Archivo diario: abril 27, 2009

Momento retro: Mis ideas sobre el terroir (El re-edit)

Había una vez un blog llamadoLa otra botella, que nació y vivió su primer añito y pico en un portal de internet español con el tortuoso URL de http://lomejordelvinoderioja.com. Al personaje responsable de ese blog se le comenzó a hacer un poco inconveniente aquella residencia y decidió, tras larga deliberación, cambiarse a una plataforma más cómoda y eficaz. Así nació http://laotrabotella.com.

El cambio de ciberlocalidad ocurrió de forma rápida y amigable, sin trastornos para casi nadie. El personal del viejo hogar del blog hasta ofreció traspasar todos los archivos antiguos allí generados a la nueva dirección, pero nunca lo hizo. Así, quienes querían ver las controvertidas entregas de hace un año o dos en La otra botella, por fuerza tenían que saltar de un sitio a otro.

Aparte de que le fallaran los de aquel portal, una cosa que molestaba al sufrido autor del blog era que a cada rato alguien respondía a algún post en la vieja versión del blog. El pobre tipo recibía notificaciones y tenía que ponerse a redirigir. Un lío. Encima, a dicho pobre tipo se le había olvidado su contraseña para ingresar a aquel lugar. En las secciones de comentarios de su viejo blog se apilaban montones de mensajes de spam en chino, proclamas políticas mexicanas, ofertas de viagra y cialis, diatribas llenas de tacos dirigidas a nadie en particular… No podía hacer nada por adecentar aquel antiguo barrio. Se limitaba, cuando tenía que visitarlo, a pensar: “Esto está del mismísimo carajo”.

Hasta aquí la puesta en antecedentes semidistantes. Esta mañana me llegó una de esas notificaciones de que había nuevo comentario en aquella versión del blog y fuí a cucutear, no fuera algo importante.

Resultó que sí. La entrada lleva el título de “Mis ideas sobre el terroir“. La firma del comentario era de Pedro Parra. El comentario decía:

Hola,

Excelente tu articulo.

Te cuento,  llegué a este blog por vinorama de Pato Tapia, quien me conoce bien.

Yo me dedico desde hace 9 años a esto del terroir. Hice de hecho un doctorado en Terroir en Francia y me he dado el gusto en mi vida de recorrer, conocer y entender bastante bien muchos viñedos franceses y europeos. Para terminar mi introduccion, me dedico a asesorar viñedos en Chile, Argentina, España y ahora en Portugal, respecto a este tema.

Por eso, para mi el tema es un tema… U el tema dificil de definir es qué  es un terroir, muy diferente a decir este es un vino de terroir. Y cual es la diferencia entre un terroir y un vino de terroir.

El terroir, para mi, parte en la cabeza, en tu educacion y cultura viticola, y es una forma de vida y de ver las cosas que trae, cuando es sincera, muchos riesgos, ya que el vino hay que venderlo.  Pienso que es imposible hablar de terroir o vino de terroir cuando el dueño o el winemaker son incapaces de entender en donde estan y lo que hacen.

Tambien existe un gran problema, que es la escala de percepcion: ¿Podemos decir que Uco es un terroir? ¿O que Vista Flores es un terroir? ¿O que el viñedo de Rolland Val de Flores es un terroir? ¿O que la parcela 4 de Rolland es un terroir? ¿O que el triangulo de la derecha de Val de Flores es un terroir? ¿Y de  qué sirve todo eso si después la intervención de Rolland modifica ese terroir?.Es super vago todo esto y super ambiguo, y a pesar de todo eso yo le dedico mi vida, a veces con demasiada pasión…

Para terminar, les puedo decir lo siguiente, basado en mi experiencia. El peor vino, en todos los lugares en donde he trabajado, viene siempre del mismo “sistema de terroir“, y el mejor vino, pasa lo mismo… En efecto, al enfretar una asesoría, y dado que vengo del mundo del Jazz, siempre parto haciendo un Blind Test mental: Observo el viñedo lo camino para todos lados, miro los colores de la vegetacion y del suelo, etc… Y al final del dia anoto en mi cuaderno lo que creo que son los mejores sectores y los peores sectores… Y espero pacientemente 24 meses que duran generalmente mis asesorias, para saber claamente como anduve. El terroir se lee amigos… Pero para eso hay que saber leer.

