La otra botella

Viñetas de Manhattan 5.1: Cata, confesión, sufrimiento…

Julio 1, 2009 · 4 comentarios

El fan de Coldplay en cuestión...

El fan de Coldplay en cuestión...

A Patricio Tapia le gusta Coldplay.

Esto lo dijo con cara de vergüenza, que es la única que corresponde a semejante confesión. Se encogía de hombros. De los altoparlantes conectados a su iPod—que brindaba una peculiar banda sonora a nuestra cata de Ribera del Duero en Wine & Spirits—salían Yo La Tengo y The Notwist. Imposible entender el lapsus, pero bueno, el primer paso es admitir el vicio. Y, para robarme y corromper sus propias palabras, si “hay vicios como tatuajes”, esto de Coldplay es más o menos como un “Wynona Forever”, en términos de cool musical.

Continuaban las rondas de tortu—er, cata… Más apuntes resumidos.

Bracamonte, Tempranillo “Roble”, Ribera del Duero 2007: Mismo color de la mayoría. Opaco. Azúcar prieta, romero, ciruela fresca, cereza y un deje de pasa dorada. En boca picantino y vivaz, con buena fruta roja acentuada por menta. Notita de remolacha hervida en un posgusto sorprendentemente largo y fresco. Del precio depende mi entusiasmo.

Martín Berdugo, Tempranillo “Barrica”, Ribera del Duero 2007: Jarabe para la tos. ¿qué, tartamudeo? Final piadosmanete breve. Horrendo.

Annosus, Tempranillo “Nobile”, Ribera del Duero 2006: Coctel de frutas enlatado Del Monte con crema de coco y vainilla. Goloso, globular y terriblemente tedioso. Corto. El equivalente vínico de llevar calcetines negros con sandalias en la playa.

Conde de San Cristóbal, Tempranillo, Ribera del Duero 2006: Habitual color en la secuencia. Peste compostada, de legumbres hervidas hasta despojarlas de toda identidad, de ciruela pasa hinchada a vainillazo puro. Globular, dulce, pesadote y con demasiado tanino tablonero. Calor alcohólico. ¡Pffftché!

Bodegas J.C. Conde,  Tempranillo “Neo”, Ribera del Duero 2006: Ciruelas pasas y canela en un conjuntillo odorífero francamente repugnante. Jugo de ciruela pasa, caldo de pollo y tablones en la boca. Recortado de final, por suerte. Recomiendo huir.

Alonso del Yerro, Tempranillo, Ribera del Duero 2006: Perro mojado, granos de vainilla socatos, o quizás carobo socato… Dentífirco, ciruela-cereza. Nariz inatractiva. Redondo, aciruelado y sin ningún punto de enfoque. Corto y sin agarre. Vacuo.

Cillar de Silos, Tempranillo “Torresilo”, Ribera del Duero 2006: Barniz y toffee barato sobre sopa de ciruelas. Plano, fofo y alcohólico. Tan recomendable como la sala de espera del dentista.

Martín Berdugo, Tempranillo Crianza, Ribera del Duero 2006: Misma densidad visual. Caldoso. Leves notas oxidativas. Vainillazo. Goloso en boca, medicinal en plan semi-Listerinesco. Ciruela y especias. Taninos gruesos. Simplón y bajo el mínimo de reglamento de encanto.

Cruz de Alba, Tempranillo Crianza, Ribera del Duero 2006: Barniz, ciruela, chocolate de leche y remolacha hervida en una nariz sonsa, inapetecible. En boca un sudoroso glóbulo de jugo de ciruela pasa. Taninos secantes en un posdisgusto recortado. Brrrr…

Balbas, Tempranillo Crianza, Ribera del Duero 2006: De ahora en adelante, si no comento sobre color, es que es otro granate opaco más. Huele a zapatería, Salvavidas (los dulces con el hueco en el medio) y madera. Masacotesco, extraño, de acidez justita, especiado. Posgusto medio. En realidad, considerando lo que ha caido hasta ahora, no objeto. Se dejaría beber, sobre todo si es barato y las circunstancias son adecuadas.

