Ayer regresamos de Cap Cana tras la gran reunión de uno de los ramales de mi familia que allí se celebrara el miércoles. Paradisíaca localidad, sí señor, con playas preciosas de sedosa arena blanca y aguas del más transparente turquesa. ¡Y un calor del carajo! No les miento: Hacía fácilmente mil grados a la sombra. En ningún momento paré de sentir que me iba a dar algún tipo de soponcio, si antes no me derretía completamente. Este anuncito lo hago para que no se le ocurra a nadie venirme a decir que aquí donde vivo “el clima” es una virtud. Encima, Santo Domingo (donde estoy ahora mismo) es en estos días presa de apagones de hasta 17 horas de duración, o sea que no sabes lo que te va a durar la corrientica que da el aire acondicionado.
Pero bueno, a algunas cositas… Hace un par de días Alice Feiring hizo un comentario en su perfil de Facebook que me trajo una sonrisita diabólica a la cara. Dado que los estatus de Facebook son altamente efímeros y su audiencia se iimita a los “amigos” del emisor, me pareció que algo tan curioso como lo que señalaba Alice merecía un poco más de comentario. Decía que esta semana los titulares noticiosos de Decanter.com parecían muy cargaditos de palabras como “amenaza”, “pleito”, ”invasión”, “alianza contra”, etc.
El lenguaje tiene una pestecilla a “hordas bárbaras”, “Terror Rojo” o “Blitzkrieg” que no veas… Me recordó inmediatamente al afiche de peli que ilustra esta entrada. Podría atribuirse a puro y ordinario sensacionalismo, pero no sé, me parece que hay algo más debajo de la superficie. Yo, que siempre llevo a Freud empacadito en una hoja de lechuga dentro de mi lonchera, les diré (a riesgo de sobreiluminar algo perfectamente obvio) que no son solamente las bromas las que encierran artimañas defensivas. También existe una sicopatología de los titulares de prensa que tiende a revelar, si e les sabe leer, mucho más de quien los escribe que de cualquier “noticia de último minuto”.
Así, industria en peligro de extinción reporta sobre las “amenazas” a otra industria en lenguaje bélico-catastrófico.
En cuanto a las noticias en sí, pues, si todo el beaujolais blanco que constituye una “amenaza” para Borgoña fuese como el maravilloso chardonnay de Jean-Paul Brun (que barre el piso con una buena cantidad de borgoñones supuestamente de más postín), poco problema tendrían. No siendo así las cosas, pues… Eso sí, creo que los productores de borgoñas blancos a todos los niveles deben considerar que tienen más problemas que un influjo de chardonnay del Beaujolais. Mientras no se explique la cantidad de botellas de borgoñas blancos desde el más alto copete hasta meros “villages” que salen muertas por oxidación prematura y se haga algo para erradicar el asunto, lo demás son tonterías…
Por lo que a la “Alianza del Nuevo Mundo” respecta, una sola cosita: ¡Tiembla, vieja Europa, que a por ti vienen los campeones del bienhacer con una “estrategia de marketing”!
Todavía hay que avanzar galácticamente en el arte y la ciencia de crear emoticones para poder representar la mezcla de satánica mordacidad y trompetilla de colegio de curas contenida en esa última oración.
A propósito de tonterías, o sea, de “estrategias de marketing…” Me llegó hace unos días un mensaje de una bodega cuyos vinos admiro y bebo muy frecuentemente desde hace mucho (desde que soy amante del vino, para ser exacto) y me consternó un poco. Era una nota de prensa titulada “Viña Ardanza, Gran Reserva 904 y Aster Finca El Otero 2006 obtienen la mejor puntuación ‘Parker’ de su historia”.
Esta es una bodega que considero amiga, habiendo sido sus vinos lo que han sido para mí durante tanto tiempo (reitero, muchas, muchas añadas probadas de casi todos ellos, abarcando por lo menos cinco décadas). Además, su actual enólogo es tremendo tipo y le tengo gran aprecio. O sea que si leen esto no se me mosqueen, que es una crítica constructiva en plan 100% amistoso. No voy a entrar en jueguitos irónicos del orden de “no sé si darles mis felicitaciones o mis condolencias”, sino que les hablaré clara y concisamente, como debe hacerlo un amigo.
Resulta que los de La Rioja Alta S.A. son vinos con un historial de calidad intachable. En realidad pueden pasar olímpicamente de esa marcada tara en la cultureta actual del vino que son los puntos. Si consideramos, encima, a los puntuadores, pues, que les haya gustado un Ardanza o un 904 es más bien señal de un lapsus hacia el buen gusto de parte de dichos puntuadores, que por lo general son como ya se sabe que son y valoran lo que ya se sabe que valoran.
Nada, yo diciendo. La confianza absoluta en el propio producto es la base de la mejor estrategia de mercado. Los puntos hay que dejárselos a los que en realidad no saben por qué están en esto del vino.
Bueno, y para pre-terminar, algo que me ocupó durante buenos ratos en la reunión familiar de la que no he querido contar muchos detalles: El hilo de comentarios de la entrada anterior a ésta en La otra botella. Es que no se imaginan lo bien que viene el Blackberry cuando quieres ignorar a un primo decimocuarto por el lado de tu madre que viene a darte el coñazo sobre alguna fiesta a la que fuiste con él en tus años universitarios…
Les agradezco a todos sus sugerencias y las tomaré muy, muy en cuenta en el futuro discurrir de este blog mío y de ustedes. Estoy investigando lo de las encuestas. Y poco a poco voy cerciorándome de que el Blogroll esté bien actualizadito. Además, ya estoy haciendo contactos para un nuevo subproyecto puramente educativo en plan aula maquiavélica del vino.
Me ha resultado curioso lo de Felipe Méndez sugiriéndome más reportajes gráficos. A ver lo que sale. Mientras tanto, una sola foto que no es de una botella, sino de un vino. Me refugiaba yo en una esquinita de la casa de Cap Cana, con una copa del Foradori, “Myrto” Bianco, Vignetti delle Dolomiti IGT 2006. Este Myrto es una cuvée de sauvignon blanc, creo que algo de pinot bianco y la variedad híbrida manzoni. Envejecido en inox y barrica, es un blanquito afrutado y floral, cremoso y con un elemento de maíz tostado. Acidez decente. Buena presencia. Refrescante y con un toquecito ligero de mineralidad en un posgusto sin mucha consecuencia. Aunque perfectamente olvidable en muchos aspectos, resultaba también sumamente agradable para ver el sol ponerse sobre Cap Cana tras un día extenuante. Fue precisamente así que se dió esta imagen, yo solito en la única esquina no cundida de parientes, con mi porción del vino servida en una copa de agua, pues ya las copas de vino andaban todas nadie sabe donde y probablemente llenas de coca-cola, cerveza o mojito. Tómenlo como un reportaje gráfico en versión Haikuvision.
Si necesitan banda sonora, piensen que en mi iPod sonaba esto. Jí jeñó, “We’re just some fools and we’re rollin’…”