Archivo diario: julio 28, 2009

Más economía doméstica

Sigo pensando en aquella amiga que se profesaba “harta” de chilenos inocuos, riberas (y un montón de riojas que bien podrían ser riberas)  aburridísimos y californianos… Bueno, ahora mismo no me acuerdo lo que dijo de los californicios vínicos, pero da igual. Al final, la chica es víctima de un terrible enotedio. Pasa mucho en mercados jóvenes del vino, o sea, en regiones no productoras donde todo es importado (aunque protestarán algunos habitantes de regiones muy, pero que muy productoras, diciendo que en casa también les pasa). Se atrincheran un par de estilos de vino y de repente, pues, eso es todo y a traer solamente cosas idénticas, porque eso es “lo que vende” y al consumidor se le pueden dar “novedades”, pero sin jugar con la familiaridad.

Se me hace motivo de celebración que existan en mi actual hábitat algunos individuos capaces de ver un poquitín más allá e importar cosas un poquitín diferentes. Y  más celebrable aún resulta que traen una buena cantidad de vinos a precios módicos. Apelar a mi promiscuidad vinofílica y a mi frugalidad a un mismo tiempo es, no hay que decirlo, todo un logro en estas latitudes.

Eso sí, otra cosa que hay que decir es que estos importadores se concentran al 100% en vinos de diversas regiones de Italia. Esto no es negativo en lo absoluto, pues Italia es todo un universo de vitiviniculturas idiosincráticas y fascinantes. Lo que sí es negativo es que no aparezcan importadores aquí que hagan lo mismo en cuanto a Francia, por ejemplo. Si el cuerpo me pide vino francés, a menos que quiera productillos de hiper-négoce o burdeos de puntos, la llevo fea. A menos que sea yo el importador, trayéndome botellitas a mano como suelo hacer cada vez que me doy una escapadilla.

Así es como aparece en mi nevera el Bernard Baudry, Chinon Rosé 2008. Ya venía advertido (por una nota de Sharon Bowman en Wine Disorder) que este rosadito 2008 de Baudry venía sumamente austero, muy a diferencia de su bonito y amable hermano de la añada anterior. Razón llevaba la advertencia…

El color es de rosa de té asalmonadito, pálido y luminoso. La primera impresión nasal me recuerda a sidra, pero con un poderoso componente mineral. Luego aparecen acentos de fresa y heno. En boca es un vino magro, severo, rígidamente rectilíneo. Todo tensión. Hay fruta y una floralidad etérea de fondo, pero en este momento estamos hablando de un vino que te reta a ver quien parpadea primero. Dejé la mitad de la botella en la nevera para revisitarla más o menos en unos días, a ver si se ha “afabilizado” un poco de aquí a allá.

En blancos, un desencantillo: El Masciarelli, “Villa Gemma” Bianco, Colline Teatine IGT 2007: La nariz es discretilla, limonosa, con ligeras notas de polen y té blanco. En boca es más o menos lo mismo, con fina mineralidad en el posgusto. El problema aquí es que le falta algo en el paladar medio. El hueco se hace particularmente molesto porque los sabores en el ataque son sencillones y un tanto difusos. Hay un posgusto, pero el bache puede hacerle a uno perder el interés antes de llegar a él.

Unos apuntillos rápidos sobre tintos: Primero, el Abbazia di Novacella, Lagrein, Südtirol-Alto Adige 2007: Térreo y especiado como buen lagrein, con una rusticidad agradable—aunque a la vez con una textura tan pulida que te deja una cierta tecnopestecilla en la mente. De cuerpo medio, con muy buena intensidad frutal en una boca sabrosa,  acentos salinos y acidez viva en un posgusto bastante largo. Un vino muy fácil de beber y que agradece carne. A repetirse. Y mucho. Al menos en lo que aparece la nueva añada del teroldego rotaliano de Foradori, digo yo…

El importador, antes de enviarme el pedido que le hice, me advirtió que no abriese el Stefano Accordini, Valpolicella Classico 2008 hasta como dentro de un mes y pico, que estaba acabado de llegar y, encima, recientemente embotellado. Como si le hubiese puesto un letrero que dijera “Ábranme y es ya”, en una reunión alguien fue a la neverita de vinos de mi cocina y… ¿Cuál fue la botella que agarró? ¡Pues el valpolicella que, para mejores señas, estaba metido en una esquina atrás.

Nada, que esas cosas pasan. Y tampoco es que estuviese mal en su estado actual el vino. Aromas de cereza desecada, alcanfor, polvo y agua de violetas. Sencillo, agradablemente acuoso, con fruta vivaz y taninos masticables en el posgusto. “Un refresquito”, lo llamó mi mujer. Eso. Que nada tiene de incorrecto para unos escalopines de ternera con rovellones.

Hace un par de meses me encontré en una tienda con dos vinos de la bodega piamontesa Guidobono. No la conocía. Una googleada rápida en mi Blackberry arrojó unas cuantas reseñas positivas, algunas de ellas en sitios de confianza. Como los vinos andaban cerquita de los US$10, decidí probarlos. El primero que probé fue el Guidobono, Nebbiolo, Langhe 2006 y debo decir que me dejó sin palabras en el momento. Ahora lo recuerdo como negro, globular, denso, oleaginoso y alcohólico. Vamos, que tomé una copa y luego volví a la botella varias veces en el espacio de cinco días, observando su desintegración. De no mirar atrás y definitivamente no volver.

La otra botella era del Guidobono, Barbera d’Alba 2006 y podrán imaginarse que me tomó tiempo recaudar coraje para entrarle. Lo hice anoche. Tenía unos envuelticos de pollo con anacardos a la salsa hoisin en hojas de lechuga, iba a beber solo porque Josie está tomando medicamentos que no van con alcohol, y la botella no iba a marcharse sola de mi casa.

Para mi sorpresa, aunque al barbera definitivamente se le sentía su 14% de alcohol, estaba muy bebible. Especiado y goloso, con cereza y frambuesa negra pasando mercurialmente de lo desecado a lo mermeladesco. La acidez va justita en un posgusto dominado por el frutonazo. Pero hay una cierta salinidad también, lo que acaba por hacerlo funcionar. No que vaya a salir corriendo a buscar esto de nuevo, pero si un amigo me dice que le recomiende un tinto voluminoso y goloso que sea baratito y valga para bajarse una pizza…

El videín de hoy es un relajante muscular que dedico a todos los amigos que anden tensos este martes: