Las zapatillas mágicas, Capítulo Tres: Así, casualmente…

Algo que extraño muchísimo de Nueva York es la capacidad que tienen mis amigos allá de montarse, de un momento a otro y así, casualmente, una deliciosa velada de comida y bebienda de altísima calidad. La llamada puede ocurrir a las dos de la tarde. Y enseguida te pones a mover cosas en la agenda. A pensar en que vino llevar. A imaginar las bromas que puedes gastarle a fulano o mengano. Tu apetito se abre y palpita.

Es maravilloso cuando uno puede dar rienda suelta a las afinidades electivas. Las mejores amistades de mi vida se han forjado en ese contexto.

En fin, que Brad Kane había llamado para que Josie y yo compareciéramos en su casa. Nada complicado. Una cenita de miércoles de verano. Unos vinitos. Josie tenía compromisos previos con ex-colegas de su antiguo trabajo. Yo, libre de ese tipo de obligaciones, me apunté a lo de Brad.

Donde nos llevó la noche, primera vista

Donde nos llevó la noche, primera vista

Llegué y allí estaban Kane con Michel Aboud y Keith Levenberg. Brad ajetreaba en la cocina (tengo prohibido colgar fotos suyas en estas páginas hasta nuevo aviso, pues está en un proceso de transformación personal y quiere desligarse de su antigua imagen, o sea que nada de aquella tan simpática que le tomé delante de su estufa). Los demás nos dedicamos a relajearle, como de costumbre. Es que Kane a veces se demora un poco en la cocina y puedes verte cenando a medianoche con una facilidad pasmosa.

Pero a lo que íbamos. Copas en mano. Se sorprenderían de cuanto vino había para un mero cuarteto. Pero esas cosas ocurren. Sabemos manejarlas.

Abrimos con un De Venoge, Brut Select “Cordon Bleu”, Champagne NV. Nariz de croissant aux amandes recién salido del horno y bañado en crema de limón. Especiado y cremoso en boca, es un espumante sencillo y de trago fácil. Posgusto largo con buena mordida cítrica, sutiles notas minerales y un agradable aspecto de nuez moscada. “Buena champañita de boda,” anoté al pie de la página en mi libreta negra, o sea que tomen nota aquellos a quienes vaya a caerles encima un casorio en el futuro cercano.

Michel se ha metido a importador de vinos y nos trajo alguito para que probásemos. Un muscadet. Concretamente, el Jean Aubrion, “Grand Fief de l’Audigière,” Muscadet de Sèvre et Maine Sur Lie 2007. Riesgoso debut, ante tres muscadeteros de espíritu muy purista cuando se refiere a estos blancos del Nantais—nombres como Luneau-Papin, Ollivier y Bossard son nuestros referentes de base, o sea que cuesta trabajo impresionarnos.

Este Audigière, aunque tiene bastante buenos cítricos y mineralidad, carece de esa salinidad marina y de la tensión a nivel profundo que para mí caracteriza a un gran muscadet. Un blanquito fácil, decente y limpio. Se deja beber muy bien, pero las comparaciones no le son bondadosas.

Seguimos con una de mis aportaciones a la noche. El lunes en la mañana en Chambers Street Wines, cuando compré aquel silvaner viejo de Hans Wirsching que tanto nos sorprendiera en Apiary, también compré el Hans Wirsching, Riesling Spätlese Trocken “Iphöfer-Julius Echter Berg”, Franken 1992 que nos disponíamos a probar.

Para ser justos, aún no estaba muerto, pero ya poco le faltaba. Dijo Keith con toda la razón del mundo: “A éste llegamos cinco años tarde.” Lanolina, kerosén, un poquito de sudor, toronja blanca y melocotón en una nariz desgastadilla. En boca entra con toronja y mineralidad que sólo cualifico como “blanca”. Redondez superficial bajo la cual se sienten algunas aristas incómodas. Y un hueco debajo. Se siente cansado en el posgusto, que es cortito.

Lo curioso es que este riesling ya esté tan mustio cuando el silvaner del lunes estaba tan vibrante y sabroso. Cosas que te hacen encogerte de hombros…

Brad, de forma extremadamente poco característica, nos comenzó a servir comida tempranito. Fíjense ustedes que a las ocho de la noche (hora normal de cena en Nueva York, más aún cuando la mitad de los comensales están obsesionados con perder un poco de peso) comenzábamos a cenar sin contratiempos. El primer plato fue una espectacular ensalada con rúcola silvestre, tomatitos, bulbo de anís, maíz y langosta. Y habiendo langosta de por medio, entonces era hora del Huet, “Le Haut Lieu” Demi-Sec, Vouvray 2002. Porque pocas cosas en este mundo son más amigables a una buena cola de langosta que los magníficos vouvrays semisecos de Huet. Al que ofrezca chardonnay la próxima vez, infórmenle que hay mejores posibilidades de feliz matrimonio. Mucho mejores.

La excelente ensalada de langosta que comimos con el Le Haut Lieu Demi-Sec.

La excelente ensalada de langosta que comimos con el Le Haut Lieu Demi-Sec.

Lo que sigue dejándonos perplejos es que estos vouvrays, de una muy buena añada, aún no se han cerrado como se esperaba que lo hicieran. Siguen perfectamente sociables, incluso hasta sobrados en el cariño que te dan, pese a poseer una estructura y una mineralidad impecables, dignas de buena guarda.

Cosas. Pero uno lo mejor que hace ante estos misterios es rascarse el cráneo y echar pa’lante, disfrutando. Que están buenísimos.

Por ejemplo, éste: Bonita nariz de madreselva, cúrcuma, miel y piña con viva mineralidad. En boca es de dulzor moderado, voluptuoso pero firme de carnes. Muchas capas. Sabroso amargor en un posgusto muy largo, que aprieta un poquito en cuanto comienzas a pensártelo.

¿Les dije que esto queda delicioso con langosta?

No, por si acaso me olvidaba.

Comenzamos con los tintos inmediatamente después de la ensalada. El primero fue el Thierry Allemand, “Sans Souffre”, Cornas 2001, un vino del que había probado igual cantidad de botellas sensacionales en el pasado como de botellas que… Bueno, digamos que lo de los vinos sin sufuroso añadido tiene sus riesgos y a veces te salen “ranitas”. Lo que definitivamente no era el caso con este ejemplar. Maravillosa nariz de tono alto, térrea y cálida, con aromas de tocino, aceituna negra, semillas de anís,  y frutas negras. Fenomenal profundidad para un perfil aromático decididamente aún primario. Cada aroma parecía presentar múltiples facetas. Muy pulido en boca, con fruta roja y negra suculenta, acentuada por el elemento salino de aceituna negra y mineralidad. Posgusto largo y denso, con excelente acidez y taninos sedosos. Tremendo vino. Una de las mejores botellas de él que he tenido la suerte de probar.

Seguimos con más Cornas, que es una grata suerte… El Noël Verset, Cornas 1994, a[arte de absolutamente fabuloso, es un perfecto estudio de contraste al lado  del de Allemand. Las aceitunas aquí no son negras, sino verdes. Fruta roja muy pura y bien enfocada, con acentos de cuero, humo, lavanda y piedras trituradas. En boca es de cuerpo medio, gentil, evolucionado, con un toquecito rústico que le da encanto. En el paladar medio le surge una notita de chipotles en adobo que resulta interesantísima. Posgusto largo y vibrante, con una cierta floralidad retronasal muy atractiva.

Siguió el Pierre Gonon, "Les Oliviers", Saint-Joseph 1989, un vino del que escribí aquí hace un par de meses.  Todo lo que dije sobre su "belleza diáfana" lo reitero ahora. Seda pura. Mi dicha es grande por haber podido beber esto dos veces en tan poco tiempo.

Cayó después del Gonon la otra botella traida por mí. El Az. Agr. Cristiano Guttarolo, Primitivo "Anfora", Gioia del Colle DOC, Puglia 2006 no es cualquier primitivo y eso se nota. Donde el nombre de esa uva ha adquirido para mí las mismas connotaciones negativas que el de la zinfandel por culpa de un montón de elaboraciones abusivamente puntilleras, el juego aquí va de otra cosa. Estamos hablando de primitivo de cultivo orgánico, vinificado naturalmente y  envejecido en ánforas de terracotta durante un año. Es un vino de cuerpo ligero-medio, con bonito color granate-rubí atejado. Nada de pesos tremebundos y capas impenetrables.

No que se aprecie inmediatamente la bondad aquí, hay que decirlo. Recién abierto es más bien apestosillo. Michel, Keith y Brad por poco lo dejan de lado y se pierden el espectáculo provocado por un poquito de aireación. Es que a veces se precipitan los chicos.

Michel evalúa la nariz del Guttarollo con su técnica particular, según él infalible.

