Un tema recurrente en ciertos círculos rieslingófilos entre los que me muevo es que muchos Smaragds en el Wachau se están volviendo demasiado alcohólicos, corpulentos y pesados. Se nos ve a muchos aficionados de esta variedad nobilísima entre las nobles optando, si es que del Wachau bebemos, por Federspiels, vinos de menor peso y menor graduación alcohólica. Pero ese problema con la masividad de ciertos rieslings no se queda para mí en el Wachau, o en Austria. Miren, por ejemplo, dos notas recientes de vinos alemanes importados a mano por mí desde Nueva York…
Primero el Wittmann, Riesling Trocken Grosse Gewachs “Westhofer Morstein”, Rheinhessen 2006: Un vino de impacto, desde la primera olida. Tremenda mineralidad que hace parecer “sutiles” los elementos frutales, aunque en realidad de sutiles no tienen nada. Toronja blanca, papaya, melocotón, melón verde y piña. Hay notas especiadas también en la nariz, particularmente de cúrcuma. Y algo de agua de lluvia. Untuoso en boca, gigantesco y rayando el punto en que mostraría calor alcohólico. La fruta se presenta como una mole densamente empaquetada; notas elementos, pero parecen ahogarse unos a otros por el peso de cada uno. Granulosa mineralidad te tira por otro lado, conduciendo de nuevo a especias. La esperable mordida acídica tira, a su vez, hacia un cierto amargor glicérico en un posgusto potente y largo, pero más bien simplón de mensaje.
Luego el Künstler, Riesling Dry “Horchheimer Kirchenstück”, Rheingau 2006: Nariz inicialmente dulce, con un marcado aspecto de azúcar pastelera. Luego un fuerte golpe mineral que me tiene pensando en coral y aspirinas, marino y medicinal a la vez. También fresas silvestres, piña, melocotón y toronja que se ven aromáticamente violadas, al menos a mi ver, por acentos de lanilool, O sea que más que a fruta en sí, la frutalidad aquí acaba pareciéndoseme al cereal americano del tucán y los colorines, Froot Loops. En boca me resulta sopadefrutesco, tirando a lo untuoso, pesado y francamente monótono. La mineralidad anda por ahí en una tangente, silbando una tonada que no reconozco. Golpecillo de calor alcohólico en un posgusto extraño. Comienza por hacerte pensar que el vino enmudece y se cierra para desaparecer, pero de repente vuelve sobre sí mismo y se hace expansivo, dejándote un murmullo de cítricos y especias en la boca por buen rato.
A riesgo de parecer insofisticado o “no en la cosa”, siento la necesidad de declararme confuso frente a este estilo de riesling seco alemán en plan “prestige” (
Gtpsse Gewachs es “Grand Cru” en alemán; Künstler no usa ese tipo de designación, pero sus vinos cumplen con los parámetros estilísticos), tan grande y poderoso (no digamos nada de caro, que estas botellas andan subiditas de precio; al menos el Morstein sobrepasa la dolarina cincuentena). Me parece que estos vinos pierden la ligereza, la transparencia, la gracilidad, la precisa delineación de aromas y sabores frutales, minerales, etc., que espero de un buen ejemplo de riesling seco. ¿Y en favor de qué?
Me dirán algunos (y es perfectamente válido) que estos dos son vinos jovencísimos y que quizás sea injusto juzgarlos en este punto de su desarrollo.
Okey. Pero al menos me permitirán insertar unas cuantas preguntas sobre los parámetros estéticos que rigen este estilo, que aparece cada vez más y más en las mejores tiendas norteamericanas, y el potencial de guarda de los vinos. Me es difícil, dada la antedicha masividad, determinar hacia donde se moverán, si es que se mueven. Además, me da trabajo visualizar la integración de los elementos. Me atrevo a utilizar aquí la magistral descripción de mi gran amigo Jayson Cohen de aquel “M” 2007 de F.X. Pichler. Era grüner veltliner, sí, pero creo que a estos rieslings también les aplica lo de “son todo piezas”. El todo definitivamente no es muy armonioso y, al menos para mí, carece de atractivo natural. Con la economía que anda, con mis proclividades personales y con lo que están costando estos vinos, estoy muy, pero muy dubitativo respecto a cuanto espacio dedicarles en mi bodega.
Podría yo acogerme a aquel dictamen del Dr. Carl von Schubert de que “salvo ciertas excepciones, diez años es el máximo para rieslings secos”. ¿Serán estos vinazos “excepciones”? El tiempo dirá. Pero en este momento yo solamente puedo declarar: “No sé, no sé…”
Entre tanto, un videito improvisadón de David Wilcox tocando en solitario una cancioncita de su nuevo álbum. No que sea mi gusto musical habitual este señor, pero en esta canción en particular, me habla. Y en la explicación de su génesis que da al principio hay algo que resuena peculiarmente con mi actitud hacia estos superrieslings. Donde debiera estar contento (me la paso pidiendo más y mejores rieslings secos que vayan a tono con el cuidado de la salud de este diabético tipo 1), estos que tienen tantas cosas que se supone sean tan atractivas, no resultan especialmente cómodos. Bueno, David Wilcox tocando “Red Eye:”