No he dicho nada de la comida, pero todo el mundo se lució. JOsh Raynolds, como en tantas otras ocasiones, nos dió muestras de los poderes mágicos que tiene con cerdo y la ahumadora. Las costillitas que trajo (y un gumbo que sirvió de preámbulo) estaban sensacionales.

Kane, con la carne en la cara...
Yo, aprovechando precisamente la sensación que causaban las costillitas, aproveché para colar un tinto que había traido en plan experimental. Es que la botella salió de una de las cajas que abrí en el almacén y me dije que no había gran utilidad en seguirle dando el espacio. Se trataba del Pasanau Germans, “Finca La Planeta”, Priorat 1996. Eran otros tiempos. Cuando yo todavía me atrevía con un vino nuevo de alguna “región emergente” de ésas que dicen… De esto compré un par de botellas y abrí una cuando salió al mercado. En aquellos tiempos cargaba una cantidad insufrible de carpintería. Claro, yo me tragaba la patraña (que, por cierto, algunos morrudos aún insisten en venderte) de que “la madera se integrará” y puse esto de lado, olvidándolo completamente.
Pues ahora no sorprende. Es un cadáver en un ataud de roble nuevo. Velitas con olor a vainilla, hinojo, chocolatinas, guisantes y leche de coco… Si hay algo más—léase fruta o algún otro elemento de interés—es absolutamente marginal, apabullado por el barricazo. No puedo ni siquiera imaginarme un universo paralelo donde esto sea deseable. Pero bueno… Lo dejamos de lafo rapidito.
Sigue otro vino que, en su más temprana juventud, también cargaba bastante roble. Pero a diferencia del priorat, el Château La Roque, “Cupa Numismae”, Pic Saint-Loup 2001 sí que parece haberse tragado el tablón. Carnoso, con sus vainillas y canelas presentándose sutiles, sin delirios protagónicos. Jugoso en boca, pero aprieta en el paladar medio con taninos de cuidado. La fruta se siente fresca y redonda, con un toquecito polvoriento. El posgusto comienza sedoso, luego saca textura tánica. Excelente tensión en un tinto potente donde un poquito de rusticidad resulta encantadora.

Estoy contractualmente obligado a publicar aquí esta imagen de Chris Coad, como prueba de la asistencia a la fiesta de tan reclusivo personaje.
Otra contribución mía fue una botella de Domaine du Pegau, Châteauneuf du Pape a la que no se le veía la añada por ningún lado. Al parecer se le había caido la banda de cuello que ponía esa información. Me la regaló un amigo que importa el vino en el centro de EEUU. Por la fecha del regalo más o menos triangulamos la cosecha a 1995 ó 1996. Por el carácter del vino—descarnado, sin foco ni verdadero centro, con cierta tonalidad vegetal—podemos deducir añada sin el calor típico de la zona, quizás lluviosa. ¿1995?
LOs dos tintos que aporté habían sido plastas. Estaba por lamentarme cuando me echaron en la copa el Jean Foillard, “Côte de Py”, Morgon 2007. Delicioso gamay que apunta directito a mi corazón. Fresas y cerezas frescas con sobretonos de clavo dulce, humo, u deje de dulce de guayaba y un montón de granito. Vibrante, suculento y largo. Rico de verdad.

Como es enteramente posible que nadie me crea, aquí tienen la etiqueta del vino de Brad Kane.
Kane se me acercó con una botella de algo que él decía “haber mezclado”. Temía un experimento casero que, considerando de lo que es capaz mi amigo, podía ser… Bueno, eso, peligrosillo. Luego Brad me aclaró que había ganado un concurso cuyo premio era crear su propia cuvée de zinfandel de la bodega californiana Seghesio. Así tenía yo delante ahora el Seghesio, “El Armadillo” Ambassador Zinfandel “Blended by Brad Kane”, California 2007 y, para mi sorpresa, estaba, estaba sumamente potable.
Frambuesa y fruta azul, especiadas y con buena acidez. Bueno, y flan. Que esto huele mucho a flan. Un vinote morado, mullido, inmediato y goloso, que está muy requetebién dentro de su género. Enhorabuena a Mr. Kane. Casi que ni me lo creo…
Hablando de vinos hechos por gente amiga, también teníamos una botella del Ominous Logic, “Cuvée Jérôme Kerviel“2007, que según entiendo fue elaborado por Eden Mylunsch, activo participante de Wine Disorder. Otro cremoso, moradote y madurón. Fruta grandota y amigable, sanbernardesca. Buen agarre en un posgusto largo y jugoso.
¡Coño, ya me he pasado de las seiscientas palabras y acaba de llegar Joe Dressner!
(Continuará)
Priorato del 96… ¡Mosquis! yo en aquellos años no bebía vino ni nada de nada pero ¿ya se decía eso de “la madera integrará con el tiempo”? Digo yo que si llevan ya casi 3 lustros con la misma jodienda igual es culpa nuestra no mandarles a hacer puñetas porque manda narices…
Ah, gamay. Cada vez que me bebo un vino hecho con gamay y que desde luego no es la M esa que sale por noviembre me quedo encantado y extrañado de que los vinos hechos con esta uva no le interesa más que a 4 gatos. Hace unos días bebí una botella de Brun (Côte de Brouilly 2008) y estaba para beberse n botellas cuando n converge a infinito.
Jose
¡Que si se decía, Jose! Yo mismo, como dejo en evidencia en esta entrega, fuí víctima crédula de ese morrismo desenfrenado de la integración maderera. Claro, no tanto como algunos amigos que compraban los vinos verdaderamente caros. Eso de “integra con el tiempo” lo vengo oyendo, a decir verdad, desde que comenzó a joderse todo, allá por principios de los noventas. Creo que la primera vez que alguien me lo dijo fue ante un cabernet de Caymus. Los prioratos llegaron después.
Ah, una cosa que pude notar con placer abriendo cajas en el almacén donde guardo el vino es que poseo mucho cru beaujolais.
M.