Ya pasábamos del horario pautado para la cata. Temía yo que fuesen mis rezagos, amateur no acostumbrado a los ritmos de una cata pro como soy. Patricio y Chris siempre acababan con sus tandas de copas antes que yo. Intentaba apresurarme, pero me era difícil. ¿Sería por mis notas excesivamente prolijas y minuciosas? ¿O sería sencillamente que estaba dedicando demasiado tiempo a cada vino en busca de algún aspecto positivo que resaltar?
Porque hay que darle la cara al asunto: Esto había sido un catálogo de impotabilidad. Pero a mí se me había contagiado una misteriosa voluntad diplomática de crear consensos y me empeciné en demasiadas ocasiones en encontrar algo a recomendar a otros en un conjunto que, francamente, yo mismo no consumiría ni de coña.
Esto me puso de cara con uno de los problemas fundamentales de la prensa del vino hoy día para el tipo de bebedor que soy: La necesidad de actuar como promotores de cualquier tipo de vino, sin importar las objeciones estéticas individuales de uno, que se lleva las copas a las narices, el vino a la boca, que se deja los dientes negros (me va a costar una pasta el blanqueado, para el que aún no he hecho cita, ahora que me acuerdo). Es que me resulta imposible participar de una “imparcialidad” artificial. Pruebo una muestra, no me gusta, saco una microconclusión. Veintipico de muestras más tarde, si hay muy pocas que me gustan, comienzo a acercarme rápidamente a macroconclusiones. Inevitable.
Y lo que pasaba con los vinos en esta cata ponía ciertas arruguitas en el debate sobre filosofías de elaboración. Okey, mucho monovarietal de tempranillo, lo que de por sí no me parece conducente a gran excitación. Okey, alcoholes subiditos, golosería, redondez fofa y acideces entre lo meramente suficiente y lo nulo. Okey los vainillazos del roble nuevo. Todo eso responde a una estética vitivinícola determinada que no me gusta, pero que tiene su audiencia.
Por mayoría aplastante, los vinos me resultaron aburridísimos. Encima, considerando lo modernotes que eran todos, andaba mucha volatilidad zafada y no pocos procesos bacterianos en feliz actividad. Encima, las texturas aportadas al juego por los taninos de madera no me parecían particularmente negociables ni para un lado ni para el otro. Me encantaría conocer a alguien que se encuentre ese apretón secante de boca agradable… Además, las acideces bajas en tantos de estos vinos me hacen cuestionar lo que es verdadera estructura y lo que es madera superimpuesta “a modo de estructura”, resultando en entes con un esqueleto artificial llevado por fuera. Yo pensaba que el punto de la modernez era lograr vinos “perfectos” (una buena se traía mi amigo Tapia con este tema en su nuevo proyecto Vinorama), pero ahora me confundo. Porque si aquí había algo sublime, o se me pasó, o existía en el plano negativo de la definición kantiana de “sublime”.
Nos quedaban cuatro vinos por probar y yo había quedado con mi mujer para almorzar en un sitio bonito…
Pagos del Infante, “Lynus”, Ribera del Duero 2004: Mismo color de la mayoría. Notas de sotobosque, cuero y chocorroble sobre fruta estofada en la nariz. Medicinal, pesado y amarguete en boca, trayéndome a la mente la imagen de un Campari obeso y feamente alopécico. Final recortado, caliente.
Pagos del Rey, Tempranillo Reserva ”Condado de Oriza”, Ribera del Duero 2003: Granate amoratado, denso y oscuro. Nasalmente, un ofensivo coctel de nam pla (salsa de pescado fermentado muy popular en ciertas cocinas del sudeste asiático) y jugo de ciruela pasa. Huele a canícula. En boca es plastoso, sin centro, con fruta potajesca. Intentar encontrar el positivo aquí es como chapaletear en mar abierto sin saber donde queda el norte.
