Archivo diario: junio 23, 2009

Viñetas de Manhattan 3.1: El cumpleaños

Hablando de miel… Don Rice había traido algo muy especial, regalo del elaborador mismo: La Mile d’été de François Pinon, admirabilísimo elaborador de vouvrays geniales. Una miel cremosa, compleja de sabores, con tonos de muchas flores distintas. Vamos, que si tuviera algunas ganas de seguir siendo diabético, les juro que eso me las quitaría de sopetón. Sólo me dieron una gotica con queso.

No era lo único de Pinon. Yo me había traido conmigo del almacén donde guardo el vino una botella humilde, pero especialísima. Era el cumpleaños de Brad Kane y juzgué el momento ideal para abrir la primera botella que él me vendiera, allá antes del 2000, cuando yo aún vivía en Puerto Rico y Brad trabajaba en Garnet Wines. La botella era del François Pinon, “Cuvée Tradition”, Vouvray 1997. Aunque un poquito evolucionado, es un vino que está entero. Todavía conserva su deje goloso de vin tendre, ligeramente dulce, pero sólo lo justo. Comienza a soltar notas de pera, polen y salvia seca sobre bella mineralidad. Muy vivaz y largo. Me queda otra en el haber. Por cierto, sé que la de esa noche era la que me vendió Brad por la etiqueta de precio de Garnet que llevaba aún puesta.

Josh Raynolds y Sharon Bowman

Josh Raynolds y Sharon Bowman

Otro de los míos fue un error. Estaba yo abriendo cajas en el almacén y dí con un hatajo de chablis premier y grand cru del 2000. Botellas sueltas. Había cosas de Dauvissat, Raveneau, Picq y un par de productores más. Creí separar un Forest de Dauvissat para la fiesta, pero resultó que lo que me traje fue el Laurent Tribut, “Beauroy”, Chablis Premier Cru 2000.

Nada grave, siendo Tribut pariente de los Dauvissat y, encima, excelente productor también. Pero bueno, la fe de erratas hay que darla.

En mi libreta puse algo que he de transcribir textualmente: “Añada de putones verbeneros en Chablis, ese 2000″.

Ya tenía un par de experiencias más. En este caso, un anti-chablis… Regordete, sabrosón, simplísimo, juguetón; lo único que lo identifica como chablis es un cierto aspecto marino. Pero el resto es todo dulzor, zalamería y trago fácil. Palabras inmortales de Sharon Bowman: “No me gusta el chablis, pero éste está muy rico”. Iba particularmente bien con aquel cheddar del que les hablé y un queso de cabra de cuyo nombre ahora no me acuerdo. Buena acidez, buena persistencia. Para beber ya. Lo que no sé es lo que haré con los demás ejemplares de la añada que dejé guardados. Habrá que volver a Nueva York pronto.

Llego a mis narices otro blanco, pero estaba corchado. Anduve un rato buscando más blancos a los que dar gaznate, pero nada. Pasé a tintos. El primero fue un Georges Roumier, Chambolle-Musigny 2000 que tiraba en dirección contraria a la que llevara el chablis de Tribut.

He estado disfrutando mucho lo bien que se están bebiendo ahora mismo tantos borgoñas del 2000. Una añada muy madura, de inmediateces. Este chambolle está muy bueno ahora, pero parecería querer que lo dejen quieto. Compacto, salino, con notas de yodo y herrumbre. Aunque superficialmente es sedoso, debajo hay bastante musculatura tánica. Un vino aún primario,  amable de plano, pero que no duda en ponerse serio si uno se pasa de confianza.

Josie, conversadora. En el fondo está Michel Abood y, por la cara que tiene, me atrevo a pensar que lo que tiene en su copa es el Saint-Joseph.

Josie, conversadora. En el fondo está Michel Abood y, por la cara que tiene, me atrevo a pensar que lo que tiene en su copa es el Saint-Joseph.

Josh Raynolds se acercó a mí con una botella en mano en la cual quedaba poquito vino. Me sirvió. Algo increiblemente fino. De primera intención se le entendía perfectamente como syrah, con sus tonos de tocino, cuero, polvo y violetas, pero a la vez quería ser borgoña. Perfumado, delicado, con una sedosidad aromática que me puso las rodillas a temblar. Mucho granito en la fragancia también. En boca hay fruta carnosa, purísima y de expresión clara. Posgusto largo y etéreo, verdaderamente delicioso. Puse en la libreta: “Una de esas chicas bellas a las que sería sacrilegio imaginarlas con maquillaje”. Josh me dijo: “Ahora la pregunta es quién habrá plantado syrah en Chambolle…”

Esta belleza diáfana era del Pierre Gonon, “Les Oliviers”, Saint-Joseph 1989.

(Continuará)

Viñetas de Manhattan 3: El cumpleaños

Hay tradiciones entre la enochaladura neoyorquina que uno no sabe que son tradiciones hasta que viene Brad Kane y lo dice.

Lo malo de imágenes como ésta es que uno tiende a darse cuenta de la cantidad de vinos que no probó. Es lo que pasa con los jeebuses.

Lo malo de imágenes como ésta es que uno tiende a darse cuenta de la cantidad de vinos que no probó. Es lo que pasa con los jeebuses.

Así fue como estuve recibiendo mensajes a diario durante varios meses acerca del “10th Annual Birthday Jeebus”. Aparentemente es la bebelata en la que anualmente se celebran conjuntamente los cumpleaños de Kane y otros dos o tres buenos amigos que cuumplen en junio.

A mí se me había olvidado completamente el asunto, por lo menos hasta marzo. Pero de ahí en adelante los recordatorios eran tan frecuentes que… Bueno, al final sucedió que este viaje a Nueva York lo planeé para mediados de mayo, pues tenía que asistir a la International Contemporary Furniture Fair (una tradición anual con muchos mensajillos también; no quisiera tener que recordarles lo que hace Batman para pagarse los vicios…).  Se enfermó repentinamente mi hijo y cancelé todo (ya les he contado). Luego tenía billete de avión y reserva de hotel prepagado y a usar antes del principio de julio. Por suerte algunos expositores de la feria aquella volvían a Manhattan y podría verles. Además, se pintaba solito lo del cumpleaños. Encima, venía Josie, que siempre cae tan bien entre todos estos enómanos, aunque ella se rehusa a compartir nuestras proclividades lúdico-académicas.

La tradicional fiesta este año era de traerse algún plato a compartir, aparte de las obvias botellas. Nosotros, siendo out-of-towners desde hace año y pico, optamos por irnos primero a Murray’s a comprar quesos, luego a Amy’a a comprar geniales panes con cosillas (el de ajonjolí negro en verdad estaba divino). Cargábamos varios quesos que prometían, entre ellos un cheddar envejecido de Montgomery que me hacía la boca agua. Porque cuando un cheddar dice a ser bueno… En fin, que lo estaba. Maravilloso.

Lisa Allen, Michel Abood y su novia Verónica en plena festividad.

Lisa Allen, Michel Abood y su novia Verónica en plena festividad.

En casa de Kane estaba ya casi todo el selecto grupo cuando llegamos: Kane, el verdadero Jay Miller, Jeff Grossman, Don Rice, Josh Raynolds, Sharon Bowman, Eden Blum y su esposo Scott, Michel Abood y su encantadora nueva novia Verónica. Más tarde aparecieron Chris Coad y su mujer, la también cumpleañera Dra. Lisa Allen. Por último, bien entrada ya la noche, aparecieron el mismísimo Joe Dressner y la inimitabel Denyse Louis. Echamos en falta a luminarias como SFJoe, el Dr. K, Jayson y Laura Cohen… Pero bueno, no siempre puede todo el mundo.

Josie y yo habíamos tenido un extenuante día de shopping olímpico. Ya dice una amiga en Facebook que todos mis reportes de status del viaje parecían ser escritos delante de algún probador, sosteniendo bolsas y esperando para dar opiniones sobre alguna prenda. Pero eso es otra historia… En fin, que llegamos tardecito al guateque vinero. Ya sobre la mesa varias botellas estaban abiertas. Ví una del rosado 2007 de Château Wolffer en las Hamptons y la agarré para servirme, pero en el último momento decidí pasar.  Es que en pasadas versiones había sido un vinillo sin pena ni gloria. No estaba yo para comenzar la noche con algo aburrido. Así que metí mano a un Pierre Luneau-Papin, “L d’Or”, Muscadet de Sèvre et Maine Sur Lie 1997. Marino y con mucho nervio, amplio y firme todo el tiempo. Manzana, cítricos y mineralidad salina muy limpia y precisamente expresados. ¡Lástima que no tuviéramos ostras a mano!

Acto seguido alguien me echaba en la copa el Ratzenberger, Riesling Brut “Bacharacher Kloster Fürstental”, Mittelrhein Sekt 2004. Otro nivel de riesling espumante. Es que en mi vida no considero haber tenido mucha suerte con el Sekt hasta este momento. Floral y goloso de aromas. Melocotón, miel de acacia y aspirinas, con excelente textura y agarre. Muy sabroso. Tanto que por poco vuelvo a él cuando dí la primera olisqueada al Domaine du Closel, “Cuvée Spéciale”, Savennières 1996. Debajo de oxidación demasiado considerable ya, un tufillo a perro mojado. Casi te ahuyenta esa primera impresión. Pero por suerte soy más valiente que eso y me quedé con el vino un ratito. Tras acostumbrarse uno a las pestes—que nunca se van, en realidad—surgen aspectos de nueces, albaricoque desecado, canela, comino, miel… En boca es salino, carnoso y cálido. Buena persistencia. Esto lleva las cosas mucho más allá del disfrute simple. Es todo un conversation piece.

Hablando de miel…

(Continuará)

Mujeres: Un epílogo de niña…

No sé si ustedes recuerdan su primera nota de cata. O al menos la primera vez que algo en un vino les movió a decir lo que fuera, a identificar verbalmente, a opinar. Creo que la primera vez que hice eso yo tendría como doce o trece años. Me pusieron una copa de algo delante y yo comencé a pensar, luego me fuí a mi cuarto y escribí un versito.

El tema de la participación femenina en la enochaladura global tiene sus bemoles. Y se te revierte para darte lindas sorpresas.

Josie y yo, al terminar la cena, nos dedicamos a ver algún DVD en nuestra habitación (estoy ya muy adelantado en Aquí no hay quien viva; creo que me quedan sólo seis discos más) y consumir lo que quede de la botella de la cena. Las copas tienden a quedar sobre nuestras respectivas mesas de noche cuando nos vamos a dormir y son retiradas en la mañana.

Esta mañana, nuestra hijita  Sabina, irrumpió en el cuarto muy alegre. Yo me vestía para ir al gimnasio. Por alguna misteriosa razón, Sabina tiende a gravitar hacia la mesa de noche de su madre, a ver lo que se encuentra de interesante.

Esta mañana, lo que se encontró fue una copa Riedel tipo borgoña con un fondito de cierto pinot noir del Alto Adige que se bebe muy frecuentemente chez Camblor.

Yo estaba atento a las noticias de Irán en CNN, luego chequeando las pilas de mi iPod (tocaba cardio esta mañana, y la música del gimnasio es abismalmente horrible, o sea que sin el cachivachito de los auriculares blancos, mal me veía). Me dí la vuelta y ví a Sabina con aquella copa en la mano, oliéndola.

“¡Hué fesa, papá! iQué icoooo!”

Perdonarán ustedes, queridos amigos del distinguido público, que me emocione un poco. Sabina tiene dos años y tres meses (igual que su hermano Julián, mi otro tesoro). A las siete de la mañana de hoy 23 de junio del 2008 hizo pública su primera nota de cata (olfativa nada más, pero me vale perfectamente).

Por casualidad, coincidía muy mucho con la mía. Si bien está un poquito compactadillo y abonbonado en estos momentos, este vinito de color rubí granate brillante, con excelente transparencia, se trae bonitos aromas de jalea de fresa, cereza negra, especias, flores secas  y piedra triturada. Fresco y puro. Acaba de llegar a Santo Domingo y puede que aún esté un poquitín resentido por el viaje, pues parecería como que quiere dar más. Buena estructura en boca, aunque el final ahora mismo se queda mudo rapidito. Pero está sabroso, particularmente  con comida. Es, por si no se lo han figurado ya, el Abbazia di Novacella, Pinot Nero, Alto Adige 2007.

Sólo quería regalarles este episodio de precocidad cambloriana. Aunque Sabina está muy chiquitica para probar el vino, nariz y ligereza de expresión si que tiene…  Como estoy tan contento con mi niña, aquí una de sus canciones favoritas, que ya me hizo cantarle mientras desayunaba: