“¿Pero dónde carajos será esto?”
Esa frasecita la insertaba yo con una robótica voz mental cada varios segundos en la canción de The Kills que sonaba en mi iPod. Llevaba ya unos buenos diez minutos dando vueltas por el pedacito de Manhattan conocida como “Little Korea”, buscando el edificio donde están las oficinas de la revista Wine & Spirits. Tenía una de esas direcciones con calle y numerito, ya saben. Las que sirven para muy poco cuando la cuadra es una hilera de tiendecitas de chucherías en las que no aparece un número de casa ni por casualidad.
En una eché la suerte y entré a un edificio sin tiendecita coreana. Resultó ser un hotel. El botones no tenía ni puta idea sobre la dirección que yo buscaba. .
De repente ví en la acera una chica con una bolsa de baguttes bajo el brazo. Entraba a un edificio al lado. La seguí hasta el ascensor y le pregunté si era ahí Wine & Spirits.
No sin cierta desconfianza, me dijo que sí y me preguntó que a quien buscaba. Le dije que Patricio Tapia me había citado allí a las diez para una cata.
Patricio y yo nos traemos, de un tiempo a esta parte, una especie de sociedad de admiración mutua. Yo he aparecido en luz muy positiva en algún escrito suyo y a él le ha pasado más o menos lo mismo aquí en La otra botella. Desde hacía tiempo ya estaba en el aire la idea de que participase yo como “artista invitado” en un panel de cata de Wine & Spirits, revista para la que Patricio escribe desde hace mucho.
Yo venía esperándome algo mucho más clínico y seriote, pero lo que me esperaba era una cata a trio muy relajada y gregaria con Patricio y Chris Hallowell, editor asistente de la revista. Eso sí, aunque no lleváramos batas de laboratorio e interpoláramos momentos de discusión sobre música y muchas otras cositas, en ningún momento perdimos la disciplina evaluativa. Estábamos para lo que estábamos.
Bueno, y hay que ver para lo que estábamos… Patricio me había insistido mucho que quería que me tocara “algo bueno” para mi primer panel de cata. Ya me contó el pobre Brooklynguy en la barbacoa de Keith Levenberg que cuando le tocó a él el mismo julepe le habían salido con hordas de vinos chilenos, cada uno peor que el anterior. Yo sentía un cierto temorcillo, pero en realidad me dominaba mi espíritu aventurero. Además, Patricio decía que había pedido muy específicamente aquello de “algo bueno”.
El problema fue que como “algo bueno” alguien encargado de la agenda de catas interpretó Ribera del Duero.
Anjá.
Anuncio de antemano que lo que aquí se ventilará en las próximas tres o cuatro viñetas no va a ganarme amigos. De hecho, muy probablemente aumente el considerable número de gente que me detesta en esa denominación de origen. Pero caté honestamente. Diré lo que ví, olí, degusté… Y de paso contaré algunos secretitos sórdidos sobre Patricio Tapia. Que de eso transpiró algo, si señor.
Por lo de la concisión, les presentaré un breve comentario chismográfico al principio de cada entrada, seguido por los vinos catados en cada tanda. Ponían unas hojitas de evaluación de esas de “Apariencia”, “Nariz”, etc. Lo que haré será condensar lo saliente de entre mis apuntes sin transcribirlos íntegros, porque eso es un coñazo, hombre… Ah, y no pusimos puntos. Hubo una explicación de que los puntos de la revista (porque puntos da) se tabulaban al final de todo, a nivel editorial o algo por el estilo. Yo prefiero imaginar que no querían hacerme sufrir, pues el ejercicio matemático que supondría condensar en una cifra las cualidades (o falta de las mismas) de un vino sería para mí una auténtica tortura.