Balbas, Tempranillo Gran Reserva, Ribera del Duero 2001: Aquí la fruta roja quisiera dar la cara, pero acaba apabullada por roble nuevo. Lástima. La madera se apodera de la nariz y te destruye el paladar a puro taninazo lijoso. Se siente detrás fresa-frambuesa con un levantadito acídico, haciendo el esfuerzo… Pero acaba aplastada en el alud de tablones.
Arzuaga, Tempranillo Gran Reserva, Ribera del Duero 2001: Huele a bolitas de naftalina, vainilla, café viejo, eucalipto y Ribena. Extrañamente, hay en esta copa un toquecito de aguja. Amorfismo morado-negruzco en boca, viscoso y alcohólico. Activamente desagradable.
Algo hay que decir sobre estos dos últimos vinos, ya vista la hoja con las identidades y, sobre todo, los precios. El Balbas sale por US$80 según lo que pone aquí. El Arzuaga por… ¡US$150! O bueno, quizás no hay que decir nada…
Aunque los vinos fueron lo que fueron, quedé muy agradecido a Patricio, Chris y Wine & Spirits por la oportunidad de unírmeles en su trabajo y entender un poco. Definitivamente, cuando crezca creo que quiero ser astronauta.,,
Me encontré con Josie en un romántico bistro del Upper East Side, viejo favorito. Lo primero que me dijo al verme: “¡Pero tienes la boca negraaaaaaaa!”
Por casualidad, en el vacío vagón de metro que pillé subiendo a almorzar con mi esposa, ví unos anuncios de cerveza que me llamaron la atención, no por la cerveza anunciada, sino por la sonrisita irónica que me traían a los labios, pensando como iba en las objeciones que me suscitaron los 34 riberas que acababa de catar. Porque en este mundo hay vino y hay vino, pero al final la diferencia está en la bebibilidad…





22 respuestas hasta el momento ↓
Benjamín Berjón // Julio 2, 2009 a 9:58 am
Siempre me ha llamado la atención y admiración la gente que cata más de 12 vinos a la vez. Yo con menos de eso acabo “entonado”. Y como dice Jancis Robinson; no importa que se escupa, siempre se absorbera una cierta cantidad de alcohol en la boca. Así que con 34 riberas yo estaría listo para una prolongada siesta, y más tratándose de “jarabitos son tanto alcohol”. El anuncio hace gracia después de tu experiencia, yo encontré otro, hace tiempo en un camión repartidor de productos lácteos de Nestlé, anunciaba en sus costados un yogurt y ponía la foto de un niño preguntando: “dónde está la fruta”.
Saludos
Manuel Camblor // Julio 2, 2009 a 10:44 am
Benjamín,
En efecto, aún haciendo escrupuloso uso de la escupidera (como hicimos los tres esa mañana), la absorción velar de alcohol puede ser un serio problema, aún con vinos de grado relativamente bajo.
Yo acabé bastante cansado. Pero de nota nada. Como siempre describí el fenómeno de la absorción velar, es como pasar de la sobriedad a la resaca sin tocar el puntito de la alegría.
Lo único que puede uno hacer en estas catas es enjuagar constantemente la boca. Yo lo tuve muy claro y me limpiaba con agua (que iba a la escupidera) tras cada muestra, aprovechando para luego beberme un par de traguitos y así, pues, paliar el efecto de los vinos.
M.
Jose // Julio 2, 2009 a 11:38 am
Sigh… la publicidad… Me cruce de cuando en vez con algunos camiones que reparten pollos y conejos a los mercados de la ciudad. En ellos aparece una publicidad, digamos, curiosa: “Matamos de noche para servirselos de día”.
Jose
javier // Julio 2, 2009 a 11:42 am
Anoche tuve que dormir con la luz prendida, luego de leer tus primeras entradas. Uf, todo mejoró al clarear el día….
