
Esto es un vino mediterráneo.
Tengo un par de amiguetes en esta internet del vino a los que, me parece, les gusta buscarme la lengua. Se divierten mucho mandándome enlaces a artículos sobre el mundo del vino que, como ellos bien saben, me provocarán una determinada reacción. Lo agradezco. Sin ellos, muchas de las más coloridas entregas de este blog mío y de ustedes nunca se hubiesen dado.
En tal espíritu me llegó hace unos días el enlace a una reflexión de mi antiguo amigo Víctor de la Serna en Elmundovino.
Los veteranos en lo del vínico interneteo entre ustedes recordarán el caso: Hará como diez años, Víctor y yo nos hicimos una bonita amistad, lubricada con excelentes vinos y mucha convivialidad. Dicha amistad se agrío, al parecer irremediablemente, hacia el principio de este siglo. Diferencias de opinión sobre las virtudes de ciertos vinos tornaron en debates acrimoniosos de los que probablemente aún queda constancia en algún foro histórico, si es que los “depuradores” no los han borrado (caso, este último, que preferiría, aún con los matices stalinistas que conlleva, pues sí que fueron feos los episodios). Pues corría como el 2001 y yo era entonces una de las poquísimas voces que hablaba en defensa de un puñado de vinos tradicionales de Rioja, cuando ese tipo de vinos era denostado de forma general por la vasta mayoría de la prensa internacional, Víctor incluido. Eran os tiempos en que muchos iban de “alta expresión o nada”. Yo, por mi parte, ensalzaba las virtudes de los vinos de López de Heredia, La Rioja Alta S.A., CVNE, Bodegas Riojanas y Muga, pidiendo que se les reexaminase antes de echarlos al vertedero de los “riojas carrileros”, los “sucios” y ”difuntos”, pues me constaba la elegancia y longevidad que podían exhibir.
¿Se acuerda alguien? Pues la cosa llegó a su nadir en la discusión sobre un Viña Bosconia 1942. La recuerdo como hoy. Fea, fea… Hasta se sugirió que yo era un agente pagado de López de Heredia, porque no había manera de que semejante vino estuviese vivo, mucho menos bueno. Luego de unos intercambios tremendamente desagradables, en los cuales mi principal antagonista era aquel Víctor de la Serna que consideraba yo un buen amigo, me desaparecí de Elmundovino. Era claro que no podíamos llegar a un happy medium, pues la discusión en sí tendía a polarizarnos. Habremos tenido intercambios posteriores en otros foros. No mejores en su carácter. Para Víctor yo siempre fuí y seré un radical, un dogmático reaccionario, un “talibán” terminantemente opuesto al cambio y la modernidad.
Digo “siempre fuí y seré” porque, muy para mi sorpresa, me encuentro citado en una sección de este artículo que me mandaron. La sección se titula “Los radicales y sus contradicciones”, frase que dice mucho, ¿no?
Pero antes de llegarle a lo que dice Víctor de la Serna en torno a una cita mía, exploremos un poco el resto del artículo, que da mucho de sí. Una de las señas distintivas de Camblor en sus cuarentas, a diferencia de Camblor en sus veintes y sus treintas, es que, aunque aún apasionado, ahora domina lo de discutir sin estridencias, encabronamientos mayores, ni portazos. Víctor propone su artículo como continuación de una reflexión publicada en el mismo portal por Luis Gutiérrez (sabio artículo el de Luis, por cierto, que merece leerse y considerarse). Yo propongo, a mi vez, estas líneas como una continuación en direcciones caprichosas de la reflexión de Víctor, ya que más o menos los puse a ustedes en antecedentes sobre cualquier noción personal que pueda colorear mis argumentos.
Abre Víctor habalndo de como un puñado de viticultores y enólogos en el sur de España, a pesar de trabajar en la región más caliente del país, están haciendo vinos con elegancia y frescor. Atribuye a estos productores “un interés y un respeto por la viña y sus frutos que no eran nada comunes antaño”, procediendo luego a hablar de un momento en la España enológica de “los setentas” en que “lo importante eran la bodega y las diferentes analíticas y correcciones, imbuidos como estábamos de la nueva tecnología de vinificación y crianza, tan ‘limpia’ como intervencionista, que nos llegaba esencialmente de Francia”.
Problema no tengo con la noción de un grupo de elaboradores sureños logrando vinos que no sean hiperalcohólicos y pesados. Lo veo muy frecuentemente en regiones similarmente calientes y meridionales, digamos Sicilia o el sur de Francia. Pero detrás viene esa proclama general sobre la tecnología de hace treinta y tantos años… En términos estrictamente cronológicos, podríamos asumir que Víctor habla de las técnicas bodegueras introducidas en los setentas en Francia por, entre otros, Emile Peynaud. Pero al no haber especificación más allá de lo de “tan ‘limpia’ como intervencionista”, bien podría uno pensar que, en base a la obsesión con las analíticas, ciertos bodegueros españoles en los setentas andaban utilizando levaduras de diseñador, osmosis inversa, texturizantes, tanino en polvo, MegaPurple, el diablo y su hermana…
Calma, calma, que no es que quiera forzar esa conclusión así, sólo por un par de líneas. Ahora es que llegamos a aquella cita mía que utiliza Víctor. La introduce diciendo que ”entre esos grupos de consumidores que se han encerrado en el radicalismo ‘antimanipulador’, la contradicción se hace patente cuando comprueban que en un país cálido como España lo que les gusta ya no es tan ‘natural”". Luego establece que lo que escribí yo le parece “revelador, y a la vez honrado”. Master of the backhanded compliment, lo es Víctor. En fin, a la cita en cuestión, que, curiosamente, extrae traducida de la versión inglesa publicada en Wine Disorder de una crónica publicada originalmente aquí, en español. Go figure… Me traducen así:
Naturalmente, esos grandes riojas son vinos ‘manufacturados’, hechos quizá más en la bodega que en la viña. Los métodos empleados en la bodega tienen al menos tanto que ver con su carácter y su longevidad como cualquier aspecto natural del terruño como podamos aplicarles. El hecho de que valoremos tanto esos vinos podría –si uno llegase al escenario con una disposición mental específica- entrar en conflicto con las nociones de viticultura y enología no intervencionistas que muchos de nosotros defendemos. Claro, encontrar argumentos para extraernos de esa contradicción sería una ardua tarea, o sea que ¿puedo apelar un poco a mi derecho de no incriminarme a mí mismo y, sencillamente, disfrutar de la paradoja?
Aparentemente, mi reconocimiento de esta paradoja me enriquece y muestra una renuncia al “dogmatismo”. Etc., etc., etc. Pero ahora me pongo yo a pensar: ¿Será tan irresoluble esa paradoja? ¿Serán vinos como los Tondonias, Bosconias, Continos, etc. que reseño en esa misma crónica tan “no naturales”? ¿Habré indicado yo que toda manipulación es labor diabólica y es exactamente lo mismo para mí una trasiega que unas vueltecillas de cono giratorio? ¿Una larga estadía en barricas de roble americano más bien usadillas que adiciones de esa maderita líquida con nombre de tónico crecepelo? Espero que me comprendan cuando, ante semejante lectura de lo que soy y lo que represento, me declare francamente anonadado. En buen cubano, no puedo menos que exclamar: “¡Ñó!” Y lo peor es que se me concentraron completamente en lo de la “paradoja” y no en lo de “disfrutar”, que era la clave, porque el tono de ese pasaje rezuma ironía consciente, al menos como lo leo yo.
Pienso, por ejemplo, en un paseo por la bodega de López de Heredia en Haro, ese bastión del tradicionalismo riojano. Están esas viejas cubas de fermentación, con sus gruesas capas de tartrato en el interior. Ahí, según siempre me han explicado las hermanas López de Heredia, la fermentación es con levaduras naturales y la temperatura la controlan el fresquito o la caló que se meta. Tienen su taller de tonelería al lado de donde fermentan el vino. Ahí lo más tecnológico que ví fueron martillos, quizás un taladro. Entras en los calados y están los insectos, además de toda esa increible microflora a cargo de la higiene y el bioequilibrio del ambiente. Muy hi-tech. Luego están las barricas. Ahí ves a unos cuantos fornidos señores a cada rato en lo de trasegar. O clarificar. ¿O quizás filtrar algo? Ultra hi-tech, les digo. En algún momento habla Víctor sobre “acidificaciones” en Rioja. No me consta que las lleven a cabo en una bodega como López de Heredia, pero asumamos que lo hacen: ¿Y? Sería la capa más paradójica de todo el asunto para mí. el toque de verdadera “manipulación” que me haría entrar en conflicto si voy a ser un naturalista/anti-intervencionista estricto. Pero en realidad no creo que pueda yo condenar la acidificación como un acto imperdonable de spoofulation del mismo orden que, digamos, la osmosis inversa o las adiciones de potinguitos “mejorantes” de laboratorio.
Claro, utilizo el ejemplo de López de Heredia porque es el más claro y obvio. Además, como decía yo en esa crónica de la cena con riojas de edad en Nueva York, no puedo yo ya poner la mano en el fuego por casi ninguna otra bodega en Rioja. Confío en un par. Los actos de las otras, pues… Pero me regreso de las ramas, que no debo irme por ellas, al menos hoy.
Llego, poco después del citado y recitado “honrado” párrafo mío a un pronunciamiento de Víctor que me deja pensando. La receta para rar vinos originales, auténticos, etc., en vez de “remedos segundones” de otra cosa, es “centrarnos en el terruño y en la naturalidad. Así lograremos ago con personalidad propia, no impostada.” El lío aquí es, leyendo antes y después en el artículo, como definimos “terruño” y ”naturalidad”.
Ojo, que quisiera inicar esta parte del análisis con un parrafito que me presenta al Víctor de la Serna más abierto que haya yo jamás visto. Dice: “Nadie duda de que las ancestrales técnicas de Jerez y las más recientes de Rioja han producido y producen algunos vinos excelsos. Por eso quienes hemos regresado a unos vinos mucho más naturales pero no somos dogmáticos los respetamos, admiramos y disfrutamos. Hay lugar en la cultura del vino para ellos y para los nuestros. ” No les niego que me regocija ver a Víctor reconociendo las virtudes de algunos de los grandes riojas tradicionales. Ahí llega a la posición que sostenía yo hace diez años, cuando defendía a López de Heredia y un par de bodegas más contra los que descalificaban sus vinos de modo general. Veía las luces dentro de un panorama y las señalaba. En cuanto a Jerez, pues, tenía más suerte. Por apreciar sus vinos no se me consideraba “radical”, o “dogmático”, o “talibán”, o lo que estuviese de moda decirme en el momento. Una cultura del vino verdaderamente abierta a la diversidad, donde no solamente dominara el poderío y el inmediatismo, era lo que pedía entonces y sigo pidiendo ahora. Reitero, me alegra sobre todo leer la última oración en lo que acabo de citarles. “Hay lugar…”
La cosa es que lo del lugar es truculento. Hay que definirlo de modo muy específico, entendiendo distinciones antes de ponernos a inventar reglas. Tomemos, por ejemplo, el peculiar apartado titulado “Fidelidad al origen” en el artículo de Víctor. Nos habla de “un jumilla con 15% de alcohol”, a manera de símbolo de lo despreciado por los “grandilocuentes” defensores del vino no manipulado, precisamente en virtud de ese nivel alcohólico. Apunta Víctor parentéticamente que dichos defensores, aunque objetan al 15% del pobre jumilla, nunca objetan al mismo grado, digamos, en un fino, o al 205 de un oporto. Ese grado alcohólico, para Víctor, es lo natural del origen “Jumilla”, la marca de un terruño caluroso. Rechazar ese vino de 15% es rechazar ese terruño en sí.
Pero no sé, como que la cosa tiene sus arruguitas y el razonamiento, particularmente a nivel de las comparaciones que hace , me parece un tanto especioso. Veamos…
1. Hasta donde lo entiendo yo, tanto el fino como el oporto al que no objetan esos señores que rechazan el jumilla de los quince son vinos fortificados, con algochol agregado en algún momento de su elaboración. El jumilla, sin embargo, suponemos que se mercadea como “vino de mesa”, que es una categoría distinta para propósitos tanto fiscales como de consumo. Hemos de asumir que hablamos de un nivel de alcohol natural de 15% en el jumilla, en base a los azúcares de la uva en sí. En cambio, el fino y el oporto alcanzan su nivel de alcohol por una adición intencional (recordemos que la palomino para el fino tiende a dar como 12% de alcohol en el vino base, en condiciones normales). No me parecería injustificado rechazar un vino de mesa, cuyo uso es distinto al de un generoso, por comportarse como este último. Productos distintos con usos distintos. Acaba esta comparación siendo un extraño non sequitur… O, como diría una amiga boricua de Josie: ¿Qué tiene que ver el culo con las pestañas?
2. Dejando de lado finos, oportos y otras cosas de categoría distinta, ¿es absolutamente obligatorio que un jumilla “ejemplar” tenga un grado alcohólico tan alto? La justificación dada es que en tierras calientes, el vino saldrá alcohólico, pero existe una abundancia de ejemplos en la historia reciente que indica que no es necesariamente así. Justo el otro día me bebí un magnífico cerasuolo di vittoria con 13% de alcohol (les cuento luego…) Y recordemos que eso es vino siciliano. O pensemos en muchos excelentes vinos de Châteauneuf du Pape hasta mediados de los noventas—se daban graduaciones de 13% asociadas a nombres como Château Fortia, entre otros; lo sé porque he consumido châteauneufs así en memoria reciente y quedado maravillado ante el frescor y la sabrosura que se traian. Si Jumilla, representada por el sufrido vino de 15% que dice Víctor, es únicamente capaz de producir vino esa graduación, hay que sentar entonces los parámetros con los que evaluar semejante cosa, ponerle su plato aparte, digamos…
3. Pero aquí llegamos a un nudo viejo. Les hice alguna vez la historia de aquel pinot noir californiano vendimiado a 33 Brix. El elaborador del correspondiente vino decía que en realidad ésa era la manifestación de su terroir y así había que aceptar su pinot noir, con un alcoholazo bestial. Porque California da vinos de alto grado, vamos… Pero, pensando en los vinos de climas cálidos enumerados en el punto anterior, ¿no es de razón que los niveles de madurez a la que se vendimia la uva requieren de decisiones humanas, basadas en nociones particulares del viticultor? Recordemos las consecuencias que tiene una alta madurez frutal para todo lo que constituye el equilibrio del vino, y que a más madurez, menos de algunos de esos componentes, o sea que menos posibilidad de equilibrio si la cosa se hace exagerada.
Al final, el viticultor y el vinatero han de interpretar lo que da la vid en función del terruño y el clima. No nos perdamos. Me late que hay factores humanos que contribuyen tanto a que ese jumilla hipotético cargue 15% de alcohol como el sol de la región.
Pero ya lo quisiera dejar aquí por el momento. A muchos les sorprendería la cantidad de puntos de encuentro, establecidas estas diferencias de las que aquí les hablo, que tenemos Víctor de la Serna y yo, al menos como leo lo que ha escrito. Creo que, fuera de nombretes y acusaciones, podíamos seguir en estas reflexiones hacia un debate muy productivo en un momento verdaderamente post-dogmatista. Sólo hay que aplicarle al asunto honestidad intelectual y ganas y estoy seguro de que en verdad “habrá lugar” para todo.
Hasta va y don Víctor se anima. Aunque [un par de días después de colgado esto y entrando a corregir un par de errores tipográficos] sospecho que no lo hará…




120 respuestas hasta el momento ↓
Gabriel Haro // Abril 15, 2009 a 2:40 pm
Manuel, quiero leer este articulo con mas calma , puse unas pregunta sobre esto en dos foros, aunque se fue del tema principal pero creo que se puede sacar una cosa interesante que esta mañana he hablado con Iñaqui, que quizas no sea del todo cierto. Que sea una cracteristica de esta zona la elevada graduacion alcoholica, aqui te lo dejo.
http://www.verema.com/foros/foro-vino/temas/596325-es-comparable
http://www.lavidagrata.com/html/foromas.php?numforo=19565&nivel=01&respuesta=1&indice=057069
Un saludo muy cordial.
Manuel Camblor // Abril 15, 2009 a 3:58 pm
Hola Gabriel,
Interesante discusión la que montaron en Verema. Me quedé como por el quinceavo mensaje. Luego intentaré leerlos todos.
Indiscutiblemente, el artículo de Víctor tiene una gran densidad de temas a debatir. Por ejemplo, lo de las variedades que tanto te interesa. En principio, puedo aceptar la posición de “¿Por qué no?” que asume Víctor y concebir plantar lo que uno estime prudente en X lugar. Claro, eso es siempre y cuando exista una idea clara de lo que se quiere y lo que el terruño y la variedad elegida pueden dar.
Lamentablemente, el buen juicio en cuanto a plantar cosas en lugares tiende a quedar de lado ante ideas mercadológicas, o caprichitos seudovanguardistas. Mi proclividad natural es hacia explorar primero las variedades autóctonas y luego, exhaustas las posibilidades locales, tirar pa’fuera.
Otra cosa en la que estoy parcialmente con Víctor es en aquello de la plurivarietalidad como factor en la estructura y complejidad de los vinos. De hecho, aplicar esa lógica a aquel “jumilla de los quince” quizás hasta le bajaba el grado un pelín.
Pero a lo de si esos quince grados son el estado “natural y óptimo” para un jumilla, la expresión neta de un terroir: No estoy ni cerca de aceptar que tal cosa sea cierta. Lamentablemente, existen ideas ya arraigadas sobre lo que son niveles “óptimos” de maduración, particularmente en los vinos favorecidos por esos críticos norteamericanos tan “todopoderosos”. Si implantamos el estándar de los quince como una “nueva normalidad” sabiendo que en realidad es posible hacer vino equilibrado y muy disfrutable en la misma zona a una graduación menor, creo que no estamos siendo particularmente honestos en cuanto a evidencia histórica.
Ah, una cosa que veo que se me olvidó en mi riposta de arriba es que para equiparar el jumilla de los quince a un oporto, habría que utilizarlo como vino base y fortificarlo, lo que lo convertiría efectivamente en combustible para cohetes. Otra escala evaluativa…:-)
Ah, me resulta simpática la vaina ésa de “defensor del rioja tradicional”. En realidad no soy particularmente amante de designaciones tan generalistas, pues mi defensa siempre ha sido de algunas bodegas practicantes de un tipo de elaboración, pero cuyos vinos son muy individualistas y distinguibles unos de otros. Porque jamás se me hubiera confundido un Castillo de Ygay con un Bosconia o un Monte Real. Bueno, y hablando de eso, ya dos de las bodegas en ese postulado de no confusión se han alejado de lo que yo consideraba bueno en sus vinos, o sea que… Con el rioja tradicional ya no soy ni de lejitos el “defensor” por el que alguna vez se me tomara. Ahora mi política es “demuéstrenmelo en el vino, o sálvese quien pueda”.
Ah, algo interesante de lo que no habla Víctor es de la muerte de la biodiversidad en Rioja, incluso a manos de ciertos productores otrora calificables como “tradicionales” que ahora, tratando de engancharse tardíamente a modas en baja, han decidido arrancar garnachas, mazuelos, gracianos, etc. y montarse en el carro del tempranillismo compulsorio. Encima un par de clones de tempranillo, porque nada de massale…
Es que te digo, esto tiene para mantenerlo a uno hablando animadamente durante meses.:-)
M.
sibaritastur // Abril 15, 2009 a 4:10 pm
Alucino de leer que la gente se enfada hablando de vinos. Interesantes tus reflexiones.
En mi ignorancia te diré que con respecto a los vinos naturales a mi modo de ver,todo lo que se adicciona al vino (acidificación, taninos en polvo etc) eliminan esa naturalidad y pasan a ser otra cosa , obviamente dejo fuera los vinos de jerez y los oportos Yo como consumidor quiero mas información sobre lo que bebo y siempre tiraré mas por los vinos “mas naturales”, que no utilicen químicas en las viñas (salvo lo estrictamente necesario para las enfermedades). Los vinos de jumilla (juan gil 12 meses, altos de luzón, tienen 14.5 %, se ven estas graduacciones, las de 15 % son escasas de ver) son vinos potentes, con puntas dulces, supongo (que no se ni afirmo) que retrasaran la recogida para sacar mas concentración con la uva mas madura.
Te puedo asegurar que a pesar de ser muy alcohólicos no se nota mucho y se beben sin darse cuenta, a mi me gustan.
Una pregunta 33 brix cuantos ºc son?
Manuel Camblor // Abril 15, 2009 a 4:32 pm
La formulita es (Brix) X 0.59=%apv, SA. Te dejo que saques la cuenta y te sorprendas. Por cierto, la historia es verídica pero no puedo mencionar nombres.
En cuanto a la naturalidad del vino, pues estamos completamente de acuerdo. Yo también prefiero el vino sin adición de nada. Claro, si es absolutamente necesario añadir algo, no me parece tan ofensiva una adición de azúcar o tartárico como una adición de levaduras de diseñador, MegaPurple, tanino en polvo, esencia de roble con nombre comercial de crecepelo, etc.
Mi pregunta sobre esos vinos de Jumilla: ¿Siempre han tenido graduaciones en la vecindad de 14-15%? Es que me cuesta pensar que esas graduaciones hayan sido la norma desde siempre. Lo aceptaría ante evidencia histórica y me pondría a buscar qué era lo que fortificaban con ese vino (tipo lo que se hacía en el s. XIX y a principios del XX con algunos vinos de Burdeos), o cómo lo diluian para el consumo local. Confieso, aunque he probado una buena cantidad de los vinos, que no poseo suficiente conocimiento de la zona.
M.
sibaritastur // Abril 15, 2009 a 4:50 pm
lo de la formula debo ser muy burro porque no se lo que es % apv, sa. No puedo tampoco contestarte a eso de los vinos de jumilla porque soy un recien llegado al vino pero creo que era mas una zona de graneles.
Adicción de azucar?, eso esta terminantemente prohibido como sabes, pero las malas lenguas dicen que se hacen todo tipo de correcciones en algunas bodegas (nunca hay nombres) aunque nunca entendí que den todo tipo de correcciones también estuviera el azucar.
Otra cosa son las levadyras comerciales, estan permitidas y hay muchas bodegas que las utilizan.
Supongo que estaras al corriente de que se ha creado una asociación de productores de vinos naturales (solo por el nombre se ha montado una de escandalo) que su máximo objetivo es dejar el sulfuroso por debajo de 20 mg (algunos ni lo echan) y las prácticas ecológicas, hablan muy bien de ellos aunque aún no he probado. Si tienes interés puedo mandarte 3 fichas técnicas de una pequeña bodega que los hace y buscarte su web…
Manuel Camblor // Abril 15, 2009 a 5:53 pm
“% apv”es “porciento de alcohol por volumen”. SA es mi abreviatura de tu “nick”, yq que nunca me has dicho tu nombre de la vida real.
Lo de la adición de azúcar (la podrás haber visto bajo el nombre de “chaptalización”) es algo decimonónico, hoy día prohibido en algunos lugares y permitido en otros, como recurso extremo y a exclusión de cualquier otra “corrección”.
En cuanto a lo de los productores de vinos naturales en España, te encuentras con unos cuantos de ellos en las secciones de comentarios de este blog a cada rato. A ver, Laureano, Loren, Nacho, ¡al frente para que les vean!:-)
M.
laureanoserres // Abril 15, 2009 a 6:04 pm
Hola a todos, cada día somos más los productores naturales (irreprimible)
.
…pensaba que nuestra vida es algo menos efímera que la de cualquier lagartija.
Manuel, me has dejado sinpalabras…veo que viniste descansado. Esto puede ser largo, o eterno, nosotros no, si es que al final todos somos algo parientes, y esta noche, mirando una cepa arrancada con algo(muy poco) de mi dinero, que he puesto en la fachada de la bodega, y bebiéndome su vino…claro…pura esencia
Claro que es importante pensar en plantar, pero lo es más pensar en no arrancar.
Por cierto, una cepa vieja, que quedó en un campo mío, de cuando antes había garnacha, en un extremo, la cogí y la llevé a la escuela para ver cómo brotaba la viña cuando no se poda. Pues bueno, después de clase la trasplantamos, y hoy veo que empieza a brotar, me ha hecho mucha ‘ilu’. A ver si puedo mandaros unas fotos.
Bona nit.
sibaritastur // Abril 15, 2009 a 6:06 pm
Manuel, mi nombre es Jorge Garcia, asturiano, se me habrá pasado comentártelo.
Cuando me refería a la adiccion de azucar no me refería en el vino y/o cava, sino al tinto y blanco..
Con toda la información que escribes ya me imaginaba que estabas al corriente de los vinos naturales pero vamos era por ayudar.
y con respecto al vino ese de mas de 19 % la verdad es que me quedo de piedra, esta bien ese vino?.
sibaritastur // Abril 15, 2009 a 6:17 pm
laureano, me gusta esa frase “es importante pensar en plantar, pero lo es más pensar en no arrancar”.
Aquí en mi zona, están los vinos de la tierra de cangas, zona con tradicción vinícola de hace muchismos años, lo hacían n casa para ellos. Desde el 2000 esta´n intentando recuperar lo perdido con los arranques y se estan haciendo cosas interesantes que se verán en poco tiempo.
Pues de todo ese arranque de años atrás se han conservado algunos viñedos centanarios, de uva autoctona, la carrasquin. Castro limes elabora 2 mil botellas de un monovarietal de esa uva. Eso lo da lo “no arrancado” en ese suelo y no lo “dará” lo que se plante nuevo
Manuel Camblor // Abril 15, 2009 a 7:52 pm
Laureano,
Para la eternidá vinimoj preparaos…:-) Pero esperemos que no sea una eternidad de ataques y nombrecitos despectivos, sino de discusión de la de verdad.
JOrge,
Pues lo de asturiano lo sobreentendía por el “nick”. El apellido Camblor es de tus tierras y allí todavía me queda bastante familia. A ver si un día les doy un susto y los visito. Lo de Cangas me tiene curioso desde hace tiempo.
En cuanto al vino de los 19 y pico, pues no sé, no se me ha ocurrido probarlo. Nada más la idea me da escalofríos en algo que se vende como “vino de mesa”. De todos modos, si mal no recuerdo, leí que el elaborador usó osmosis inversa y adiciones de agua para bajar el grado, o algo así. Creo que lo dejó como en 15, o sea que ya te imaginarás. Un vino de terror, no de terroir…
M.
sibaritastur // Abril 15, 2009 a 7:59 pm
y donde tienes esa famlia?, en que zona?. Pues si algún día te da el punto me avisarás para ir por ahí no?.
Ese elaborador debía se fué de vacaciones cuando debía recoger la uva?, es que sinó no me lo explico, aunque quizá lo que el quería era corregirlo, en fín, no se….
Manuel Camblor // Abril 15, 2009 a 8:06 pm
Gijón. Aunqeu hay otros desperdigados por ahí en pueblos diversos. Hace ya demasiados años que no voy.
El elaborador en cuesti´øn narraba la vendimia muy ufano en su web. De esto hace ya un año o dos. Yo aún vivía en Nueva York cuando lo leí y sigo acojonado ante la perspectiva. Aparentemente los vinos han recibido muchos puntos.
M.
SEBASTIAN // Abril 15, 2009 a 11:09 pm
Manuel, interesante tema y discusion.
Cerasuolo di Vittoria interesante vino, me gustaria tu feedback acerca de ese vino siciliano, aca en Ecuador tenemos al menos 1 marca y es un vino lindo, diafano, claro, sencillo y expresivo, aromas de flores y caramelo, en boca sedoso y puro, para disfrutarlo…
Abrazos desde Ecuador
Gabriel Haro // Abril 16, 2009 a 8:08 am
Saludos:
Lo que creo que tambien pasa, por lo que comentas con los amigos, que quizas haya un cambio de discurso por un lado y por otro una justificacion de lo que hacen en respeto al grado alcoholico.
Da la sensacion que las personas empiezan asustarse cuando ven una etiqueta con 14,5 % de alcohol, y no hablemos ya de 15 %. Son vinos muy defilis de beber, no suelen ser vinos de trago largo y menos aterciopelado. Creo que la gente empieza a buscar vinos de trago largo, con buena acidez,, y esto quizas se busque mas en vinos de 13,5 % de alcohol por ejemplo.
No se si por esto es el articulo de Luis Gutierrez, como un cambio de lo dicho y una cosa que empieza a palparse, y por Victor De La Serna es uns justificacion de lo que se hace, porque el clima lo da e ir contra esto es ir contra natura. Creo que por lo que puede leer en esos hilos mencionados es mas que discutible. Quizas lo que se busque son vinos mas dictados por la moda, y gustos de un perfil de consumidor.
Gabriel.
Felipe Méndez // Abril 16, 2009 a 10:52 am
Los heraldos de la moda puntística devenidos adalides del terruño me parecen, a esta altura, cuento viejo. Los he visto reacomodarse varias veces, poniendo una patita acá sin sacar la de allá, y quedar pretendidamente bien con cada santo. Muy católico. Aunque a mí el “hay lugar para todos” siempre me pareció medio fariseo. Pero parece ahora que hablar de elegancia y naturalidad, como lo fue hace un mes hablar de fruta y potencia, viste bien. OK, nada nuevo.
Quiero hacer un punto bien claro aquí: si lo que da honestamente la tierra, si la expresión más afinada de terruño, si lo mejor que se puede lograr es 15ºAlc… lo que yo creo es que hay que arrancar las parras y plantar higueras. Punto. No todo el planeta es adecuado para la vitis vinífera. No aniñemos caballos cojos.
Lo que aún no me cierra son tus contradicciones, Manuel. Y no es que no tenga yo bien claro que las tuyas (“los radicales y sus contradicciones”) no sean harto más plausibles que las de VdlS. Es muy decidora, no hiciste ese paralelo, la diferencia sutil y clamorosa entre los intitulados de Gutiérrez (“potencia v/s elegancia”) y de la Serna (“potencia con elegancia”). Los retrata, sobretodo si ha venido uno leyendo lo que escriben uno y otro.
Pero enfoquemos el punto de la contradicción entre hacer proselitismo del “non interventional winemaking” y disfrutar del Rioja clásico. Ojo, que no digo “aparente contradicción”. Y ojo que no incluyo el Jerez en el ejemplo, pues me parece de suyo impropio mezclar peras con manzanas.
Te cito: “no creo que pueda yo condenar la acidificación como un acto imperdonable de spoofulation del mismo orden que, digamos, la osmosis inversa o las adiciones de potinguitos “mejorantes” de laboratorio”. Te cito: “¿Habré indicado yo que toda manipulación es labor diabólica y es exactamente lo mismo para mí una trasiega que unas vueltecillas de cono giratorio? ¿Una larga estadía en barricas de roble americano más bien usadillas que adiciones de esa maderita líquida con nombre de tónico crecepelo?”
Pues a mí me parece que agregar tartárico y MegaPurple es ontológicamente lo mismo. Y a juzgar por los resultados que se ven en Chile (Sauvignons que saben a lavalozas de limón), organolépticamente igual de pernicioso.
La diferencia no es de fondo Manuel, es de forma (que nadie vaya a leer aquí una diferencia de grado!). Y que lo que es realmente diferente no es un principio rector, sino un fin material: el vino que te estás bebiendo.
Porque hay intervenciones que permiten la obtención de un vino elegante, hondo, longevo y fiel a su origen, y manipulaciones ordinarias que convierten el vino en potingue. Por ello es que un LdH es grande y digno del más hondo respeto: no porque sea más o menos manipulado que un, digamos, Somontano pretencioso. Es con qué intención se hicieron esas intervenciones, en qué plan, y con qué resultados.
Ana Herrera // Abril 16, 2009 a 11:15 am
Hola, Manuel: Enhorabuena por tu estupendo blog. Soy traductora y vivo en Barcelona (España). Te escribo porque estoy traduciendo el libro de Alice Feiring “The Battle for Wine and Love” al castellano, y buscando una palabra para traducir el famoso término “spoofulation” di con tu blog y vi que la llamabas “esperpentificación”. Me gusta la palabra, la encuentro muy acertada, y quería pedirte permiso para usarla en mi traducción. Te lo agradecería mucho. Yo no soy especialista en vinos, sólo aficionada, pero me encanta leerte.
Un saludo muy cordial.
Manuel Camblor // Abril 16, 2009 a 11:53 am
Felipe,
No sé, pero con respecto a ser más tolerante en cuanto a adiciones de tartárico (o, del otro lado, de azúcar) que en cuanto a otro tipo de adiciones o manipulaciones de invención más reciente, pues lo que estoy pidiendo es precisamente lo mismo que tú, que consideremos la diferencia entre una cosa y la otra y no le echemos todo en el mismo saco de “manipulación”.
De todos modos, dejo a María José o Mercedes López de Heredia que nos digan ellas mismas, si les apetece, las “manipulaciones” que puedan o no realizar que vayan a hacer que las generalizaciones de VS apliquen a sus vinos. Yo me limito a reportar sobre vinos que, como se dice en ciertas partes, han pasado de sobra la prueba del tiempo, manipulados o no.
Que no es algo que pueda yo decir de ciertos esperpentos puntistas en los que es mucho más evidente la manipulación.
M.
Manuel Camblor // Abril 16, 2009 a 11:55 am
Sebastián,
Espera a mi entrega del viernes y ya verás lo del cerasuolo. Por cierto, para más señas, la copa de la foto es precisamente de ese vino.
M.
Manuel Camblor // Abril 16, 2009 a 11:56 am
Gabriel,
Resulta sumamente conveniente cuando el terruño, quizás por mandato divino, se expresa óptimamente con lo que pide la moda, ¿no?:-)
M.
Manuel Camblor // Abril 16, 2009 a 12:02 pm
Hola, Ana. Bienvenida y gracias por tus gentiles palabras. Claro que puedes usar el término, aunque quizás, como individuo que ha sido acusado en ocasiones de traducir cositas, no sé si sea el más práctico en términos de no requerir mayor aclaración. A mí me salió originalmente la vallinclanesca por pensar en la spoofulation como un proceso que sobremaquilla hasta que el objeto maquillado se convierte en una parodia de su tipo.
Me alegra infinitamente que estés traduciendo el libro de Alice, que es una de las imprescindibles. Ya me había comentado que la traducían al castellano y sentía gran curiosidad por el proyecto.
Cualquier ayuda que necesites, no vaciles en avisar, que aquí estamos en la misma batalla por el vino y lo demás…:-)
M.
sibaritastur // Abril 16, 2009 a 12:32 pm
Felipe, podrías explicar el porque de tu razonamiento sobre : ” si lo que da honestamente la tierra, si la expresión más afinada de terruño, si lo mejor que se puede lograr es 15ºAlc… lo que yo creo es que hay que arrancar las parras y plantar higueras. Punto. No todo el planeta es adecuado para la vitis vinífera ”
Tengo curiosidad.gracias
Manuel Camblor // Abril 16, 2009 a 12:38 pm
Jorge,
Ya Felipe te explicará lo que él quiere decir específicamente. Es una posición que yo he compartido en muchas ocasiones, a partir de una idea que me diera en su tiempo el inigualable creador de aquella joya perdida que fue Wine Therapy, Robert Callahan. Robert proponía que una buena tajada de los supuestos “terruños nobles” de California en realidad servirían mejor para aguacates (o quizás él decía melones y lo de los aguacates fue sustitución mía, caribeño como soy) que para vitis vinifera. Es que, aunque la vitis vinifera es criatura de condiciones extremas, hay lugares que son “extremos” del modo erróneo.
Claro, no creo que se den bien los aguacates en Jumilla…:-)
M.
Jose // Abril 16, 2009 a 5:41 pm
Hombre Felipe, comparto contigo el criterio de que no toda la tierra cultivable es susceptible de dar vinos ni medio razonables y mucho menos grandes como algún enoconsultor pretende. No obstante el cultivo de vid en las zonas de La Manchuela, Jumilla o Utiel-Requena no es algo nuevo, si no que de un modo u otro forma parte de la historia enológica española.
Esto no quita que también tenga curiosidad por saber las cualidades (y calidades) a través del tiempo de los vinos que se producían; características, grado alcohólico, etc.
Saludos,
Jose
Manuel Camblor // Abril 16, 2009 a 6:18 pm
Jose,
Lo que dices es muy cierto. En todas esas zonas mediterráneas se hacía vino desde siempre. Claro, ahora con esto de los puntos les ha entrado la noción de que pueden ser “grandes vinos”, como lo que se premia comunmente es la potencia… Apelo a gente con mayor tiempo en el área, que recuerde los vinos que se veían en esas zonas allá en los cincuentas, sesentas, setentas… Obviamente, vinos enormes y rústicos, para diluir, o para reforzar ilegalmente vinos debiluchos en otros paises. Era más o menos el destino del vino algerino también, ¿no?
Una cosa curiosa en el artículo de VS es que nos atribuye a los “radicales” una base climatológica para nuestras preferencias, poniéndonos como descalificadores de los vinos de la Europa mediterránea y favorecedores de los vinos de la “Europa Fría”. Pero en muchas ocasiones he favorecido yo vinos de perfecto equilibrio y hasta elegancia, elaborados en zonas meridionales con climas cálidos. Y en ese nido de radicalismo que es Wine Disorder se ve mucha gente opinando de la misma forma de productores de vinos con cuerpo, pero a la vez con gracia y expresividad. Eso sí, a 15% en vino de mesa, no sé…
M.
Felipe Méndez // Abril 16, 2009 a 7:19 pm
José: si bien dudo de las potencialidades del sudoeste para producir grandes vinos (los monastreles de Jumilla me han parecido siempre unos reconcentrados de fruta más que vino), no puedo ni con mucho asegurar que sea terreno infértil a tal propósito. No tengo el conocimiento suficiente para asegurar tal cosa.
Lo que sí conozco es mi país. Y algunas cosas que he aprendido acá, se repiten, en mi experiencia, en otros lugares.
LA zona tradicional, todavía de lejos mayoritaria, de producción de vino en Chile, tinto, blanco, rosado o espumoso, es el valle central (véase http://www.rodrigoalvarado.com/libro.php#cap4). Ya sabemos más o menos todos que para blancos (y espumosos) no sirve. Y yo creo (aunque para la mayoría suene a anatema) que para la mayoría de los tintos, tampoco. Por supuesto que hay una enorme variabilidad de micro y mesoclimas a medida que uno avanza de cordillera a mar, y por supuesto que el piedemonte andino y el secano costero son zonas donde sin duda se obtiene vino del bueno (o, mejor, se podría obtener, y alguna vez se obtuvo), pero la vasta mayoría del valle, plano, cálido, irrigado, produce tinto corriente.
Bien: es precisamente en esa zona donde se asienta la tradición y la historia del vino en Chile. Y habrán cientos, por no decir todos, quienes digan que irse de esos sectores hacia zonas más frescas o menos fértiles sería sepultar una rica tradición centenaria.
Pero, de cierto modo, ya se ha hecho. Y sin dolor. Las amplias zonas de semillones y sauvignones que hace un par de decenios generaban la gran mayoría de los “abordelados” blancos del pasado, desaparecieron. Se fueron a Casablanca. ¿Y por qué?: porque se vende mejor.
¿Y si comenzara de pronto a venderse bien el tinto de Itata (150Km al sur de las tradicionales zonas productoras), más fresco y especiado? Por supuesto: nos vamos todos para allá. ¿Y la tradición y la antigüedad? Bien, gracias.
A lo que me refiero: que una zona sea muy antigua no garantiza nada. Puede significar calidad lo mismo que un largo error. No estoy diciendo que Jumilla, Utiel-Requena o cualquier otra zona sea en sí misma mediocre. En general, los mediocres son los productores y no la tierra. Pero sí creo que la viticultura tiene mucho de ensayo/error, y muchos errores no han sido aún corregidos. Principalmente por falta de fondos.
iglegorburu // Abril 17, 2009 a 1:52 am
Desconozco un poco el tema concreto de Jumilla, pero en el caso de Manchuela…decir que el “terroir” de la zona lleva implícito que se produzcan vinos por encima de 14 grados alcohólicos es, cuando menos, bastante discutible. De hecho, adquieran botellas de Manchuela algo con algunos años y verán que los grados alcohólicos oscilan entre 12,5% y 13,5% alc.vol.
El tema de los 14, 14.5 y demás es posterior…
Si quieren hablamos del aumento de grado debido a prácticas vitícolas y enológicas, pero eso sería otro tema.
Un saludo
Manuel Camblor // Abril 17, 2009 a 7:03 am
Iñaki,
No creo que sea “otro” tema lo del aumento de grado en base a prácticas vitícolas. De hecho, es el mismo tema. Es exactamente a lo que me refería cuando hablaba de decisiones humanas interviniendo para hacer de esos 14 ó 15% la “nueva normalidad”, aunque la evidencia histórica indique que eso antes no era particularmente normal.
O sea que hablemos, hablemos…
M.
sibaritastur // Abril 17, 2009 a 7:08 am
osea que no os gusta en general que el vino tenga 14 % o mas grados?. A mi me gustaría saber el por qué de esa postura.
Manuel Camblor // Abril 17, 2009 a 7:39 am
Jorge,
No quisiera bajo ningún concepto que pensaras que estoy hablando por los demás. Lo que diré a continuación vale exclusivamente para mí y es expresión de mis proclividades personales.
Cierto es que tiendo a preferir vinos de grado alcohólico significativamente menor que ese 14% que pones como punto de partida hacia lo objecionable. Esto quizás es porque me inicié en el vino hace ya más de veinte años y dí aquellos primeros pasos que me marcaron para la vida entera en épocas en las que los vinos de mesa (ojo, no incluyo aquí fortificados de ningún tipo) cargaban entre 11.5 y 13% de alcohol como “lo normal”.
Bebí muchísimos vinos excelentes, no sólo de la “Europa Fría”, como le llama VS, sino de todas partes (incluyendo a California, Australia, Argentina, Chile y toda Europa, de norte a sur, este a oeste), que lograban perfecto equilibrio, frescura, estructura y hasta longevidad con una graduación mucho más modesta que 14%. Puedo hablarte, por ejemplo, de tremendos châteauneufs de los ochentas y noventas, de nombres reconocidísimos, que cargaban sólo 13% y eran deliciosos. O de italianos meridionales que lograban lo mismo. Y estuve metido en el Ribera del Duero hasta el cuello cuando aún no era DO, siendo amante de Vega Sicilia y Pesquera casi desde el principio de mi afición; puedo dar fe de que aquellos vinos antes no cargaban el 14 y pico % tan común en los riberas de ahora.
O sea que quizás atribúyeselo en gran medida a mi formación como enochalado. También es que soy más bien minucioso a la hora de mis placeres. Me fijo mucho en brillos y detallitos, que tienden a perderse mientras más grandes y pesados son los vinos. O sea que un mamut de 15% de alcohol y negruzco y opaco de capa puede que no tenga mucha oportunidad conmigo.
Claro, no es que vaya a negar la posibilidad de que se pueda lograr un vino de 13 ó 14.5% con equilibrio y hasta cierta gracia. Son los menos, pero eso puede ocurrir y cuando me encuentro uno, lo proclamo. Claro, ahí tenemos que ponernos a considerar si no son lo que son PESE a ese alcohol, lo que haría al alcohol mayor algo que puede considerarse un pasivo, un defecto.
No sé si estás enterado de que en algunos paises los vinos fortificados pagan impuestos mayores en base a su mayor grado alcohólico. Es una regla que parecería tonta, inaplicable, en estos tiempos cuando tanto vino supuestamente de otra categoría carga lo mismo que muchos fortificados tradicionales como, digamos, ese fino u oporto que menciona VS en lo del jumilla.
Las leyes de otros paises nos las tomamos con una espolvoreadita de sal. Pero da que pensar que estos vinos de 15% carguen el mismo alcohol, sin ser fortificados, que algunos fortificados naturales. Puede que yo sea simplemente preso de categorías obsoletas, pero creo que no, al menos en cuanto a la obsolescencia, si mi experiencia diaria vale de algo.
M.
Jose // Abril 17, 2009 a 8:31 am
Iñaki (et al), pero ¿cómo cuantos años? Me siento un poco abogado del Diablo, pero si actualmente estamos en un pico en el que se premia (o algo así) el grado alcohólico bien pudiera ser que ese otro ejemplo que citas pudiera corresponder a un lapso de tiempo en el que se hiciera lo imposible por obtener vinos con grados alcohólicos menores, pues pudiera ser lo que estaba de moda. Al fin y al cabo era práctica común el hacer vinos que imitasen el estilo de Rioja en aquel tiempo y allí sí parece que lo habitual eran vinos con grados alcohólicos más contenidos.
A mi juicio, y bien puedo estar equivocado, habría que observar que era lo habitual dentro de un lapso histórico lo más extenso posible y no ciñéndonos a un marco de los últimos 15 años.
Con respecto al gusto por vinos tranquilos que no tengan alta graduación alcohólica, y como otra objeción residual a lo indicado por Manuel. Notemos que con esa graduación, y con la finalidad de que este alcohol no sea lo más observable del vino, no queda otra opción que bajar la temperatura del mismo para su consumo. Con esta bajada de temperatura los distintos matices que pueda tener el vino pasarán desapercibidos. Esto en el caso de que los tenga, pero suele ser complicado (por ser amable y no decir imposible) el encontrar matices, finura, elegancia, dimensionalidad, etc, en vinos de según qué maneras y graduación.
Saludos,
Jose
iglegorburu // Abril 17, 2009 a 8:38 am
Jorge, no es cuestión de reducir todo al grado. Es un equilibrio de varios factores. Hay vinos de 14 o más grados soberbios dentro incluso de los vinos sin fortificar. ¡Qué decir por ejemplo de algunos de Henri Bonneau!Solamente digo que en Manchuela este asunto es más reciente…
En mi caso no es que ponga una barrera y que diga, todo por arriba es malo (pruébate algunos Amarones) y todo por abajo es bueno. Es el equilibrio grado (azucar) frente a acidez + amargor lo que da el conjunto. Cuando algún término de esa ecuación bidireccional se desvirtúa (ya sea arriba o abajo)…pues falla el asunto.
Manuel, pregunta por las relaciones N, P2O5, K2O del suelo y si se han hecho estudios geotécnicos al respecto. A partir de ahí, el vigor de las plantas, la maduración fenólica, la gluconométrica…todo se desvirtúa. No es lo mismo el vigor de un patrón 41B, que de un SO4, o de un R110, o el de un determinado clon de variedad frente a otro clon diferente, y claro, la relación con el grado ahí se da…
Un saludo
Manuel Camblor // Abril 17, 2009 a 9:52 am
¡Ay, Pandorita, que trajiste la cajita!
Creo que debemos introducir perspectiva histórica a todo esto.
Podría decirse sin temor a equivocarnos que todo un sector del negocio de vino bordelés en el s. XIX y principios del XX estaba dedicado a “mejorar” el grado alcohólico de los vinos “hacia arriba” para satisfacer las exigencias de determinados mercados (notoriamente el británico).
Así, en una época en la que los vinos eran embotellados no por las bodegas, sino por los negociantes que los comercializarían fuera, ocurría que ciertos negociantes “reforzaban” sus vinos de Burdeos con otros mucho más fuertes provenientes del Ródano, Languedoc, el Norte de Africa o España.
Claro, esta adulteración se les hacía deseable porque las prácticas viticulturales de la época daban graduaciones alcohólicas muy bajas y colores muy pálidos. Pero me costaría mucho creer que el grado hacia el que buscasen compensar fuese mayor de 13%. Sencillamente, el paradigma de “vino de mesa” era muy distinto a lo que se ha impuesto en los últimos veinte años.
Atribuyamos la razón a prácticas vitícolas o enológicas, a deseos de satisfacer a críticos de gusto cuestionable, a calentamiento global, o lo que sea… El caso es que nos encontramos ante un paradigma distinto, en el que lo que se dice sobre un vino tiende a conferirle al vino más “equilibrio” entre un número de consumidores que la estructura del vino per se.
Aquí podría insertar todo un nuevo hilo sobre como algunas regiones están pasando de lo sublime a lo ridículo, justificando graduaciones altísimas en sus vinos “top” de manera puramente verbal. Es el caso de muchos “Vinothek” y cuvées “de autor” austriacos, por ejemplo, como un F.X. Pichler Grüner Veltliner “M” que reseñé no hace mucho, con 14.5% abv y un desmadre de intensidades que se me hizo insoportable. La proliferación de este tipo de vinos ha llevado a muchos entendidos en vino austriaco que me sé a preferir, en el Wachau, por ejemplo, pedirse Federspiel en vez de Smaragd… Y estamos hablando de LA MISMA REGION.
Iñaki, ese tipo de preguntas te las dejo a ti o a SFJoe o al Dr. Cohen, que manejan tan bien los términos técnicos. Yo fui de letras y la química de secundaria me costó un trabajo infernal. Aunque entiendo a lo que te refieres (hay elementos químicos en el suelo que, en efecto, pueden potenciar ciertas cosas en determinados clones de X variedad), me parece que carezco de las herramientas para llevarlo a un lenguaje comprensible por todos sin equivocarme o dejar de lado algún elemento crucial.
Perdonen las digresiones, pero quizás sean útiles a la larga.
M.
Felipe Méndez // Abril 17, 2009 a 9:56 am
Sibarita asturiano: con respecto a tu pregunta acerca del rechazo (parcial) a vinos de alto grado, te recomiendo lo siguiente: compara.
Pon en una mesa concurrida y con cierto interés /afición por el vino, algunos tintos ligeros (de España puedo pensar en Crianzas de Riojas clásicos, Hondarribi beltza vasca, Mencías de año frío…) junto a otros pesados y de alto grado (puedo pensar en tantos…). Y fíjate cuáles se acaban y cuáles no. No falla.
jesus, etc // Abril 17, 2009 a 1:06 pm
Alegar razones históricas no deja de ser una estupidez que nos llevaría a repetir errores. Ahora bien, si, lamentablemente, hemos llegado a estar tan desnortados que hasta Don Victor pretende recuperar la ropa que perdió mientras nadaba…
Lo que quiero decir es que sólo contamos con nuestro juicio de hoy y con lo que hoy cae en la copa para poder construirnos el gusto. No podemos saber con exactitud qué se bebía antes, cómo de bueno o de malo estaba. Quizá alguna botella del reciente medio siglo nos permita hacernos una idea, pero no sabemos a qué sabía cuando comenzó su vida comercial (porque ya no somos los mismos o porque simplemente no estábamos allí). Esos delicados geranioles de algunos blancos parecen deberse al ácido sórbico que se utilizaba en bodega como método sanitario y no vienen de la moda puntística… ni de la viña. Los que sepan (Iñaki…) que nos cuenten.
Y no sabemos cómo de bebibles resultaban los lafite de 9º (¡”a la inglesa”, marchando!), ni los corton y volnay de 15º (¡seven-up, please!) …del siglo XIX (ver:
http://blogs.larioja.com/vinoconsalypimienta/2007/4/24/vinos-tintos-concentrados-todos-naturales- )
Pero, pero, pero, me parece muy sospechoso ese “hay lugar para todos”, porque De la Serna habla de “vinos de viña” vs. “vinos de bodega”, Manuel, …pero no hay vinos de la viña, los vinos se hacen en la bodega siempre. El trabajo de la bodega (“menos es más”) es el que pone el marco del terroir. En la ecuación de De la Serna, la palabra “bodega” me parece que enmascara otra cosa, quizá “dpto. de marketing”, “laboratorio”…
En fin, aviso a bodegueros: si a lo que somos fieles es al dinero, pues no nos justifiquemos; pero si la vocación que tenemos es la del vino, entonces cultivemos el gusto antes de hacer y decir cualquier cosa.
Manuel Camblor // Abril 17, 2009 a 1:27 pm
Jesús,
Lo del corton 1858 de 16% ya me chocó en su momento y la verdad es que es un dato del que siempre he buscado una explicación. Si inventáramos la máquina del tiempo y pudiésemos ir a su época quizás nos sorprenderíamos mucho de la explicación que nos darían. No sé, ¿”calentamiento global”?
http://www.amazon.com/Little-Ice-Age-Climate-1300-1850/dp/0465022723/ref=pd_bxgy_b_img_b
El tratamiento “a la inglesa” es un tema que siempre me ha provocado gran interés. Algunas veces he probado burdeos de principios del s. XX embotellados por negociantes británicos, secretamente esperando toparme con algo que me dé una idea clara de a qué sabía aquello… Pero hasta ahora nada. A menos que yo no haya sabido interpretar el asunto y los “tratantes” hayan sido unos verdaderos genios.
En cuanto al “hay lugar” de VS, pues él tendrá que explicármelo. Comparto plenamente la precisión que haces de que el vino al final se hace en la bodega y lo de “hacerlo en el campo” es bastante figurativo. Puedes tener la mejor fruta del mundo, que las decisiones que tomes como vinatero serán las que dictarán si haces de ella un buen vino o no.
A mí me están incómodas estas categorías polarizantes que utiliza tan libremente VS, como digo en la entrada arriba. Hay “manipulación” y hay “manipulación”. Abogar por un “no intervencionismo” total sería abogar por no hacer absolutamente nada, y a veces es necesario hacer algo. Es en lo que se decide hacer que está la clave.
M.
Manuel Camblor // Abril 17, 2009 a 1:30 pm
Ah, posdatica…
Bueno que me remitieras de nuevo a esa entrada antigua de Pepe Hidalgo. Mucho del tráfico que viene aquí lo hace a través del enlace que queda a este blog en lomejordelvinoderioja.com, o sea que sería razonable esperar que alguien responsable de ese portal me lea. Es impresionante la cantidad de spam, flames y mensajes completamente sin sentido que están acumulándose en las entradas viejas de los blogs de allá. Debieran hacer limpieza.
