Hoy me siento triste.
Esta mañana, por el hilo de comentarios en una entrada del excelente blog de José Luis Louzán, La Trastienda de…, me enteré de que ha desaparecido un vino que, en su momento, consideré sumamente interesante y prometedor. Tanto fue así, que en la primera edición de los Premios El Botellazo™ en diciembre del 2007, le sucedió a este vino lo siguiente…
Nuestro segundo Botellazo™ en este segmento es para el Vino Revelación del Año. Ojo, aquí no premiaré a vedettes del mundo actual del enocomercio con productejos nuevos, sino a algo verdaderamente singular que de repente y muy inesperadamente me remeneó mi conciencia de lo posible y probable. De una región famosa por blancos, sale un tinto de calidad. Eso, pues, vaya y pase. Pero cuando el tinto en cuestión es tan radicalmente distinto a lo que uno pudiera imaginar, no hay más que darle un Botellazo. Así me pasa con el…
¡Viñas doTorroxal, Tinto Joven, O Rosal, Rías Baixas 2004!
Me lo encontré por primera vez en aquella cata multitudinaria de The Great Match http://blogs.larioja.com/otrabotella/2007/9/25/the-great-match-nueva-york-2007-redescrubriendo-espana#comments) entre el portafolio de vinos de la encantadora Alex Elman, de Marble Hill Cellars, y luego lo probé otra vez en un almuerzo con la igualmente encantadora Alejandra Rodríguez, representante de exportación de la bodega. En The Great Match lo describí esta interesantísima cuvée de sousón, brancellao y caiño así: “Se las arregla para parecerse impresionantemente a un buen côte-rôtie de añada fresca en un momento (por tener notas de tocino ahumado) y a un saint-joseph (por tener notas de olivas negras) en otro. Fruta limpia, con deliciosos aspectos salinas. Taninos maduros, levemente granulosos. Un vino interesantísimo, que me encanta por su ligereza, su porte y su originalidad. Una revelación.”
Ya saben. Podría decirse que vino predeterminado para este premio…
Pero la revelación fue efímera. La promesa fue en vano. El tinto de Torroxal—y hasta donde entiendo la bodega misma—ya pasó a la historia como mera marginalia. Torroxal fue comprada por Bodegas Valmiñor a finales del año pasado y, según nos cuenta José Luis Louzán, el tinto fue una de las primeras cosas en sucumbir a la reestructuración corporativa.
Si bien sé que algunos no llegaron a compartir mi entusiasmo por este tinto gallego (fruto de un loable primer esfuerzo por recuperar cepas tintas autóctonas de Rías Baixas), a mí llegó a ilusionarme. Dije que se parecía por momentos a muchas cosas (desde un chinon hasta un Saint-Joseph), pero ante todo era él mismo, un vino que no aspiraba a grandes escalas ni titanismos, pero era sumamente distintivo. En una España y un mundo del vino sobrepoblados por vinos formulaicos e idénticos, el tinto Torroxal 2004 fue un bonito momento de autenticidad.
Me apena infinitamente que no se repetirá tal cosa en añadas futuras. Creo que me queda una botellita guardada de ese 2004 en la bodega de Nueva York. No sé si atesorarla sin abrir como recuerdo de aquel Botellazo™ 2007 y de la labor de la bodega, o beberla celebrando que existió.




10 respuestas hasta el momento ↓
Marieta Rodriguez // Julio 21, 2009 a 6:11 pm
En las informaciones que han circulado por acá se indica que los nuevos propietarios continuarán la producción de tintos. Que sigan llamándose Torroxal es otra cosa porque no queda claro si esta marca desaparece o se queda como una nueva marca del grupo Valmiñor. Pero ahora hay también otros tintos interesantes de Rías Baixas, quizás mucho más interesantes que lo que era el Torroxal.
Manuel Camblor // Julio 21, 2009 a 6:26 pm
Hola Marieta, bienvenida.
Justo hace un ratico colgué una respuesta en el blog de José Luis Louzán indicando que esperaba que Valmiñor no dejase de lado las variedades tintas de Rías Baixas. El nombre de la marca poco importa, mientras el vino se mantenga fiel a las variedades y la tierra, sin adornos ni frufrú puntista.
Mi tristeza viene, como creo indicar arriba, de que el tinto 2004 de Torroxal me abrió los ojos a ciertas posibilidades que desconocía. Que otros vengan luego y logren expandir sobre esa conciencia, pues no lo dudo. Pero aquel vinito hizo lo que hizo y yo lo valoro.
Centrándome en eso ultimo que comentas, eso sí, me permitirás que te pida nombres de esos tintos “más interesantes”, porque una vueltecita por Galicia me la vengo debiendo desde hace tiempo y quisiera tener referencias de antemano…
M.
