valoración justa. Queda diferida cualquier condena o vindicación, o tan siquiera cualquier ponderada mayor sobre si ha habido algún cambio en Weinert.
En cuanto a Gary Vaynerchuk, está en el video que anexé a la entrada lo del “pinot meunier”. Y en el primer par de minutos, que son muy cómicos, o sea que no tienes que torturarte demasiado. Pero revelaré, por si acaso. El hombre pronuncia el nombre de esa uva de forma bastante letrinal, como “pee no manure”.
Siendo alguien que trabaja en el manejo de una marca (de algo que no es vino), la verdad es que sí, me encontré un poco exagerado lo de objetar a una “reestilización de etiquetas” en Weinert. Al fin y al cabo, es papel y pura vestimenta, pero no tenemos que bebernos esas etiquetas. Si les meten un dinerito en diseño gráfico, pues amén. A menos que tengan la imprenta al lado de los toneles donde envejece el vino, no veo por qué tiene que afectarlo.
M.
Felipe,
No he estado en Weinert, o sea que no puedo opinar. Pero en tu visita, al notar que los tinos de cemento antiguos estaban en desuso, ¿no preguntaste por los nuevos vehículos de fermentación? Porque yo automáticamente me hubiera puesto a buscar el inox, la fibra de vidrio, la madera, el nuevo cemento, o lo que fuera… Digamos que no me hubiese sentido muy satiscefho con la visita sin tener claros todos los pasos actuales en la elaboración del vino.
M.
Manuel, Felipe y Patricio:
Tengo cierto trato personal con Bruno Weinert y alguna vez hablé con él (preguntándoles por los mayores grados alcohólicos de sus nuevas cosechas) sobre si esto implicaba una mutación en el estilo buscada por ellos, lo que me negó rotundamente. En pocas palabras, me dijo que hacen los vinos como les gustan a ellos y que trabajando así tienen excelentes ventas -sobre todo en el extranjero-, por lo que no tienen incentivo alguno para “modernizarse”. Me consta además que son admiradores -y bebedores- de los vinos de López.
Yo bebo con cierta asiduidad el Merlot de ellos, y puedo asegurar que no ha variado en cuanto a estilo. Debería probar el que menciona Felipe para asegurarme.
Soy además un consumidor muy frecuente del Carrascal y a pesar del cambio de etiqueta, que no es un cambio sino más bien una “refrescada”, porque mantiene los mismos elementos que la anterior, se mantiene en su mismo estilo de siempre e incluso ha vuelto en su última cosecha a los corchos naturales, que en algun momento debieron abandonar por los de plástico por no poder conseguir cierres de la calidad que ellos necesitaban para esta línea. Lo sé porque se lo critiqué a Bruno en su momento y así me lo explicó él. Con lo cual, si se quiere, en esto hay una “vuelta” a lo tradicional.
Voy a ver si le comento a Bruno lo que se habla aquí y quiere meterse él en el debate.
Y por último, Felipe, si vamos a criticar los cambios de etiquetas, hasta López cae en la volteada: entre el 2007 y el 2008 cambió -simplificó, diría- las de casi todas sus líneas. Puedes ver los cambios en su sitio web en la sección “novedades”.
Saludos cordiales y a beber “pee no manure”!,
Ignacio
Gracias, Ignacio. Sería excelente que Bruno entrase y aclarase un poco las cosas. Lo que dice Felipe, si es cierto, me resultaría muy triste, particularmente por lo inexplicable, ya queWeinert elabora para mí algunos de los pocos vinos argentinos que aún considero verdaderamente importantes.
Lo de las etiquetas “renovadas”, pues, creo que Felipe tendría problemas también con aquellos otros López, los López de Heredia, que en alguna cosecha de su rosado incurrieron en un poquito de “design” aventurero.:-)
M.
Puede que lo de las etiquetas no tenga en sí importancia, y que es al final una pendejada. Pero da la casualidad de que, al menos en Chile, cada vez que tenemos “modernización” de etiquetas o “upgrade” de botellas, nos tenemos que comer también una puerilización del vino (en la dirección que todos pueden imaginar). Ejemplos? Todos los que alguna vez me gustaron: Cabo de Hornos, Castillo de Molina, Melchor, Marqués, Ventolera, Finísimo, Antiyal, Casa Real, Carmen Winemaker’s y Gold, Le Dix, Manso de Velasco, Stella Aurea, Paul Bruno, Bisquert La Joya, Viu malbec, Montes Alpha (alguna vez fue vino eso), Undurraga reserva, Cuvée Alexandre Merlot, Valdivieso reserva, ¡Santa Ema incluso!, todo lo de Cousiño…
Pero deben de ser coincidencias.
