No sé por qué, pero me ha dado con escribir sobre mi más reciente viaje a Nueva York en entregas más pequeñas de lo común. Quizás 600 palabras o menos para mostrar una viñera de algo bonito. Algunas experiencias podrán pasar de una sola viñeta y convertirse en un tebeo completo. O no. No sé. Pero es lo que dicta la imaginación y el tiempo de escritorio que ahora mismo tengo.
Llegamos Josie y yo a Manhattan el jueves 11 y cenamos en Insieme, el restaurante de nuestro hotel, el confortable y bien localizado Michelangelo. Ya les he contado antes de este sitio, donde almorcé con Jayson Cohen en mi último viaje. Competente cocina italiana hogareña, con una lista de vinos de Paul Grieco, el genial sumiller detrás de Hearth y Terroir. Nos tomamos un Nigl, Riesling “Seftenberg Hochäcker”, Kremstal, Austria 2000. Un blanco evolucionado, amplio y amable, con bastante complejidad, aunque un poquito desenfocado en el paladar medio.
Pero en realidad no es de esta cenita de la que iba a hablarles.
Un par de mañanas después me acerqué a Union Square en busca de un par de cosas que necesitaba. Bueno, y guiado por un cierto morbo, dada la temática de mi anterior entrada en este blog.
Bajé en la línea 4 del Subway. Expreso desde la 59, de la que se sale por una boca que te pone frente por frente a la Virgin Megastore.
Perdón, a la difunta Virgin Megastore.
Cuando salí del metro, pocas eran las horas que le quedaban de vida a esa última gigante del negocio del disco en Manhattan. Viviendo en la ciudad había presenciado la desaparición primero de HMV y luego de Tower. Ahora Virgin. Sólo quedan las pequeñas tiendas de discos independientes. Me viene a la mente una hecatombe a la que sólo sobreviven organismos diminutos, ágiles, que quedan como únicas formas de vida en un medio que ha de renovarse.
Ofrecían descuentos tremendos en los rastrojos que quedaban. Entré. Pero no pude quedarme mucho rato ni rebuscar entre las ofertas finales. Me daba tiriquito eso. Si bien sentía un cierto nivel de Schadenfreude al ver una señal más del ocaso de lo “mega” en cuanto a música se refiere, también recordaba haber encontrado muchas cosas buenas en esa tienda. Una gran cantidad de discos compré en sus secciones de “Jazz”, “World”, “R&B/Soul” o “Pop/Rock”. Incluso descubrí algunas de mis bandas favoritas en sus puestos de escucha. The Square Egg, esos tremendos brooklyniano-floridianos del jazz-soul-funk-hiohioero… La Virgin daba mucho apoyo a los artistas neoyorquinos independientes. Eso hay que decirlo. Decirlo alto, como ponían la música en los altavoces de la tienda siempre.
Así termina una era. El sonido que recordaré, saliendo de allí, es el “rucuturrucutu” de un carromato con estantes desarmados encima, empujado por un chico con pinta metalera a lo largo de la acera frente a la moribunda gran tienda. ¿Encontraremos alguna lección aplicable a la mentalidad “mega” en el mundo del vino hoy día? Ojalá…
Como videito acompañante de este réquiem, un artista al que ví en directo, por pura casualidad, allá a principios de los noventas y en la celebración de aquella Virgin Megajtó que abría entonces en la Calle Sierpes de mi Sevilla adorada:
That’s a terrific jam, Manuel. Fun video as well. Who is it?
En cuanto a la defunct Virgina Mega, que se puede decir? Tough times for retailers out there. Especially if you’re a ‘mega’ retailer. Time for smaller companies to reclaim what’s theirs, find a niche and go after it. Then again, more widespread disposable income would probably help….
Hey Joe,
The song is a Dylan adaptation by Kiko Veneno, an overall amazing guy and father of both Nuevo Flamenco and a hell of a lot of Spanish pop-rock of the past quarter-century.
The problem with Virgin was not only the “Mega” model, but the dead product from dead companies they were peddling at stupid prices. If two-thirds of yoursquare footage is devoted to CDs and CDs are simply not on anymore (plus, you haven’t quite figured out another product that will bring in the same sales level you had only nine years ago, and which basically set your pricepoints/marketing strategies), then there’s megatrouble.
The funny thing is that I keep seeing parallels to the wine industry…
M.
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