Mariano // Julio 22, 2009 a 2:53 am
Pues esperemos que Valmiñor quiera seguir con el proyecto. O en cualquier caso que no repitan la barbarie de años atrás de arrancar cepas centenarias (tanto en parra como en espaldera) de caiño, loureiro, sousón, espadeiro, o pedral para plantar lo que se puso de moda: albariño, catalana y mencía (que por más que se empeñen no se dá bien en Rias Baixas).
Pero las cosas han cambiado y, afortunadamente, la puerta que dejó Torroxal quedó abierta para otros proyectos de tintos de calidad con uva autóctona de la zona, expresivos, atlánticos y diferentes, y ahí tenemos los monovarietales de Goliardo (Caiño, Loureiro y el escasísimo Espadeiro), todos vendidos antes de salir de la bodega, los tintos de Rubiós (Bodegas Coto Redondo), con su monovarietal de sousón o sus coupages de variedades autóctonas del Condado o el personal Doumia (de Pedralonga).
La varita de Midas-Parker dio con alguno de ellos y ahora se han puesto de moda. He sabido que muchas bodegas buscan ahora comprar uva de algunas cepas que sobrevivieron a la masacre y que hasta ahora se empleaban para consumo local en los bares de la zona, y así subirse al carrito que inició nuestro difunto Torroxal, por lo que, aunque sea con otro nombre, no me extrañará que vuelva.
Saludos,
Manuel Camblor // Julio 22, 2009 a 7:47 am
Bueno, Mariano, puestos a especular sobre si Valmiñor quiera seguir o no, lo que más me preocuparía sería que siguieran, pero le dieran un giro hacia levaduras de laboratorio, madera, etc. “Expresivos, atl’anticos y diferentes” es algo que se mata muy fácilmente en un vino en la cultureta de hoy.
Recuerdo que alguien alguna vez me trajo una botella de algo de Goliardo como una curiosidad ultraesotérica. Lo que no recuerdo es lo que opiné del vino. Tendré que ponerme a buscar las notas.
M.
Mariano // Julio 22, 2009 a 8:10 am
Efectivamente, si van a hacer coca-cola, mejor que no hagan nada y que vendan la uva para las romerías, aunque, al menos démosles el beneficio de la duda ¿no?.
Si encuentras la nota del Goliardo que probaste, ya me contarás. Si no, circula por la red una muy buena que hizo “Pitu Roca” que encontrarás fácilmente, e incluso, si te apetece perder el tiempo, te adjunto la mía.
http://www.mileurismogourmet.com/2008/12/goliardo-caio-2006.html
Manuel Camblor // Julio 22, 2009 a 1:36 pm
Ah, Mariano, el famoso “beneficio de la duda…” Es algo que la industria pide mucho. Sin embargo, es notablemente parca a la hora de concederlo a los consumidores.
Pero bueno, una vez más que lo demos… Va y nos sorprenden. Ojalá nos sorprendan.
Muy bueno tu blog. Lo añadiré al Blogroll aquí.
M.
Mariano // Julio 22, 2009 a 2:13 pm
Jo tio, eres implacable con la “industria”. Me recuerdas a Doña Concha con el Sr. Cuesta… ¡va-ya-se!, je je.
No, en serio, que no sé si estoy a la altura de ese blogroll, pero muchas gracias.
Saludos,
Jose // Julio 22, 2009 a 3:19 pm
¿Qué puedo decir que no haya dicho ya?
Me entristece profundamente como enópata la desaparición de este vino, que me hizo mirar aquella zona y aquellas uvas de un modo totalmente distinto, con un vino que me resultó de los más interesantes del panorama españo.
Mariano, ¿beneficio de la quéeeeee? Hombre, hay que admitir que tal y como han comenzado, beneficiándose al bueno del Torroxal ese beneficio que nunca doy se lo han pasado por la lima sin dar ni los buenos días… }:-/
Jose
Manuel Camblor // Julio 22, 2009 a 3:48 pm
Mariano,
Con la gran industria global del vino—la obsesionada con los cientos de miles de botellas, el branding, market share, etc.—tiendo a ser tan “placable” como ella lo es con los destinatarios de sus productos. Prefiero dar a la frase “el beneficio de la duda” un énfasis en la “duda” mucho más que en el “beneficio”.
El problema de Concha es que se rajó cuando el Sr. Cuesta decidió abandonar la presidencia. Yo no creo que lo mío sea de ese orden. Además, Concha jodía la paciencia sin tener legítimo derecho (no era propietaria después de cierto punto en ANHQV). Nosotros, en cambio…
M.
Pequeña odisea puertorriqueña (1) « La otra botella // Septiembre 8, 2009 a 4:21 pm
[...] honor a un viejo favorito de estas páginas, del cual hablaba yo aquí recientemente en una “nota luctuosa”, pues la bodega que lo hacía fue absorbida por uno de esos peces gordos del enocorporativismo. El [...]