Fue una excelente visita. Fue una visita intensa. El hotel nos salió bueno. Todas las gestiones que teníamos que hacer las hicimos. La suma final es que Josie y yo lo pasamos muy bien en este viajecito a Nueva York. Ciertos matices tristes hubo, pues la depresión económica se nota mucho en la ciudad. No caminas dos cuadras sin encontrarte alguna tienda que alguna vez frecuentaras cerrada, el local con letreros de “Se Alquila”. Resulta más fácil conseguir reserva en restaurantes que antes hubiesen estado irremediablemente completos. La mercancía en algunas tiendas de lujo tiene aire de inmovilidad.
Aunque es imposible hacerse inmune a ciertas consideraciones socio-económico-político-históricas mientras se contempla tal panorama, mi mujer y yo habíamos venido a recargar pilas. Yo lo hice plenamente, por mi lado. Ella, por el suyo, también. En cuanto a mí, quien haya seguido los últimos artículos en este espacio de seguro concluirá que la marcha fue exhaustiva. Muchos eventos de amigos y vino, uno tras otro. A decir verdad, era justo que el último día y la última noche mi mujer y yo decidiésemos llevarlos a otro paso.
Eso quiere decir que embarcamos en un maratón de shopping olímpico, claro está. Hay que revitalizar el closet y la economía, sí señor.
Pensarán ustedes que es anticlimáctico culminar esta serie con algo que no sea la crónica de un jeebus apoteósico. Quizás tengan razón. Pero mi vida es mucho más que esas cosas. A veces los momentos a dos, con una sola botella y una comida deliciosa dicen más.
Perdón por el momentito cursi. Les decía que andábamos caminando por SoHo y era absolutamente inevitable irnos a almorzar tacos en La Esquina, aquella taquería de la que alguna vez les contara. Es que Josie siente debilidad por la comida callejera mexicana.

El Café de la Esquina, en el cuchillo de Lafayette y Broome.
Esta vez no fuimos a la taquería “de a pie”, sino al lado, al siempre repleto Café de la Esquina. Igual puede uno comerse ahí unos tacos divinos, con ingredientes fresquísimos perfectamente preparados y combinados. Pero además hay platos de cocina. Y ponen cerveza. Hasta un puñadito de vinos tienen en la carta. Cosas de mi Nueva York querida: ¿Dónde han visto ustedes un sitiecito mexicano superinformal en que el tinto de la casa sea un Blaufrankisch?
Fiel a su usual deseo, Josie tenía que comer tacos. Yo, por mi parte, pedí de entrada un ceviche “Vuelve a la Vida” que… Pues eso. Acabas vivito y con los poros abiertos. Luego, haciendo caso omiso al angelito de las narices que se me paró en el hombro izquierdo a decirme que si colesterol, que si calorías, me pedí los chilaquiles que me ofreció como “especial del día” nuestra camarera. Aunque me pareciera loable la oferta de vino, cervecita Dos Equis fue la bebida.

Chilaquiles en el Café de la Esquina
SoHo siendo SoHo, probablemente el atractivo de La Esquina y su Café para muchos es el ambiente seudo-b0emio-chic (es que en esa zona todo es “seudo”, señores, por favor…), pero nosotros siempre iremos por la comida. Sencilla, muy bien hecha y con un servicio amable y atento.
Para por la noche, después de haber hecho la maleta, teníamos una cena especial. Siempre recurro a mi gran amigo SFJoe para consultas sobre lo que gastronómicamente vale entre los nuevos restaurantes de Nueva York. En esta ocasión me recomendó a Marea, en Central Park South. “Un buen sitio para una salidita romántica”, fue lo que me dijo mi amigo. Además, se trata de un nuevo local de la misma gente de Convivio, genial restaurante italiano del que ya en su momento les conté. Marea lleva abierto sólo un par de meses, así que es bastante primicia esto, tomando en cuenta mis limitaciones.

Mirando al lado de nuestra mesa en Marea. Saquen ustedes sus propias conclusiones sobre la crisis y los restaurantes neoyorquinos. Eran las diez de la noche.
El decorado del sitio es moderno con toques toques eclécticos, elegante y relajante. Predomina en el menú, como el nombre del restaurante lo indica, la cocina del mar. Para mí uno de los principales atractivos de Marea es el crudi bar. Porque soy débil con pescados y mariscos impecables que no ven cocción alguna.
Pero me adelanto… Siendo Marea hermano de Convivio, esperaba que la carta de vinos fuese otra obra maestra de ese magistral sumiller que es Levi Dalton. Pero el sumiller que salió a nuestro encuentro y que se declaró autor de la interesante lista en Marea era un joven llamado Francesco Grosso, a quien creía recordar de antes, aunque quizás no… No sé, su cara y tono de voz me sonaban mucho. Esta carta de Francesco abunda en cositas interesantes del lado esotérico de las cosas. Hay muchos vinos de terroir a buenos precios para apelar a enómanos diversos que vayan en busca de experiencias singulares. Como yo, más o menos. Coincidencialmente, hace poco leí, de una autora que siempre me he encontrado cuestionable, un artículo interesante, precisamente sobre la creación de la lista de vinos de Marea.

