La otra botella

Viñetas de Manhattan 4: Carne, candela y Jesús…

Junio 25, 2009 · 9 comentarios

Jesús Barquín, quiero decir. Tocó la grata coincidencia de que Jesús Barquín estuviese en Manhattan con su familia en el preciso momento en que llegaba yo. Aunque sus actividades de turisteo no le dejaron mucho rato para bebienda con enómanos amigos, algo se dió y pude verle, lo que es digno de celebrar.

Resulta que ese domingo, después del 10th Annual Birthday Jeebus, era la barbacoa anual que celebra Keith Levenberg (admirado autor de The Picky Eater, bon vivant y compañero ocasional mío de bebiendas diversas…) y Josie y yo estábamos invitados. Jesús también y prometió aparecer en cuanto ya no hubiese más turisteo y la familia le diese libertad.

De plano les digo que no utilicé mi libreta de apuntes. Preferí la cámara, dada la tremenda vista del atardecer sobre Manhattan desde la azotea del edificio de Keith. Mucha convivialidad y unos cuantos vinos excelentes. Tuve el gran placer de conocer a y compartir un buen rato de charla con Neil, el de Brooklynguy, un blog que he seguido durante buen tiempo.

Creo que esta vez no escribiré mucho, dejando que las imágenes hablen, que dicen mucho más ellas solitas…

Josie junto a Brooklynguy.

Keith, nuestro genial anfitrión y dueño del fuego.

Keith, nuestro genial anfitrión y amo del fuego.

Muchos tipos de carne devoramos, toda sensacional: Sirloin, churrasco, albóndigas de cordero, hamburguesas. La revelación de la tarde para Josie, eso sí, fueron los increibles perros calientes a la brasa. Nunca ha sido de este tipo de comida mi mujer, pero a estos les entró con un gusto inusitado.

Muchos tipos de carne devoramos, toda sensacional: Sirloin, churrasco, albóndigas de cordero, hamburguesas. La revelación de la tarde para Josie, eso sí, fueron los increibles perros calientes a la brasa. Nunca ha sido de este tipo de comida mi mujer, pero a estos les entró con un gusto inusitado.

Cae la tarde sobre el Hudson...

Cae la tarde sobre el Hudson...

El verdadero Jay Miller, con vino y esa puesta de sol. Del elenco de la noche anterior también estaban en la barbacoa Michel Abood y Verónica.

El verdadero Jay Miller, con vino y esa puesta de sol. Del elenco de la noche anterior también estaban en la barbacoa Michel Abood y Verónica.

Se tardó hasta la noche, pero al fin llegó. Los Camblor. Barquín.

Se tardó hasta la noche, pero al fin llegó. Los Camblor. Barquín.

Algunos vinos de la tarde. El Lessona 2003, por cierto, fue el que me salió corchado. La suerte: Que al otro día pude llevarlo enterito a la tienda y me cambiaron la botella sin problema ninguno.

Ya sé que es muy poco característico—incluso bastante desconcertante—de mí obviar los vinos. Cosas pasaron por mi copa. Algunas las recuerdo claramente, otras no. De los vinos del Equipo Navazos cayeron dos, uno cortesía de Brooklynguy, el otro del propio Jesús Barquín, que nos trajo. Ya me aclarará alguien cuál trajo cual, pero recuerdo que fueron un La Bota de Fino “Macharnudo Alto” No. 7 (creo) y la más reciente edición de La Bota de Manzanilla. Ambos espectaculares como la puesta de sol, marinos y provocadores tanto intelectual como sensualmente. También cayó un elegantísimo Michel Lafarge, Beaune-Grèves 1996, de perfume divinamente sutil y estructura impecable. Y un mágnum de Robert Mondavi, Cabernet Sauvignon “Reserve”, Napa Valley 1979, prueba fehaciente de la impresionante belleza que podían alcanzar los grandes vinos californianos de otra época, cuando aún no había cundido la tendencia al enotecnoesperpento  de los últimos quince años.  Otro ejemplo de nobleza californiana era el Ridge, Petite Sirah “York Creek”, Napa Valley 1990. Denso. Profundísimo de color y básicamente suspendido en el tiempo en cuanto a evolución. Pero delicioso. Un vino envolvente, rústico y auténtico. Yo me traje conmigo, entre otras cosas (una de las cuales me salió corchada), un Bodegas Riojanas, “Monte Real” Gran Reserva, Rioja 1981. Excelente botella de este viejo amigo, que está en un muy buen momento de consumo, aunque todavía le falta camino por recorrer. Enérgico y firme de carnes, especiado y con acentos férricos muy en plan Nuits-Saint-Georges. Bello vino. Joven aún. Además, recuerdo que Barquín nos trajo un Bodegas Bilbainas, “”Gran Zaco” Gran Reserva, Rioja 1962. Precioso color atejado y una nariz muy provocadora, aunque de boca ya va de capa caida.

¿Qué puedo decirles? Otra fiesta desenfadada, generosa en amigos viejos y nuevos y excelentes vinos. No tengo como agradecer a Keith Levenberg la invitación y a Jesús Barqu”in el esfuerzo por unírsenos, aunque sólo fuese un ratico… Este tipo de reunión es precisamente la que me hace valorar tanto a aquel grupo neoyorquino cuando estoy en la ciudad y extrañarlo cuando no estoy.

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