Un simple pero importantísimo placer de mis domingos es salir con mi mujer y mis hijos a almorzar. Elegimos casi siempre una familiar y amable trattoria cerca de casa donde hacen excelentes pizzas en masa integral y, además, tienen una cartita de vinos con un par de cosas atractivas en blanco. Ya, ya, que muchos italianos no verían lo de vino con la pizza, pero no me importa. Yo gravito hacia blancos del Friuli…
No sé por que razón, este pasado domingo decidimos ir a un sitio distinto, pero más o menos con el mismo perfil. También muy buena pizza, aunque no en masa integral (lo que la hace una rotura de dieta aún más flagrante) y una lista de vinos que se sale del habitual tedio duerochilenista que se vive tantos restaurantes de Santo Domingo.
Pero esto no es una reseña de restaurante. No señor. Ni les mencionaré el nombre. No quiero que se tome lo que voy a apuntar como un juicio hacia un lado u otro, pues en realidad todavía no sé lo que pienso sobre un aspecto muy curioso de la experiencia.
En la carta ví un Livio Felluga, “Shàris”, Venezie IGT 2006. Recordaba añadas anteriores de esto como internacionalillas e inofensivamente spoofulísticas—agradables como lo que son. Lo pedí. El vino era exactamente lo que esperaba. Sin sobresaltos. Cuvée de ribolla gialla y chardonnay, la web de Livio Felluga nos declara que “Mezclar uvas en el Shàris reconcilia las expectativas culturalmente adquiridas del consumidor local con las del aficionado internacional del vino.”
Yo es que… Bueno, nada. Un blanquito de cuerpo medio, floral, con afrutamiento muy de temperatura controlada, rayando en tropicalidad levaduril. Buen agarre en boca, con una corriente mineral en el fondo que se encarga de destrivializar la experiencia, haciéndole a uno pausar. Largo, suculento y fresco. Se disfruta mejor dejando el espíritu hipercrítico en la puerta. Como acompañante de una pizza con mozzarela, rúcola, tomate fresco y parmigiano, de que vale, vale.
La cosa es—reitero—que no voy a meterme ni con la comida, ni con el vino, habiendo sido ambos exactamente lo esperado.
Lo que no me esperaba fue que cuando trajeron el vino, también trajeron a la mesa copas que a todas luces acababan de salir del congelador, heladitas, ya saben, como vasos de cerveza (Desde ahora les ruego me perdonen, pues la foto de los hechos la tomó mi mujer con su Blackberry y no ha podido hacérmela llegar para ilustrar esta breve entrada; he tenido que recurrir al “Dramatic Reenactment“, como en aquel reality show de los policías en la tele.)
No pude ver si en la botella ponía algo sobre “Sírvase bien frío”, de lo que esta nueva onda en el servicio caribeño del vino sería una interpretación impresionantemente literal.
Se trata del tipo de cosa que me hace sonreir sin querer. Podía tomármelo como señal del estatus de los blancos aquí, o como señal de extrañas idiosincrasias en el garde manger—porque guardar tan siquiera media docena de copas de buen tamaño en el congelador no puede ser un muy provechoso manejo del espacio—pero no lo haré. Aquí tienen una irresistible tonadita de Bugz In the Attic, muy acorde a mi humor, que se sirve en copa helada para amplificar o disminuir el efecto de algo, no sé exactamente que…
Sin mas informacion disponible, mi hipotesis seria que estas eran copas preparadas para servir cerveza, tu pediste vino, y las copas, pues vamos que vamos. Con una pizza y esa copa enfrente en el calorcito tropical yo me hubiera servido un Fernet con coca. Perdone uste’ el atrevimiento. Yo anoche pedi un dry martini como aperitivo y me sirvieron el vermú con limon y hielo en la copa y el gin en un jarrito aparte. Primera vez.
Pues fíjate, Javier, que me pasó por la mente lo mismo de que ésas eran copas originalmente destinadas a cerveza, pero no. Un señor en la mesa de enfrente aclaró las dudas cuando le trajeron un ejemplar helado de la deliciosa pilsner local, Presidente, con un vaso también helado, pero de forma muy distinta a la de la copa que teníamos delante.
Lo del vermut aparte en el martini me lo he encontrado en lugares de esos donde esperan clientela desconfiada. Vamos, para que no haya sospecha de la dosis administrada…
M.
A mí una vez me dieron cerveza negra on the rocks. Lo juro por mi madre. “Es que no estaba muy fría”.
MMMMMM Fernet! no hay nada como un buen “fernando bravo” para el puente entre el asado y la “noche”…
Hola Manuel, por favor enviame un email ya que necesito tu asesoria urgentemente para conseguir unos vinos en tu Gran Manzana.
Bueno, hombre, Felipe, mira que en un sitio que quedaba cerca de alguno de mis antiguos hogares ponían helado de cerveza negra con leche condensada…
Y yo mismo alguna vez fuí prácticamente crucificado en un par de foros de la interné ésta por decir que el único futuro que les veía a ciertos prioratos era diluidos con San Pellegrino bien fría.
M.