Y lo de la modernización de los vinos lo han negado siempre sus productores. Es al último que hay que preguntarle. La sensación negativa que he tenido con esos Weinert no ha sido sólo mía. Mis habituales compañeros de catas, conocedores de esa casa, también notaron el cambio. Quién más que yo quisiera que sean un par de ejemplos aislados.
No s’e, Felipe, muchas de las etiquetas que mencionas no me parece que hayan sido “modernizadas” de forma radical, o al menos no “modernizadas” como los tecnoproductos que vienen en las botellas en vez de vino. Yo las de Cousiño las sigo viendo igual. Sant Rita también.
En cuanto a Weinert, necesito probar esos vinos tan diferentes y recibir cualquier explicación de primera mano para sacar mis propias conclusiones. El juicio, junto con la depresión o el alivio, quedan diferidos.
M.
Efectivamente el tema de la etiqueta me parece segundario, pero puedo confirmar que la sospecha que algo podría haber cambiado en Wrinert no nos entró mirando la botella sino catando el vino (Malbec 2002) a ciegas. Me acuerdo perfectamente – en alguno de mis libirtos debe estar la nota de cata – que tenía un lado (excesivamente) alcólico que nunca antes había sentido en un Weinert.
Y cierto, los elegios de Parker a los vinos de Weinert son anteriores a este cambio de estilo, lo que siempre para mi fue un argumento para no sobresimplificar el argumento anti-parkeriano.
Saludos, Gerhard
Gerhard,
Lo de las menciones de Parker o el Spec en las etiquetas de Weinert a mí siempre me supo a aquello de que hasta un reloj roto da la hora bien dos veces al día o, puesto de otra manera, esas entidades críticas son a veces capaces de deslizarse hacia el buen gusto. Cosas que pasan, ¿no?
En cuanto al cambio de perfil, pues, lo dicho, tengo que esperar a probar los vinos para ver lo que opino. Claro, si se van sumando voces que advierten que algo ha pasado, mi curiosidad va en franco aumento.
M.
Leo y aprendo con vosotros. Aún estoy en primero básico en esto del vino, pero prometo hacer los deberes: Weinert, bret, Gary Vainerchuk….uffff
¡viva el vino!
el buen vino, claro
HOla Concha. Te reitero la bienvenida por estos lares.
Aquí, aunque se nos tilda de cada cosa que no veas, semos mansos. En realidad hay hospitalidad y buena vibra. No me gustan las obdas polarizantes y ultrapartisanas que se trae la cultureta del vino hoy día. Me gusta el cuestionamiento constante. Y así procedo
Gary Vaynerchuk… Bueno, en realidad hay que conocerlo y ver si a uno le sirve. A mí me resulta entre absurdísticamente divertido e imperdonablemente enervante. Hay un enlace por ahí a uno de sus videos.
Patricio es un tipo peculiar. Encantadoramente peculiar. Por eso me cae bien. Claro, la cosa es que debemos un día discutir él y yo el criadero de bretanomyces (o sea, Brett) que son tantos vinos de baja acidez como hay hoy día por ahí.
“Uffff” es sólo una reacción momentánea. Aquí no ofrecemos guías algunas. La gracia de la cultura del vino es saber estar perdido con panache y disfrutar de cada momento a cabalidad sin tener que cuantificarlo.
O sea, disfruta, que me alegra verte acá.
M.
Manuel, sorry por mi ausencia. Estuve haciendo los deberes….
No en serio, gracias por tu respuesta. Aparte de aprender y reirme, me gusta tu blog precisamente por lo que mencionas: no es una guia. Guias hay muchas y freekies del vino, también y yo huyo de ellos.
A Patricio le leo y le tuve de profesor por un dia en la Escuela de Sommeliers de Chile, donde estudio. Nos habló de las cepas no tradicionales en Chile y catamos Cariñena, Sauvignon Gris y Malbec elaborados aqui. Tengo que decir que, a pesar de que escupí el vino, salí casi a cuatro patas. Obviamente no fue culpa de Patricio, sino de ese alcohol que tienen los vinos chilenos, que a veces tanto me molesta y de que seguramente desayuné poco y mi cuerpo protestó.
Me parece un periodista con las cosas muy claras y sin pelos en la lengua. Lo cual es de agradecer.
Saludos
Pues bueno verte de nuevo, Concha. Ya decía yo que andarías explorando…
Muy pronto vienen más aventuras con Patricio Tapia a La Otra Botella, incluyendo alguna que otra revelación (quizás un poquito embarazosa) sobre él que habremos de discutir a cabalidad.
