La otra botella

Economía doméstica

Julio 27, 2009 · 21 comentarios

Otro post híbrido, pues me parecería que abarca por lo menos un par de “Las 12 cosas que más joden a Camblor de la cultureta actual del vino”, además de incluir un par de apuntes de bebienda casera. Encima, tiene algo que ver todavía con Anthony Dias Blue… Les digo, viene multipolar.

Resulta que en el artículo que publicara Dr. Vino sobre Anthony Dias Blue y su conflicto con los blogueros del vino hay un pasaje muy curioso. Es de la respuesta del Sr. Dias a Tyler Colman:

“Me impresiona que pague usted por ‘la gran mayoría’ de los vinos sobre los que escribe. Si cata usted 1000 vinos en un año, entonces debe usted pagar por 750 de ellos. Eso significaría que gasta usted cerca de US$20,000 en muestras, para no decir nada de lo que gasta en comida. Yo cato como 7000 vinos al año. Eso pondría mi factura por muestras bien por encima de los US$100,000. Creo que prefiero dar propinas generosas a los transportistas de FedEx y UPS.”

Se me antoja que aquí hay un problema fundamental. De verdad que no me he fijado cuantas notas de cata publica anualmente Dr. Vino. Solamente puedo hablar de lo que pruebo y cuento yo. Y se me antoja que si viviera pendiente de “muestras”, este blog probablemente no existiría.

¿El problema fundamental? Que muchísimos blogs son autopublicaciones que reflejan la bebienda privada de un consumidor, sea en casita a diario o con amigos en cenas, catas grupales, etc. Yo publico intentando reflejar como se comporta cada vino en un medio mucho más cercano a la realidad diaria del consumidor común que el salón de catas de la revista X, donde se toman sorbitos, se gargarea, se escupe y se da puntitos de forma clínica y aislada. Uno de los factores más influyentes sobre mi conciencia a la hora de evaluar un vino positiva o negativamente es que, carajo, ¡esto me costó dinero a mí o a algún amigo!

De verdad que no quiero enterarme de cuanto me gasto al año en vino. Tampoco quiero andar haciendo censos de botellas. Trato de ser responsable y no andar comprando por comprar. No soy hombre de trofeos—sólo pretendo beber bien y sentirme que aquello por lo que he pagado ha valido lo que pagué. Mi parcialidad, hay que decirlo, parte de esa sencilla premisa. Jamás diré, por ende, que soy “imparcial”.

Si, por casualidad, algún vinatero amigo me provee una muestra, usualmente es porque su vino no está disponible en mi mercado y desea que lo pruebe. Hago siempre una nota aclaratoria sobre las circunstancias en que vine a tener ese vino en mi posesión. Y lo hago más como agradecimiento público al amigo vinatero que se preocupó por hacerme llegar esto que por ninguna obligación de “full disclosure”, que conste.

Espero que me comprendan. Lo que quiero dejar claramente establecido es que aquí las cosas se hacen entre amigos, con sinceridad, contando lo que le pasa a uno, como uno ve o no ve… Una de las bellezas (y los peligros) del blogueo: El periodismo ciudadano tiende a trabajar en plan “micro”, exponiendo detalles que no se verían en las páginas cuidadosamente editadas de una buena revista o periódico. Aquí las cosas tienen pelos, señales y a veces no les huelen bien los pies. Siendo la motivación principal un deseo de comunicar la cotidianeidad de una pasión por el vino en esta época de pendejadas y veleidades, no podría funcionar de otra forma. Craso error del Sr. Dias y los que como él piensan, imaginar a los blogueros como gente que pretende usurparles su trabajo. Somos criaturas diferentes…

Piénsenselo ustedes la próxima vez que vayan a un blog y la próxima vez que compren su revista favorita sobre el mismo tema que trata el blog.

Esos veinte mil dólares de los que habla el Sr. Dias son un dineral, particularmente si se trata de muestras. Pero si uno ve esa inversión—aunque excesiva, sobre todo en los tiempos que corren—como parte de la búsqueda de disfrute personal, creo que la historia se lee distinta.