Arzuaga, Tempranillo Crianza, Ribera del Duero 2006: Una leve medicinalidad seguida por café y chocolate, carne y cereza sobremadura en la nariz. Goloso y picantino en boca, masticable. Buena presencia, aunque al final torna quizás demasiado dulce y alcohólico. Buena persistencia. Si es barato e invierno, pues, le entramos.

Bodegas J.C. Conde, Tempranillo “Neo Punta Esencia”, Ribera del Duero 2006: Jarabe para la tos sabor cereza y pintalabios viejo (gracias, Cecilia Carballo, por este inolvidable descriptor que ahora puedo utilizar de iniciativa propia por primera vez) en nariz y boca. Torpe y esperablemente cortito. De los de pasar de largo mirando hacia otro lado.

Alonso del Yerro, Tempranillo “María”, Ribera del Duero 2006: Apesta a vómito. Bacterianamente fastidiado. En la línea para la impresión palatal pongo: “¡No, en la boca noooooo!”. No importa si tiene posgusto o no. Terrible. Recomendarlo requeriría una lobotomía frontal.

Arzuaga, Tempranillo “Amaya Arzuaga”, Ribera del Duero 2006: Leve volatilidad, especias y frambuesas frescas. La nariz promete. En boca es apagadillo  y me decepciona un poco. Masticable, con buena presencia frutal, aunque la fruta sea más bien simplona, monótona. Taninos granulosos en un buen final, con acidez presente. Pide un poco de tiempo y comida cuando llegue el momento de consumo. Veinte dolaritos los pagaría yo por esto. ¿Pero cuáles son las probabilidades de que ése sea el precio?

(Continuará)

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Viñetas de Manhattan 5: Algo que no quiero ser de mayor…

Julio 1, 2009 · 4 comentarios

“¿Pero dónde carajos será esto?”

Esa frasecita la insertaba yo con una robótica voz mental  cada varios segundos en la  canción de The Kills que sonaba en mi iPod. Llevaba ya unos buenos diez minutos dando vueltas por el pedacito de Manhattan conocida como “Little Korea”, buscando el edificio donde están las oficinas de la revista Wine & Spirits. Tenía una de esas direcciones con calle y numerito, ya saben. Las que sirven para muy poco cuando la cuadra es una hilera de tiendecitas de chucherías en las que no aparece un número de casa ni por casualidad.

En una eché la suerte y entré a un edificio sin tiendecita coreana. Resultó ser un hotel. El botones no tenía ni puta idea sobre la dirección que yo buscaba. .

De repente ví en la acera una chica con una bolsa de baguttes bajo el brazo. Entraba a un edificio al lado. La seguí hasta el ascensor y le pregunté si era ahí Wine & Spirits.

No sin cierta desconfianza, me dijo que sí y me preguntó que a quien buscaba. Le dije que Patricio Tapia me había citado allí a las diez para una cata.

Patricio y yo nos traemos, de un tiempo a esta parte, una especie de sociedad de admiración mutua. Yo he aparecido en luz muy positiva en algún escrito suyo y a él le ha pasado más o menos lo mismo aquí en La otra botella. Desde hacía tiempo ya estaba en el aire la idea de que participase yo como “artista invitado” en un panel de cata de Wine & Spirits, revista para la que Patricio escribe desde hace mucho.

Yo venía esperándome algo mucho más clínico y seriote, pero lo que me esperaba era una cata a trio muy relajada y gregaria con Patricio y Chris Hallowell, editor asistente de la revista.  Eso sí, aunque no lleváramos batas de laboratorio e interpoláramos momentos de discusión sobre música y muchas otras cositas, en ningún momento perdimos la disciplina evaluativa. Estábamos para lo que estábamos.

Bueno, y hay que ver para lo que estábamos… Patricio me había insistido mucho que quería que me tocara “algo bueno” para mi primer panel de cata. Ya me contó el pobre Brooklynguy en la barbacoa de Keith Levenberg que cuando le tocó a él el mismo julepe le habían salido con hordas de vinos chilenos, cada uno peor que el anterior. Yo sentía un cierto temorcillo, pero en realidad me dominaba mi espíritu aventurero. Además, Patricio decía que había pedido muy específicamente aquello de “algo bueno”.