El alcohol de los vinos chilenos en general es más o menos correspondiente a “la nueva normalidad” en lugares como California o, digamos, Ribera del Duero. Había una emisora de rock en Puerto Rico que tenía un extraño eslogan: “El balance de nuestros tiempos”, o algo así. Yo siempre he dicho que el balance de estos últimos años vendrá dando como a 16% más o menos…
Escupir el vino no te garantiza el que salgas ilesa de catar muchos vinos con alta graduación. Recuerdo yo un montón de catas en mi vida con cincuenta, cien ó más vinos en las que no se te ocurría ni en broma tragarte nada. Sin embargo, salías vapuleado. Siempre dije que era como “pasar de la sobriedad analítica a la más asquerosa resaca sin parar en la nota”.
Mantén la sintonía en estos próximos días. Ya verás…
M.
Espero con ansiedad contenida y fruición esos duets que prometes con Patricio Tapia en este blog, seguros llenos de mordacidad y buena onda.
Pregunta de pardilla, ¿cómo subo una foto o un video al comentario?
Saludos
Concha
Pues la respuesta de más pardillo todavía es que en realidad no sé, Concha. Creo que es utilizando HTML standard tipo ladireccióndelaimagen para las fotos, pero no estoy seguro. Lo de videos me parece que es más fácil. Puedes tratar el URL de “embed object” que te ponen en YouTube, a ver si cuela.
Es que mis comentarios son muy monomedium y nunca se me había ocurrido leerme esa parte de las instrucciones.
M.
Zenkius, me pongo a ello a ver si atino…
LA SATISFACCION DE DECIR “NO”, DEL VERBO “NOMEGUSTÓESEVINO”
Hace poco más de un mes estuve de visita en la viña Casa Lapostolle, en el valle de Colchagua, Chile. Fue una visita con mis compañeros de la Escuela de Sommeliers. Tenía mucha expectación, sobre todo porque al final de la misma nos iban a presentar unas muestras para catar. Evidentemente todos esperábamos una cata del afamado y premiado Clos Apalta (no lo he probado, así que no puedo opinar). En la parte de la bodega que visitamos sólo se vinifican Clos Apalta y Borobo, otro de los Premium de la viña. Era una mañana helada del mes de junio, pero no nos importó, ya que el tema prometía. Con un diseño y una arquitectura de buen gusto, Casa Lapostolle ha querido parir aquí dos de sus vinos más afamados.
Llegó el momento de la cata y OHHH, decepción, en vez de Clos Apalta, nos presentan un Borobo 2005, blend de carménere, pinot noir, syrah, cabernet Sauvignon y Merlot, además un Cuvee Alexandre Syrah. Bueno, pensé yo….no está mal, tampoco van a tirar la casa por la ventana descorchando una botella de Clos para unos estudiantes como nosotros. Cuesta unos 100.000 pesos chilenos, o sea, unos 150 euros. El vino tiene que transmitir algo, para pagar eso por él. No sé en realidad qué esperaba, pero sí sé lo que no esperaba.. Y fue justo lo que apareció en mi paladar, lo que no esperaba. No estaba intomable, pero es un vino simple, apagado, no me transmitió nada. No me gustó, en absoluto. De un vino de ese precio, se espera algo más, por lo menos que te sorprenda, que sea una experiencia memorable de alguien como yo, que empieza en este mundillo. Probé de nuevo, y nada, esperé, agité, y nada…aquello seguía plano.
Me fui a catar el Syrah, y ahí si encontré algo: tenia carácter.
Cada uno íbamos relatando en voz alta nuestras catas y cuando me llegó el turno, dije, exactamente lo que pensaba. Todos giraron la cabeza, levantaron los ojos de sus notas y me miraron incrédulos, del verbo “cómoseteocurrredecireso”. ¡Es que no me gustó, señores, y me da igual lo que cueste!….dije yo.
Recuerdo que cuando vivía en Madrid, hace ya algunos años y no contaba con muchos posibles, me compraba unos vinos hechos en Madrid (no recuerdo el nombre) que vendían en el supermercado Caprabo de la esquina. Embotellado, eso si, a 6 euros la botella, pero estaba riquísimo y pensaba en qué barato salía un placer, de vez en cuando.
Sigo pensando lo mismo, a pesar de haber ampliado sabores y volverme más exigente, aquel vino de Madrid me encantaba y encima era barato.
El Borobo es caro y no me dice nada.