Viñetas de Manhattan 5.2: ¿Glamour? ¿Qué glamour?

 

Esta era la información con la que contábamos mientras realizábamos la cata. Nada más. Nada menos.

Esta era la información con la que contábamos mientras realizábamos la cata. Nada más. Nada menos.

Que fueron un montón de vinos. Seguían llegando las copas numeradas y al trio dinámico en la mesa de Wine & Spirits no se nos veía particularmente contentos. Hab;ia que encontrar algo que recomendar. Había que intentar ponerse en el lugar del consumidor promedio, o al menos del menos enochalado. Había que imaginar a los vainillófilos del mundo, a los fans incondicionales del jugo de ciruela pasa…

 

En fin, que alguna vez en plan bromista le hablé a Patricio Tapia del “glamour” de ser catador y crítico profesional en la cultureta actual del vino y les juro que no lo vuelvo a hacer. Tener que zumbarse tanda tras tanda del tipo de vino que estábamos catando lo veo como una especie de apostolado autopunitivo con severo desgaste corporal incluido.

Llevábamos veintiuna muestras y me dolían las encías. Además, estaba un poco nervioso por andar pensando en algo bueno que decir sobre alguno de estos vinos. Dos me habían parecido aceptables de los veintiuno. Dos.

Cuando sea mayor, no quiero ser catador profesional. No quiero imaginarme tener que hacer esto todos los días. Ni tan siquiera una vez al mes.

Pero bueno, seguimos con los riberas, que faltaba aún una buena tajada.

Pagos del Rey, Tempranillo Crianza “Condado de Oriza”, Ribera del Duero 2005: Aquí, por alguna razón y si se puede, pasamos a un color un tanto más intenso. Potaje de guisantes mezclado con Robitussin en la nariz. En boca, hostilmente aburrido. Plano, con fruta negra globular revestida de taninos barrileros ásperos. Finalito truncado. Sólo para masoquistas.

Comenge, Tempranillo “Don Miguel”, Ribera del Duero 2005: Volátil de primer plano. Luego huele rechoncho, asopado y mermeladón. Plano, sonso. Aburridísimo. Una nota de caldo de pollo  con laurel en el medianillo final.

Bodegas Bohorquez, Tempranillo “MMII”, Ribera del Duero 2005: De no ser por la cantidad de madera que le han forzado a cargar y por un puntito bonbonesco un tanto vulgar, esto podría funcionar. Fruta roja viva y presente, bien embarrada de crema de vainilla. Especiado y masticable, con la mejor acidez que he encontrado en la mañana (nada difícil llevarse el premio…). Recomendable si el precio es el justo.

Bodegas Balbas, Reserva, Ribera del Duero 2005: Crayolas y orina de caballo, ciruela roja y un chorrito de limón. Cereza en boca. Levemente áspero de textura, masticable. Acidez media. Muy tánico. Final satisfactorio, con buen equilibrio y frescura. Se mueve bien y pide un chuletón. Otro que podría recomendar si no anda disparado de precio.

Pago de los Capellanes, Reserva, Ribera del Duero 2005: Otro nivel de oscuridad aún. ¿Quién lo hubiera querido? Cerezas con pepitas del más agresivo roble nuevo, maceradas en oporto y recubiertas de chocolate. Masacote medicinal en boca. Pesado y alcohólico. Posgusto larguito, masticable, con buen agarre. Pero el conjunto es tan inóspito que poco importa.

Arzuaga, Tempranillo Reserva, Ribera del Duero 2005: Volvemos al granate opaco de antes. Eucalipto y zapatillas deportivas sudadas llevan a una globularidad morada que confirma la tendencia australoide de esto. Supermasticable, supermorado, sin vestigios de chispa vital. Me duelen los dientes.

Viña Arnáiz, Tempranillo Crianza “Arribeño”, Ribera del Duero 2004: Aquí el granate opaco tiene un bordecito atejado. Volátil, con caramelo y coco por delante, luego notas de aceite de lavanda, cereza, ciruela fresca y balsámicos. Ah, no se me olvide la vainilla… Fruta roja masticable con una inesperada y bonita ligereza de movimiento. Especiado, con una notita caldosa en el posgusto largo y granuloso.  Se bebería.

Bodegas Convento de San Francisco, Tempranillo, Ribera del Duero 2004: Otro con bordillo atejado. Cuestionable aroma de hormigas trituradas, caramelo, vainilla y ciruela pasa. Bueno, cuestionable no—retable, a este punto. Plano y sopesco, con el maderazo superimpuesto en un caldo denso, sin vida. Final corto y amargón. ¿Qué diablos se hace con algo así en la copa? Honestamente, preferiría beber leche de magnesia.

Balbas, “Ritus”, Ribera del Duero 2004: Hilarante nariz gelatina de frambuesa y coctel de pimientos del piquillo conservados entrementina y extracto de vainilla. De verdad, huele cómico este vino. Globular en boca, goloso y envainillado hasta el hartazgo empalagoso. Final cortito, secante. Cosas tontas y raras que prueba uno en esta vida…

(Concluye en la próxima entrega)


Advertisement

6 Respuestas a Viñetas de Manhattan 5.2: ¿Glamour? ¿Qué glamour?

  1. ¿Hormigas trituradas? 8-o

    Jose

  2. Manuel Camblor

    Es mi descripción y la respaldaré. ¿O es que de chavalín no salías al patio a jugar? Recuerdo en mi infancia alguna que otra trapisonda a algún hormiguero. El olor es particular.

    M.

  3. Hombre sí… pero de ahí a triturar las suficientes como para poder percibir algún oloooor…

    Jose

  4. Manuel Camblor

    Una bastaba. Se te pegaba a los dedos y luego no salía. ¡Qué gamberros éramos!

    M.

  5. El próximo día me pondré a ello con el cazador de hormigas oficial de la familia: mi sobrino pequeño. Aunque no sé si ponerme a olerlas terminará de convencer a mi familia de no ando bien de la cresta.

    Jose

  6. Manuel Camblor

    Convéncelos, Jose. Si total… :-)

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Gravatar
Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s