Y nada, lo otro que traia. Unos  vinitos caidos en los últimos días, por mí pagaditos…

En blanco me probé, del mismo suplidor italiano del que les contaba el otro día, un Ronco dei Tassi, Bianco “Fosarin”, Collio 2007. Es una cuvée de friulano, malvasía, pinot bianco y sulfuroso. Digo porque la peste a huevos pasadillos no se le quitó en toda la noche. Debajo se sentían elementos tropicales de piña, banano y guanábana. Liso, goloso y glicérico, para mí lo salvan solamente sus elementos texturales. Entra en boca cremoso y en el posgusto deja una agradable granulosidad que me recuerda a pera fresca. Pero no creo que repita.

En tintos les puedo contar del Nino Negri, “Le Tense”, Sassella, Valtellina Superiore DOCG 2005. La botella la fuí probando a lo largo de aproximadamente 96 horas, interesado en ver lo que le iba pasando al vino.

Ya saben los que me conocen que me fascinan esos nebbiolos prealpinos, de clima más fresco que el del Piamonte centro-meridional. Lessona, Bramaterra, Ghemme, Carema, Valtellina son todos nombres que suenan como dulce música en mis oidos, sobre todo cuando van junto al nombre de un productor natural, tradicional y sin enotecnoínfulas.

Pues tenía yo mis reservas por la contraetiqueta de este sassella. Una cuarta parte del vino se envejece en grandes toneles de roble esloveno. Pero el resto se mete un año y pico en barricas de roble francés y americano. Ya se imaginan la gracia que me hace a mí lo de nebbiolo con barrica.

En fin, que por lo menos el color era valtellinesco: Granate coralino pálido, con destellos acaramelados y violáceos y excelente transparencia. A veinte minutos de abierta la botella, la nariz es toda madera: Vainilla, hinojo, caja de puros, cuero y canela. Por debajo van apareciendo ciruela fresca, té verde y frambuesa negra, pero la tabla pega fuerte. Más o menos el mismo efecto en boca. Es un vino ligero, delicado, que parecería pasar trabajo cargando tanto roble. Difícil no preguntarse qué poseyó al vinificador a meter esto en barricas. La madera obstruye. El posgusto tiene un agradable amargor frutal y el hecho de que no esté dominado por taninos secantes de barrica (como lo estaría, por ejemplo, en uno de esos riojones modernos) me hace guardar las dos terceras partes de la botella en la nevera para volver a evaluar.

La segunda noche la cosa parece haber empeorado. La misma nariz. En boca la fruta ha caido presa de un mutismo alarmante. Recorcho, abro otra cosa.

Esa otra cosa fue el Domaine Chignard, “Les Moriers”, Fléurie 2004. Lo sirvo con una ensalada de alubiones, chorizo, hongos y cebolla caramelizada sobre rúcola. El chorizo automáticamente le declara la guerra y comienza a pegar gritos en mi boca, pidiendo vino blanco. Pero bueno, nos comemos la ensalada sin pensar mucho en la catástrofe marital que se trae con el vino, reservando este último para disfrutarlo por sí solito.

Es que la gamay y el granito forman un duo muy especial. Se adoran.  Preciosa nariz mineral. La fruta está ahí, en elegantes notas de fresa y cereza frescas y anís, pero esa distintiva mineralidad es lo que las mueve, las hace elocuentes. Es casi musical la cosa. Bella boca mineral. La fruta… Bueno, ya saben. Grácil, fresco y delicioso. Infinitamente bebible. Largo. ¿Les dije lo de mineral? El posgusto es de los extra-crunchy. Lo despierta a uno como si fuera cafeina la ligereza y el brio  de este vino.

No, no voy a dejarlos en el aire con el valtellina. A la cuarta noche la cosa mejoró sustancialmente. La madera parece querer aceptar un papel secundario y se revela una fruta estructurada, seria, tirando más a negra que en las noches anteriores. Hay amagos florales, además. Y polvo. Decidí comprar un par de botellas y guardarlas, a ver.