Michel evalúa la nariz del Guttarollo con su técnica particular, según él infalible.

Yo, por mi parte, soy un hombre paciente y a cada rato me veo recompensado por ello, lo que me indica que ni de coña debo cambiar. Huele a frambuesa y establo, a té verde y bulbo de anís, alcanfor, rosas secas y humo. Una nariz salvaje, sin afeites ni pendejadas, franca, que o te cautiva o te repele. Y a mí me cautivó. Notas aromáticas de higo y boletus también, además de considerable mineralidad de fondo. Una gozada. Jugoso y vivaz en boca. No tan complejo como la nariz me hubiese dado a esperar, pero delicioso. Un vino que quiero beber de nuevo pronto. A ver si puedo hacerme por lo menos con media docena de botellas. Va a ser dificilillo, pues me cuentan que Guttarolo solamente produce unas mil cajas de vino en su cantina cada añada. Pero se intentará.

Algunos protestarán que tantas botellas divididas entre solamente cuatro tipos toca a muchísimo vino por barba. Pero en realidad no consumimos mucho. Probamos y seguimos, quedándose la casa con los generosos sobrantes para consumo posterior.

Claro, en el espíritu de parecer bien exagerados, se abrió otra botella más. Resulta que la conversación nos llevó, por algún misterioso motivo, a Chile. Concordábamos los amiguetes y yo en que ya no conocíamos mucho vino chileno que nos tentara a beber. Chile había sido para alguno de nosotros—por lo menos hasta mediados de los noventas—fuente de vinos con excelente relación calidad-precio. Pero ahora como que ni fu ni fa (frasecita recurrente en los últimos días en La otra botella, ¿no?) Hablamos de lo bueno, bonito y barato que antes había y ahora no parece querer haber en Chile.

Se habló de corporativismo, de océanos de vino industrial, de vinos dizque “premium” a los que no había por donde meterles los cien dólares que por ellos se atrevían a pedirte. Surgió el nombre de Cousiño-Macul como ejemplo de una bodega que antes era referencia obligada y ahora… Bueno, ya saben.

“¡Ey, que esos los vendo yo!”, declaró Kane, levantándose de la mesa. “Esperen que les saco una muestra”.

Donde nos llevó la noche, segunda vista.

Donde nos llevó la noche, segunda vista.

¡Ay. coño, vámonos!“, exclamé yo en mi lengua materna, aunque ninguno de mis tres contertulios era hispanohablante. Nadie me hizo caso.

Nada, que probamos el Cousiño-Macul, Cabernet Sauvignon “Antiguas Reservas”, Maipo, Chile 2006 y la reacción fue la que fue. Nariz ligeramente insecticídica al principio, luego con notas de tinta de bolígrafo y hoja de plátano sobre Ribena. En boca es fláccido, sin encanto porque no parece tener vida. La esencia del aburrimiento. Una lástima, definitivamente, pues Cousiño-Macul fue hace mucho autora de cabernets preciosos, que envejecían muy bien y me dieron mucho placer cuando era más joven.

Yo, para no quedarme así, eché mano a un sorbito que me quedaba en otra copa del primitivo. Poco después salí para el hotel, sintiéndome que para una noche de miércoles la cosa no estuvo nada mal, no señor…

Advertisement

11 Respuestas a Las zapatillas mágicas, Capítulo Tres: Así, casualmente…

  1. Hola Manuel,

    Espero que todo vaya bien. Una duda. Recuerdas si ese Guttarolo del que hablas decía “anfora” en la etiqueta?

    Saludos!

  2. Manuel Camblor

    Patricio,

    Ahora, así pensándolo, no me acuerdo si la etiqueta ponía lo de “Anfora” por alguna parte. ¿Por qué preguntas?

    Cuando compré la botella en Crush, lo hice tras poner el reto a Chris de encontrarme algo raro, bonito y que no vapuleara demasiado el peculiar paladar de mi anfitrión esa noche. Kane, el pobre, comienza a gritar como un niño chiquito ante cualquier cosa sin azúcar residual. Chris me sacó la botella del Guttarollo y me explicó lo del ánfora, etc. Al ver que era importado por Louis/Dressner, me decidí.

    Estuve analizando las fotos en el post sobre esta cena que colgara Brad en Wine Berserkers:

    http://www.wineberserkers.com/viewtopic.php?f=1&t=8478

    Mi vista no da para tanto. Mira a ver si tú logras captar.