Por cierto, a la otra versión de La Otra Botella escribe mucho chino últimamente. En chino. Recibo las notificaciones de los comentarios, pero he olvidado mi login.
M.
jesus, etc // Abril 17, 2009 a 1:55 pm
El saber ocupa lugar, contrariamente a lo que se pensaba, así que da por bueno haber olvidado el login. (Acabo de pasarme para ver lo que dices, y vaya, el palimpsesto mantiene tu dignidad a pesar de las capas de chino, pero es cierto que el hospedero debería mantener el sitio limpio).
…Si nos hubieran hablado de basura virtual hace 20 años no sé si habríamos podido imaginarlo.
jesus, etc // Abril 17, 2009 a 2:02 pm
Se me olvidaba, lo de Corton: lo llamtivo del dato no es tanto el grado en sí, que pudiera más fácilmente otorgarse a casualidades climáticas, como el contraste con los datos del mismo año en Burdeos, lo que echaría abajo esa posiblidad, supongo. Se me ocurre pensar (ignorándolo todo de la historia del momento y lugar) en alguna explicación más bien sociológica ¿quién consumía aquellos borgoñas? ¿compartían mercado con los bordeleses? ¿las castas predominantes eran las actuales (doy por sentado que en burdeos no)? ¿Tuvo Robert Parker algún antepasado en aquella región? ;P
Jose // Abril 17, 2009 a 2:59 pm
Jesús, a mi juicio la perspectiva histórica nunca está de más, aunque sea porque somos lo que somos por nuestro pasado. Al menos así podremos saber si rompemos con él o tiramos pa’lante con lo que tenemos
Manuel, fíjate que la referencia histórica que nos propocionas es de aquello que llegaba, esto es, la visión del destinatario, sin embargo en este caso nos queda coja la visión del emisor del vino. Por otro lado no creo que el 100% de la producción se destinara a ese uso, algo se beberían antes de salir del puerto
Saludos,
Jose
Manuel Camblor // Abril 17, 2009 a 3:40 pm
Jesús,
En Burdeos las variedades predominantes eran otras que hoy son minoritarias. En Borgoña eran las mismas de hoy. El mercado de Burdeos era mayormente externo. El mercado de Borgoña era mayormente doméstico, con exportación muy leve en el s. XIX.
No quiero ni pensar en los ancestros de Robert Parker. Me imagino que no bebían vino.
Y mi disco duro tiene una extraña manera de depurarse cada cierto tiempo. “Borro” información que no volverá a serme útil como quien borra un viejo sistema operativo. Quedarán vestigios, pero el grueso se va solito.
Jose,
Si hablamos de Burdeos, el contexto histórico sí que ayuda. Lo mejor que puedo ofrecerte es:
http://www.amazon.co.uk/Winemasters-Bordeaux-Nicholas-Faith/dp/1844425002/ref=sr_1_27?ie=UTF8&s=books&qid=1239997105&sr=1-27
Si hablamos del Levante español, pues ya no tengo bibliografía y me cuesta creerme mucho de lo que se dice hoy.
M.
Jose // Abril 17, 2009 a 3:47 pm
Por supuesto que ayuda Manuel, no me debí explicar bien. Quería decir que sólo con esa parte del cuadro total nos quedaba el asunto un poco cojo. Algo así como hacernos la idea de la voz sólo por el eco y medio.
Saludos,
Jose
jesus, etc // Abril 17, 2009 a 4:15 pm
Jose, perspectiva histórica sí, justificación histórica no.
Igual hay razones para no procurar un vino jumillano(*) de menor grado, a: porque tiene demanda, b: porque está equilibrado, c: otras…
pero desde luego que no valen que, d: siempre se hizo así luego tiene terruar, e: a nadie le parece mal un oporto de 16.
Manuel, me gustaría abundar en lo de los trabajos a la inglesa: yo no les veo problema alguno. No me importa mostrar aquí una postura poco ferviente con lo que quiere parecer “terroirista”. Lo que me interesa en el vino es el resultado de un buen hacer, honesto. Honesto es el origen del Oporto, resultado de un hacer posiblista. ¿Hay mucha diferencia entre un “trabajo a la inglesa” a la cuvé que junta garnacha de la rioja baja con tempranillo de la sierra de cantabria? Si todo es transparente y el resultado es convincente y adecuado a una demanda… no problemo.
A mí me parece que todo intercambio de argumentos de este tipo (los que se proponen en el artículo de Victor) se resolverían si la demanda, o sea, los bebedores, tuvieramos el gusto mínimamente cultivado, y no tan jibarizado.
(Y llegados a este adjetivo, puedo evitar caer en la tentación de acuñar la palabra “jibaritas” para los fachionvíctims del vino. Igual hasta la tiene registrada Peñín
)
Bueno, arriba dejé un asterisco (*): ¿será casualidad que sea jumillano el casi-vino experimental ese de 6,5 º? (digo “casi” porque no es legalmente vino, pero lo es en un 99%)
Gabriel Haro // Abril 17, 2009 a 4:22 pm
Amigos:
La zona donde yo vivo, La Manchuela, como Jumilla tienen un pasado comun que es la venta de granel. En estos sitios por desgracia no habia una parte de la sociedad que tuviese miras de elaborar vinos para ser embotellados, y buscar mercado. Por tanto estas zonas no son validas para buscar comparativa con los clasicos riojanos, lo unico que puedo decir, que muchos vinos que se producian aqui, iban en parte a ciudades como Valencia.
Por otro lado, achacamos la culpa a el Sr Parker, pero esto es asi realmente, este señor tambien es parte integrande una sociedad, que les gusta este tipo de vinos, para mi son expectaculares, pero no son vinosos. Este adjetivo, no se significa realmente como el termino “vinoso” del mundo de la cata, en este caso es como en musica, musicalidad, carente de cierta naturalidad, que permite un mayor disfrute.
Gabriel.
jesus, etc // Abril 17, 2009 a 4:24 pm
Manuel, cuando empecé a escribir mi última intervención no había leído aún tu contestación (se cruzó la cena de los peques).
Parece lógico pensar que el consumo doméstico de aquella borgoña tuviera relación con su mayor grado, pero ¿cómo? Resulta muy llamativo, especialmente con una casta perfectamente adaptada y que hoy da graduaciones inferiores ¿gusto adquirido de elaborados tardíos y defectuosos?
Jose // Abril 17, 2009 a 4:31 pm
Jesús, indudablemente la reiteración de un error durante años no lo convierte en acierto por mucho que se empeñe nadie, pero no me parece razonable que nos olvidemos del pasado.
Si lo hacían mal, podremos comprender cómo hacerlo bien. Si lo hacían bien… ya veremos cómo hacerlo mal!
Saludos,
Jose
jesus, etc // Abril 17, 2009 a 4:55 pm
¡Jose, que en ningún momento he dicho que haya que olvidarse del pasado! Son las “razones históricas” las que no me parecen razonables, (y sí histéricas [sic])
Manuel Camblor // Abril 17, 2009 a 4:58 pm
Jesús,
Pues en realidad no sé exactamente a qué pueda deberse ese alto grado en el corton y los demás borgoñas de 1858 que cita el artículo de Pepe Hidalgo. No me parecería que se trató de algo demasiado consciente o de ninguna tendencia enológica, pues en aquellos tiempos la viticultura borgoñona estaba muy ritualizada. Recordemos que se vendimiaba cuando había permiso de las autoridades y que ningún viticultor embotellaba su propio vino, sino que vendía uvas o vino hecho a negocios que lo movían más para alante en París, o donde fuera. Incluso, los terratenientes en algunas direcciones sencillamente conservaban el vino para consumo propio, o para compromisos sociales-políticos. O lo vendían todo en un lote a alguien. Era una dinámica muy distinta y creo que debemos desasociarnos de la actual antes de ponernos a pensarla.
De todos modos, quisiera ver la documentación original sobre ese análisis de alcohol. Es que me resultan demasiado bárbaros esos niveles. Sólo puedo imaginar una cosecha de satánica canícula o, quizás, alguna adición de alcohol de otra parte a los vinos como explicaciones.
Tendría que pensarme muy bien eso tuyo de equiparar el trabajo a la inglesa con las cuvées pluricomarcales de los riojas clásicos. En el caso de esos riojas, al menos todo era vino…
Y no confundamos el impulso terroirista con el del no intervencionismo, o con ese hijo bastardo que le ha salido a los dos, que es mi nueva onda de diferenciar lo que es manipulación legítima y lo que es mera spoofulation.
M.
Manuel Camblor // Abril 17, 2009 a 5:04 pm
Gabriel,
Aunque retorcidamente, tu punto es uno al que quería llegar: Los elaboradores de vino en muchas zonas mediterráneas españolas, por sus circunstancias históricas, tienen escasísima tradición en lo de hacer y embotellar vinos de calidad para el mundo mundial. Como bien dices, hasta no hace mucho, todo (o casi todo) era granel. Aunque hay en esas zonas mucha sabiduría ancestral en cuanto a agricultura, creo que no debemos perder de vista que este momento de evaluación de vino con puntos y de grandezas fabricadas por uno o dos críticos es cosa bastante reciente.
M.
Jose // Abril 17, 2009 a 5:11 pm
Me temo Jesús que malentendí tu post inicial relacionado con ese hilo argumental. Disculpa.
No creas, que ese argumento de “ejque aquí siempre se ha hecho así” me lo tengo que tragar varias veces al día muy a mi pesar :-/
Saludos,
Jose
Jose // Abril 17, 2009 a 5:14 pm
Gabriel, ¿cuándo se produjo el paso de granelismo a vino embotellado de calidad? y sobretodo, ¿cómo?
Por otro lado y con respecto a Parker/(the fake) Miller/Peñín o cualquier otro crítico, siempre suelo decir que ellos no son lo malo, si no quienes les ponen en el altar. Como en la vida cotidiana lo malo no son los tontos, si no que lo son los idiotas que les jalean y les bailan el agüa.
Saludos,
Jose
Manuel Camblor // Abril 17, 2009 a 5:17 pm
Jose,
Espero que Gabrielillo rectifique si me equivoco, pero creo que el pionero del vino aspiracional en la Mancuela fue el mismo VS con su Finca Sandoval…
M.
Gabriel Haro // Abril 17, 2009 a 5:23 pm
Apreciado Jose:
Los dos sistemas conviven actualmente, y creo que lo haran durante mucho tiempo. Si no me equivoco se emezp a embotellara finales de la decada de los 80, o a muy principios de los 90.
Te puedo decir que en mi zona tampoco ha variado significativamente el periodo de vendimias, si ha sufrido alguna es por las llamadas variedades mejorantes. Fijaron en este enlace que muso Juan Carlos Somalo en el caso de Rioja.
http://www.larioja.com/20090415/rioja-region/grado-calidad-vino-20090415.html
En cuanto a esto de los embajadores del vino, Manuel un dia me respondio tambien muy bien, diciendome algo parecido como, que ellos y el mercado se necesitan mutuamente.
Un saludo
Jose // Abril 17, 2009 a 5:24 pm
¡Carajo! pues mira que me vale que VS fuera el introductor de pretenciosidad en la zona, pero que supusiera punto de inflexión entre el granelismo y el vino embotellado y de calidad puede hacer que me tenga que sujetar los gayumbos para que no me caigan a plomo =8-O
Jose
Jose // Abril 17, 2009 a 5:28 pm
Bueno Gabriel, al fin y al cabo en España se produce granel en casi todas las zonas productoras (o quizá en todas, sin el casi).
Me resulta curioso el dato temporal que aportas. Pensaba que llevaría muchísimo más tiempo consolidado el comercio del vino más allá del granel. 20 años no es demasiado tiempo, a mi modo de ver.
Saludos,
Jose
Gabriel Haro // Abril 17, 2009 a 5:33 pm
Jose, claro que es muy cierto lo que dices, quizas en Jumilla si preguntasemos, si son honestos no variarian mucho su respuestas en cuanto a la epoca de embotellar vinos. La unica zona que yo sepa en la provincia de Albacete que llevan mucho mas tiempo seria la de Villarobledo, con la marca Estola.
Saludos
Laureano Serres // Abril 17, 2009 a 6:35 pm
Pues ha dado de sí el asunto, y más que creo que puede dar. No quisiera parecer lo que no quiero ser pero…
me gusta este blog porque se discute y habla hasta la saciedad. Se exploran caminos paralelos y se escribe, y mucho.
Me ha llegado al alma lo de Felipe en cuanto a que somos bastante mediocres respecto a la naturaleza. Creo que ahí está el punto de todo. El vino es el vino, el dinero es el dinero y los puntos son los puntos.
Puedes trabajar por el vino, por el dinero, por los puntos o por lo que sea. Uno de los momentos mágicos los tuve cuando leí algo de Manuel referente aque el terroir de la Borgoña lo experimentó cuando se cayó de bruces en una viña sin tiempo para poner las manos.
Si trabajamos con el vino, todo lo demás no existe, sale el grado que hay, del año. Mediterráneo, fondillones de Alicante, viñas calientes, pero no tanto si las plantamos al lado de los ríos producen más, pero no llegan a diez, a 20 kilómetros viñas de monte pobres, poco abono, quizás ‘mesquita’(lo que se cagaba en casa), y catorce y quince, que venía un listo y lo juntaba con uno de 9 y ya está el 12 mágico.
Cada vino debe tener el grado que da su tierra, y lo tiene, y esto es lo que ha pasado siempre. En el año 1980 nadie se escandalizaba si en una de las primeras botellas de la Terra Alta ponía 15 grados. Sin barrica, que no se había ‘inventado’ y en cemento. Claro que no todos los años, todos los campos y todos los trabajos sobre esos campos dan el mismo grado. Por ponerme de ejemplo,vendimié el año pasado a 11,5 cuando lo normal son 13,5 (alcohol probable, ahora ya real) debido a un ataque de mildiu que impidió buena parte de fotosíntesis, es lo que hay.
Claro que lo que hay es que hay mucha hambre de dinero, de puntos, y si me apuráis, de clicks ya. pero, bueno, como ‘hay lugar’…a ver si me dejan entrar a ver esa película…
Veremos mundos…como el de Blade Runner.
Por cierto, por lo que me podría implicar, la palabra radical me gusta…Productores de Vinos..Radicales (PUR-que en catalán és puro (cubano)). Y por eso digo respecto a Manuel lo de las manipulaciones, nos entendemos, hasta un niño pequeño lo entiende, pero hay algunos que no quieren entenderlo. No se debe manipular la naturaleza, ni en el campo ni en la bodega, para obtener un producto, al menos, puro.
Salut.
Manuel Camblor // Abril 17, 2009 a 7:46 pm
Laureano,
En realidad no es que tenga un propósito de escribir mucho. Más bien me sale así. Ya sé que hay algunos que sospechan una patología detrás de todo esto, pero la verdad es que la única que tiene es que escribo “en directo” y cuelgo las cosas sin ponerme a editarlas.
Mi problema con lo de los vinos de alto grado, si quieres que te sea completa y brevemente sincero, son los puntos. Lo digo porque en estos tiempos, con esa medida escalar, el concepto de “gran vino” ha perdido demasiado. Sencillamente, en esa escala, no puedes medir la inmensa cantidad de variables que influyen sobre la calidad de un vino en cualquier momento, incluyendo las humanas tanto a nivel de elaboración como de consumo. ¿Cómo equiparar la grandeza particular de dos vinos completamente distintos con el mismo número? Creo que ahí, en ese epistema tan idiota, es que está la clave del problema. Aunque pretendamos que un Lafite 1966 saca X puntos qua Lafite y un Harlan reciente saca los mismos X puntos qua supercabernet de Napa, en realidad el número sólo sirve para distraer y hacer que dejemos de lado un montón de otras consideraciones. Al final, he ahí el mojón mental que indica a hordas impensantes la distancia hasta donde llega el vino.
Parecerá exagerado de mi parte localizar tanta culpa en lo de los puntos, pero creo que sí, que es en esta estupidez escalar que está la raiz de toda esta especiosidad.
No sé si yo tendré ansia de clicks. Pero esto está muy activo. A ver si se avivan otros temas y, sobre todo, si alguien va y le avisa a VS que su artículo ha provocado una discusión con cierto nivel de sensibilidad e inteligencia, a ver si se olvida de viejas actitudes y de verdad le entramso al tema.
Oye, y hablando de fondillones: ¿Y el tuyo, seguimiento de aquella tradición de tu padre de la cual me presentaste tan precioso ejemplo aquella vez en Madrid?
En cuanto a lo de “radical”. pues a mí también me gusta la palabra. Es bonita. Suena bien. Tiene hasta cascabel al final. El problema es la implicación que intuyo cuando la usa VS. Porque ya sabes, todo lo demás es dogma and you can’t Torquemada anything…:-)
M.
Felipe Méndez // Abril 18, 2009 a 2:23 am
Los puntos son la raíz de todo. Ya.
Y la raíz de los puntos? Qué subyace ahí? Claro, los inventó Mr. P., pero regaron la plantita luego tantísimos.
Pues en este mundo circular, donde todo es causa y efecto, llegar y decir que los puntos son la raíz de todos los males, con perdón mi amigo, me parece reduccionista.
Si fuera tan simple, este blog, o cualquier otro, estaría terminado con el primer hilo. Suerte que no.
Manuel Camblor // Abril 18, 2009 a 8:29 am
Felipe,
Nunca nada es simple. Pero puedes encontrar “raíces” de problemas, sismos que provocan tsunamis, monos detrás de hombres, teorías fallidas detrás de otras que surgieron en reacción a éllas y que sí funcionaron… No quiere decir que el razonamiento pare en ese punto que identificas como “momento de transformación” y la verdad es que a veces, he de decírtelo, me maravillo ante ese tono que asumes. Se siente uno un poco “talked down to”.
Me aventraré a decir que haces una lectura demasiado literal de algo que digo y que acabas siendo tú el “reduccionista”, y no te me vayas a ofender, querido amigo.