Pero anoche tuve una experiencia similar, al probar un St Emilion del 2001. Eramos 3 para comer, y ese iba a ser el vino principal de la comida. La botella quedó casi intacta, incluso habiendo una termita entre los comensales. Debí haber leído primero esta nota de cata y su puntuación, viniendo del mismísimo RP. Lo dice casi todo: “92 out of 100…The finest Larmande I have ever tasted, this sleeper of the vintage is a seamless classic that transcends its terroir and pedigree. The 2001 Larmande exhibits a deep purple color as well as a striking perfume of charcoal, black currant and cherry liqueur, incense, and vanillin. Medium to full-bodied, with a sensational mid-palate, wonderful persistence, and a beautifully balanced style, it can be drunk young or cellared for 10-15 years. Bravo!” Vaya si este vino trasciende su terroir. Si Bacardi y Godiva se asociaran para producir vino, confeccionarían algo así.
patricio tapia // Julio 2, 2009 a 12:02 pm
Muy buena Manuel. Me he divertido mucho con tu crónica de nuestra experiencia con los riberas. Y como te lo dije en su momento, fue un agrado catar contigo, a pesar de tu tonterita cool de decir en público que no te gusta Coldplay… En fin, en serio, muchas gracias por habernos acompañado y te esperamos cuando los astros estén en línea o cuando vengan más riberas…
Manuel Camblor // Julio 2, 2009 a 12:35 pm
Patricio,
Fue un gran placer verte de nuevo, conocer a Chris y hacer esta sesioncilla juntos, si bien los vinos eran lo que eran. Para la próxima mira a ver si nos ponen algo del orden de “Romorantin Around the World” o “Sublime Transparency”.
En cuanto a lo de Coldplay, has de saber que tienes mi afecto garantizado, aún con ese vicio tan raro. Es como si me dijeras que, por momentos, te entran ganas de beber chardonnay de Kendall-Jackson…
Yo ahora mismo estaba enfrascado en trabajo serio, pero de fondo el randomizer de iTunes me sacó el segundo disco de Snow Patrol.
M.
Manuel Camblor // Julio 2, 2009 a 12:38 pm
Javier,
Saint-Emilion hoy día da muy poco para quienes buscamos vino más allá de lo puntista. Es triste que tanta gente se haya subido a ese carro. Lo curioso es que la nota de Parker para ese Larmande bien hubiera servido para uno de estos riberas. Claro, a veces me pregunto si es que yo carezco de una dimensión sensorial que esa gente tiene, porque hablan de finales “largos” con una facilidad…
M.
Patricio Tapia // Julio 2, 2009 a 4:59 pm
Y una cosa más a propósito de Coldplay. Esa recomendación tuya, Bell X1, no me había convencido del todo hasta que escuché Bad Skin Day, una canción sencillamente memorable. Se le agradece.
Manuel Camblor // Julio 2, 2009 a 5:40 pm
Patricio,
Unicamente intentaba traducir tu peculiar afición por Coldplay a algo un poquito más cercano a la cooledad, si bien no del todo cool. Bell X1 tiene sus momentos, pero no es una de esas bandas que sigo incondicionalmente. Me alegro que hayas caido en “Bad Skin Day”, que momento definitivamente es.
Ahora mismo estoy refugiado en Kevin Johansen y los Brazilian Girls versionando “Crosseyed and Painless” de Talking Heads, escondido en mi oficina.
M.
Felipe Storme // Julio 2, 2009 a 7:21 pm
Hola primera vez que escribo en este blog, muy buenos días a todos…
Yo he tenido un mal día, de los peores en cuanto a catas se refiere, vengo llegando de una cata de Bodegas Hipano-Suizas a cargo y dirigida por el famoso enólogo de Requena Pablo Ossorio…
Antes de la cata investigué un poco sobre el enólogo y en google aparece asignado como mejor enólogo 2008 de España o Requena, vamos al tío le tiran flores en la industria española.
El asunto que me horrorizo es el miedo que me produjo el citado enólogo, habló de como su inspiración marketera para el nombre Hispaño-Suizo venía de los coches de alta gamas suizos…
Sus vinos me parecieron horrendos, intomables. Les invito a probarlos y que porfavor sean honestos en su comentario…. no quiero ni dejar mal o dejar bien al señor este, pero si la industria española aclama y sigue venerando enólogos que opten por las maceraciones y criomaceraciones bestiales, al sobre uso de madera nueva y al marketing imbecil basado en glamour y estupideces materialistas dignas de gog dancer de Ibiza, creo que van en pesimo camino…
El pinot noir que vende de origen requena es lejor el pinot noir más alejado de lo que debiera resuiltar… es una bomba ultra fofa de cafe, vainilla y leche… me estan empezando a asustar los vinos criomacerados, son muy bebibles para los enoproduct consumidores, veo que ya se está empezando a abuzar de ella en España… Está empezando a ser marca registrada de los modernitos españoles…
Me dan asco, y me desilusiona que los “grandes enólogos estén haciendos vinos tan horrendos. Será que al final hay que acabar vendiendose para vender…
Saludos a todos y dios me salve de las pesadillas y pinchazos de sulfuroso que ya padezco…
Manuel Camblor // Julio 2, 2009 a 11:05 pm
Hola Felipe y bienvenido.
Desconocía completamente sobre esa bodega “Hispano-Suiza”. La verdad es que ponerle ese ombre como referencia a los autos de principios del siglo pasado me parecería una estrategia de marketing limitado, porque no es mucha la gente con una memoria clara de que esos eran carros superpremium en los veintes. Por lo de la claridad, lo de “coches de alta gama suizos” no es correcto. La empresa tiene una historia muy peculiar. Te recomiendo http://en.wikipedia.org/wiki/Hispano-Suiza. Si el enólogo en cuestión habló de “coches suizos”, no tenía idea, vamos.
La idea de pinot noir en el Levante español me parece sumamente descabellada, pensando yo en los cuestionables resultados que ha dado la variedad en diversas zonas californianas, australianas o chilenas. No habiendo probado el vino, eso sí, no puedo opinar más allá de lo hipotético, pero si lo que hace el Sr. Osorio con su pinot es lo que dices, pues, se uniría a una larga fila de creadores de enocosas inapetecibles para mí.
Hace unos días un amigo trajo aquí una definición prestada del enólogo de hoy como un apparatchik que hace lo que le dicen los de marketing y nada más. Tengo razones de sobra para considerar tal definición validísima. Los “grandes enólogos” son meramente aquellos apparatchiks más destacados que el resto en hacer la misma basura. A mí que me hablen de paisanos vinateros con los pies sobre la tierra antes de comenzar a soltarme conceptillos seudoglamorosos.
A ver si me cruzo con una muestra gratis de ese pinot de Requena y puedo corroborar lo que dices. O disputarlo. Pero no sé, no creo que aparezca en mi camino así de fácil ese vino…
Mientras tanto, concluyo diciendo que es verdaderamente aterrador como España se ha convertido en un país de demasiado de lo mismo, no importa que estés en Ribera del Duero, Toro, Priorato, Bierzo, Rioja, o donde sea. Las ideas y métodos que correctamente denuncias, junto con unas cuantas más, han acabado por crear una homogeneidad de esperpentos que resulta verdaderamente acojonante.
M.
iglegorburu // Julio 3, 2009 a 2:11 am
Venga Manuel, dile la verdad a Josie y que llegaste con la boca negra porque estuviste comiendo Txipironcitos en su tinta a la vez que escuchabas a Coldplay (esto me recuerda cuando a un jugador de futbol s ele llama figura porque ha metido un gol, o cuando un torero hace una faena buena una tarde y ya es “figura” del toreo). La prensa está ávida de crear figuras, iconos de forma rápida porque hay que llenar papeles…ya sean toreros, músicos, deportistas, o incluso enólogos
De lo de Ribera ni idea porque creo que no he probado casi nada. No me siento atraído por ello y uno ya llega a un estado en donde la boca y el bolsillo no piden demasiadas probaturas.
Por si te quieres seguir divirtiendo, creo que han salido las notas de Robert Parker para España tras el lío Miller de supuesta aceptación de favorcitos. Vamos, como en el cole, al final de curso las notitas…
¿Habrá stress, sudores, golpes de cabeza contra la pared? Es que no ha habido ningún 100…¡¡Tiembla España!!
Un humorístico saludo
Manuel Camblor // Julio 3, 2009 a 7:47 am
Iñaki,
La boca negra por chipirones, pues, si buenos chipirones, preferible. Aunque Coldplay no sé… Es que con ellos me pasa que mi cerebro desibtoniza, como si no los oyera. Como con la muzak de los ascensores.
En cuanto a las “figuras”, tú lo has dicho. No sé por que me recuerda esto una cancioncita maravillosa perdida en el medio de uno de los álbumes de Sabina en los primeros noventas:
http://www.youtube.com/watch?v=yBiexFaIpWE
Tuve la suerte de probar Vega Sicilia cuando era jovencito. Incluso hace tanto que pude hacerme de unas cuantas botellas antiguas y superlativas a precios aún lógicos. Donde alguna vez hacía grandes vinos, ahora la bodega parece haber optado por el roble nuevo y un napismo que me son inaceptables. A finales de los ochentas probé por primera vez los Pesqueras de Alejandro Fernández. Vinos que me entusiasmaron en aquel momento y que continué siguiendo hasta finales de los noventas. Un par de bodegas y marcas más saltaron a mi paso y me gustaron. Pero mayormente, de esa región, estamos hablando de un gran porcentaje de inmensos enochascos.
No sé si es por lo sonoro del nombre de la DO (no consiguen la Ca., ni tampoco el cien de los gordos de Maryland: Eso tiene que joder en esta cultureta de vanidades…), o por otra cosa que me elude en cuanto a las cualidades de los vinos y/o los gustos de tanta gente, pero tengo un montón de amigos que se caen de nalgas diciéndote que Ribera del Duero “es lo máximo”.
Yo, ¿qué quieres que te diga?
M.
Olaf // Julio 3, 2009 a 2:16 pm
Jejeje, una cata de Hispano-Suizas… por fin escucho a alguien decir algo malo de estos! Pensaba que me estaba volviendo medio tonto, ya que los foreros llenan megabits de babas por la red cuando hablan de estos vinos, que a mi me han parecido también bastante horrendos. Y encima no son baratos!
Por cierto… a mi también me gusta Coldplay, jejeje.
Saludos
Olaf
iglegorburu // Julio 3, 2009 a 5:04 pm
Supongo, y es solamente un suponer, que en el tema Vega algo tendrá que ver que igual muchos agricultores que antes vendían su uva a una de las pocas bodegas existentes en la zona como era esa, ahora ya no lo hacen porque hay proliferación, o ellos mismos se han hecho su bodeguita…
A mi Coldplay,0ºC…ni frío ni calor. Para más frío siempre tengo a Isabel Pantoja, por ejemplo, en la recámara y para más calor, ya sabes…
Un saludo
Manuel Camblor // Julio 3, 2009 a 6:30 pm
Lo de Vega Sicilia tiene que ver con eso, pero la historia, al menos como ha llegado a mi es complicada y simple a la ve. En una va y me pongo a escribir sobre eso. Pero ahora estoy en la playa y este Blackberry es muy molesto para comentarios largos.
Ah, Okaf, en mi ezperiencia los productos que llevan a orgasmo colectivo en muchos foros de hoy son para salir corriendo. A menos que el foro sea Wine Disorder, claro…
..
Gabriel Haro // Julio 4, 2009 a 1:51 pm
¿ Esas capas tan altas de color es cuestion de una maceracion excesiva, o también es debido a condiciones climaticas y geograficas, o es posible que se den ambas cosas?
Saludos cordiales desde La Manchuela.
Manuel Camblor // Julio 4, 2009 a 1:57 pm
Me parece que ambas, Gabriel, aunque el factor humano tiende a dominar. Perdona que no me extienda, pero es muy pesado hacerlo desde el Blackberry. Es que estoy en la playa…
M.
Concha // Julio 25, 2009 a 7:01 pm
Hola Manuel:; Estoy que trino. He suspendido el Nivel 2 del curso de sommelier profesional que estoy haciendo. Estoy que me subo por las paredes, ¿pero quien ha dicho que la vida es justa? ¡¡¡Con una media parcial de 5,8 o lo que es lo mismo casi 9 en España!!!!!!. Tuve mala suerte y nervios en el examen final y !zaca! al hoyo…a casita, maja….¿De qué sirve tener una buena media si luego te lo juegas todo a la nota del examen final?.
En todo caso, sigo en ello.
No me extraña que hayan propuesto este blog para uno de los mejores del año, si puedo votar votaré por ello, y no es por hacerte la pelota: tiene la virtud de ser distinto.
Saludos desde el gélido Chile.
Manuel Camblor // Julio 25, 2009 a 8:26 pm
Concha,
Me apena muchísimo lo de tu examen. Sé que mal de muchos, consuelo de tontos, pero tengo un par de buenos amigos a los que les pasó algo similar en el examen para hacerse Masters of Wine. Uno falló en la cata a ciegas del final. El otro no recuerdo lo que le pasó, pero igual. Ambos son gente entendidísima, con experiencia inmejorable a muchos niveles del mundo del vino. Pero la naturaleza del juego, con eso de apostarlo todo en una mano al final, les resultó una verdadera putada.
Animo y a seguir tratando. O, lo que siempre digo yo, si no se da lo del diploma, pues a venderse por la propia experiencia y el conocimeinto adquiridos, que son lo que cuenta.
Te agradezco de antemano tu voto. Engancha ver la carrera de caballos…
M.
Concha // Julio 27, 2009 a 9:07 am
Gracias Manuel, por tus palabras. Los astros no se alinearon a mi favor ese día y el paladar me jugó un mala pasada, pero seguiré en ello.
Cambiando de tema…..
Desde hace algún tiempo (y realmente no sé cómo), me llega a casa una revista titulada “Placeres”, en la que se habla de restaurantes, hoteles, comidas, vinos más o menos de moda en Chile y orientados a un cierto público sibarita. El último número cayó en mis manos el sábado y en él se incluía un artículo llamado “Wine Lover”. Define al “wine lover” como “amante del vino por naturaleza” y más adelante incluye a una lista de personas que se autodefinen como tal.
Pues vaya descubrimiento, pensé yo….¿Por qué algunos periodistas o revistas se empeñan en clasificar a la gente en tribus? ¿No somos todos los que escribimos en este blog “wine lovers”? ¿Hay que formar una tribu?.
Pues claro que soy amante del vino, pero que no me metan en este clan porque con pertenecer a la humana, tengo de sobra. Qué ganas de escribir sobre perogrulladas que sólo hacen confundir y excluir. Ah, si no eres wine lover, vete de aquí…por favor….
Wine lovers, wine geeks, wine no sé qué….¡qué más da!. Yo ya sé que soy amante del vino, lo que no sabia hasta el sábado es que me habían metido en una etnia sin mi permiso.
¡¡Me niego!!!!.
Saludos
Manuel Camblor // Julio 27, 2009 a 6:18 pm
Concha,
El problema con la política de identidad es que uno a veces se ve sometido, por culpa de la oligofrenia del prójimo, a cada tontería…
Yo siempre digo que suficientes problemas tengo con mi identidad nacional como para que me vendan a endilgar más etiquetas y aspiren a que las acepte.
El problema es que “pienso, luego existo” no incluye un tercer término de “luego soy identificable como esto o aquello”. Fastidia más aún si los que te vienen a imponer el tercer término lo hacen en spanglish, digo yo…
M.