La otra botella

Viñetas de Manhattan 3.3: El cumpleaños

Junio 24, 2009 · 2 comentarios

¡Que sí, que llegó Joe Dressner, acompañado de su esposa Denyse y todo!

Captain Tumorman & The Latin Liquidator: Mucha fue la coña de orden separados al nacer al hacer Josie esta foto. Somos una comedia de televisión en busca de autor...

Captain Tumorman & The Latin Liquidator: Mucha fue la coña de orden "separados al nacer" al hacer Josie esta foto. Somos una comedia de televisión en busca de autor...

Les salí al encuentro efusivamente, porque verles a ambos y expresarles lo mucho que les aprecio es algo crucial para mí. Vamos, que ver a Joe Dressner es algo que me motiva a dar cariño, fíjense ustedes. Y es que me encanta la cara que pone Joe cuando vas a darle un abrazo. No es de abrazos.

Pronto fuí desplazado en mis efusivas muestras por una marea humana que me dejó sentado al otro lado del salón y ocupó a Dressner con una botellita de sake2me, bebida dizque a base de saké sobre la cual Joe ha tratado muy abundantemente en su blog Captain Tumorman.

De hecho, ocurrieron cosas en torno a la botellita, que Brad Kane tenía guardada en su frigorífico a manera de sorpresa cuando apareciese Dressner. Dejo que el mismo Captain Tumorman explique en sus páginas, que yo ni me atreví a meterme en ese folloncete.

En mi copa, no sé como, tenía algo de un Cavalotto, Riserva Bricco Boschis, Vigna San Giuseppe, Barolo 2000 que estaba o en una etapa nefasta de su desarrollo, o simplemente nefasto, no sé decirles. Presa de un mutismo casi total, con queda fruta negra envuelta en lana mojada y sepultada a unos cuantos metros bajo tierra negra. Masticable. No, masticabilísimo. No, acojonantemente tánico, cosa que no es buena cuando lo agradable que precede es tan poco como parecer casi nulo. Acaba con desagradable  amargor cuasivegetal.

Noche de extremos, en cuanto a tintos.

Para que vean que me mantengo firme tomando notas, aún en circunstancias extremas.

Para que vean que me mantengo firme tomando notas, aún en circunstancias extremas.

Había tertulia en la mesita del estar en torno a unos cuantos vinos de postre. Se oyeron varios “pips” de mi bombita de insulina al administrarme la dosis requerida para lidiar con el Château Rayne-Vigneau, Sauternes 1971 y todo lo demás que vino después.

Bonito vino dorado con brillo cobrizo, hasta entonces desconocido para mí,  este Rayne-Vigneau. En un excelente momento de consumo, digo yo.  Cera caliente, limón en conserva, cáscara de naranja, melocotón, humo y jengibre en una nariz elegante. En boca se las arregla para ser carnoso y dulce, pero a la vez ligero y grácil. Delicioso y largo, con una cierta granulosidad al final que me recuerda a piel de ciruela.

Château Rieussec 1988

Château Rieussec 1988

Siguió el Château Rieussec, Sauternes 1988: Preciosa nariz de jengibre, anís, semilla de cilantro, agua de río, lirio, limón dulce y albaricoque. Más opulento que el anterior al paladar, pero no demasiado dulce y con una cierta acuosidad muy agradable en el medio. Final largo, con sabrosa mordida cítrica y acentos especiados.

Incurriendo en franca imprudencia, decidí probar también el Monarchia, Tokaji Aszù “6 Puttonyos” 1999. Desde una vez que visité Hungría allá a principios de los noventas me ha hecho mucha gracia la palabra “puttonyo” de una forma que admito es sumamente pueril. Pero no sé para que traigo eso a caldo… Huele a azahar, piedras, limón en conserva y mirabelle este tokaji. Primario en boca. En la frontera de lo tolerable para este diabético fácilmente empalagado. En boca hay un aspecto de bonbones de limón que me distrae. Un vino primario, con excelente amplitud. Masticable y muy cítrico en el posgusto.

Hasta ahí lo por mí bebido en una noche muy especial, aunqeu más vino por probar había. Hace poco más de un año que dejé Nueva York para venirme a vivir a Santo Domingo y, considerando que no me he perdido todavía un Birthday Jeebus de estos de Kane, es como si no me hubiese marchado nunca. En el taxi al hotel le decía a Josie: “¿Ves? Esto es lo que más extraño. Esto es lo que me hará regresar siempre…”

En honor a una bonita fiesta, les dejo una bonita imagen de Don Rice tomada y photoshopeada por este servidor de ustedes. En su copa hay sauternes.

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Viñetas de Manhattan 3.2: El cumpleaños

Junio 24, 2009 · 2 comentarios

No he dicho nada de la comida, pero todo el mundo se lució. JOsh Raynolds, como en tantas otras ocasiones, nos dió muestras de los poderes mágicos que tiene con cerdo y la ahumadora. Las costillitas que trajo (y un gumbo que sirvió de preámbulo) estaban sensacionales.

Kane, con la carne en la cara...

Kane, con la carne en la cara...

Yo, aprovechando precisamente la sensación que causaban las costillitas, aproveché para colar un tinto que había traido en plan experimental. Es que la botella salió de una de las cajas que abrí en el almacén y me dije que no había gran utilidad en seguirle dando el espacio. Se trataba del Pasanau Germans, “Finca La Planeta”, Priorat 1996. Eran otros tiempos. Cuando yo todavía me atrevía con un vino nuevo de alguna “región emergente” de ésas que dicen… De esto compré un par de botellas y abrí una cuando salió al mercado. En aquellos tiempos cargaba una cantidad insufrible de carpintería. Claro, yo me tragaba la patraña (que, por cierto, algunos morrudos aún insisten en venderte) de que “la madera se integrará” y puse esto de lado, olvidándolo completamente.

Pues ahora no sorprende. Es un cadáver en un ataud de roble nuevo. Velitas con olor a vainilla, hinojo, chocolatinas, guisantes y leche de coco… Si hay algo más—léase fruta o algún otro elemento de interés—es absolutamente marginal, apabullado por el barricazo. No puedo ni siquiera imaginarme un universo paralelo donde esto sea deseable. Pero bueno… Lo dejamos de lafo rapidito.

Sigue otro vino que, en su más temprana juventud, también cargaba bastante roble. Pero a diferencia del priorat, el Château La Roque, “Cupa Numismae”, Pic Saint-Loup 2001 sí que parece haberse tragado el tablón. Carnoso, con sus vainillas y canelas presentándose sutiles, sin delirios protagónicos. Jugoso en boca, pero aprieta en el paladar medio con taninos de cuidado. La fruta se siente fresca y redonda, con un toquecito polvoriento. El posgusto comienza sedoso, luego saca textura tánica. Excelente tensión en un tinto potente donde un poquito de rusticidad resulta encantadora.

Estoy contractualmente obligado a publicar aquí esta imagen de Chris Coad, como prueba de la asistencia a la fiesta de tan reclusivo personaje.

Estoy contractualmente obligado a publicar aquí esta imagen de Chris Coad, como prueba de la asistencia a la fiesta de tan reclusivo personaje.

Otra contribución mía fue una botella de Domaine du Pegau, Châteauneuf du Pape a la que no se le veía la añada por ningún lado. Al parecer se le había caido la banda de cuello que ponía esa información. Me la regaló un amigo que importa el vino en el centro de EEUU. Por la fecha del regalo más o menos triangulamos la cosecha a 1995 ó 1996. Por el carácter del vino—descarnado, sin foco ni verdadero centro, con cierta tonalidad vegetal—podemos deducir añada sin el calor típico de la zona, quizás lluviosa. ¿1995?

LOs dos tintos que aporté habían sido plastas. Estaba por lamentarme cuando me echaron en la copa el Jean Foillard, “Côte de Py”, Morgon 2007. Delicioso gamay que apunta directito a mi corazón. Fresas y cerezas  frescas con sobretonos de clavo dulce, humo, u deje de dulce de guayaba y un montón de granito. Vibrante, suculento y largo. Rico de verdad.

Como es enteramente posible que nadie me crea, aquí tienen la etiqueta del vino de Brad Kane.

Como es enteramente posible que nadie me crea, aquí tienen la etiqueta del vino de Brad Kane.

Kane se me acercó con una botella de algo que él decía “haber mezclado”. Temía un experimento casero que, considerando de lo que es capaz mi amigo, podía ser… Bueno, eso, peligrosillo. Luego Brad me aclaró que había ganado un concurso cuyo premio era crear su propia cuvée de zinfandel de la bodega californiana Seghesio. Así tenía yo delante ahora el Seghesio, “El Armadillo” Ambassador Zinfandel “Blended by Brad Kane”, California 2007 y, para mi sorpresa, estaba, estaba sumamente potable.

Frambuesa y fruta azul, especiadas y con buena acidez. Bueno, y flan. Que esto huele mucho a flan. Un vinote morado, mullido, inmediato y goloso, que está muy requetebién dentro de su género. Enhorabuena a Mr. Kane. Casi que ni me lo creo…

Hablando de vinos hechos por gente amiga, también teníamos una botella del Ominous Logic, “Cuvée Jérôme Kerviel“2007, que según entiendo fue elaborado por Eden Mylunsch, activo participante de Wine Disorder. Otro cremoso, moradote y madurón. Fruta grandota y amigable, sanbernardesca. Buen agarre en un posgusto largo y jugoso.

¡Coño, ya me he pasado de las seiscientas palabras y acaba de llegar Joe Dressner!

(Continuará)

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