Archivo diario: abril 24, 2009

Cositas y cosotas: 24.04.2009

Se siente raro, cuando en una semana entera no cuelgo una entrada nueva. Pero el hilo de comentarios de “El misterioso misterio de la potelegancia” ha estado tan activo y variopinto  que pareceríaa veces pretender convertirse en una especie de “metablog” de La otra botella. Hemos discutido mucho y bonito. Eso me gusta. Pero hay que seguir adelante. Hoy es viernes. Hay cositas…

Lo primero es que tengo que dejar de dejarme llevar por las provocaciones de los amigotes. El buenazo de Jose me volvió con otro episodio delasérnico en Elmundovino. Fuera de cualquier coña, a uno le da por reflexionar cuando lee lo siguiente de Víctor de la Serna: “[L]o que me preocupa es esa ausencia de interés por el vino español de calidad en los foros de calidad que forjan el estado de opinión en los mercados de calidad“.

Bueno, fuera de cualquier coña hasta que te das cuenta de que tu reflexión te ha llevado a un punto en el que sólo sientes ganas de reirte—y no precisamente con aquella “risa de los ángeles” que decía Milan Kundera.

Víctor reconoce que hay un respeto a los vinos de López de Heredia por su consistencia y personalidad en esos foros internacionales. Igual con un par de otras excepciones a la regla. Pero el resto del “vino español de calidad” es una especie de Rodney Dangerfield entre la flor y nata de la  wine geekery angloparlante.

Menciona como ejemplo de “vino español de calidad” que no obtiene atención en esos foros, entre otros enotrofeos ibéricos, a Numanthia. Difícil veo yo que alguien en, por ejemplo, Wine Disorder, le tenga paciencia, mucho menos respeto, a un producto LVMH. Aunque bueno, Numanthia traía ya otras condiciones que lo hacían repelente a cierto tipo de enochalado menos susceptible al juego de los puntos y la hipérbole puntista.

Que conste, no pretnedo trivializar la preocupación de mi antiguo amigo Víctor. Es legítima, en la medida en que a alguien le importen la suerte de un tipo de vino en particular. Porque esa categoría de “vino español de calidad” tiende a referirse a cierto tipo de vino en particular: Uno inmenso, hiperpotente, con mucha madera nueva y más pretencion. Encima, caro.

Quizás lo que pasa es que hay demasiado vino idéntico que cae bajo esa rúbrica y quizás ha sido modelado en algo que, si somos perfectamente honestos, no era en verdad tan excitante como quisieron hacérnoslo ver los punteros. El que haya tanto vino igualito—de tantas regiones diferentes de España— que cualifica como “premium” no puede ser un activo. Lo de “premium” tiende a perder el efecto cuando no hay algo que haga especial a dicho vino con respecto a los demás. Un potentenmaderado resulta igual a otro y, dados los tiempos que corren, comienza a dar pereza seguir hablando de lo mismo, mucho menos andar sacando la tarjeta de crédito para endeudarse más.

Digamos que en tiempos de economía dura la gente va a comenzar a exigir mucho más carácter—mucha más diferenciación—del vino antes de desembolsar precios “premium”. “Más de lo mismo” just won’t do. Y el problema no es sólo de España. Piensen ustedes en como les va a los vinos australianos, chilenos, argentinos, californianos, supertoscanos, etc. en esos foros de los super wine geeks. No mejor, ¿verdad?

Existe tal cosa como la saturación del mercado, yo siempre he dicho.

Sigo insistiéndole a Don Víctor que se anime, que aquí seremos radicales, pero no mordemos. Hay un hilo con ciento y pico de respuestas y ahora esto, hombre…

La cosota es que se sigue hablando de lo jodida que está la cosa en el mundo. La campaña en primeur para la añada 2008 en Burdeos se convirtió en un jueguito de suspenso, con mucha gente clamando por bajas significativas en los precios. La crisis, ya saben, Algunos châteaux han obedecido, teniendo en cuenta las difíciles condiciones del mercado mundial para artículos de lujo, incluyendo vino “premium”.

Claro, está el problema de lo que significa esta bajada de precio en la añada de la campaña en curso para el inventario quedado de las cosechas inmediatamente anteriores. Decididamente no es un bonito momento para ser vendevino de gama alta, no señor.

Pero me pongo a preguntarme: Tras el apogeo enopretencioso de los últimos quince años, tras tanto lanzamiento de vino nuevo a precios escandalosos, tras tanto viciar el mercado con expectativas irrealistas sobre “lo que quiere” o “lo que aguanta” el consumidor, ¿no estamos listos para un reajuste de las cosas? ¿No es ésta una buena oportunidad para reevaluar lo que de verdad confiere mérito a esos vinos por los que han de pagar quienes para pagar tengan?

Una curiosa noticia publicada hoy, también en Decanter.com, sugiere una tendencia que me parecería muy imprudente ignorar.

El artículo habla de que en EEUU los consumidores gravitan hacia vinos “más baratos” para el consumo cotidiano, relegando los vinos “premium” para ocasiones especiales.

La pregunta del millón es cuánto tardará la industria en enterarse de que esa gente que reduce el presupuesto para consumo diario de vinos seguramente va a comenzar a exigir mucho más por lo que paga. Más vida. Más carácter. Más calidad.Por menos dinero.

Claro, siempre aparecerán abogados contra las reducciones de precio que no sacrifiquen en lo absoluto la calidad. Hay gente así de desubicada. Y el consumidor, pues,  existe para esquilarlo. Por ejemplo, esta entrevista con Charlotte Hey (editora de la revista británica Drinks Business) en el portal que antes albergara a mi blog. ¿”El batacazo australiano”? Pues señora, se lo pegaron contra algo muy recio: La realidad. A veces, amigos, no hay de otra.

Bueno, pero dejo por un momento la crisis. Me llegó también el otro día al buzón este artículo del magazine de la BBC.  Supermercados adaptando su agenda de degustaciones de acuerdo con los ciclos de la luna. No sé por qué, esta noticia me pareció que le interesaría a Joan Gómez Pallarès. ¡Ay luna lunera, cascabelera!

Lanzándonos por otra banda (aunque, al final y como yo siempre digo, todo conecta y muy probablemente acabemos en la misma de nuevo…), me he pasado el último par de semanas intentando adelgazar. Sí, de nuevo en ésas. Mi acercamiento ahora es de comer solamente ensaladas por las noches. Le estoy poniendo mucha creatividad al asunto, particularmente considerando las precariedades del mercado local en Santo Domingo. Lo que pasa aquí por “vegetales” hubiese sido para mí un terrible insulto en mi otra vida. Excedentes nefastos de agribusiness…  Ya aquellas maravillosas frutas y verduras de mi infancia caribeña han dejado de existir.

En fin, que los que sean amigos míos en Facebook ya habrán visto el álbum de fotos, semirrecetas, notas de maridaje o divorciaje vínico y análisis socioeconómico que tengo colgado en mi perfil y que actualizo a diario. No sólo está Camblor a dieta. Está a dieta en público.

Ah, y en cuanto a vinos con alcohol elevadillo: No será el 15% de aquel Jumilla con aspiraciones de arquetpo del que hablábamos el otro día, pero el Terre di Poliziano, “Lohsa”,  Morellino di Scansano 2007 carga 14% y no me desagradó en lo absoluto. Poliziano no es uno de esos productores inmediatamente asociables con esas filosofías “radicales” que se me atribuyen por ahí. Son más bien modernistas y dados a las variedades “mejorantes”. Pero si me llevo de lo que viene en la botella, repito, el resultado no me desagrada. En este caso se trata de 100% sangiovese de la DO costera de Morellino di Scansano, en la Maremma toscana.

Usualmente, Morellino da vinos de más color y potencia que el resto de Toscana. Son sangioveses corpulentos, pero que pueden ser muy bebibles. Tal es el caso de éste. Dos botellas cayeron el otro día en casa.

A Patricio Tapia le hubiese traido una sonrisa la nariz de esto, pues traía lo suyo de bestia, seguido por aromas de romero seco, regaliz, barro,  ciruela fresca, plástico caliente y un sutil deje de cocoa amarga. Una nariz accesible, cálida, directa. Compacto en boca, con bastante cuerpo. Hierbas secas entre fruta que tira por momentos hacia un aspecto amargo-especiado que me hace recordar al Campari. Posgusto medio, con taninos masticables y buena acidez. El alcohol amenaza con dejarse sentir si la temperatura del vino se deja subir. Pero no cumple la amenaza y al final la impresión es de calidez de vino robusto.

Lo que me sorprendió de este vino, tan mediterráneo como el que más, fue su capa. Aunque el color era un rubí oscuro, exhibía una excelente transparencia y un bonito brillo. Nada de negruras hiperextractivas. 14% de alcohol sigue no siendo ninguna bicoca, pero de que se bebe muy agradablemente, se bebe. Dicho sea de paso, el aroma brettesco de bestia era mucho menos señalado en la segunda botella.

Y ya, que se me hace tarde. Si esta entrega les parece un tanto fragmentaria, es que ha sido escrita con mil interrupciones. Les dejo disfrutarse ahora una bandita que creo ya desaparecida, que nos dejó unos cuantos buenos discos para considerar. Ojalá no sea como creo y sigan. Esto es The American Analog Set: