En los últimos tres o cuatro meses me he topado con un fenómeno muy curioso. Debiera molestarme, pero más bien acabo encontrándomelo cómico.
Resulta que me llegan notificaciones de WordPress sobre “Comentarios esperando aprobación” y los comentarios a los que van adheridos son publicidad, a veces descarada, a veces críptica, sobre el vino de alguna bodega en un país de habla hispana. Ya saben, cosas del orden de “Un vino de terroir que todos deben probar”, o “Producto de la pasión y dedicación de Zutanito de Tal, el Oprobius ‘Viñas Viejas’ es, entre otras cosas, la hostia…”
Como notarán, esos mensajes que promueven un vino no los apruebo. Van inmediatamente a mi carpeta de “Spam”. En cierta medida, sé que me debe hacer sentir bien que los enviantes de los mensajes consideren este medio suficientemente importante como para intentar colar su publicidad. Y hasta colaría, se los juro. El problema es que estos mensajes, aparte de flagrante “spam”, me resultan de una mediocridad horripilante.
Vamos, que ponerle un poquito más de ganas y creatividad al asunto no estaría mal. Aburrir al personal, encima de querer endilgarle publicidad insolicitada de vinos que no ha reseñado, ni probado, o de cuya existencia no sabe, pues como que queda feo. Parece una de aquellas estrategias de marketing de Manolito, el pana de Mafalda, para promover el Almacén Don Manolo.
Ustedes bien saben a quienes me refiero. Si leen esto, les insto a intentar colarme sus anuncios de nuevo. Eso sí, lo que intenten colarme, que sea imaginativo, excitante y verdaderamente informativo. Muéstrenme que de verdad se lo laboran. Háganme sentir que vale la pena prestarles un pedacito de alguna de mis secciones de comentarios. Eso sí, les recuerdo que soy tan exigente con la publicidad (es parte de mi trabajo en la vida real, por si no lo sabían) como con el vino.
Creo que es justo, ¿no? Si pretenden que aparezca su anuncito furtivo, háganmelo imaginativo, excítenme con él. Cumplan con mis estándares, carajo. Que me den ganas de probar el vino…
Hasta aquí este segmento aclaratorio de mis medalaganarias reglas de juego.
Ah, y que no vayan a creer Laureano Serres y todos los demás hacedores de vino que tienen la autopromoción descarada preaprobada en este medio que este tema va con ellos. Amigos somos. Hemos compartido el pan, el vino y unas cuantas batallitas. Esta advertencia sólo aplica a los desconocidos que vienen del éter así porque sí.