Archivo diario: mayo 27, 2009

Lo que está, lo que es…

Elizabeth Peña, una amiga dominicana que edita aquí en Santo Domingo una revista de vinos titulada Vinalia, ha desarrollado un peculiar interés por el tema de la spoofulation—aquello que yo en mi momento traduje como “esperpentificación” del vino a base de aditivos y tecnologías ajenas a la naturaleza. En el número actual de la revista, Elizabeth publica lo que parece ser el primero de una serie de artículos para introducir a sus lectores a la idea de que el vino por el que se pirran quizás no es tan natural como piensan.

Hemos estado intercambiando correo respecto al tema. La iniciativa me parece un acto valiente en un mercado en el que la vasta mayoría del vino disponible probablemente experimenta un tipo de spoofulation u otro. Bueno, lo que no lo hace muy diferente de la vasta mayoría del mundo enoconsumidor, para los efectos…

No que quiera yo meterme de nuevo en esa piscina de agua sucia y fría que es la discusión sobre donde venden cosas de verdad o de mentira. En realidad escribo esta entradita porque al recomendar lecturas sobre lo que se hace con y lo que se mete en mucho del vino que se vende hoy día, dí con un maravilloso artículo que me leí hace un par de años en un blog que considero obligatorio, el del fotógrado francés Bertrand Celce. Un pie de párrafo en particular me trajo una sonrisa a los labios: “No es justo que vinos elaborados sin aditivos de ningún tipo compitan a oscuras frente a un consumidor que nada sospecha  contra vinos que han sido ‘mejorados’ con una combinación de aditivos químicos; podemos experimentar placer comiéndonos un jamón industrial bien hecho, pero por lo menos no quiere hacer ver que es elaborado como un buen jamón de Parma” (Mi traducción).

Veo en estas líneas el inicio de mi propia serie de artículos. No prometo que aparezcan uno tras otro, pero les propongo conocer “Las 12 cosas que más joden a Camblor sobre la cultureta actual del vino”.

La primera, conectando con la entrega de ayer sobre el código de ética que rige a cierta importante publicación (porque recuerden, todo conecta) de estas cosas tan molestas para mí—y probablemente una que contiene a todas las demás que vaya yo a enunciar—es la hipocresía. El que esos vinos que son jamón industrial, por más bien fabricados, no me digan lo que son y contienen en realidad, pretendiendo que debe darme lo mismo eso que un vino natural.

Llevo mucho tiempo ya (de hecho, la mayor parte de los veintipocos años que tengo enamorado del vino) oyendo y leyendo sobre  defensores del consumidor, guías para el consumidor, facilitadores para el consumidor… Sin embargo, de nada sirve toda la defensa, la dirección y la facilitación del mundo si no se habla claro. Igual oigo y leo sobre “entender de vino”. Para mí es innegociable el que la primera fase de ese entendimiento es conocer exactamente que te estás llevando a las narices, qué te estás metiendo en la boca y luego ingiriendo.

Es mi orden de prioridades.