Archivo diario: junio 5, 2009

Cositas y cosotas: 05.06.2009

De las más horrendas profundidades del averno marketinguiano sale hoy una muy especial: Ya está en el mercado una nueva gama de vinos “Hello Kitty” elaborados por Tenimenti Castelrotto en Oltrepò Pavese.

Lo de usar caricaturas en etiquetas de vino no es nada nuevo, pero este caso me resulta de un repugnante que no vean ustedes.

No se trata solamente de que nunca le he visto el punto a la gatita con cabeza de zepelín por la que a cada rato clama mi hija de dos años.  Tampoco se trata solamente de que esta utilización de Hello Kitty me parece un burdo reclamo a un segmento del público al que aún no debiera interesar el vino—o si le interesa, no debe ser con porquerías de este tipo, sino de un modo más edificante… En realidad son demasiadas las objeciones que tengo a esto como para ponerme a enumerarlas aquí.

Según Patrizia Torti, heredera y enóloga de la bodega responsable de este mamarracho, en el artículo con el que enlazo arriba: “Hello Kitty no es sólo para niños. Es un ícono de la moda para adolescentes y adultos alrededor del mundo” (Mi traducción).

¿”Adolescentes y adultos”? Querrá decir “una caterva de oligofrénicos sin remedio”, porque de otro modo sencillamente no lo veo.

En todo el tiempo que llevo como observador de la cultureta del vino me he encontrado con todo tipo de cosas. Esta del vino “Hello Kitty” me provoca un tipo muy especial de repelús…

Y hablando del averno mercadológico: Me entero de que ya están aprobadas oficialmente en Rioja la chardonnay, la sauvignon blanc, y otras “estrellas” de la enoindustria internacional. También de Decanter.com la noticia. Citan a Ricardo Aguiriano San VIcente, director de marketing del Consejo Regulador de la DOCa: “Con estas nuevas variedades intentamos hacer la viura más afrutada y fresca, que es lo que quieren los consumidores” (Mi traducción).

Pues, ahí está: The New and Improved Viura.

Y yo que pensaba que a esa variedad le iba tan bien con la malvasía…

Pero bueno, a lo que iba, que felicidades, queridos señores aprobadores de estas cosas. Hasta si les da por hacer monovarietales de chardonnay y sauvignon, la Rioja ahora podrá competir con los millones de millones de litros de chardonnays y sauvignons que hay ya en las tiendas de este mundo. ¡Porque nunca puede haber suficiente chardonnay o sauvignon blancm bi señor!

Me trae recuerdos de Argentina y lo difícil que era encontrar un buen torrontés en Buenos Aires, mientras que chardonnays los había a torrentes.

Y en otro giro, que igual acaba siendo cosa del marketing, sigue la gente dándole caña a Robert Parker, aunque éste intenta públicamente—más vale tarde que nunca—rectificar los tropiezos éticos de sus empleados. Resiulta que en el mismo boletín noticioso de Decanter.com del que saqué esas dos joyitas que les expuse arriba sale también esto.

Resulta que el Sr. Parker fue desplazado del primer lugar en la edición de este año de la Power List de Decanter. Ahora el más-más-supermás de todos los poderosos en el mundo del vino es el jefe de Constellation Brands, gigante internacional de las bebidas, etc.

Decanter atribuye el movimiento de Parker a que está pasando ya la popularidad del tipo de vino que él favorece, así como también a esos conflictejos de ética de Jay Miller y Mark Squires.

Yo he pasado del Schadenfreude a una especie de fría curiosidad científica por ver a donde diablos irá todo esto.

Bueno, y como yo no cobro ni un nanocentavo por todo esto que doy aquí en este blog, fruto de mi vanidad, les diré que entre anteanoche y  anoche me tomé una botella que me mandó de regalo un bodeguero.

Oh yeah.

Que comience la investigación sobre la ética cambloriana, ya que acepté una botella del Von Schubert-Maximin Grúnhauser, Riesling “Herenberg”, Mosel-Saar-Ruwer 1998 dentro de aquella cajita que me mandara hace unos meses mi amigo Alfredo Arribas con muestras de su propia bodega.

Y riquísimo estaba. Oh yeah.

El color no parecía de un riesling con diez años. Pajizo tirando a dorado claro, con destellos verdosos. La nariz en la primera noche estaba poseida del pestazo sulfúrico que habitualmente  aqueja a los vinos de Von Schubert recién abiertos. Pero a la segunda noche… Vivísima toronja con acentos de fresa silvestre. Detrás hay una veta mineral que anda entre cuarzo y aspirinas. Aún más atrás huele a melocotón y quizás a té blanco. Al paladar es ligeramente tendre, con el azúcar residual muy bajo control. Cítricos y minerales te hacen la boca agua. Un vino erguido, enérgico, aún enterito y comenzando a vivir. Muy largo. Delicioso con una ensalada de pimientos y puerro ancho asados sobre la cual puse queso de cabra a la plancha recubierto de almendra.

No hay que decir que a Alfredo, muchas gracias. Es el tipo de vino que en Santo Domingo no aparece ni por casualidad a menos que sea de esta forma.

Bueno, y ahora les dejo con un videito. Es muy posible que Iñaki Gómez Legorburu se pille un cabreo soberbio (si es que de tal cosa es capaz un tipo tan zen) con lo que voy a decir, pero desde hace un par de días estoy tarareando “So Sad About Us”, una canción de The Who. El problema es que la versión que oigo en mi cabeza no es la original de The Who, sino la mucho más provocadora interpretación de The Breeders…