Lubina a las algas con almejas, vegetales de primavera y caldo a la soprasatta.
Algo bueno que tiene la crisis es que ha alentado a muchos restaurantes caros en Nueva York a revisar un poquito los precios e incurrir en la práctica del prix fixe. Marea no es excepción y su menú prix fixe te da la ventaja de poder elegir cualquier combinación de antipasto, primo y secondo en la carta. Si sabes lo que haces, hay poco margen de error.
En mi caso, salí bien en dos de tres. Comencé con una perfecta selección de crudi y mi plato fuerte fue la lubina a las algas con vegetales primaverales y caldo a la soprassata. Donde me equivoqué un poquito fue dejándome arrastrar por mi amor a las mollejas, de las cuales venía rellena la pasta que me sirvieron de primo. Digamos que procesadas como relleno de pasta las mollejitas quedaban sabiendo, en las inmortales palabras de mi esposa, “un pelín a salchichita de coctel”. Vamos, que la asociación me la bajó inmediatamente, por así decirlo.

El kerner de Manni Noessing.
En cuanto a vino, busqué en la carta algo que me diese la versatilidad de un buen riesling para manejar una mesa con platos variopintos de mar y tierra. Al final me decidí por un Manni Nössing, Südtirol-Alto Adige 2007. Mi única experiencia anterior con la kerner es de Abbazia di Novacella (ya la he contado aquí). Es una variedad híbrida de riesling y trollinger (una uva tinta) y riesling desarrollada para climas extremos. O algo así. El caso es que el de Novacella me ha resultado un vino sumamente versátil y con muy buena transparencia mineral y quería probar otro.
Suerte, porque este de Nössing lleva las cosas a otro nivel. Limpio, floral, vivísimo, con mucho nervio y mineralidad cortante. Pero tiene también amplitud y suculencia frutal. Muy bien enfocado, fresco y sí, versátil.
La cocina, el ambiente, el servicio y la carta de vinos aseguran que repetiré en Marea en el futuro. Con los postres, Francesco nos brindó un par de copitas de sabrosos vinos, cortesía de la casa. Pero tras pagar la cuenta, cuando pregunté por él para darle las gracias, me dijeron que se había ido temprano, pues era su cumpleaños. Me quedé sin felicitarlo a varios niveles y agradecer. Ahora lo hago.
Epílogo:

Mi tributo a La Esquina, en una cálida noche dominicana...
Ya en Santo Domingo, rendí homenaje tanto al almuerzo en la Esquina como a la cena en Marea, a mi manera y en mi casa. Para cenar una noche preparé una versión freestyle del “Vuelve a la Vida” de la esquina convertido en ensalada. Tiraditos de atún blanco marinados brevemente en una mezcla de puré de chipotle, jugo de naranja, jugo de lima, miel, cilantro en grano, comino tostado, menta y cilantrillo picados y aceite de oliva, servidos sobre ensalada de lechuga, ma;iz fresco, tomaticos, aguacate y cebolla roja.
¿Con qué vino la serví? Pues con el único kerner que tengo disponible aquí, el de Novacella. Digamos que para no olvidar el de Nössing con la comparación…
Hola Manuel:
Sobre los chilaquiles, y es que no es por nada pero viviendo en México te haces experto en chilaquiles. Me intriga lo que lleva arriba, ¿es carne asada?. Los chilaquiles llevan por lo regular; cebolla picada o en rodajas, crema, queso fresco (así le llamamos a un queso de vaca que se desmorona y es algo salado) y ya como extra, puede llevar uno o dos huevos fritos o carne asada. Y eso sí, debe llevar chile en la salsa ya sea poco o mucho, pero siempre chile. Pueden ser verdes o rojos depende del tomate. Cuando vengas te preparo yo mismo unos chilaquiles 100% mexican. Y eso sí, no he podido hacer mejor maridaje que con una cerveza bien fría.
Saludos
Me olvidaba del ingrediente secreto, que le da mucho sabor: una rama de epazote. Generalmente los comemos en el desayuno o como guarnición a medio día con un buen corte.
Saludos
Arriba tienen carne asada, Benjamín. Llevaban todo lo que dices menos el epazote. Me los propusieron y me dió antojo instantáneo. Ojo, no son los más auténticos ni los mejores que he probado por mucho, pero estaban muy ricos. Los hicieron como una especie de “lasagna”.
A ver cuando puedo escaparme a probar los 100% mexicanos.
M.
Interesante reflexión sobre lo seudo que reina en el SoHo, ese toque bohemio re-estilizado que cada vez más prolifera en bares y restaurantes. Siguiendo en el tema (creo) lo de seudo me lleva a pensar lo de siempre, que en realidad todo restaurante que te encuentres en NY (o en cualquier otro lugar) que intente comida de una región ajena (insertar ejemplo aqui, del Sur de Italia, Arabe, Japonesa, China, Toscana) está en realidad intentando reproducir una cocina que en cierta forma no le pertenece, es simplemente una reproducción, mejor o peor lograda. Siendo que lo auténtico y genuino es la cocina del lugar que se cocina en el lugar con los ingredientes del lugar. A veces me parece muy irónico ver 5 o más restaurantes de diferentes etnias en la misma cuadra. Y usando tus palabras digo, es todo Seudo en realidad. Obviamente hay cocinas que tal vez sufren o varían más que otras al no tener sus productos originales y frescos en su cocción. Obviamente esto es mayormente teóerico y no lleva a grandes consecuencias en nuestra vida real, en definitiva elegimos lo que más nos gusta dentro de lo que hay. Pero casi todo tiene un toque Seudo. Saludos
Javier,
Me parece que estasmos hablando de cosas muy distintas.
Lo del “seudo” lo digo porque el “chic bohemio” de SoHo es obviamente fruto de posturitas sociales de un grupo de gente, careciendo completamente de credibilidad a causa de la corporativización total de esa zona de Manhattan, que antes sí fuera muy de artistas y submunditos. Hoy por hoy lo que se ve, aparte de turistas europeos y japoneses desubicados, es algo muy saneado, actitud “alternativa” avalada a base de billete o crédito convencional.
Lo otro ya sería un debate sobre “autenticidad” culinaria que nos dejaría plantados en el mismo medio del peligroso nido de víboras que es la política de identidad. Si tomamos al pie de la letra lo que dices, entonces cualquier integrante de una diáspora deberá representar menos a su identidad nacional que los individuos que quedan en el país de origen. La cultura quedaría como absolutamente intransplantable.
Me parece que Nueva York demuestra la falsedad de eso constantemente. PUedo afirmar, con gran conocimiento de causa, que allí cocineros mexicanos, cubanos, puertorriqueños, japoneses, cantoneses, magrebíes, libaneses, griegos, chipriotas o lo que quieras, logran cocinas no solamente honestas y auténticas con respecto a la “versión original” de su país. Disponen de los ingredientes que necesiten, en una gran cantidad de casos competamente frescos. Si te das una vuelta por ciertas calles de Chinatown, por ejemplo, podrías estar en SHanghai sin perder nada… Tanto sensorial como culturalmente se crean enclaves culturales cuya fidelidad a la patria original es innegable, aunque tengan también sus propias idiosincrasias.
Otra cosita: Hay que cuidarse mucho de hablar de “la cocina pura” de X o Y región. Conozco muy pocas cocinas que no sean híbridos multiculturales. Al ser los alimentos producto comercial y al propiciarse el comercio entre pueblos, regiones y países, aunque estos estén separados por medio globo, se hace inevitable el mestizaje culinario.
O sea, estamos de acuerdo en que todo “tiene un toque seudo”, pero debo añadir que la paradoja está en que ese “toque seudo” puede convivir perfectamente con un esfuerzo hacia la autenticidad.
“Ej que zemo compleja la hente”, como dice un amigo mío.
M.
Ese toque pseudo me parece la diagonal que se traza sobre ese está de moda no estar de moda, lo in que es estar contra el sistema y toda esa industria de lo anti-industria, donde lo verdadero presume de bastardo y lo bastardo de verdadero.
Jose
We are the world, Jose, we are the world…
M.
Concuerdo que el toque seudo puede convivir con el esfuerzo hacia la autenticidad, y ese esfuerzo a veces es inclusive más loable cuando hay que vencer barreras adicionales para llegar a lo que se busca. Lo mío creo que pasa más por una cuestión de la auto consciencia y paradoja (y seguramente prejuicios) que me produce el simple hecho geográfico de encontrarme restaurantes especializados tan variados uno al lado del otro. Y un día entrando a uno y el otro día al que está al lado. De nuevo, no niego el talento, esfuerzo y resultado en cada cocina, pero aunque no quiera la paradoja se presenta.
p.s. Y si me permites la licencia, en cuanto a lo de ir contra el sistema, me hizo acordar a algunos artículos que leí en el site http://www.stuffwhitepeoplelike.com. Son divertidos y dan que pensar. Saludos
Stuff White People Like es referencia obligada, Javier. Genial. Nunca dejaré de agradecerle a Lyle Fass, que fue quien me introdujo por primera vez a ese sitio hace ya tiempo.
Mis libretas de cata son Clairefontaine, eso sí. Que no se diga…
M.