Videito pa’ujtede ahora. Elvis. No, el marido de Diana Krall.  La canción es del nuevo álbum, que está fenomenal. El título de la canción, por pura casualidad, me recuerda al blanquito del que les dije arriba. Y el “look” de la filmación parece primo de mi nueva modalidad fotográfica para los caidos en casa…


Categorías: 12 cosas que más joden a Camblor sobre la cultureta actual del vino · Bebienda doméstica · Crítica · Para considerar...
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21 respuestas hasta el momento ↓

  • sibaritastur // Julio 28, 2009 a 4:08 am

    he leído muchas veces en blogs la reivindicaión de que se pagan las muestras que publican al contrario de otros e incluso algunos se ofenden si les dan muestras porque sienten que es una forma de compra.
    A mi eso me parece un dialogo absurdo, que mas dará si se paga o lo regalan?, a mi no me importa mucho el tema. Lo que me preocupa es la honestidad y la sinceridad del individuo en cuestión.
    Quizá es cierto que igual si pagas todo, tienes menos ligereza de opinión que si te lo regalan, pero nada mas.
    Yo me pago todo lo que bebo (hay mínimas excepciones) pero sé de algún blog que pide muestras, no me parece mal si son honestos.

  • Mariano // Julio 28, 2009 a 5:16 am

    … y frente al vicio de pedir, la virtud de no dar.

    Me explico, a mi no me parece mal que un bodeguero envíe voluntariamente una muestra a un bloggero. Es una forma sana de dar a conocer su producto a alguien que, en definitiva, es un consumidor más que simplemente da su opinión.

    El problema es que proliferan los caraduras que con el pretexto de tener un blog de relativa audiencia se dedican a pedir en plan mafioso cajas de vino e invitaciones a restaurantes, cobrando, incluso, por hablar de ellos… y eso lo destroza todo, ya que la frescura del blog es precisamente que su autor es uno más que se gasta su dinero y no recibe un trato especial. La gente lo lee porque se identifica con él y espera recibir el mismo trato u obtener sensaciones similares del producto sobre el que se está informando.

    Esos son los que hacen daño.

  • Manuel Camblor // Julio 28, 2009 a 6:57 am

    Jorge,

    Es que el problema está precisamente n el significado que le da uno a la palabra “muestra”. Si estamos hablando, en t’erminos cient’ificos, de un espécimen a analizar para obtener una valoración relativa de un todo al que dicho espécimen pertenece (como quien presenta una muestra de sangre en el laboratorio), pues bien. Pero me temo que “muestra”, en el sentido de “muestra gratis para consideración comercial”, ya es otra cosa. Habría que ver quién da o recibe qué.

    Yo tiendo a no considerar las botellas que consumo, sean compradas por mí, como “muestras” en el sentido evaluativo puro y duro. Después de todo, esos vinos comparten mi mesa (a mejor o peor resultado), o sea, usualmente me los bebo y hablo de ellos en un contexto social. Así, lo que presento luego es una experiencia de mi vivir, no una notita de cata clínica.

    Mariano,

    Asumo que lo de “los que hacen daño” va por los morrudos pedimuestras… Es que la frase, así solita y colocada tras hablar de otro tipo de bloguero que no anda por la vida cacheteando, sino viviendo como el común de los consumidores, resulta un poquito críptica.

    Ah, y “Ante el vicio de pedir,,,” era un dicho favorito de mi difunto abuelo Raúl Pujol.

    M.

  • Mariano // Julio 28, 2009 a 7:05 am

    Manuel,

    Tienes razón en que queda un poco confuso, pero lo has interpretado bien.

    Disculpas,

    Mariano

  • José Luis Louzán // Julio 28, 2009 a 7:44 am

    Creo que todos estamos mas o menos de acuerdo pero, por aportar la visión del que vive de vender el vino (ademas de pasarselo de muerte, a veces, bebiendoselo) diré esto;

    Al año puedo catar (yo que se…) 500 o 600 vinos. O mas, da igual. de esos vinos la inmensa mayoria son potenciales ocupadores de las estanterias de mi tienda. Un porcentaje alto, el 60 por ciento, los compro por haberlos probado en eventos y no los cato de forma mas seria y pausada hasta despues de comprarlos. Algunos resultan interesantes, otros muy buenos o magníficos y la inmensa mayoría ni los nombro….

    Recibo muchas muestras, sobre todo antes del verano (de Abril a Julio principalmente) por lo que suelo llamar el “efecto albariño”. Pero de todos ellos, incluidos aquellos que yo mismo distribuyo en mi zona, hablo desde el mismo nivel y óptica… la de que me gusta o no me gusta, me dice algo o no, me “pone” o no me “pone” en argot…. y punto…

    Y, por cierto, yo, que tengo una tienda, distribuyo y tengo un blog (que mal suena esto) nunca he pedido una muestra. Me da un noseque…. He dado muchas, bastantes, de vinos que queria introducir a hosteleros y profesionales… pero pedir, nunca.

    Esto no quiere decir que me parezca mal que se pidan, ojo, pero yo no lo hago… no se, costumbre…

    Todo se resume al final en el juego habitual de la honestidad y los intereses. Y a mi lo que me interesa es que la gente se vaya contenta, con un vino que se ajuste a lo que quiere o necesita lo mas posible, que le haga conocer y aprender de este mundo y que le “abra la mente” en la medida de lo posible… y punto. En la tienda, en el blog, o en el restaurante que diga que quiere alguno de mis vinos…

    Lo demas, para mi, es poco relevante…

    Ahora, gente con morro y poco honesta hay un puñao (estan los parlamentos llenos, para empezar jeje)

  • Manuel Camblor // Julio 28, 2009 a 8:19 am

    José Luis,

    Entraríamos en un conflicto ridículo con el formato mismo del blog (o sea, la bitácora personal) si quisiéramos limitarlo a gente que no tenga intereses económicos/profesionales en la temática cubierta. Para mí lo bonito de la existencia de blogs de vinos es precisamente la diversidad, no solamente de gustos y opiniones, sino de “ángulos” desde los cuales se cubre la cultureta del vino.

    Puede ser sumamente útil para mí, como consumidor, leer el blog de un viticultor, o un vinatero, o un comercial de bodega, o alguien que vende vinos en una tienda. Me dan perspectivas distintas, todas enriquecedoras en cuanto a conocimiento. Pero sólo si se sabe de qué va cada quien, ¿no?

    Obviamente, las muestras que a ti llegan no te llegan exclusivamente para ser evaluadas con miras a que pongas una nota en tu blog. No, tú recibes muestras que evaluarás en términos de lo que va o no con la filosofía que aplicas en tu tienda. El principal reclamo de tu blog, al menos para mí, es el de dar una visión de “la trastienda”, las preocupaciones del comerciante de vinos en cuanto al vino mismo, etc.

    Las muestras ahí ocurren en un orden muy distinto al de los blogueros que meramente pretenden constituirse en “críticos” o “publicistas” de la industria a base de puro morro.

    ¿Alguien tiene opiniones sobre valtellinas con madera? :-)

    M.

  • sibaritastur // Julio 28, 2009 a 9:00 am

    Manuel una muestra no deja de ser una botella comercial, no?, pues siendo así no tiene importancia. Tampoco la tiene si la ofrece el bodeguero o la pide el bloguero siempre y cuando haya honestidad y lo de la notita clínica es gracioso, es lo que yo hago, con todas las botellas, pero es que no doy mas, espero que solo sea por el momento, jejejejeje.
    Mariano, para mí no es lo mismo que un bodeguero ofrezca que un bloguero pida pero mientras “sea limpio” no le veo el problema ni la discusión, otra cosa es lo que tu apuntas que no deja de ser fruto de la sociedad capitalista que tenemos y que hemos asumido como normal.
    El caso de Jose Luis es bien diferente ya que se dedica al vino profesionalmente, aunque tenga un blog las botellas le llegan de distintas maneras, es normal.

  • Manuel Camblor // Julio 28, 2009 a 11:19 am

    Jorge,

    No puedo estar de acuerdo con que “no tenga importancia”—o que dé igual—que una bodega brinde muestras y que un bloguero las pida. O al menos no puedo estar de acuerdo si no se puntualiza mucho más la cosa. En el segundo caso, depende de si el bloguero solicita de la nada o ha sido invitado a solicitar por algún intermediario entre él y una bodega, o por la bodega misma. Además, la bodega ha de evaluar qué le va en mandarle a ese bloguero en particular una muestra. No siempre puede resultar positiva la cosa.

    Es un tema complicado, me parece. Muy complicado. No sé si, en un blog basado mayormente en muestras, esa “limpieza” y transparencia sobre lo que se da, lo que se recibe y por qué resulte demasiado difícil de lograr.

    ¿Alguien quiere hablar un poco de la bella relación entre la gamay y los suelos graníticos?

    ¿De la bella relación entre Diana Krall y su marido? :-)

    M.

  • José Luis Louzán // Julio 28, 2009 a 11:55 am

    Uuuummmmm…. la gamay y los suelos graniticos eh??? Mal asunto jejejeje

    Lo que si me gustaria conocer es vuestra opinión sobre un tema que salio ayer en una comida.

    Estabamos en el sempiterno tema de lo malas que son las DO´s, a vueltas con un vino que tuvo que etiquetar como vino de mesa por no se que tramites y tonterias… y de ahi derivamos a lo de siempre… que si los consejos reguladores estan manipulados, que si el metodo frances de “apellation” es mucho mas fiel con el suelo y los vinos…

    ¿Vosotros que creeis?,¿mejoraria la implantación por ley de ese sistema el panorama vinicola?…¿tu que piensas Manuel?

  • Manuel Camblor // Julio 28, 2009 a 1:23 pm

    Pues José Luis, pienso que alguno en alguna DO o DOC española pedirá mi crucifixión, pero en realidad hoy día no las tengo todas con el sistema como se aplica a las denominaciones con más alto perfil.

    Por ejemplo, en el caso de Rioja la idea de regulación resulta un tanto ilusa, considerando la cantidad de vino de la que estamos hablando y la caótica multitud de idiosincrasias vínicas que han de caber bajo una misma pegatina atrás de la botella.

    Muchas veces me he preguntado si a Rioja no le vendrá mejor una subdivisión de DOs al estilo de Toscana, por ejemplo, regulando subregiones o comarcas más puntualmente. Claro, con el pestazo a brunellopoli que se respira hoy día, quizás ése no es el mejor ejemplo.

    En cuanto al sistema francés, pues no sé si se pudiese implementar así, de golpe y porrazo. Imagino la cantidad de pleitos que ocasionaría la institución de X número de “grands crus” y “premiers crus” en España, los dimes y diretes, los follones por enchufe, etc. Como que no lo veo.

    En teoría, el sistema francés de apelaciones sí tendría que ser más fiel a la tierra, su clima y sus costumbres. Claro, tomando a Fléurie como ejemplo, no es lo mismo este de Chignard, o uno de Coudert, por ejemplo, que un producto hipermanipulado de Georges Duboeuf, y sin embargo, todos llevan el título de “Appélation d’Origine Controlée Fléurie”.

    Vamos, que esto de las denominaciones y las apelaciones es como la ley de Dios. El diablo habita felizmente en los detalles… :-)

    M.

  • javier // Julio 28, 2009 a 3:12 pm

    Manuel, tú dices que el tema de las muestras gratis es un asunto muy complicado. Estoy totalmente de acuerdo, no sólo limitándose a las muestras sino a todos los potenciales conflictos de intereses que existen alrededor de cualquier industria, incluyendo los profesionales que actúan en ella, los diversos medios de comunicación e inclusive los analistas y críticos involucrados. Creo que sí es mejor hablar de Diana Krall…. Pero en definitiva hay ciertos grados de conflicto que de hecho están regulados por los órganos correspondientes y seguramente hay mucho por hacer en la arena puramente legal de la cosa. En un grado un poco menos serio o severo (en términos económicos, de seguridad o de riesgos de salud, por ejemplo) hay ciertos ejemplos de conflicto que ventilan un tufillo característico y poco deseable (e.g. “…y hablando del cuadrado de la hipotenusa, esta tienda de vinos es la mejor del mundo, deben visitarla!”). Hoy en día hay un volumen impresionante de información disponible en la red, y creo que es casi imposible pretender que no haya contaminación y conflictos de intereses. Tal vez en alguna medida parte de dicha información se vaya regulando de una u otra forma pero creo que independientemente de eso nosotros debemos estar más informados aún para saber separar la paja del trigo. Todo un tema. Y me imagino que una de las peores cosas para un comunicador social competente y honesto es un colega incompetente y deshonesto.

  • Jose // Julio 28, 2009 a 3:14 pm

    Me pongo en el lugar del que hace vino y… ¡a mi sólo me pide muestras mi médico! y aun así que no cuente con que se las vaya a dar de buen grado.

    JL Louzán, desde mi punto de vista el trasladar sistemas de unos lugares a otros no tiene sentido exacto. No es lo mismo como se cualifican unos lugares que otros. No todo es Hermitage! p.j. la mezcla de variedades y uvas procedentes de distintos lugares, dentro de La Rioja era más o menos normal hasta que el monovarietal de tempranillo “lo petó” en los anaqueles.