El problema fue que como “algo bueno” alguien encargado de la agenda de catas interpretó Ribera del Duero.

Anjá.

Anuncio de antemano que lo que aquí se ventilará en las próximas tres o cuatro viñetas no va a ganarme amigos. De hecho, muy probablemente aumente el considerable número de gente que me detesta en esa denominación de origen. Pero caté honestamente. Diré lo que ví, olí, degusté… Y de paso contaré algunos secretitos sórdidos sobre Patricio Tapia. Que de eso transpiró algo, si señor.

Por lo de la concisión, les presentaré un breve comentario chismográfico al principio de cada entrada, seguido por los vinos catados en cada tanda. Ponían unas hojitas de evaluación de esas de “Apariencia”, “Nariz”, etc. Lo que haré será condensar lo saliente de entre mis apuntes sin transcribirlos íntegros, porque eso es un coñazo, hombre… Ah, y no pusimos puntos. Hubo una explicación de que los puntos de la revista (porque puntos da) se tabulaban al final de todo, a nivel editorial o algo por el estilo. Yo prefiero imaginar que no querían hacerme sufrir, pues el ejercicio matemático que supondría condensar en una cifra las cualidades (o falta de las mismas) de un vino sería para mí una auténtica tortura.

Era a semiciegas la cosa, como dije. Sabíamos que los vinos eran riberas. Luego venían grupos de copas numeradas. Así, el primero, que más tarde me enteré que consistía en…

Arzuaga, Tempranillo “La Planta”, Ribera del Duero 2008: Granate oscuro. Opaco. Destellitos picota. No particularmente excitante de ver. Vainillobalsámica nariz con fondo de cereza. Genérica, pero no le hago ascos. A la vez mullido y desagradablemente astringente en boca. Calor alcohólico.

Cillar de Silos, Tempranillo, Ribera del Duero 2007: Mismo color del #1. Insecticidesca nota nasal. Pegamento. Aceite de naranja. Amplio en boca. Tánico. Cereza. Sus volatilidades no son de las “sexy”. Fundamentalmente aburrido.

Bodegas J.C. Conde, Tempranillo “El Arte de Vivir”, Ribera del Duero 2007: De color, idéntico a los demás. Especias y fruta dulces, vainillita, etc. Directo de fruta, masticable. Bastante tánico, pero se deja beber. Buen largo. Recomendable si bien barato.

Bodegas J.C. Conde, “Disco”, Ribera del Duero 2007: Hasta ahora todos estos vinos se ven igualitos. Azúcar quemado en la nariz, volatilidad desagradable. Plano. Taninos duros, secantes. Abrasivo posgustito. ¿Recomendar? ¡No jodas!

Bodegas J.C. Conde, “Vivir, Vivir”, Ribera del Duero 2007: Té negro viejo, especias indeterminadas. Huele cálido. Fruta monótona, desenfocada. Picantino en boca. Canela sobre cereza fláccida. ¿De qu;e sirve esto?

Pagos del Rey, Tempranillo “Condado de Oriza”, Ribera del Duero 2007: Granate más claro, con cierta transparencia. Apestosillo. Volátil en buen plan. Toffe, cereza y pasas. Entra rojamente fresco en boca, aunque luego suelta algo de pasa. Su mordidita acídica y taninos saludables. Primero decente.

Martín Berdugo, Tempranillo Joven, Ribera del Duero 2007:Volvemos a la opacidad. ¡Qué pesados!Flatulento. Ciruelas pasas y consommé de carne. Fofo, plano, con una notilla de pimeinto del padrón. Torpe, pasesco y alcohólico. Recomendable como una patada en la pudenda.

La foto que aparece arriba, por cierto, me la tomó el Tapia, justo antes de hacerme una confesión… Quédense un ratito, en lo que escribo el próximo capítulo de la saga,  con lo que escuchaba antes de llegar a la cata:

(Continuará)

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