El texto de Pedro me gusta. Me provoca a pensar en unas cuantas cosas que dije y sigo diciendo. Me provoca también a retomar directamente este tema tan candente, del que hemos estado hablando mucho en tiempos recientes. Pero no sé, quizás hay que reenfocarse. Leía un artículo muy bueno de Forbes.com el otro día sobre el peor problema que afronta la crítica de vinos hoy día, que es la petulancia y disposición a atacarse entre sí que parece poseer eternamente a los más influyentes críticos, y sentí que a veces yo mismo, que bajo ningún concepto quisiera ser confundido con un crítico o periodista profesional, caigo en ese jueguito. Tanto señalar los defectos de los demás—o tan sólo pasársela provocando a esos prójimos—lo hace a uno olvidar cosas importantes.  Así, hablemos un poquito de terroir, de verdad.

Le agradezco a Pedro que entrase al viejo blog y que ofreciera venir a vernos aquí. Creo que el debate resultante puede ser muy interesante.

Nota curiosa que puede o no venir al caso: El que a Patricio Tapia lo apoden “Pato” me hace gracia. Tuve una novia en mis años mozos que me llamaba así mismo, a causa de mis pies planos y naturaleza cascarrabias.

En estos días—y esto es un dato que quizás preocupe a algunos—he estado pensando mucho en comprarme una finquita para cultivar vegetales orgánicamente en algún lugar alto y fresco de la República Dominicana (los hay). Pensar en terroir es casi automático para mí, dada esta circunstancia que les revelo. ¿Qué iré a plantar? ¿Por qu;é elegiré un sitio y no otro? Son preocupaciones que vienen de y van al mismo argumento.

Comenzaré por reproducirles el artículo mío al que respondía Pedro, debidamente revisadito para eliminar errores tipográficos y redundancias. Aparece en un atrevidamente  coqueto color rojo-Valentino, así, medalaganariamente. Además, lo acompaño con fotos tomadas por mí y por algunos amigos, ya publicadas anteriormente, pero que no dejan de ser deliciosas de mirar. Allá vamos…

Un nuevo eslogan de Starbucks, al que llama nuestra atención Mark Lipton en Wine Therapy (el hilo se titula “Terroir Goes Corporate“),  resulta en iguales medidas hilarante y alarmante: “Geography is a Flavor™”. Mark señala, muy acertadamente, que lo más curioso es el simbolito de “™” después de la frase, indicando que ésta es una marca registrada. Starbucks, un megagigante corporativo que ha logrado colocar sus tiendas de bebidas a base de café mediocre en casi todas las esquinas de todo el mundo civilizado, está intentando posesionarse de una versión de “terroir“.

Antes de ir más lejos, y por lo de la full disclosure, como se dice aquí, debo anunciarles que yo creo en el terroir. Lo he sentido en algunos vinos. Y he notado su ausencia en otros. Creo poder reconocer la diferencia cuando tengo uno u otro vino delante. Para mí el terroir es, para utilizar una analogía medio rara, como el funk. O lo tienes, o no lo tienes. La frasecita “abogado del diablo” me jode infinitamente, pues implica una especie de falsa imparcialidad, o el más absoluto cinismo. Yo sé donde están mis lealtades y lo declaro abiertamente. Que una megacorporación multinacional como Starbucks pretenda impregnar de “legitimidad” sus productos en base a terroir me motiva a pensar en muchas cosas. De abogados y de diablos, aquí, nadita de nada.

La motivación para escribir y reescribir estas páginas me vino de un comentario de nuestro amigo chileno Felipe Méndez, que me pidió mi opinión sobre ensayos publicados en el New York Times, uno por Harold McGee y Daniel Patterson y el otro por Eric Asimov en su blog “The Pour”.

McGee y Patterson, en un artículo considerado por muchos como bastante provocador (pueden encontrarlo, si no lo han hecho aún aquí), descartan el enlace estricto de la idea de terroir con el suelo. Parecerían, como bien dice Eric Asimov, abogar por un concepto más complejo de terroir, que incorpora al hombre como elemento igual de crucial que la geología, el clima, etc.