Resulta que me refería a que la noción de los puntos, o sea, de valorar el vino en una escala numérica, tiende a favorecer a priori cosas que más o menos se dejen medir numéricamente, o sea, color, intensidad, etc. O sea, tiende a enfocarse en unas cuantificaciones bastante especiosas.
Es obvio, eso sí, que la raicita de marras se complica, pues está la noción de que hubo gente lo suficientemente tonta como para conferir legitimidad a un sistema evaluativo tan ridículo. Y no digamos nada de los pobrecitos que se han ido comprando la cosa después, aún cuando hay bastante discurso convincente por ahí contra…
El que la idea de evaluar numéricamente el vino haya tenido la pegada que ha tenido ha sido uno de esos oscuros milagros oscuros de la cultura de masas. Y ha afectado profundamente no solamente la manera en que el vino se percibe “acá afuera”, sino la forma en que se hace, lo que se busca al hacerlo, los paradigmas de “gran vino”.
Si piensas bien la cosa, es ahí donde ha ocurrido la “democratización” del vino, de la forma más perversa. Más que hacer muchos vinos diferentes y excelentes a la mayor cantidad de gente posible, lo que ha pasado es que, gracias a la noción de que todo son numeritos, se ha chapeado el campo de juego y ahora cualquiera puede venir con cualquier vino y tener–dadas las circunstancias correctas, que todos podemos imaginas cuales son–una oportunidad nada despreciable de tener un vino con muchos puntos, o sea, un “gran vino” dentor del nuevo esquema de las cosas.
No digo yo que mis protestas serían cero si eso hubiese llevado a que pudiésemos descubrir miles de terruños otrora ignorados, si hubiera de verdad abierto la puerta para que vinos que no cumplían con ser de los aristócratas de siempre pudiesen convencernos por sus propias virtudes. Hasta ahí me tendrían más que entusiasta. Pero todos sabemos lo que ha pasado.
No me canso de decirlo: El vino es tan complejo como la vida misma. Cada tema que abordamos dentro de él tiende a desdoblarse, a mostrarnos cosas que nuestros antepasados fueron, que nosotros somos o no somos, posibilidades, verdades irrefutables por ser inefables… Recuerda que uno está en la obligación de señalar problemas y buscar sus causas. Eso no quiere decir que lo que hace sea una investigación forense en la que, tras llegar a “la raíz”, no hay más. Si he señalado un movimiento tectónico en la cultura del vino, que la ha desvirtuado hasta convertirla en esto que es ahora, creo que es irresponsable quedarnos solamente en eso y no lo he sugerido JAMÁS. Analicemos las diferentes dinámicas que hacen atractivo un sistema a todas luces ilógico y seguro salimos de aquí mejor.
M.
Jose // Abril 18, 2009 a 1:08 pm
Cada día (y cada hora) que pasa más me convenzo de que el uso de los puntos no es si no la confirmación de la limitación. Una y otra vez se (nos) vende la idea de que el uso de los puntos es lo que el público/mercado quiere y anhela para facilitar el acceso a esto del vino y para saber qué se cuece en cada añada. Se vende el que dado lo “limitaditos” (¿borderline Manuel?) que son los consumidores (y por Dios, por la Patria y el Rey, que nadie confunda consumidor con bebedor) hay que darles las cosas sencillitas para que no se hagan un lio al caminar y masticar chicle a la vez.
Bien, pues cada vez me convenzo de que el uso de los puntos no habla más que de la limitación e incapacidad del ‘escribidor’ de turno, que no viéndose capaz de salir de los clichés enogramaticales de turno, listado de descriptores al uso y corsé de opinión no encuentra más salida que utilizar un arbitrario baremo de puntos.
No son los bebedores quienes necesitan los puntos, si no los críticos quienes se quedan sin oxígeno si no los utilizan.
Saludos,
Jose
Manuel Camblor // Abril 18, 2009 a 1:32 pm
Jose,
Gracias por tirar hacia la ruta por la que quería ir. El problema mayor, del que la dependencia de los puntos es meramente un síntoma, es ese deseo de simplificar placeres complejos. Siempre me ha dado mucha risa cuando alguien se me confiesa “amante apasionado del vino” y a la vez seguidor de alguno de esos gurús simplificantes que dan lso puntos y los rankings. Al menos hasta donde puedo yo ver, ninguna pasión verdadera es sencilla. De hecho, en abrazar la complejidad radica el principio de la pasión por un tema.
M.
javier // Abril 18, 2009 a 2:23 pm
Me he puesto al día con esta entrada y con los comentarios y ha sido de lo más interesante. Hay dos puntos en los que me queda claro algo de lo que se ha expuesto:
Uno tiene que ver con la idea de tener que arrancar las vides en aquellas zonas donde el grado alcohólico supere un cierto nivel. Esto no daría lugar a la propuesta de tener que arrancar las vides (y plantar perales y manzanos?) en aquellas zonas que han requerido chaptalización? O estamos pensando “a mi me gustan los vinos de 12.5% y por lo tanto es lo que vale, y los de 14.5 para arriba no los debe producir ni tomar nadie?
El segundo: se ha hablado de graduaciones alcohólicas que “históricamente” se han asociado con cierta región (ejemplo Jumilla, Bordeos, Borgoña) y cómo supuestamente éste grado alcohólico ha aumentado en los últimos tiempos. Y se ha postulado algo así como que hay una graduación alcohólica bastante específica que refleja lo que una región puede producir de alcohol en forma natural. No hay acaso una tolerancia de algunos grados son independientes de cualquier otra variable natural (suelo, clima, lluvias, etc) y es únicamente función del vino que el productor esté buscando lograr? Me da la sensación que la antipatía propia y subjetiva por Parker y los puntos junto con el gusto personal por vinos de baja graduación alcohólica está influyendo al extremo de hacernos decidir cuáles son los vinos que pueden existir y aquellos que no. Tal vez estoy muy hippie y no tan radical. Gracias por exponer vuestros puntos de vista. Saludos.
Laureano Serres // Abril 18, 2009 a 2:41 pm
Manuel, el rancio de mi padre, hoy transformado en ‘mistela’…o algo así, sigue en plena forma, abro una botella y dura unos meses, me quedan dos botellas más, algo asícomo litro y medio.
De todas formas estoy intentando recuperar el patrimonio, tengo unas barricas, y material madurando…el tiempo dirá.
Bueno, respecto a los puntos, pues eso, que te los ‘dan’, parece como un benplácito del que ha probado tu vino y te ‘da’ unos puntos…será porque los tiene. Al principio yo hacía caso, pero me canse´, hace tiempo ya, ahora que no los quiero, me siguen ‘dando’, y más todavía que antes que los quería. Pero es que cuando uno empieza también peca de inocente hasta que se da cuenta que lo que importa es el vino y la tierra, y deja de escuchar que si plante tal o cual cosa, que si el syrah aporta verdor y frescor…y cuarentamil pijadas más que le despistan a uno y le hacen perder alguna cosecha.
Cada uno a lo suyo, y vino para todos.
Salut.
sibaritastur // Abril 18, 2009 a 2:57 pm
Yo pienso lo siguiente, en cuanto a las graduaciones es una cosa que me da igual, si el vino me gusta, me gusta independientemente de su graduacción. Con respecto a los puntos es evidente que no se pueden meter dos vinos en los mismos puntos porque cada uno será mde su padre y de su madre pero también me parece evidente que el echo que dos vinos tengan los mismos puntos no quiere decir que sean iguales, al menos yo no lo entiendo así. la tiranía de los puntos los da un mercado, unos comerciales y la gente que cunsume sin interes decconocer, contrastar, probaar etc, consume y punto, no creo que sea bueno matar al mensajero, son rankings de las personas que lo hacen y así hay que verlos, sin darles mas vueltas.
Yo cuando empezé interesarme por los vinos compre la peñin y segúi muchas recomendaciones, luego vino proensa y su guía y lo mismo (a parker nunca lo consulté) y a dia de hoy sigo consultándolas, es evidente que influyen, pero tambien ayudan. Luego con ese interes, inquietud, busqueda, contraste ,uno va viendo cual es su camino..etc , viendo que a veces se coincide con ellas, otras muchas pensando si habremos bebido lo mismo, otras que si sus interes, sus amigos o sus discrepantes etc, tienen que ver en sus puntuaciones. Pero eso es algo que hace el mundillo alrededor, no el que crtica.
Luego están lo que lees en foros, blogs etc, opiniones de gente aficionada, todo, absolutamente todo influye pero cada uno ha de saber discernir y obrar en consecuencia, no matar al mensajero.
Gabriel Haro // Abril 18, 2009 a 4:05 pm
Esto de los puntos, es una cosa inventada por alguien, y su grado de populismo y aceptacion, ha sido porque las bodegas y empresas del sector, ha aceptado de buen grado. E incluso entre los propios compañeros, te preguntan ¿Gabriel por que no puntuas?. Es como si tus comentarios se queden cojos. Normalmente intento cuando hago un comentario es ponerle una guinda de emocion, si en mi la ha habido. ¿ Como valorar la emcion?. No se esto de la puntuacion es un gran invento del mundo del mercado.
¡Ah Jose! Buscando informacion en España el ultimo mapas de zonas vitivinicolas se realizo por el gobierno de entoces en el año 1.966, si no me falla la memoria. Cosa que dice la D.O. de Jumilla que tiene de antiguedad, faltaria saber todas estas bodegas que aparecen en dicha D.O cuando se instauraron como empresas. En el caso de Manchuela dice lo mismo de 1.966, pero realmente se instauro con caracter juridico en el año 2.000. No se a mi me cuesta, y no lo entiendo muy bien, yhago la pregunta si me podeis dar luz sobre este tema tan complejo ¿con esta juventud como D.O. se puede hablar de terroir, con la implantacion de castas nuevas, y todo tan joven?
Gabriel.
Jose // Abril 18, 2009 a 4:41 pm
Muchas gracias por el esfuerzo documental Gabriel.
) ¿Había DOs en el ’66 o todo se limitaba a una enunciación de zonas vinícolas? Tirando de mi memoria, recuerdo cuando era muy crio oir hablar de esas zonas de Jumilla, Yecla y Bullas, pero claro lo tengo todo entre las nieblas del recuerdo.
Por otro lado el entramado burocrítico de las DOs no dan ni quitan al terroir su naturaleza y las viñas tienen la edad que tienen (¡todas viejas!
Jorge (Sib), una pregunta sin ironía por mi parte (esto ocurre una vez cada 10 mil años), ¿en qué consideras que ayudan las guías y/o revistas del sector.
En cualquier caso tu planteamiento me resulta lleno de inocencia. En efecto las guías, los críticos y demás parafernalia no son más que mensajeros, quizá en un sentido casi griego del asunto. Esto es, los envía su señor y a él se deben, al que les paga, el cual no es desde luego el consumidor de sus guías y críticas, si no el que paga los anuncios por ejemplo.
Caso paradigmático es el tantas veces comentado caso del Wine Spectator y L’Osteria. Bastó con que soltasen el precio de la inscripción y un listado con lo que decían tener en carta para que un restaurante inexistente se llevase un premio del Wine Spectator.
En un mundo normal un rayo divino y justiciero habría caido sobre la redacción del WS, sin embargo se hicieron la damisela ofendida y cuenta con defensores por todos lados ya que dice que fueron engañados. Esto sí que es de coña, ya que han mostrado cuan absolutamente mentirosos resultan ser, como se otorgan sus premios y como de fiables son sus opiniones o críticas.
Matar al mensajero… bueno… ¿qué es lo que nos aporta el dichoso mensaca además de información sesgada en virtud de sus propios intereses y medias verdades vulgo mentiras?
Saludos,
Jose
Gabriel Haro // Abril 18, 2009 a 4:49 pm
Jose, el comentario sobre los embajadores del vino es inocente, pero solo el comentario, uno sabe lo que existe, y como funciona, pero ¿para que entrar?
Salud
Jose // Abril 18, 2009 a 4:50 pm
Hola Javier,
no es una cuestión de arrancar las vides… a menos que haya subvención de por medio }:-/
Sería cuestión de que ahora se proclama por parte de las partes interesadas de que en cualquier lugar puede hacerse un gran vino y eso aunque posible, parece improbable. Todos los terruños no son Haut-Brion ni falta que les hace. Hay lugares en los que hay vinos correctos, en otros son buenos y en otros macanudos, siempre que el elaborador no meta el cuezo ni en el campo ni en la bodega.
Esta rollantización del concepto, junto al juego seguido por los críticos han creado este reflejo que a mi juicio es irreal, de vinos grandes en cualquier lugar y momento. Esto ha hecho que se cultiven vinos con pretensiones de grandes aquí y allá. Una vez cultivado ¿qué es necesario? Fácil, miremos qué caracteriza a los vinos muchipuntuados, ¿mucho grado? sea, ¿tostados ultraplús de madera nueva? sea (será por dinero!) y todo ello ha generado una espiral bastante absurda y complicada.
Saludos,
Jose
Jose // Abril 18, 2009 a 4:52 pm
Uy, eso de los embajadores del vino no lo he entendido Gabriel…
Saludotes,
Jose
Jose // Abril 18, 2009 a 4:54 pm
Manuel, la única pasión verdadera y sencilla es la que tienen los bebés hacia sus sonajeros y chupetes. Por ello mismo esos de las puntos no suena más que a reducción infantilista, a la papilla vínica que un bebe-dor ha de trasegar.
Saludos,
Jose
Gabriel Haro // Abril 18, 2009 a 4:58 pm
Los embajadores del vino, es un termino gracioso para mi y me refiero a Peñin, Proensa, Parker, y el que te puedas imaginar.
Salud
sibaritastur // Abril 18, 2009 a 5:01 pm
jajajajaja, Jose, inocencia?, me alegro de no haberla perdido aún con 35 años que tengo. Como explicaba antes, las guias ayudan a orientarte, aunque sea su opinión mas o menos sesgada por sus interes y/o gustos, eso se me escapa (mas antes que ahora) ademas que, presuponer que todos se venden es cuando menos tendencioso y facil.
Pues eso, que orientan, a mi me ayudaron mucho al principio a decidirme que comprar, ahora, cuanto mas me meto en esto, menos me influyen (supongo que pasará bastante, cuanto mas aepas, cuanto mas sabes menos caso les haces)pero sigo consultandolas.
Las revistas, como por ejemplo planeta vino, te ayudan a saber mas cosas, hay muchos reportajes técnicos y sus catas son solo eso, sus catas. A mi no me molestan, no los critico, estan ahí y aprovecho su prtesencia, pero demonizzarlas en general no me parece adecuado, el uso de ellas por parte de la ignorancia o falta de conceptos no es achacable a ellos, incluso aunque se vendan, no se si me explico.
Una aclaración sobre mi comentario anterior sobre la graduación de los vinos, mantengo lo que dije pero es evidente que porque me guste un vino no impide que quiera saber el porque es así, me interesa y mucho y quizá las razones de ello luego me hagan cambiar de postura.
Jose // Abril 18, 2009 a 5:01 pm
Aaaah….clarado.
Jose
Manuel Camblor // Abril 18, 2009 a 6:32 pm
¡Uf, me ausento cinco horitas y se arma la gorda! A ver si ahora saco un rato para leerme todos estos comentarios.
Por lo pronto, Javier, me parece que malinterpretas lo aquí expuesto por mucha gente. Nadie ha abogado porque esos vinos de 15% dejen de existir. Sólo pretendemos entender si eso es en verdad el estándar para esas tierras, o si hay algún factor externo que haga deseables esos grados alcohólicos.
Creo que debes leerte mejor el hilo de discusión. Nos atribuyes a algunos un ánimo liberocida que en realidad no existe.
M.
Manuel Camblor // Abril 18, 2009 a 7:51 pm
Jose, querido amigo, estás sublime hoy, carajo… Me has quitado todas y cada una de las palabras del teclado. ¿Qué más decir?
Excelente lo de los “bebé-dores”. Claro, tendrías que ver la pasión de los bebés por su parafernalia cuando hay dos juntos en una casa todo el tiempo. Te aseguro que no es nada simple. A veces parecería tragedia griega. Otras comedia de Woody Allen.
No quise en ningún momento que esto se convirtiese en una discusión circular sobre puntos y puntuadores. En realidad me interesa mucho más explorar la cultura que ha hecho de estos sistemas y estas autoridades lo que hoy son, como han redefinido no solamente el concepto de “gran vino”, sino el concepto de “vino” mismo, y como no parece haber de otra que caer en un debate partisano en el que si no estás conmigo, estás con mi enemigo, etc.
Otra cosa que me ha hecho mucha gracia es el concepto contemporáneo de la “guía”. Me hace pensar que la mayor delicia en mi aprendizaje sobre vino ha sido siempre encontrarme perdido y tener que buscar camino preguntando, leyendo, probando… Al final la guía se supone que te lleve a un lugar en específico, ¿no? Pero, ¿y si uno lo que disfruta es el proceso, el camino mismo?
Cosas que se me ocurren.
Eso sí, creo que hoy el trofeo al bon mot del día se lo lleva el buenazo de Laureano con lo de “Cada uno a lo suyo, y vino para todos.” Aquí en ningún momento se ha tratado de que “deje de existir” tal o cual cino o tal o cual consumidor de dicho vino. Se ha tratado de ver corrientes culturales y considerar la legitimidad o falta de ella de algunos reclamos de la cultureta actual.
Ah, Laureano, ya que estoy en esto. Decías que te gusta este sitio porque se escribe largo y tendido y las cosas se discuten hasta la saciedad. Pues hoy un amiguete me mandó una invitación a que metiera un feed de La Otra Botella en Twitter. No había estado nunca en ese sitio. Es impresionante. Cada día la gente se descerebra más. Imagínate yo, escribiendo cositas de 200 caracteres o menos constantemente…
M.
Felipe Méndez // Abril 19, 2009 a 12:23 am
Quiero comentar lo que dice Javier, que es una objeción plausible a algo que yo mismo he planteado. En parte, algo de razón le hallo.
Por qué es aceptable un viñedo que apenas da grado suficiente, y no uno que lo hace en exceso? (interpreto algo como así lo que dice Javier, ¿de acuerdo?)
Primero, digamos que como consumidor opinante tengo el derecho de abogar por ciertas y tales formas que me parezcan más cercanas a mis particulares posturas estéticas. Claro, esto es muy legítimo, pero no hace más plausible el argumento.
Lo segundo es descubrir una trampa: no creo que en la inmensa mayoría de los casos de vinos hiperalcohólicos, el problema esté en que no se puede obtener menos alcohol. La verdad, sabemos, es que este exceso de alcohol se debe a cosechar vides deshidratadas, tardías, en un intento de complacer a cierto mercado que pide vinos “redondos”, sin asperezas, golosos, frutales, “dulcecitos”. Por lo tanto, lo que hay es una opción deliberada del productor por llegar a un grado tal.
Sabemos también que a medida que la uva se deshidrata hacia el fin del verano y comienzo del otoño, no sólo va concentrando azúcares (= alcohol), sino que también va perdiendo acidez, lo que luego se manifiesta en vinos flojos, poco amables con la comida y de escaso potencial de guarda.
Además, obvio, el vino con exceso de alcohol es un vino que emborracha más, o antes, por lo que limita el disfrute y la sana convivencia ligada al vino. Hasta razones sanitarias hay para alejarse del vino hiperalcohólico.
Por el otro lado, reconozco que chaptalizar es una trampa. Pero, antes que nada, no tiene intención de engañar a nadie. El azúcar se agrega al mosto, de modo que no se hace para generar cambios sápidos en el vino, sino sólo tiene la intención de aumentar el grado. Además, se intenta con esto apenas alcanzar el grado mínimo requerido, y no alcanzar cotas inhabituales ni excesivas.
El vino proveniente de aquellas zonas donde la maduración es tan difícil que se hace necesario chaptalizar (cada vez más infrecuente, no sólo por el calentamiento global sino por aspectos de manejo del viñedo), hace eco de esta madurez límite, y se presenta con elevada acidez, vibrante, jugoso y agradecido de la guarda, en lo buenos casos.
Porque mi mayor problema es el de la honestidad. Para ejemplificar a lo que me refiero, te puedo contar de Colombia. No he tomado vino colombiano, pero créeme que lo hay, por inverosímil que parezca. Tres cosechas al año. Vintage 2006.1, 2006.2 y 2006.3, algo así. Me han dicho uno conocidos que es una bebida dulzona y agradable con hielo. Muy barata. Bien: jamás sugeriría que este viñedo no debe existir. Da vino malo, y que malo sea, pero de verdad. Los mamotretos de 15.5º que vemos cada tarde cualquiera no son lo que honestamente da la tierra: son fruto de la voluntad de alguien, para conseguir algo, y ese algo no sabe habitualmente bien.
De modo que tenemos por un lado una trampa bienintencionada y venturosa, y por otro una francamente tramposa. Elija Ud.
Jose // Abril 19, 2009 a 5:30 am
Jorge, con la inocencia nuestra es con lo que cuentan para hacer de su capa un sayo. Hace unos años, no llega a un lustro, determinado tipo de vino era lo más de lo más y lo que era muchigrado, todotostado y todo lo plús que se te ocurra no había de ser ni mencionado. En aquel tiempo no se oia ni se leia eso de “hay sitio para todos”, si no que había que dejar de hacer (eliminar) ese otro tipo de vino y elaboraciones absolutamente caducas.
Siendo un poquito más serio, si admito que puedan resultar útiles como listado de vinos y bodegas, pero ¿orientativas? Mira que hubo marinos que aseveraban que unas guapas sirenas les estaban orientando muy bien…
Por otro lado las guías y revistas del sector son útiles, como le decía a Benjamín Berjón en su blog para calzar la mesa
Ya sabes lo que decía Fito & Fitipaldis:
Soldadito marinero conociste a una sirena
de esas que dicen te quiero si ven la cartera llena
No hay razón para demonizarlas, eso es cierto, pero ya es horita de que levantemos las cartas del juego y que veamos de qué va ese palo. No hay nada malo en lo que hacen, a menos que lo revistan de lo que no es.
Saludos,
Jose
Jose // Abril 19, 2009 a 5:37 am
Al hilo de lo comentado por Manuel veo otro efecto colateralmente bastardo de ese otro concepto de vino.
Al premiar un determinado tipo de vino y aceptarlo así los consumidores como ‘La Verdad’ sin cuestionarse nada más se ha llevado al vino a un objeto de cata, sacándolo de las mesas en las cuales no se cata, si no que se bebe. Se le ha quitado el carácter de elemento cotidiano, para hacerlo un artículo de lujo propio de snobs o como mucho sólo para ocasiones especiales… y claro en esas circunstancias no quedaba otra por “coherencia” que ponerle precios de artículos de lujo. Eso y que había que pagar la cara tonelería, la nueva bodega diseñada por el arquitecto de moda y el sueldo del consultor externo que dirá cómo hacer un supervino que tendrá muchos puntos y podrá seguir alimentando el círculo.
Se ha cambiado de este modo el paradigma de lo que es el vino. Ya no es para beber en las comidas con amigos y familia, si no para sacar pecho y pavonearse. Fijaos que en muchos lugares cuando ahora preguntas sobre como maridar tal o cual vino, a pesar de ser un vino tranquilo, te dicen que mejor disfrutarlo solo. Pues claro, ¡como que no hay quien los maride en la mesa!
Saludos,
Jose
Manuel Camblor // Abril 19, 2009 a 6:23 am
Este domingo me desperté muy temprano. Cosas. Preocupaciones. La mente a millón.
Para despejarme un poco, vine para acá. Me he encontrado que el argumento sigue expandiéndose y aún puede expandirse más.
Lo primero que diré: ¡Bravo, Felipe! Excelentemente explicado. Igual Jose.
Segundo…
No falla que aparezca alguien, cuando se discute esto de los vinos de alto grado alcohólico, que te acuse de plano de querer “suprimir” ese tipo de vino, junto con la libertad de elaboradores de hacerlo y consumidores de disfrutarlo. Les aseguro que el argumento ya parece más viejo que el frio. Era exactamente el que utilizaban algunos cuando yo protestaba en foros sobre ese tipo de vinos y lo comunes que se estaban haciendo en todo el mundo. Irónicamente, como bien apunta Jose, la misma gente que te acusaba de “talibán” y de mataestilos descalificaba completamente otros estilos que caían automáticamente en contraposición al estilo hipertrófico de moda.
Pero insisto en que debemos ir más allá. Y aquí quiero abordar lo postulado por Javier.
No es que sea inaceptable ese jumilla tan hipotético y tan real del que hablara VS y se desee eliminarlo.
Es que lo del 15% de alcohol hoy día va mucho más allá de Jumilla. Hemos presenciado, los que hemos estado atentos, un movimiento a alcoholes más y más altos en casi todas las regiones vinícolas del mundo, incluso algunas antes no consideradas particularmente cálidas. Yo recuerdo cuando comencé en lo del vino que los cabernets de Napa usualmente llevaban entre 12 y 13% de alcohol. Muchos de los vinos de esa zona que seguía yo en los ochentas han probado no sólo ser excleentes de jovencitos, sino también longevos y con una complejidad sorprendente al envejecer.
Hoy día ya es raro encontrarte en Napa un vino con aquellas graduaciones, sobreabundando como lo hacen los tecnomamarrachos enológicos de 14, 15 ó 16%. Si no les resulta este ejemplo, pensemos en Ribera del Duero o en la propia Rioja. Grados en franca alza por doquier en los últimos quince años. Y las mil preguntas que siempre quedan en mi mente sobre la estructura, el verdadero equilibrio y la deseabilidad a largo plazo de los resultantes vinos.
(Ni entraré de nuevo en lo de Châteauneuf du Pape, zona caliente en la que antes eran perfectamente legítimos los vinos a 12.5%, pero donde ahora, cuando la zona es la niña de los ojos de ciertos críticos norteamericanos, es difícil encontrar nada que no sea chapapote a 15 ó 16%; y digamos aún menos de aquellos zinfandeles californianos de los setentas, ochentas y primeros noventas, que vivían perfectamente a 13% y que fueron implacablemente suplantados por monstruosidades dulzonas de 16% o más… ¿E terroir era de una forma antes y de otra ahora en cuanto al grado? No séeeeee…)
Hemos explorado un poquito ya las razones viticulturales por las cuales los grados han ido aumentando en el vino. Indiscutiblemente, algunas variedades de uva en algunas regiones darán siempre vinos de graduación alta. Pero tenemos también que considerar donde ponemos la vara que dice lo que es aceptable y lo que es demasiado. Además, en el interés de mantener la auténtica diversidad del mundo del vino (“hay lugar para todo”, recuerden), debemos apreciar y entender bien lo que hace la diferencia entre las cosas.
Ah, y otra para Javier: Aquí todo es subjetivo, amigo. Quien me diga que es “objetivo” me produce la más profunda desconfianza. Somos, después de todo, sujetos. Humanos. Falibles. Con nuestras proclividades. Hay cosas que nos gustan. Y otras que no. Pensamos y obramos acorde.
Aquí no estoy tratando de ventilar animosidad contra el Sr. Parker, sino de examinar un movimiento cultural que lo tiene a él en el medio, por suerte o desgracia, como generador de paradigmas que rigen la cultureta hoy día. Pero tengo bien claro que el fenómeno es algo masivo y poco se gana con “culpar” a alguien en específico. Todos hemos de ser jueces y parte.
M.
sibaritastur // Abril 19, 2009 a 6:28 am
Jose, ese dicho de “su capa un sayo” la oía a mi familia en un pueblo del interior de Asturias, pensé que era un dicho de aquí, es un dicho generalizado o tienes familia asturiana?.
De que consumidores me hablas?, de ti y de mi?, de los que aquí leen y escriben? o mas bien del consumidor que bebe vino sin importarle nada mas?, yo creo que que son por estos últimos y por ellos no hay que pensar que son así, hay una parte del “mercado” adapatada a esos pero hay otra importante buscando otras cosas, insisto, orientan pero cada uno que busque su gusto.
No quise decir que las revistas orientaban, sino las guías, pero bueno. No se puede responsabilizar a las revistas y/o guías de la ignorancia generalizada, ellos estan ahí cumplen una función y luego cada uno en su casa que decida lo que hace y lo que le gusta no?.
Estoy de acuerdo que no es lo mismo catar que beber, pero si tengo que elegir prefiero catar porque así me enetero mejor de lo que hay en la copa, cuando bebo no es así.
Me gusta beber (catar) el vino solo y son las menos, las veces que lo marido
Jose // Abril 19, 2009 a 7:47 am
No tengo ascendientes astures Jorge. Mis ancestros vienen esencialmente de La Mancha y un punto tangencial de Valencia.
Cuando me refiero a consumidores lo hago escogiendo bien esa palabra, para distinguirla de los bebedores, siendo estos últimos los que mostramos el grado suficiente de enochaladura, amateurismo o pasión hacia el vino. Siendo, no obstante, los consumidores el grupo mayoritario que realiza las compras, pero sin preguntarse más ni menos acerca de esto del vino.
Indudablemente cada uno en su casa es monarca soberano para decidir, digan lo que digan las revistas y las guías, pero vaya, estabamos con esa línea de debate y en ella proseguía. Desde mi punto de vista no son más guía ni cumple más función que la de dar brillo a determinadas elementos del sector.
Apuntas otro elemento significativo. El vino para catar ¿eso qué es lo que es? Bueno sí, ese tipo de vino que ha sido creado para epatar en dos golpes y 0.75 segundos merced a los actores de los que estamos hablando en algunos de los hilos aquí abiertos.
Desde mi punto de vista el alfa y el omega de todo vino es ser bebido y además acompañando comida (algún caso puede ser excepción como los fortificados p.j.) El mero hecho de que haya alguien en el campo o en la bodega planteándose el hacer un vino para catar y no para beber me hace enarcar la ceja, si bien esto suele ser más función del departamento de marketing.
Una vez que hemos catado el vino, ¿de qué carajo nos sirve?
Por otro lado esto de la creación de los vinos para catar ha tenido un efecto boomerang y es que se ha añadido como un factor más al descenso del consumo. Si sólo podemos engullir un par de tragos de un vino ¿para qué voy a comprar una segunda botella?
Saludos,
Jose
sibaritastur // Abril 19, 2009 a 8:01 am
Jose, distingo catar y beber, porque me ha pasado que algún vino que bebí y gustó, y cuando lo caté me gustó menos y viceversa. La verdad es que las consecuencias de lo que hablas me la traen al pairo (sin ánimo de molestar eh?), la gente influenciable e ignorante me interesa poco aunque tenga consecuencias (no me considero excepción aunque trato de serlo menos cada día).
A mi catar me sirve para disfrutar (también lo hago bebiendo aunque distingo las dos formas de proceder), para satisfacer mis egos (no de sapiencia sino de gustos y/o preferencias).
Si te digo la verdad intento aprender de todo, de todos y con todo, buscar mi camino y disfrutar de el (como apuntaba manuel) para llegar a mi gusto particular, que todo sea dicho, aún me faltan millas.
Manuel Camblor // Abril 19, 2009 a 9:22 am
Hace tiempo que yo cambié de modalidad. Recuerdo haber dicho en algún foro una vez que demasiado catar sin beber llevaba casi invariablemente a una fea cata-tonia que abarcaba igualmente el orden intelectual como el sensual.
De ahí que aquí en La Otra Botella ya no se publiquen “catas”, sino “bebiendas”: Después de todo, uno sólo debe catar para determinar la bebibilidad del vino. Todo lo otro es académico.
M.
Laureano Serres // Abril 19, 2009 a 12:26 pm
Yo creo que ya que nos ponemos…llegamos a las cien;-), Manuel, lo de antes de los clicks ya sabes que lo dije un poco por el ‘otro sitio’, que tienen publicidad, y a ella se deben.
Y ya puestos en esto…esto de catar. bueno, a mí ya que hay una especie de guerra de palabras, también me gusta más la palabra ‘degustar’ que catar. Probar un vino es degustarlo, pero cuántos vinos tenemos que degustar en un año, mil, diezmil???, imposible dedicar tiempo suficiente a cada vino. Una guía, apenas la podría hacer yo de mi bodega, para pensar en hacer la de toda España, y menos la de todo el mundo, y la de todos los años…bufff. Se me hace una labor titánica, y como tal creo que está destinada al hundimiento.
Y así me lo cargo todo y ya no tengo nada. pero solamente decir aquí que el vino es para beber, claro que si uno lo pone a doscientoseuros, pues, uno como que no puede beber mucho, ni siquiera degustar, en todo caso ‘catar’.
El vino es para beber. Y además se puede degustar, para disfrutar.
Claro que si uno se para a pensar…meterse veinte vinos en una tarde, ponerle una nota a cada uno y escribir un folio, o una página…tampoco me veo a mí mismo en esa tesitura, como supongo que el que lo hace no debe verse en la mía.
Claro que si el vino que debíamos hacer para beber, lo hacemos para catar, puede que ocurra que el vino no se pueda beber.
Salut.
jesus, etc // Abril 19, 2009 a 4:46 pm
Vaya, me alegro mucho de lo que ha expuesto Laureano. Hay un incontestable gusto en hacer el recorrido, como dice Manuel, y la recompensa del esfuerzo, pero hay que considerar que, los recorridos, si no infinitos (las zonas, las bodegas, las botellas, las añadas) son en cantidad imposible de manejar… Incluso el montañero que disfruta de la esforzada ascensión, necesita un mapa. Las guías y sus puntos son por supuesto simplificación y vectorización. La ciudad de Londres es (¡sorpresa!) más compleja que lo que muestra su plano. El plano del metro de Londres es simplificación, vectorización. Quien viva allí puede que no lo necesite, pero nadie en sano juicio que pretenda visitar Londres se pone a recorrerlo de punta a punta, sin mapa, hasta conocerlo. Sólo tardaría un año o dos, o diez, o cien, y luego toca Roma, chavales.
Jose, si te hubieras acercado al vino hace 20 años -sin internet- ¿de dónde sacarías los planos del tesoro? ¿de una subvención para pasarte el día visitando bodegas? ¿Y de verdad crees que la información y reportajes que saca Proensa en su revista Planeta Vino (cito ésta porque la conozco, me parece buena y es la que ha citado sibaritastur como ejemplo) responde toda a intereses ocultamente publicitarios? También a Manuel le acusaban de ir a sueldo con alguna bodega Riojana de vinos finos por el mero hecho de ensalzarlos… pero no siempre el refrán de “piensa mal y acertarás” se aplica con razón.
Y por cierto, cuando alguien sin intereses económicos depositados en un vino, va y lo pone bien en su blog ¿no está ya vectorizando? Decir éste me gusta y este otro no, ya es “vectorizar”. Decir éste me gustó más que aquél pero menos que este otro, ya es hacer escalas, Manuel. Peñín presume de que su guía de vinos es “objetiva”. Pero por el contrario yo he estado un par de años catando para una guía donde nunca hemos negado que los puntos sean cosa subjetiva y solo eso, tan subjetiva como un blog. Y tan seria como un blog, o no menos. No sé que tipo de responsabilidad siente uno cuando publica en su blog, pero sí se la responsabilidad que sientes cuando en una jornada de trabajo abres 10 botellas metidas en un saco negro, abres el portátil, sirves las copas, te concentras, anotas cosas, le das vueltas, puntúas sensaciones subjetivas de las distintas fases de la cata, lo que te gusta y lo que no, lo que está bien y lo que desentona, y lo comentas con la otra persona que también ha hecho lo mismo, luego sacas las botellas de los sacos, miras lo escrito, ves tus puntos, los contrastas con los de la/s otra/s personas, y se busca una puntuación de consenso. Y más tarde quizá otras 10 botellas igualmente, y al día siguiente lo mismo. Si a ti (Jose) te sirve lo que se escribe en un blog, no veo por qué el trabajo que te he contado va a ser menos de fiar sólo porque cada 5 ó 10 páginas vaya un anuncio.
Lo que sí tengo claro es que de cada 10 planos de Madrid solo uno será consultado por un madrileño. Alguien dedique mucho tiempo y esfuerzo a beber, catar, leer (internet o no) y, especialmente, compartir, pues ése no necesita demasiadas guías, obviamente.
Y perdón por el ladrillaco.
Felipe Méndez // Abril 19, 2009 a 9:09 pm
Mmmmmmmm.
Jesús, tus comentarios me generan un mmmmmmm…
La diferencia del mapa del vino respecto del mapa de Londres, es que con el vino lo importante es perderse. Callejear es lo que vale, no llegar a destino alguno.
Y lo de “no veo por qué el trabajo que te he contado va a ser menos de fiar sólo porque cada 5 ó 10 páginas vaya un anuncio”. ¡Pues precisamente por eso! No hay duda que buena parte de la poco fiabilidad de la prensa, de toda prensa, es que es financiada por los mismos a los que supuestamente debe reportear. No seamos ingenuos.
jesus, etc // Abril 20, 2009 a 4:20 am
Felipe, ya te digo que hubo quien por no pecar de ingenuos daban por sentado que Manuel recibiera estipendios por parte de esa bodega de la Estación de Haro.
Pero no siempre va a ser todo el mismo batiburrillo: no habría yo entrado a decir esto si aún me dedicase a esto de la guía de vinos, pero ahora que ya no tengo nada que ver con el tema y no me va nada en ello, creo que estoy libre de sospecha para decir cómo lo hicimos mientras yo estuve en el barco. El trabajo se hizo a ciegas y tal como he contado más arriba. Pero a lo que tú vas: la publicidad se buscó cuando ya se hubo terminado el trabajo de cata y los textos estaban en fotocomposición. Por otro lado explicaré -aunque yo no me encargué de esta labor publicitaria-, no es normal que te vengan las bodegas a comprar su anuncio, sino que tú salgas a vendérselo. De modo que no fuimos a vender un anuncio a una bodega cuyos vinos no salían por no haber obtenido puntuaciones inferiores a lo que la bodega esperaría (en relación al precio de la botellas en el mercado). O sea que los anuncios no pudieron modificar la impresión que nos dieron los vinos.
Quizá otras guías funcionen de otra manera (y sean mejor negocio).
Respecto a lo de perderse, y aun estando de acuerdo en el fondo de la cuestión, la realidad de la abundancia de marcas zonas y vinos hace que no salgamos a perdernos del todo, sino que sigamos prescripciones, a veces encontradas por nosotros mismos, pero también por otros medios:
> No vamos perdidos del todo si ya empezamos por elegir el establecimiento (huímos de los anaqueles del supermercado -¿por qué no perderse ahí? -pues para “ganar tiempo” y ahorrarle algo al fregadero). Manuel se “pierde” solo a medias si ya acepta la recomendación de lo que le vende Joe Dressner, Paco Berciano, u otro.
> No vamos perdidos del todo si antes de salir a comprar borgoñas o champañas nos leemos las recomendaciones de este blog, o del blog que nos guste, de nuevo para ahorrarnos tiempo y estar perdido el menor tiempo posible. Otros en un nivel menos experto, o simplemente con otros gustos, se fiaran de Proensa, Parker, Peñín…
>etc…
En resumen, que lo bonito es perderse, pero cuando descorchas la botella en casa lo que deseas es “haber llegado” y no tener que tirarla por el fregadero.
Y haciendo honor al título del blog “la otra botella” si de verdad quieres abrir una segunda botella ¿no será “para no encontrarse perdido”?
Manuel Camblor // Abril 20, 2009 a 7:42 am
Jesús, Jesús…
Has dado en un par de clavos en cuanto a la naturaleza de la cultureta actual del vino, me parece que sin darte cuenta. Primero, porque dices lo de: “nadie en sano juicio que pretenda visitar Londres se pone a recorrerlo de punta a punta, sin mapa, hasta conocerlo. Sólo tardaría un año o dos, o diez, o cien, y luego toca Roma, chavales.”
He ahí la clave: Demasiada gente está en el vino transitoriamente, hasta que llegue la próxima moda con la que se puedan “vestir”, o que puedan “visitar”. Ahí el encontronazo es inevitable con la visión de los que llegamos al vino para quedarnos, los que lo vemos no como un espacio geográfico enmarcable, sino como un universo deliciosamente inmenso y complejo. Desués no “toca Roma”. Viendo el vino como lo vemos, Roma existe ya y desde siempre en ese universo en el que disfrutamos tanto al perdernos.
Segundo: Ojo con lo de “vectorizar…”
http://www.memo.com.co/fenonino/aprenda/fisica/fisic2.html
Me disculpo de antemano por presentar una definición de física tan básca, pero me parece que demasiada gente no “vectoriza” el vino, sino que intenta meterlo en una escala. Aunque la puntuación que adjudiquen vaya acompañada de un texto dizque “explicativo” (la nota de cata), habitualmente todo tiende a ocurrir en función del numerito, que acaba por ser, quizás en la lectura más que en la escritura por venir por delante y colorearlo todo, ESCALAR.
Estamos de acuerdo en que “piensa mal y acertarás” no necesariamente aplica. Ahora bien, creo que estoy dispuesto, en muchos casos hoy día, a asumir el riesgo de no acertar, como también estoy dispuesto a rectificar errores cuando no acierte.
En cuanto a como lo hacíamos los que nos apasionamos por el vino hace veinte años, sin internet, pues yo soy semejante caso. Fue como en 1986 que me picó el bichito que transmite la enochaladura y, aunque no alcanzara mi condici´øn la magnitud que le ha dado la internet sino hasta la segunda mitad de los noventas, siempre fue fuerte lo que sentí.
¿Cómo lo hacíamos? Pues, puedo hablarte por mí. Yo probé un par de vinos que me encantaron y los tomé como punto de comparación. De ahí iba, dentro de mi presupuesto de estudiante, comprando botellas y determinando si me gustaban o no. Si eran de una misma región que las que me gustaron originalmente y no me agradaban igual, anotaba lo que provocaba esta reacción, tratando de describirlo en detalle. Luego, como siempre me encontraba con gente que tenía más trecho andado en lo del vino que yo, preguntaba qué les parecían mis impresiones y si reconocían algo válido en ellas. También compraba muchos libros que, a diferencia de tantos hoy, daban mucho contexto histórico en vez de comenzar y terminar en catitas y puntitos.
El camino fuí haciéndolo poquito a poco. En ningún momento se me ocurrió que necesitaba una guía para poder llegar y besar el santo. Mis ideas sobre carácter y calidad en los vinos que probaba iban mutando en base no solamente a otros vinos, sino al contexto histórico y a las impresiones compartidas con otros amigos.
Asymes unas cuantas cosas, sobre todo en tu respuesta a Jose y Felipe, que a la vez aceirtan y se pasan como por dieciocho pueblos y un puesto de fritas en la carretera.
Comienzo por la conclusión de tu segundo mensaje: ‘Y haciendo honor al título del blog “la otra botella” si de verdad quieres abrir una segunda botella ¿no será “para no encontrarse perdido”?’
Te remito a mi proclama de intenciones original, hace dos años y cuarto, en lomejordelvinoderioja.com:
http://blogs.larioja.com/otrabotella/2007/1/26/la-verdad-la-otra-botella-introduccion
En realidad, aunque lo que busco es una cierta estabilidad, un cierto confort, creo que te empeñas en negativizar lo de “estar perdido” de una forma que no puedo aceptar. Mi condición es de deambulante eterno. Cualquier sentido de “dorección” es una falsa seguridad, pues el entorno es eternamente dinámico y cambiante. Lo que busco es seguridad en mi modo de lidiar con lo que me rodea, no “llegar” a un punto X donde supuestamente está “el tesoro”.
Aparte, que no se te pase en la cita del de Rochester la inmediata referencia a gregariedad y sinceridad. Este blog existe sencillamente porque a mí me da la gana. Es una bitácora personal que publico por mil razones que bien podrían resultar ofensivas a algunos. Pero no pretendo más que compartir mis vivencias. No declaro “sistema” ni hago alarde de “códigos de ética”. Sencillamente HAGO y que caiga donde caiga lo que caiga. Si a alguien divierto y edifico en esto, pues, me encanta. Si me acepta, le considero un amigo y compartiré con él o con ella como con amigos lo sé hacer.
Pero de ahí a declararme yo una especie de “sujet supposé savoir” , o un cicerone, o un experto de la eficiencia, o cualquiera de esos otros títulos de los que gustan las autoridades especiosas de la cultureta, hay muchíiiiisimo trecho.
Quien lee esto, pues, lee a alguien satisfecho en andar sin rumbo. Lee a alguien que cuenta sus experiencias y su pensamiento sin reparos, como y cuando le sale, que no aspira a “cubrirlo todo” para hacer un mapa, sino meramente a seguir divirtiéndose sin ver si lo que hay bajo sus pies es carretera, campo, pantano…
En cuanto a lo que dices de que ando “prrdido a medias”, pues quizás lo de “andar perdido”, dado el registro de la inteligencia y experiencia humanas, el hecho de que uno tiende a crear asociaciones entre cosas, a interpretar ciscunstancias y, sí, a alegrarse cuando encuentra algo familiar–pues quizás “perdido” no sea la palabra correcta para describir lo que deseo. Atribuye un valor particular muy estático a lo que estoy haciendo, y eso no me gusta.
Quizás lo que quiero es no dejar nada fijo, incluido yo. Reconoceré lo familiar cuando lo vea, pero eso no quita que, en constante movimiento, de eso familiar surjan cosas nuevas.
Por cierto, conocí a Joe Dressner hará como diez años, pero compraba vinos importados por él desde mucho antes. No me fijaba en las contraetiquetas. Sólo encontraba cosas que me gustaban. El que tuvieran una contraetiqueta de Joe y Denyse, o de Neal Rosenthal, o deKermit Lynch, sólo me decía que la elaboración fue seguramente de ésta y no de otra forma. Pero nunca les he dado a estos individuos carácter de “brújula”.
En cuanto a “salir a comprar borgoñas o champañas”, pues, siempre procuraba en un principio informarme en cuanto a contexto histórico, en cuanto a elaboración, en cuanto a lo que fuera. Lo único que no pedía, que es lo que muchos parecen pedir ahora, es una valoración categórica y a priori que garantice mi experiencia con el vino. Esa es mía y es de donde partirá siempre el deseo de “otra botella”. Y otra. Y otra…
Ahora me excuso, que han irrumpido en la habitación dos enanitos muy alegres con su madre.
M.
javier // Abril 20, 2009 a 10:37 am
Gracias Felipe y Manuel por tomarse el tiempo de profundizar y transmitir sus puntos de vista. Saludos.
regaliz // Abril 20, 2009 a 1:47 pm
Buenas a todos, interesantísima conversación, de todas (que son bastantes) la mejor que ha suscitado el artículo de Luis. Para mí, y al hilo de lo que dice Jesús no es lo mismo una guía que un mapa, un mapa te expone lo que hay y tu indagas a tu antojo. Una guía te dice dónde, cómo y cuando tienes que ir para no perderte “lo mejor”. He aquí por lo que para mí el atlas de Jancis Robinson no es lo mismo que la Guía Peñín, aunque indudablemente Jancis en los prolegómenos de su atlas nos expone claramente su subjetividad, que para eso el atlas es suyo, ¿no?.
.
Respecto a las magnitudes físicas Manuel, es arma de doble filo, porque no olvides (de tanto leerte me permitirás que te tutee) que los vectores además de dirección y sentido, también tienen módulo, y esto a fin de cuentas es el escalar, quiero decir que si el módulo tiende a cero (o a infinito) no veremos realmente la dirección y sentido del vector (o será tan grande que solo veremos una raya y no el inicio ni la punta de la flecha).
Volviendo a las guías, empiezo a pensar que la gente las necesita, porque necesitan un pastor. Es como aquello de: “si no existiera, habría que inventarlas”, ¿os imagináis miles de almas deambulando, buscando el santo grial sin orden ni concierto?. Me lo estoy imaginando, nos lo pasaríamos bien,
Pedro.
Gabriel Haro // Abril 20, 2009 a 2:26 pm
Saludos.
Ciertamente este tema esta muy interesante y es enriquecedor todos los comentarios espuestos. Me gustaria siguiendo el simil del callejero o la guia turistica de una ciudad, se podria dar el caso que el autor de una guia de por hecho o adjeyiviza una ciudad de una forma gratuita, y esto al ser leido por un ciudadano de esa ciudad no este de acuerdo y pueda demostrar facilmente que son estereotipos y muy fuera de la realidad, cosa que deficilmente un turista potencial no puede saber porque nunca ha estado. Esto lo digo en el caso del vino, un señor puede decir, que en su zona es normal tener vinos de 14,5 % de alcohol, y es parte de su idiosincracia, porque a el le intersa ya que el elabora asi, como un foraneo no lo sabe se puede guiar de esos supuestos. Otro señor de la zona puede demostrar que est no es asi. El problema de esto es que se diga que los vinos son de una caracteristica determinada, y se le inculque a los nuevos aficionados cosas erroneas.
Gabriel
jesus, etc // Abril 20, 2009 a 2:26 pm
Introduje la palabreja “vectorización” simplemente porque creo habértela leído en alguna ocasión, y creí que la utilizabas en el sentido peyorativo de “reducción numérica” referida a las escalas de vinos. Disculpa si es que te entendía mal. Por otro lado “vectorizar” vale para andar por casa como “escalar” cuando damos fijos los valores de dirección y sentido. Yo fui “de ciencias” antes de pasarme a las “artes”. Pero esto es lo de menos. Decir que este vino me gusta es poner el vector en un punto de interés equis. Parker con números y otros con adjetivos: también las palabras tienen su peligro (hemos hablado de ello: levaduras que potencian que si la frambuesa…) pero veo que se nos resiste el poder abandonar la lista de la compra si no es con un mutis…
Que quede claro que si sigo este blog (y casi ningún otro en esta materia) no es precisamente porque me vengas de Cicerone, sino por la filosofía medalaganaria que exhibes siempre con criterio. Pero sí es cierto que se te toma de Cicerone en ocasiones, a cada poco te ves dando listas de elaboradores que te parecen de interés en tal o cual sitio. Te las habremos pedido. Y si me pongo estudioso hasta yo mismo utilizo esa información, cosa que no difiere en mucho a tirar de otro tipo de guías etc., que es lo que quise explicar en mi respuesta (en buena parte dirigida a Jose). La información está ahí y se puede utilizar. Información, recomendaciones. Si creemos en las personas que están detrás, santo y bueno.
Por eso cité a Dressner, sin decir que fueran gurús ni brújulas, solo para explicar que no vamos del todo perdiéndonos sino que esa elección ya supone de un manejo de información trasladable, como una guía. Y si luego me vine a poner a Berciano fue precisamente para no personalizar demasiado en ti y en tu entorno, ampliando hacia los de acá, donde también hay comerciantes de fiar, y con sus propios gustos y etc. Y si hay comerciantes de fiar, por qué no iba a haber otrs negocios de fiar alrededor del vino. He tenido ocasión de tratar por ejemplo con Proensa y es una persona apasionada por el vino y trabajador incansable (mis gustos y opiniones se parecen más a los tuyos que a los de él, pero me parece que su disposición por trabajar en el periodismo del vino tiene que ver más con su pasión por el vino que con el deseo de hacerse millonario y retirarse cual cirujano plástico).
Ojo que cuando dije “tesoro” no me refería a esos vinos trofeo, los de “beber etiquetas” ni nada de eso. Me refiero a simplemente al vino, porque sí, y solo porque no haya que tirarlo por el fregadero. Que yo he hecho lo de estar en una ciudad desconocida callejeando, dejándome perder (hasta un momento dado, claro, que luego había que hacer rumbo a un hotel), y salir en coche de vacaciones, o en tren, sin haber tomado apenas decisiones de dónde o cuando parar y a qué, con un vago referente de punto final pues siempre he viajado por viajar y no pensando en un destino (hasta que uno tiene hijos pequeños, claro)…
Vamos, que compartimos esa idea de que el camino sea largo, del vino como Itaca etc, (que no me quiero poner estupendo). ¡Pero Laureano había puesto el toque realista, (“cuántos vinos tenemos que degustar en un año, mil, diezmil???”) y convenía bajar al suelo y decir que, si en el viaje a la Itaca del vino te cae un carrefour en medio, olvídate de Kavafis que el choque de verité es gordo y más vale saltárselo que bebérselo!
Desde la información “independiente” de los blogs parece obligatorio dar por sentado que lo no gratuito (guías al uso, revistas del sector) es por naturaleza categórico e interesado. Es cierto que hay un predecible efecto perverso, pero no perdamos de vista que, aunque en menor escala, se reproduce de nuevo en blogs y circuitos “independientes” (el “cineclub” del vino) pues también generan “moda” sin necesidad de haberle puesto puntos a la cosa (lo hemos visto con el txakoli tinto de gorrondona que ya no se vende aquí donde se hace sino que se exporta casi íntegramente a NY, y lo hemos visto con las subidas de precios de LdH especialmente en USA, por citar solo dos ejemplos afines a esta casa).
Y bueno, que tampoco quiero dar la impresión de poner tantas comas y peros cuando en el grueso compartimos lo principal. Ten claro que si alguien me pide opinión sobre un vino no le contesto puntos, pero entiendo que haya gente que en su primera aproximación al vino busque el escalímetro hasta irse dando cuenta de que no es la escala lo que importa (cosa que sucederá seguro si esto le gusta de verdad y se trata de alguien inteligente).
jesus, etc // Abril 20, 2009 a 2:35 pm
Regaliz, mapas y guías son evidentemente cosas distintas, pero hermanadas, fíjate cuántas veces se editan mezcladas (mapas con guía y guías con mapas).
También a mi me gusta el atlas de Jancis, y el de Oz Clarke (un poco más anticuado quizá, no se si ha tenido alguna reedición reciente).
El tema de los mapas me gusta y acabaría saliendo mi lado borgiana lo que ya es desviar demasiado este misterio de la potelegancia. Le brindo a Manuel (borgiano cum laude) alguna ocurrencia en un post futuro con esto de los atlas detrás.
Jose // Abril 20, 2009 a 3:04 pm
Estimado Jesús, yo que por no tener nunca tuve ni edad de merecer soy mal ejemplo para casi todo. Como tú en alguna ocasión he viajado de ese modo. Sin embargo una cosa es viajar y otra muy distinta hacer turismo y desde mi punto de vista lo que ofrece el grueso del sector me parece más de lo segundo que de lo primero.
Nunca viajo con guías, de verdad. Todo lo más algún mapa de emergencia, el cual rara vez uso, puesto que suelo preguntar a los autóctonos del lugar. No obstante desde mi punto de vista el mapa que nos ofrecen no es el mapa completo. En ocasiones por desconocimiento de ellos mismos (no se puede saber todo en esta vida) y en otras sí creo que es por intereses. Es como si hubiera un mapa del metro y de las 10 líneas que hay sólo nos enseñasen 2 y además sin decirnos las correspondencias con las líneas de autobús.
Esto de internet está muy bien por la inmediatez y la capacidad de interacción que nos da, no obstante echo muchísimo de menos los tiempos en los que todo exigía de una lectura reposada. El mundo iba más despacio. Otro de mis hobbies es la fotografía y cuando me compré mi cámara reflex me puse a aprender algo de fotografía. Lo hico con libros de los años 60-70, al fin y al cabo la distancia focal, la apertura de diafragma y velocidad de obturación no habían cambiado demasiado en los últimos años
No obstante, y de modo comparado, lo que nos ofrecen guías/revistas reduccionistas son el programa de retrato/paisaje/deporte que incorporan también las reflex. Para ese viaje ¡ni alforjas!
Si pasamos por una librería aquellos libros del vino que me interesan son los que enmarcan el vino en su contexto vital, tanto actual como histórico. Echo de menos que en las revistas los artículos sobre las zonas tengan ese visión que incluya el vino en un todo y no que sean meros publireportajes.
Lejos de ahorrar el tiempo que comentas, lo que hacen es que lo pierda. Con cada paso en el vino, aprendemos, pero en este aprendizaje no hay atajos.
Y no observo nada malo en la inclusión de publicidad ni que sea algo oneroso para las revistas, son un negocio y todos hemos de vivir, pero sí objeto si esto mengüa en algo la libre disposición objetiva de los que escriben en ella. En ese negocio, como en toda viña del Señor, hay de todo gente honesta y menos honesta. Al fin y al cabo, es la honestidad lo que, a mi juicio, debemos tener como encabezado ya sea al escribir un libro, un artículo en la revista o un post para los respectivos blogs.
En cualquier caso y apelando a tu vertiente de bebedor ¿no encuentras que las guías/revistas siempre hablan de los mismos vinos, de los mismos enólogos/viticultores y de los mismos grupos? Vale que las habas están contadas pero ¿tanto?
Saludos,
Jose
Manuel Camblor // Abril 20, 2009 a 3:24 pm
Hombre, Regaliz, excelente aportación a éste, el más largo hilo de discusión en los dos años y cuarto que lleva existiendo La Otra Botella.
Tienes toda la razón con lo de la vectorial incluyendo a la escalar y pudiendo conducir a ciertos impasses lógicos. En realidad quien utilizó esto por primera vez comparándolo con la manera de pensar el vino fue mi gran amigo SFJoe, un hombre sapientísimo con un trasfondo científico que, como dicen por acá, “no se lo brinca un chivo”. Siempre sospeché que algo iba a perdérseme de las sutilezas de la comparación y que probablemente tendría sus portezuelas lógicas por donde entran y salen otras ideas.
En cuanto a la necesidad de las guías, pues no sé… Es que yo me resisto un poco a la idea de que hay un “santo grial”, o cualquier otro tipo de premio, al final de todo. Cosas de un relativista empedernido (a quienes algunos han osado llamar “talibán” alguna vez).
M.
Manuel Camblor // Abril 20, 2009 a 3:37 pm
Kavafis. Borges. ¡Coño, Norjillo, que me estás dando por una vena que yo ya casi nunca dejo que me toquen! ¡Mira que ya dejé la academia muy detrás y ahora soy dizque muchas cosas muy prosaicas y un blog de vinos!
Entendidas todas las puntualizaciones. Me ví obligado a hacer yo las mías propias no en ninguna “defensa”, sino porque noté que lo que escribiste originalmente podía necesitar ampliación y redirección.
¿Ya llegamos a las cien de Laureano? La verdad es que no me he fijado. Un peligro que tiene esto de los temas con muchos comentarios es que te retrasan a la hora de crear posts nuevos.
M.
jesus, etc // Abril 20, 2009 a 4:22 pm
“Un peligro que tiene esto de los temas con muchos comentarios es que te retrasan a la hora de crear posts nuevos.”
No… si yo la hacía por entretener la cosa y ver aparecer al señor De la Serna.
Jose: ya te empiezo a visualizar un poco más a lo Labordeta ;-P
Por cierto mi reflex (que era un peaso máquina, la contax 159) está aparcadísima desde que entró en mi vida el píxel, (que es el mp3 de la escala de grises). Sin embargo, tengo que aparcar la melancolía y defender los sistemas de exposición automáticos y “escenas” ya que permiten centrar la atención en lo fundamental, que es el ojo y no la máquina, y reivindicar a Bresson.
patricio tapia // Abril 20, 2009 a 4:28 pm
Manuel,
Vaya, vaya. Esta es una de las discusiones más apasionantes que he leído en blog alguno. Y la verdad es que no tengo mucho más que aportar a lo que ya se ha dicho. Desde mi trinchera, la del que da puntos y hace guías -la del enemigo- la verdad es que todo me ha parecido de gran nivel (asunto que me ennoblece como persona, claro está).
Y nada, sólo quería colaborar para que llegues a los cien… Te dejo un saludo camino al Pais Vasco, a donde voy para comer bien y hartarme con txakoli, del blanco y del negro (digo esto, claro, para provocar envidia, nada más, lo que me rebaja como persona…)
Ya ven, amigos del foro, poner puntos y hacer guías es una tarea diabólica y como tal, tiene sus recompensas.
Jose // Abril 20, 2009 a 4:38 pm
Hombre Jesús, si era por hacer tiempo hasta que llegue VS vamos descorchando algo
Me hago viejo. Muy viejo. Tarde o temprano tendré que saltar también yo a la digital y guardar para siempre mi Pentax iniciática.
Con lo de la fotografía ahí sí que me has dao! Mira que arreo a diestro y siniestro a todos mis conocidos con megacámaras en que lo importante nunca es la cámara, si no la fotografía. El encuadre, la exposición, la luz… todos esos parámetros tan clásicos. Ahora, sigh, lo que no logran en el campo lo corrigen en la bodega… oooops, ¿en qué estaría yo pensando?
Como añoro la Ilford (p.j. la XP-2 que usaba a diestro y siniestro), su grano grueso… Ay, ahora se ha extendido tanto el look&click que se ha perdido la esencia misma de la fotografía
A todo esto y por revivir uno de los subhilos que abrimos. Finalmente ¿hay lugares que determinan el grado de los vinos en función de su terroir o es la intervención y lo buscado el aumentarlo/reducirlo en función del interes y las modas?
Saludos,
Jose
Manuel Camblor // Abril 20, 2009 a 4:46 pm
Patricio,
Eso de ennoblecerte en un párrafo y rebajarte en el siguiente me parece muy orgánico, muy sístolediastólico.
Pero, ¿el enemigo? No necesariamente. Bonita chamba, la de hacer guías. Y sí, de algo sirven. Pero a lo que me opongo es a basar cualquier pasión en ellas, mucho menos la del vino. Tú bien sabes que algunos haceguías—los poderosotes—si los dejaran, aspirarían a que la guía fuese el principio y el fin de todo.
No sé por qué, pero todo esto de la guía me recuerda cierto ejemplo de poesía cómica de principios del XX:
http://www.bartelby.org/199/14.html
O quizás lo que me recuerda es que vivimos una época de un bouvardetpécuchetismo insufrible.
Entre tanto, se me ocurre que bien podía yo comenzar una serie de ensayos sobre la sicopatología de los ponepuntos y los tragapuntos, poniendo así en uso mi extenso entrenamiento lacaniano. Sin embargo, tampoco sé por qué, me parece que ya alguien se me ha adelantado.
Ah, y si leiste el hilo, ya te enteraste que hay más chacolí tinto en Nueva York que en el País Vasco. Pero como quiera, envidia me das en una tarde de calor que amenaza con lluvia aquí en el Caribe.
M.
patricio tapia // Abril 20, 2009 a 4:58 pm
La verdad es que, para serte honesto, sólo he probado el Gorrondona y precisamente en NY. Una vez me asaltaron con una copa en el Quinto Pino. Pero bueno, no quiero bajar el nivel. Suerte y, se me olvidaba, qué bueno que te haya gustado el Cos. Frappato y Nero en un lugar en donde, se supone, ese tipo de vinos no debiera existir (digo, a propósito de todo lo anteriormente discutido)
Jose // Abril 20, 2009 a 5:08 pm
Una de las muchas cosas buenas que tiene el vino, Patricio, es que aquí y acullá aparecen vinos que hacen que se tenga uno que beber sus propios principios. Alguna vez he comentado algún vino que supone para mi la teoría de uvas foráneas en un territorio que visto en frio no pintan mucho y un grado alcohólico respetable… y me lo bebo feliz de que me haga replantearme las cosas.
Saludos,
Jose
Manuel Camblor // Abril 20, 2009 a 5:18 pm
VS.
Godot.
M.
patricio tapia // Abril 20, 2009 a 5:20 pm
Claro, claro, José. Pero creo que un poco de demagogía, prejuicios y demases arbitrarierades son sanas. Como tú, yo tiendo a mirar en menos a esos cabernet de Jumilla o a esos merlot de Priorato. Y si me ponen un poulsard de Jura en frente, pues bueno, esa combinación (como tantas otras que hablan de historia y tradición) por lo general me predispone y sonrío.
Pero todo esto, como ya te podrás dar cuenta, es sólo asunto de que, mientras más viejo se pone uno, menos ganas tiene de comprar lo que se vende en la esquina. Y más viejo se pone uno, por cierto.
jesus, etc // Abril 21, 2009 a 4:21 am
Patricio, desgraciadamente, el txakoli tinto es raro de ver, y por lo común las elaboraciones no están a la altura de su potencial, en mi opinión, pecando de rusticidad y defectos a veces (este problema en menor medida afecta también al txakoli blanco, aunque ya sobresalen un ramillete de elaboraciones interesantes). Mi preferido, de los tintos, es Talai Berri, a la par que el Gorrondona (aunque yo lo prefiero), tiene su particular deje de guindillas verdes, (pirazinas de las que me gustan) y enorme frescura.
(A través de Manuel puedes contactar mi email) A tu disposición y que tengas visita satisfactoria por estos lares.
Supongo que traerás la agenda ya bien arreglada, pero si tienes alguna cosa que consultar en la que yo te pueda ayudar no dudes en intentarlo
Manuel Camblor // Abril 21, 2009 a 6:57 am
¿”Rusticidad”? ¿”Defectos”? De repente te me pareces al Lainez, Norjito…
El tinto Talai Berri lo llegué a encontrar una vez en Nueva York, pero no recuerdo si lo probé.
M.
jesus, etc // Abril 21, 2009 a 8:02 am
Ja, ja, estabas con alergia pero veo que recuerdas!
Pues lamentablemente a veces se siguen notando pestecillas o texturas en boca avisando que algo se va a torcer.
Pero es cierto que se están haciendo las cosas cada vez mejor… en blancos. Los tintos están olvidados, a ver si el péndulo da la vuelta y se empiezan a tener en cuenta.
Manuel Camblor // Abril 21, 2009 a 6:16 pm
Sí, pero recuerda la primera respuesta de Patricio a mi “contraentrevista”. Al hombre le hace ilusión el brett. Yo, por mi parte, me apunto a la movida textural. Tanto pulido en vinos jóvenes no me va.
Y mi memoria es elefantina, tú lo sabes…
M.
jesus, etc // Abril 22, 2009 a 7:00 am
¡Divinos defectillos y el gusto adquirido! Recordarás entonces también que nos decía Agustín Santolaya, a propósito de un vino suyo (puede que el Roda I 98 o acaso otro anterior ¿el 93?) que iba con un toque de establo, que le traía buenos recuerdos de sus burdeos iniciáticos.
Pero yo hablaba más bien de manzana rancia, de queso… y Jose, recuerdo, decía encontrar notas de “gallinero” en el tinto de gorrondona (no lo noté en mis botellas, pero quién sabe, volvemos a los gustos adquiridos y umbrales de tolerancia…)
Y ya sé que no te van las texturas mullidas, que prefieres (preferimos) los ángulos, pero tampoco me refería yo a vértices minerales, ni a vórtices acídicos, ni a aristas tánicas, ni a carbónicos fractales… más bien a texturas secantes…
Oye, ya van más de 100 ¿cuanto pagan por esto las marcas de la foto de arriba?
Jose // Abril 22, 2009 a 8:21 am
En efecto la primera botella de Gorrondona estaba muy sucia en nariz y boca. Mucho más limpia la segunda aunque notable el gallinero. Creo recordar que Olaf notó la suya más limpia que las que yo probé.
Saludos,
Jose
Manuel Camblor // Abril 22, 2009 a 10:15 am
Los “recuerdos de infancia” de Agustín Santolaya me llevan la mente a cosas que quizás den un giro interesante a esta trama. Resulta que esos vinos “de alcohol grande” que dizque salen obligatoriamente de algunos terruños son, a la vez, propensos al brett por su baja acidez. Combino esto con aquel sonsonete del “paladar infantilista” que favorece los vinos hipertróficos y, de repente, estoy ante todo un panorama sicoanalítico.
Emergen asociaciones entre un paladar infantilista, el alto alcohol y ese entrañable olor de establo, gallinero, o cualquier otra fecalidad varia. Quizás, de forma subyacente, el retorno a la infancia, la caca…
En fin, que hoy amanecí de un humor un poco peculiar. Pero vale la pena ponderar el rol de ego e id convirtiéndose en superego aquí.:-)
M.
laureanoserres // Abril 22, 2009 a 4:32 pm
Sin ánimo de seguir el el camono a las 200… pero aportando un detalle que me parece importante, la caca.
Aquella caca química, de aquel que de ha inchado de antibiótico…o a quella caca natural, podrida y fermentada, cargada de vitamina B , con aquel aroma profundo, pero por algo no del todo desagradable.
Anécdota, tuvimos que tirar las zapatillas y los pantalones de la pequeña, vino un circo al pueblo, y traían un borrico, una cabra y una llama…no sé si sería de la llama, pero hablar de aquello rondaría la escatología…no quisiera desagradar al distinguido público…pero inclus cuando nos ponemos a hablar de caquitas…pues mucho hay que desarrollar.
Y por supuesto, ya que hacemos sicoanálisis social, enganchado todo con las caquitas de bebé, sobre todo las primeras, que engancharían con el alquitrán y los hidrocarburos de algunos blancos…¿?
Salut.
laureanoserres // Abril 22, 2009 a 5:28 pm
Y aprovecho para pedir perdón por la entrada anterior, espero escribir mejor, pero es que antes de meterme en la cama, pensaba ¡y en alcohol?, ¿dónde está?, y ahora me ha vendo a la cabeza…en la colonia, en ese olor a colonia infantil…
Si es que esto da para mucho.
Salut.
jesus, etc // Abril 23, 2009 a 4:45 am
Qué bien que huele tan mal, dijo un amigo en mi casa el pasado sábado cuando cuando me dispuse a emplatar un queso munster.
Pero no me convence este traslado sicoanalítico del paladar infantil asociado a vinos y brett… mi idea del paladar infantilizado en el vino es el de una potente molicie de chuchería higiénica, colores primarios y planos, línea gruesa…
Joan // Abril 23, 2009 a 5:40 am
Manuel, quiero agradecerte a tí y a todos los comentaristas del blog, y en especial a los de esta entrada. No podéis imaginar el deleite obtenido tras la lectura detenida y las luces que aportáis.
Disculpad el peloteo y las palmaditas en esta mi primera entrada, que espero corregir en fructuoso debate en posteriores aportaciones.
Joan
Manuel Camblor // Abril 23, 2009 a 6:05 am
Jesús,
¿Por qué semejante insistencia en que las conexiones entre las cosas sean estrictamente directas y sin hipos cósmicos, agujeros en la continuidad, patadas arbitrarias hacia donde menos te lo esperas en el campo, etc.?
Obviamente, lo del “paladar infantil” trata exactamente de lo que dices: La golosina artificial, los colores primarios, la falta de textura… Pero la más preciosa de las ironías es que muchos de esos vinos “infantilizados” tienen las condiciones perfectas para dosis en grande de brett. Claro, dadas las tendecias hiperhigiénicas de algunos hacedores, un palito adicional de osmosis inversa te quita cualquier asunto pestífero de esos también. Pero es una avenida a explorar, la golosina a la vez indigestible y predigerida, juto a lo otro. Donde parecería haber una mutua exclusión, puede haber un extraño nexo.
Usa tu imaginación.
M.
Manuel Camblor // Abril 23, 2009 a 6:07 am
Joan,
BIenvenido a La Otra Botella. Ya comienzo a tenerle un poco de miedo a este hilo, pues hace como cinco días que no blogueo, entre otras cosas por estar respondiendo comentarios aquí, que se van por cada derrotero…
Pero se edifica uno muy divertidamente en esto, sí señor. Un placer tenerte por aquí.
M.
jesus, etc // Abril 23, 2009 a 10:48 am
…Manuel y las parajodas [sic]

(telón)
Manuel Camblor // Abril 23, 2009 a 11:28 am
¿[sic]? Pero si me parece una descripción perfectamente legítima de mi actividad…
M.
Cositas y cosotas: 24.04.2009 « La otra botella // Abril 24, 2009 a 5:58 pm
[...] cuando en una semana entera no cuelgo una entrada nueva. Pero el hilo de comentarios de “El misterioso misterio de la potelegancia” ha estado tan activo y variopinto que pareceríaa veces pretender convertirse en una [...]