¡Feliz Día Mundial del Trabajador para todos los trabajadores! Como yo siempre me profeso un “amateur” y hablo tanto de que mi deseo es lo que guía todo lo que hago, esto de bloguear no es trabajo, así que, como Nananina, “aquí como to’los días…”
Peculiar semanita de curiosidades. Pensaría uno que no ha pasado mucho que valga la pena reportar. Pero buscando entre los intersticios de las noticas siempre aparecen csitas. Por ejemplo, hoy me llega la noticia de que Laura Rhys, del restaurante TerraVina en Southampton, Inglaterra, fue la ganadora del concurso “Sommelier del Año”, etc. , para el Reino Unido. No es una historia especialmente interesane, pero el proverbial diablo está, amigos, en los proverbiales detalles. Consideremos:
(1) Rhys tiene 27 años. Hasta el otro día, la imagen del “niñato de 27 años con ínfulas de sumiller” era motivo de gran relajo en ciertos foros de la internet del vino. Específicamente a los participantes más mayorcitos de estos foros les resultaba muy gracioso o enervante, dependiendo de la situación, como muchachitos y muchachitas cuya edad precluía la posibilidad de vasta experiencia venían a instruirles tan pomposa como erróneamente sobre vino en muchos prestigiosos restaurantes. Honrosas excepciones existen (me consta) en el mundo de los sumilleres precozmente titulados. Pero quizás los que las valoramos, lo hacemos más por el entusiasmo y deseo de aprender de los muchachos y muchachas en cuestión que por cualquier sentido de experiencia y gravitas dentro de la profesión. O quizás es porque el chico o chica nos cae bien. De todos modos, felicidades a Ms. Rhys por el premio. Eso sí, da que pensar lo jóvenes que se están haciendo nuestros profesionales del vino y si en algún momento ya la experiencia adquirida con años y años de trabajo deja de significar… No quisiera que nadie vaya a pensar que estoy prejuiciado por la edad y pienso que la gente tiene que tener X años para “haberse probado” como profesional. Pero el vino es el vino. Me eduqué en él pensándolo como pienso la gente, necesitado de tiempo para formarse.
(2) Los otros dos que llegaron con Rhys a la ronda final del concurso de cata a ciegas para el premio fueron descalificados por haber “identificado un sauvignon blanc sudafricano como un sancerre, y fallado tanto en varietal [sic] como continente con un pinot noir de Tasmania”. Podíamos discutir durante buen rato sobre si la onda internacionalista haría imposible distinguir variedad o localidad en muchísimos vinos de ahora y ese pinot noir, pues, quizás sabía a levaduritas laboratóricas. . Pero no. Lo que me choca es lo del sauvignon sudafricano como sancerre. Porque, ÷qué sancerre habrá sido el arquetipo con el cual ese par confundió un sauvignon sudafricano? Aunque era con otra variedad completamente distinta, el paralelo regional me recuerda una jocosa instancia de Iberoamérica en Cata sobre la cual reporté hace año y pico…
(3) Lo que se ganó: Un par de noches en Piper-Heidsieck y Charles Heidsieck, con cata dirigida por el chef de cave. bla bla bla… Puede que mis estándares no sean los mismos que los de los participantes en el certamen (no soy sumiller ni aspiro a serlo, o sea que no veo el mundo con su misma óptica), pero ¿no les parece un poquito roñosa la cosa por parte de los premiantes?
Nada, para pensar…
Otra cosita en las noticias de hoy. Se trata de una modesta pregunteja que tengo que hacerme a diario, dado el flujo de noticias respecto a su tema que me llegan. Es la siguiente: ¿De verdad le interesa todavía Burdeos a alguien?
Esto sale porque hoy escribían en Decanter.com sobre si las recién excretadas puntuaciones de Robert M. Parker, Jr. para Burdeos habían causado una vertiginosa alza en los precios del Lafite 2008, etc., etc.
¡Pffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffttttttttttttttttttttttttttttttttttttttttttttttttttttttej!
Hablando de Parker, continúa la saga de Dr. Vino y los cuestionamientos sobre ética en la parkeriana organización. Esta semana, Tyler Colman nos cuenta sobre la respuesta del megacrítico a las muy legítimas preguntas que le formulase Colman, por correo electrónico y en su blog. Parker, en lugar de explicarse satisfactoriamente, recurrió a un tipo de petulancia borriquesca que hubiese sido esperable de sus subalternos, pero no de alguien en su exaltada posición (¿no habrá oido el gran gurú alguna vez aquello de noblesse oblige?) Aparentemente, la única labor periodística respetable para Parker es la que resulta en loas para él. Cualquier cuestionamiento sobre sus motivaciones o métodos es el trabajo de “radicales”, “extremistas” y “talibanes”. Es que me suena tanto como me jode.