    Manuel, ¿tan fiel el modelo francés como los perenganos de Beaujolais y los vinos de Brun que no les parecían apropiados de portar la etiqueta? ya sabes, yo por tocar la ingle ajena un poco… }:-)

  • Manuel Camblor // Julio 28, 2009 a 5:19 pm

    Tú descuida, Jose, que y osiempre llevo mi ingle bien protegidita con una copa de hieero colado.

    Lo que dices sobre el asunto del “Ancien” de Brun en el 2007 es a lo que aludía yo con mi comentario sobre el Fléurie según unos y el otro. Al final los organismos reguladores acaban siendo lo que son. Y si no, pregunta en Montalcino. :-P

    Javier,

    A veces me parecería que una inmensa parte de la comunicación sobre vino en estos tiempos porta el indeseable tufillo a conflicto de interés. Es como tanto vino con peste a madera pretendiendo ser “complejo”, digo yo.

    ¡Elvis, Elvis, Elvis! :-)

    M.

  • javier // Julio 28, 2009 a 5:34 pm

    Bueno, si yo lo expresara en esos términos, siempre podría haber alguno que me pidiera pruebas y fundamentos, y ahí el tema discurre hacia una discusión que siempre prefiero mantener en privado. Pero el tufillo abunda. Y uno ve tanta gente con techos de vidrio que andan tirando piedras a diestra y siniestra. Peor aún.
    Pues eso, Elvis is NOT dead. Zed is.

  • Manuel Camblor // Julio 28, 2009 a 5:51 pm

    Para curarme en salud ante la posibilidad de que se me acuse de “predicar la moral en calzoncillos”, yo que nunca tendría la terrible idea de pedir muestras, a veces hago precisamente eso y blogueo en paños menores.

    ¿Verdad que está buena la cancioncita del Costello? El álbum nuevo es excelente, un homenaje a Nashville que comienza con una canción apropiadísimamente titulada (para este espacio, digo) “Down Among the Wines and Spirits”.

    M.

  • javier // Julio 28, 2009 a 8:38 pm

    Se puso metafísico todo esto…. E interesante sentido del humor el del Sr Elvis.

  • Manuel Camblor // Julio 29, 2009 a 6:40 am

    ¡N’ombre nooo, Javier, que más físico de ahí, difícil!

    Dpn Elvis de Krall es un tesoro de la humanidad. Si bien yo allá por los primeros ochentas, desubicado, no entendía el valor de lo que hacía, en mi vejez prematura me identifico un montón.

    M.

  • sibaritastur // Julio 29, 2009 a 8:40 am

    Manuel, pa zanjar el tema. Si un bodeguero o tienda o comercial te ofrece una botella para que des tu opinión en el blog, sea la que sea, solo eso, sin nada mas, te parece mal?

  • Manuel Camblor // Julio 29, 2009 a 1:15 pm

    Jorge,

    Pensé que había dejado claro arriba que no tengo el más mínimo problema con eso que dices. Rutinariamente me escriben bodegueros—amigos o completos desconocidos—proponiendo enviarme muestras. No se habla nunca de que publique nada en La otra botella, aunque se entiende que existe posibilidad de que lo haga. También se entiende—espero—que si el vino no me gusta lo diré sin el más mínimo reparo y que el envío de la muestra se reconoce como gesto y se agradece, pero mi valoración es la que es.

    Vamos, que yo digo que si se deciden a mandar el vino, será porque creen en él y no le tienen miedo a las hostias verbales que a cada rato propino. Eso en sí es digno de mi respeto.

    M.

  • epablo // Agosto 1, 2009 a 8:42 pm

    que cada bloguero vea donde le aprieta el zapato, pero ojo! que la confianza sólo se pierde una vez…. como marido engañado jajaja…

  • $$, ó $$$, ¿pero por qué no “$”? « La otra botella // Septiembre 19, 2009 a 1:44 pm

    [...] me metió en la mente la temática de una entrada de hace mes y pico en La otra botella, titulada “Economía doméstica”, En ella daba notas de cata y ponderaba lo que cuesta esto de ser aficionado del vino hoy día, [...]

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