Empinadas laderas de viñedos pizarrosos en Ribeira Sacra: ¿Terroir o qué? (Foto: Gerry Dawes)

Empinadas laderas de viñedos pizarrosos en Ribeira Sacra: ¿Terroir o qué? (Foto: Gerry Dawes)

Entre las respuestas al blog de Asimov hay una con la que concurro plenamente. Su autor, que se firma como “Sommelier” define “terroir” de la siguiente forma: “El terroir es mucho más que la mera composición química del suelo, y mucho más que lo indicado por el término norteamericano ‘microclima’. El terroir incluye todo lo que hace único a un lugar particular: La composición del suelo, la pluviometría, el drenaje, la elevación, la pendiente, la orientación con respecto al sol, las horas de exposición solar, los grados de calor, la fuerza del viento y al humedad que acarrea, la distancia a un cuerpo acuático, la niebla… Cuando mis colegas y yo catamos borgoñas, la diferencia entre vinos, incluso de viñedos vecinos, es frecuentemente muy notable, hasta cuando los vinos son productos de un mismo elaborador. Negar la diferencia entre esos vinos no es cuestión de opinión, sino señal de inexperiencia o de un paladar pobre” (Mi traducción, ver el original aquí).


A lo que digo yo: ¡Bravo! Chapeau, Mr. Sommelier, chapeau.

Los viñedos del Château Léoville-Poyferré a finales de los noventas, cuando esta casa contrató a Michel Rolland como consultor: ¿Terroir, o qué?

Los viñedos del Château Léoville-Poyferré a finales de los noventas, cuando esta casa contrató a Michel Rolland como consultor: ¿Terroir, o qué?

Otra cosa que admito libre y rápidamente es el tener muy poca paciencia para quienes pretenden descalificar la idea de terroir como (a) una patraña romántica de tradicionalistas y reaccionarios, o (b) sencillamente una perniciosa y singular estrategia de marketing. Si creer ciegamente es malo, igualmente lo es descreer ciegamente. En ambos casos debe haber o alguna experiencia personal que respalde la creencia o su ausencia o, si posible, alguna prueba científica.


Hablando de pruebas científicas… Una actitud imperante entre los que tildan de patraña lo del terroir es descalificar la existencia de sabores y aromas minerales en el vino. “No hay manera de demostrar científicamente que los componentes minerales del suelo afecten el perfil de un vino”, va el sonsonete.

Bella vista de viñedos en Apalta: ¿Terroir, o qué?

Bella vista de viñedos en Apalta: ¿Terroir, o qué? (Foto: Felipe Méndez)

Para mí, esto no solamente descarta la posibilidad de que un vino exhiba aromas y sabores minerales (como exhiben aromas de hierro algunos saint-émilions y pomerols, o como exhiben aromas de conchas trituradas algunos chablis, o pizarra algunos prioratos y rieslings del Nahe; fíjense que no quiero entrar en Borgoña para que no se me acuse de que los “terroiristas” todos nos acostamos del mismo lado), sino que también resulta medio irrespetuoso en cuanto a la capacidad de avance de las ciencias. El que no se haya descubierto científicamente la forma en que aparecen en ciertos vinos aromas minerales asociados a los suelos de origen de dichos vinos no quiere decir que un día de estos algún geólogo, botánico, microbiólogo u otro científico no diga ”¡Eureka!”


El viñedo Brea de los Brovia en Piamonte: ¿Terroir, o qué?

El viñedo Brea de los Brovia en Piamonte: ¿Terroir, o qué?

¿Hay alguna hipótesis que me haga pensar así? Pues me leí esto en un artículo de David Schildknecht en The World of Fine Wine: “El terroir es inherentemente inclusionista, si no prosaico. El metabolismo de cualquier planta se ve influenciado por su entorno, lo que a su vez afecta el sabor de sus raíces, hojas y frutos. Cualquier persona con suficiente experiencia en cultivar vegetales o recoger bayas sabe esto. La influencia del terroir en el sabor del vino debe surgir de esos mecanismos, por mal comprendidos que sean, a través de los cuales el suelo y la exposición a los elementos influyen en el metabolismo de la vid, pues ningún sabor puede transmitirse a la uva salvo que sea por mediación metabólica” (David Schildknecht, “Terroir Is Where th Hearth Is”, en The World of Fine Wine No. 14, p. 73; mi traducción).


También encontré algo en un artículo de Rupert Joy en Decanter titulado “Terroir: The Truth”: “[Claude] Bourguignon (científico especializado en suelos y su microbiología) cree que microorganismos en el suelo, en particular los hongos llamados micorrizas [N.B. Para una explicación de lo que es una micorriza ver esto] son la clave de la expresión del terroir. (Declara Bourguignon): ‘Son las bacterias las que permiten a las raices de la vid asimilar nutrientes, así que es imposible distinguir entre vinos de diferentes terroirs si el suelo está biloógicamente muerto. Es por eso que el papel que juega el terroir divide a los científicos. Nunca consideran el nivel de actividad biológica en el suelo’” (Decanter, julio 2007, p. 45, mi traducción).