Era a semiciegas la cosa, como dije. Sabíamos que los vinos eran riberas. Luego venían grupos de copas numeradas. Así, el primero, que más tarde me enteré que consistía en…
Arzuaga, Tempranillo “La Planta”, Ribera del Duero 2008: Granate oscuro. Opaco. Destellitos picota. No particularmente excitante de ver. Vainillobalsámica nariz con fondo de cereza. Genérica, pero no le hago ascos. A la vez mullido y desagradablemente astringente en boca. Calor alcohólico.
Cillar de Silos, Tempranillo, Ribera del Duero 2007: Mismo color del #1. Insecticidesca nota nasal. Pegamento. Aceite de naranja. Amplio en boca. Tánico. Cereza. Sus volatilidades no son de las “sexy”. Fundamentalmente aburrido.
Bodegas J.C. Conde, Tempranillo “El Arte de Vivir”, Ribera del Duero 2007: De color, idéntico a los demás. Especias y fruta dulces, vainillita, etc. Directo de fruta, masticable. Bastante tánico, pero se deja beber. Buen largo. Recomendable si bien barato.
Bodegas J.C. Conde, “Disco”, Ribera del Duero 2007: Hasta ahora todos estos vinos se ven igualitos. Azúcar quemado en la nariz, volatilidad desagradable. Plano. Taninos duros, secantes. Abrasivo posgustito. ¿Recomendar? ¡No jodas!
Bodegas J.C. Conde, “Vivir, Vivir”, Ribera del Duero 2007: Té negro viejo, especias indeterminadas. Huele cálido. Fruta monótona, desenfocada. Picantino en boca. Canela sobre cereza fláccida. ¿De qu;e sirve esto?
Pagos del Rey, Tempranillo “Condado de Oriza”, Ribera del Duero 2007: Granate más claro, con cierta transparencia. Apestosillo. Volátil en buen plan. Toffe, cereza y pasas. Entra rojamente fresco en boca, aunque luego suelta algo de pasa. Su mordidita acídica y taninos saludables. Primero decente.
Martín Berdugo, Tempranillo Joven, Ribera del Duero 2007:Volvemos a la opacidad. ¡Qué pesados!Flatulento. Ciruelas pasas y consommé de carne. Fofo, plano, con una notilla de pimeinto del padrón. Torpe, pasesco y alcohólico. Recomendable como una patada en la pudenda.
La foto que aparece arriba, por cierto, me la tomó el Tapia, justo antes de hacerme una confesión… Quédense un ratito, en lo que escribo el próximo capítulo de la saga, con lo que escuchaba antes de llegar a la cata:
(Continuará)
Me parece estar leyendo una cata de tintos reserva chilenos….
Quizás fue así por diseño y Tapia es uno de esos genios malévolos que se las apaña para castigarlo a uno con chilenos, aunque no sean chilenos…:-)
Pero fuera de bromas, te adelantas a mi conclusión sobre todo esto. Podían haber sido de un montón de lugares estos vinos.
Lo peor está por venir.
M.
Recuerdo que no hace mucho confundí a ciegas unos cuantos Riberas con Monastell de Murcia o Alicante.
Por cierto… 2008 en teoría fue añada fresca donde costó madurar la uva. ¿Que graduaciones alcohólicas marcaba ese 2008?
Saludos
Olaf
Olaf,
La cata fue a semiciegas y en ningún momento pudimos ver las botellas. Aunque sabíamos que íbamos a catar 34 riberas , sólo se nos reveló la identidad de los vinos en una hoja impresa al final de la cata, cuando revisábamos lo que considerábamos “Recomendado” o “Buena compra”.
Incluso en cuanto a los precios de los vinos no tengo tanta información como quisiera. Claro, sería excelente que en la parte vidente de “semiciega” te dieran el grado alcohólico, ya que uno tiene que hacer una recomendación. Pero en este caso el calor alcohólico había que evaluarlo como un defecto más, junto a ppppestes bacterianas, volatilidades desboccadas, etc.
Ah, en cuanto a lo de “añada fresca”: Tengo la corazonada, dada la mayoría de los vinos en esta cata, que las ideas enológicas de la región harían redundante cualquier diferencia climática…
M.