En una historia relacionada, Decanter.com anda declarando el fenecimiento del periodismo vínico tradicional (ya saben, los folletines, revistas, periódicos, etc.) por culpa de la recesión y algo que ellos llaman “el surgimiento de la internet”. Se habla de los cierres de muchos periódicos en EEUU y la consecuente desaparición de sus columnas de vino, de la dura perspectiva para revistas, etc. Me entero que la posici´øn como editora de vinos de la insufrible Lettie Teague, en la revista Food & Wine fue hecha redundante recientemente, continuando Teague su columna mensual como colaboradora independiente. Me da por pensar que el mismísimo Wine Advocate podría ser una de las víctimas de esa cosa siniestra que llaman “la internet”, particularmente si sigue surgiendo bogueo investigativo como el de Dr. Vino, que no solamente le sustrae audiencia a las publicaciones tradicionales, sino que ejerce el derecho a cuestionar públicamente y con autoridad lo otrora no cuestionado sobre dichas publicaciones.
No es flaca la ironía de que en el mismo medio de la página que contiene el artículo sobre la muerte del periodismo vínico impreso aparece un enlace que dice “Subscribe to Decanter Magazine“.
Al final del artículo, una cita de Jane MacQuitty, crítico de vinos del Times de Londres, me resulta reveladora: “Tristemente, el vino continúa siendo percibido como un lujo y una bebida de pijos. En una recesión, los editores de diarios conservan sus columnas de jardinería, cocina y cosas asi, pero el vino es lo primero en ser recortado.”
Me pregunto de quién será la culpa de esa percepción…
He perdido tres libras desde que comencé en lo de las ensaladas por la noche.
Los medios norteamericanos están dejando de referirse al virus H1N1 como “influenza porcina”, lo que me alegra, pues consideraba esa frasecita una difamación de esas nobles y tan comestibles bestias que son los cerdos.
Y una para archivar bajo la rúbrica “Investigadores descubren el agua tibia”. Aparte de una cegadora vista de lo obvio, el estudio citado arroja algo curioso. Les traduzco del articulito, por si acaso: “Otro aspecto relacionado con la calidad del vino, y en e que se ha hecho mucho énfasis en tiempos recientes es la presencia de aminas biogénicas en el vino. Hay compuestos nitrogenados que se forman principalmente durante las fermentaciones alcohólica y maloláctica del vino, aunque pueden continuar evolucionando en el período de envejecimiento. Su importancia se debe a que pueden efectos negativos para la salud humana, ya que el consumo de vinos con altos niveles de aminas biogénicas, especialmente histamina y tiramina, puede producir cefaleas, reacciones alérgicas, palpitaciones, hipertensión, diarreas y tal…. Otra de las conclusiones [de Ana González Marco, encargada del estudio] fue que los vinos de chardonnay sometidos a agitación semanal durante su envejecimiento en barrica poseen mayor contenido de histamina y tiramina que aquellos envejecidos imperturbadamente”.
Ya saben los adictos a la madera y el battonage… Si no se me cuidan, sus vinos pronto tendrán que llevar más advertencias sobre efectos secundarios que muchos fármacos populares hoy día.
Volviendo a cosas geniales, que es lo que en realidad me gusta cubrir, está el nombre de una banda: Someone Still Loves You, Boris Yeltsin. Y está su música. La canción tiene una línea preocupante, pero agarrona, en “There is no modern mystery/We’re making up our history”. Puede que sea eso lo que está pasando. Una nueva generación prefiere inventarse cualquier versión de la historia que interpretar lo ocurrido en alguna realidad pasada.
Antes de terminar—y aquí corro el riesgo de parecerme a Fareed Zakaria en su excelente programa de los domingos en CNN, Fareed Zakaria GPS—quería recomendarles un libro. Me lo estoy leyendo ahora mismo y me parece sumamente nutritivo en cuanto al debate sobre terroir que nos ocupó la mayor parte de esta semana. Es The Taste of Place: A Cultural Journey into Terroir, de Amy B. Trubek. A base de análisis de la historia del concepto de terroir aplicado tanto al vino como a otros alimentos en Francia, Trubek embarca en una serie de anécdotas ilustrativas de como la idea de terroir se manifiesta para los franceses, como puede reinterpretarse en el contexto de los Estados Unidos y la relevancia del concepto para la alimentación del mundo entero en el s. XXI. Revisitarán unos cuantos asuntos y personajes que ya conocen, si les va este tema, pero también se expondrán a giros diferentes. Muy interesante, de verdad.