Claro, es especulación. Pero ¿no les da curiosidad? Pensemos en una cita de Lalou Bize-Leroy que aparece con el mismo artículo de Joy: “Felizmente, nadie ha mostrado aún que ciertos elementos en el suelo impartan particulares características al vino. Pero la ausencia de tal conocimiento no es razón para negar que cada vino posee su propia tipicidad” (Decanter, julio 2007, p. 51, mi traducción). No me explico lo que pueda querer decir Mme. Bize con que la falta de demostración es algo “feliz”. Pero bueno, da en un clavo interesante: Menciona tipicidad, elemento crucial en la identificación de todo terroir.

Algo muy curioso es que, aunque aparezca tanta gente que pretende negar la existencia de terroir, hay hoy día una proliferación inmensa de vinos de pago. Entras en una tienda de vinos y no das tres pasos sin encontrarte con una etiqueta que ponga “Pago de esto” o “Aquello Vineyard” o “Vigneto dellotro”. Incluso, como señala Eric Asimov, en California se dan muchos vinos elaborados de fruta proveniente de determinados bloques de un viñedo prestigioso. Al dar tal prominencia al nombre de un pedazo de tierra cultivado y utilizarlo como “marca de calidad”, incluso en tiempos en que la noción de terroir es controversial, ¿qué hacemos si no validar que hay tierras y tierras, hay terroirs y terroirs? El vino proveniente de un viñedo tan señalado (tiene nombre y apellido, ¿no?) deberá ofrecer consistentemente características propias, una tipicidad que diferencie su provenencia de cualquier otra. ¿O no?

Caigo, con esta pregunta, sobre los que condenan el terroir como “estrategia de marketing”.  Se habla de que es un invento de ciertos elementos franceses para aumentar el valor de sus tierras, ensalzando cualidades inefables de los vinos que producen y señalando que  “eso solamente se da en mi parcela”.  Lo que tiene mucho de verdad. Incluso, podíamos dedicarle otra tarde enterita a hablar de las leyes que rigen las designaciones de terroir en Francia, y como algunos viñedos borgoñones de nivel grand cru que quizás no merecen—tomando como evidencia los vinos que dan—tal designación, mientras que hay premiers crus que merecerían de sobra un ascenso. O podríamos dedicarnos a explorar las diferentes interpretaciones de “terroir” que hay de una región francesa a la otra, por ejemplo, de Borgoña a Burdeos, de Burdeos a Alsacia, de Alsacia a Champagne…

Lo nada extraño es que la mayor oposición al uso del concepto de terroir viene de sectores que tienen algo que ganar por esa oposición. De un lado tienes a productores tradicionales de vinos franceses o italianos que alegan que sus vinos poseen terroir y que dicho terroir es lo que hace especiales a los vinos. Por otro lado hay productores en regiones emergentes que quizás poseen excelentes  terroirs, pero donde nadie ha podido figurarse aún como se expresan dichos terroirs…  Un modo de competir al mismo nivel que los franceses e italianos, con sus terroirs de rancio abolengo, es negar que exista privilegio concedido por el terroir. Hasta ahora el terroir no es científicamente demostrable, ergo, cualquier lugar del mundo, dado talento de viticultores y enólogos, puede dar producto vínico de alta calidad, digno de ganarse todos los puntos y venderse al precio más alto.

Por si no es obvio, déjenme recordarles la bottom line: El vino es un negocio. Todo en un negocio tiende hacia vender. Cualquier reclamo que ayude a vender es una estrategia de marketing. Ufanarse del terroir o negar su existencia resultan igualmente cuestionables si alguien te los menciona y te dice que no está tratando de venderte algo. Por mi parte, que me hable de terroir, o que me hablen de que el terroir no existe. Yo solamente creo en lo que perciben mis sentidos, y compro acorde.

Sin quererlo. vuelvo a extenderme demasiado. Esto que escribo no pretende dar conclusiones, sino más bien invitar a pensar y discutir inteligentemente la utilidad de un concepto en que creo. Antes de cerrar, habiendo salido con eso de “lo que perciben mis sentidos”, creo que debo tocar otro puntito importante: La particular visión del terroir que se traen algunos elaboradores, muy notoriamente Randall Grahm, de Bonny Doon Vineyards en California.

Grahm ha escrito recientemente  varios artículos (éste es el primero, luego ha publicado “continuaciones en The World of Fine Wine). De plano, estoy de acuerdo con él en considerar el terroir un fenómeno complejo, que va mucho más allá de la mera mineralidad. También estoy de acuerdo en que la tipicidad—los razgos que identifican un vino como de un lugar específico  (la tan citadísima ”somewhereness“, como la llamara Matt Kramer en su libro Making Sense of Wine)—está “inextricablemente ligada a la belleza” en un buen vino. Donde Grahm me pierde es en establecer que hay que “buscar” el terroir como si fuese una especie de grial, o esa virgen más milagrosa, que siempre vive más lejos de donde uno está.

Les cité ya parte de un brillante ensayo de David Schildknecht que es, a un nivel básico, una refutación de la “búsqueda” del terroir foráneo. Schildknecht propone de forma muy lúcida que el terroir existe donde estamos, en cualquier lugar donde alguien cultiva la vid y hace vino. Dice:  “Es mi conceptualmente austera convicción que [gente como Randall Grahm] debe aceptar como terroir cualquier viñedo que tengan bajo sus pies, no preguntando ‘¿podemos alcanzar el terroir?’, sino ‘¿cómo podemos lograr vinos que sean deliciosos de una forma distintiva de su lugar de origen?’” (The World of Fine Wine No. 14, p. 73).

Circa 1999, Mariano García en su Pago de Cueva Baja, de donde sale el vino top de Mauro, Terreus: ¿Terroir, o qué?

Circa 1999, Mariano García en su Pago de Cueva Baja, de donde sale el vino "top" de Mauro, Terreus: ¿Terroir, o qué?

Creo que hay una lección muy importante para cualquier joven elaborador de vinos hoy día, particularmente si no se ha dejado endoctrinar acadmicamente por los Sam Harrops de este mundo y mantiene una mente verdaderamente abierta. Si, para adoptar y adaptar una frase de David Schildknecht, “el terroir comienza por casa”, es necesario enterarse precisamente de lo que es “casa”. Hay que ver la viña y su vino al desnudo, añada tras añada, hasta identificar qué es lo inherentemente típico en el producto. Esa constante es el terroir.


Claro, hoy día tal actitud, por loable que nos parezca, tiene poquísimas oportunidades de florecer en lugares donde la mentalidad del terroir no es tradición. En muchas partes de España, igual que en este llamado “Nuevo Mundo”, inmensas cantidades de jóvenes salen educaditos de “enología”, una disciplina que a veces me parecería equivaler a “maquillismo vínico”. Se aprenden métodos para crear productos homogéneos cosecha tras cosecha, que respondan exactamente a supuestas “demandas” del mercado determinadas a nivel corporativo. Saben todos los trucos de cigugía estética, “maquillaje” y “vestimenta” del vino. Vienen también preparadísimos para el marketing, para jugar el juego de los medios. Pero, desafortunadamente, son poquísimos los que también vienen con la capacidad de escuchar e interpretar lo que dicen la tierra, el clima y la vid. Concluyo pensando en el componente humano de la idea de terroir. Se habla de que la expresión del terroir depende de cadenas de decisiones humanas. Para mí el primer eslabón de esas cadenas, sin el cual no hay nada, es el hombre como buen entendedor.

Vale la pena añadir, a riesgo de llevar a lo completamente ridículo la exagerada hiperextensión de esta entrega, lo que apunta Pedro Parra sobre su trabajo consultorial: “He colaborado mucho con Casa Lapostolle, Concha y Toro para Don Melchor (ellos pagaron mi doctorado) y viña Montes tambien, entre otras]…] En Argentina, he participado en proyectos en donde mi amigo Alberto Antonini me ha invitado. Ahora viene SOGRAPE en Portugal, como veras, mucha experiencia en un tema delicado.
Delicado, pero al parecer crucial, el tema, si tomamos en cuenta—¿y cómo no hacerlo?—que megabodegas corporativas contratan asesores prestigiosamente titulados (Pedro Parra, según arroja un googlazo rápido, es, efectivamente, Doctor en Terroir del Instituto Nacional de Agronomía de París-Grignon y arriba tenemos una muestra de las empresas que ha asesorado)  en torno a él. Esto choca un poco, si uno se queda en el ámbito más neciamente purista de la cosa, pero también, si uno se deja llevar y abre un poco la mente,  resulta fascinante e invita a lo que considero una reflexión verdaderamente importante, a la que, sin más, les dejo ahora…