Archivo diario: julio 6, 2009

Viñetas de Manhattan 6: Crimen y castigo…

Okey, el título no es que venga particularmente al caso, pero me parecía apropiado si lo que uno quiere es justificar la publicación del siguiente collage a la entrada de la entrada:

Bueno, quizás otro título podía haber sido “En Tía Pol. Sin Gerry Dawes” siendo los caretos de los protagonistas de la composición muestras de indignación al personaje cuyo nombre aparece en dicho título.

Les de sesera rápida ya se habrán imaginado de que va todo esto. Quedo con Brad Kane, Carlos Hübner-Arteta, Jayson Cohen, el verdadero Jay Miller y Gerry Dawes para cenar en Tía Pol—favorito emporio de tapas de nuestro círculo de amistades—y abrir unas cuantas botellitas decentonas. Como ya se está volviendo costumbre, mi buen amigo Gerry (a quien, dicho sea de paso, no veo desde hace ya más de un año) se raja a último momento, alegando compromisos editoriales, viajes y cosas así. Vamos, que nos lo ha hecho tantas veces ya que casi nos lo esperamos y bromeamos sobre como el viejo me está sacando el cuerpo últimamente.

Pero la excusa de esta vez fue… Digamos que fue motivo de un cierto follón. Resulta que al otro día (mi último de esta visita a Manhattan), don Geraldo era panelista en un panel sobre garnacha regenteado nada más y nada menos que por Pepe Peñín.

¿Tengo que decir más? Pensándolo bien, el gestuario facial como que se nos quedó un poco corto. ¡Manda cojones por lo que lo bota a uno un amigo!

En fin, les diré que la cocina de Tía Pol estaba en plena forma. Tapas de cocina diversas, cada una al parecer más cojonuda que la anterior, se sucedieron en nuestra mesa. Josie estaba con nosotros. Ella había tenido una experiencia bastante negativa en Tía Pol el noviembre anterior, a causa de una porción de croquetas tacañísima que nos tocó sentados en el área principal del local. Pero esta noche estábamos en el salón de atrás, el privadito, con los amigos. Mi esposa disfrutó de todas las croquetas que quiso.

¿Qué bebimos?

Pues de la carta del restaurante a mí se me ocurrió pedir algo de color claro, ya que parecía haber demasiado tinto en la mesa. Comenzamos con el Ameztoi, Rosado  “Rubentis”, Getariako Txakolina 2008. Un rosado “de precisión” es como me gusta llamarle al Rubentis. Su belleza radica en poseer a la vez ligereza de trazo y  exquisita delineación de aromas y sabores. Se puede decir de él que es a la vez delicado y electrizante—suave y de “alto contraste”. Fresa y melón, marinidad perfecta, un tono de hierbas secas, otro de cereza. Muy largo. Muy fresco. Muy bonito.

Seguimos con el Trimbach, Riesling “Cuvée Frédéric Emile”, Alsace 2001: Primario, apretado y potentemente mineral, con notas de kerosén sobre limón, melocotón y flores blancas. Firme y largo. Aunque con comida se relaja mínimamente, insiste en que se le dé tiempo.

Jay siempre se bota. Esa noche nos tenía el Château Giscours, Margaux 1961. En un principio apagado, como si estuviese ya en franca decadencia. Pero engañaba. Con un ratito de aire floreció preciosamente: Carne curada, rosas secas, todo tipo de bayas silvestres, piedras trituradas, agua de violetas… Sedoso en boca, maduro, elegante. Tras una hora en la copa comenzó a apagarse de repente, pero fue sólo para volver a sorprendernos al final de la velada con otro renacimiento de aromas y sabores.

El pobre Kane nos trajo un Bodegas Bilbainas, “Viña Pomal” Reserva Especial, Rioja 1962 de una compra reciente que hizo en España y resultó estar terriblemente corchado. Otro que se merece las caras del collage. Seguimos con un Fourrier, Gevrey-Chambertin “Clos Saint-Jacques” 2000 cortesía de Jay. Los borgoñas tintos del 2000 siguen manifestándose. Una añada de placeres precoces, excelente para beber en lo que uno espera otras más de guarda. Fruta roja purísima se presenta de plano, pero da inmediatamente paso a capas de multifloralidad, especias y minerales. Suculento en boca, amplio y muy maduro. Largo, con una agradable nota de piel de manzana al final.

Coincidencialmente, yo había traido un Fourrier, Morey-Saint-Denis “Clos Solon” 2006. Confieso motivo egoista: Tenía muchas ganas de probarlo. Me gustó mucho que tuviéramos dos vinos de este excelentísimo elaborador y que, encima, fuesen de añadas comparables (el 2006 creo que va a ser como el 2000 en cuanto a sus ventanas de consumo). La misma pureza frutal del Clos Saint-Jacques, pero con fruta ligeramente más oscura. Frambuesa negra, cereza, aceite de lavanda, laurel y piel de naranja. Compacto. Sabroso. Quiero volver a verlo en cuatro o cinco años.

Concluimos con un Philip Togni, Cabernet Sauvignon, Napa Valley 1992, mentoladamente perfecto ejemplo de las bondades en las que antaño fuese tan pródiga Napa y que ahora raras veces da. Mentol, tierra negra, caramelo, lavanda, tinta china, arándano negro y frambuesa. Carnoso, puro y con una cierta rústica nobleza. Largo, con taninos vivaces de té negro. Encantador vino.

Y pensar que noches así eran antes cosa de rutina para mí… Ahora, viviendo en Santo Domingo, disfruto de otro tipo de privilegios. Pero nada hará que deje de extrañar esa buena compañía, esa confianza, esa buena comida y esa generosidad con el buen vino que tan fácil resultaba en Nueva York. Algunas veces, hasta aparecía Gerry Dawes…