    Por mi parte, yo estaba incómodo por como escribí “Guttarollo” en mi libretita. No sabía si había puesto una o dos “t”, por una gotita de vino que me hizo un lamparón en la página, o sea que fui a verificar al sitio de Polaner, que distribuye a Dressner:

    http://www.polanerselections.com/portfolio.php?pID=3215&prodID=3212

    La etiqueta en la imagen y los datos concuerdan con los que tenía yo.

    Espero que esto ayude.

    M.

  3. Yo me compré una botella en Appellation, recomendado por Scott. Me dijo que se trataba de un vino criando en ánforas, pero por tu comentario, pensé que se trataba de una embotellación especial, lo que habría sido raro porque ya la mía dice que sólo se produjeron 700 botellas. En fin, viendo las fotos, creo que compramos la misma botella. No la he probado, pero por lo que escribes, me suena a que me va a gustar. Igual no es, digamos, una ganga. Me costó treinta y algo. La moda se paga. Y es con dos “t”, pero con una “l”. No es que lo sepa. Sólo es que tengo la botella frente a mí.

  4. Y una cosa. De ser tan bueno el vino, comprueba una vez más la teoría -creo que es tuya- de que en Estados Unidos es bueno ver la contraetiqueta y verificar el importador. Una va a la segura con gente como Dressner o Savio Soares o Lynch o José Pastor. Conoces a este Pastor? Es el que trae a Barquero y Argueso y, sobre todo, a Luis Rodríguez de Ribeiro. Chambolle en galicia.

    saludos

  5. Ya he corregido el nombre de Guttarolo en todas las partes pertinentes (menos una, que está entre comillas y expresa lo que escribí en mi libreta, error y todo). Gracias.

    Me había entrado la paranoia cuando me preguntaste lo de si ponía “Anfora” la etiqueta, de que me hubieran vendido el “regular” por el “Anfora”, ya que a todas luces me cobraron el “Anfora” (lo decía en la factura) y va y tú poseías algún “inside knowledge”. Pero bueno, nada, que todo bien.

    El vino está maravilloso. La redefinición de una variedad que para mí sólo daba vinos entre lo inestelares y lo francamente horribles. Te va a gustar.

    No conozco a Pastor personalmente—creo, a uno se le olvida toda la gente que le presentan—pero sí a los vinos que importa y me parece que hace un excelente trabajo. La manzanilla clásica de Argüeso nos la ventilamos de preámpbulo a la noche del Virtualazo la semana pasada y fue una gozada.

    Claro, como todo, eso de confiar plenamente en las contraetiquetas te puede dar tus sustos. Alguna vez algún vino de Dressner o Kermit me ha salido “rana”, o ha ocurrido una de esas refermentaciones de experimento de ciencias de la secundaria que se dan en ciertos vinos naturales… Es una confianza que uno tiene basada en que hay consistencia, pero sería ridículo esperar consistencia absoluta. Gente de excelente gusto a la que debemos dar suficiente latitud como para que algo no salga perfecto de vez en cuando.

    Dicho esto, las posibilidades de éxito con una contraetiqueta de Dressner son muy considerables. Eso vale.

    En cuanto al precio del Guttarolo, pues no sé, treinta y pico de verdes no me parece exagerado, considerando la minúscula producción. Compara con algunos vinos ultrapremium hechos dizque en plan “boutique” por productores americanos con ínfulas puntero-puteras y te darás cuenta de que este primitivo está regalado, particularmente si piensas en el factor tasa de cambio, etc.

    M.

  6. Magnífico ese Cornas “sans souffre” de Allemand. Hace un par de años probamos uno en nuestros ensayos vínicos de los lunes y aún tengo memoria de esa nariz, cargada de cardamomo y de notas a embutidos ahumados.
    Los vinos de Allemand han subido de precio notablemente, pero valen la pena. La tipicidad del syrah es lo más directo que puede haber. ¿No habrá alguien interesado en convertirse en importador de este personaje acá en Chile? Vaya fantasía la mí.

    Saludos
    Coralo

  7. Manuel Camblor

    Yo, Coralo, bien podía sobrevivir en una dieta estricta de los vinos de un puñadito de elaboradores del norte del Ródano por el resto de mi vida. Allemand sería uno. Verset, lástima que se jubiló…

    Y no te creas, que viviendo donde vivo y contemplando la oferta vínica local como lo hago, a veces me dan ganas de iniciar mi propio negocito de importación. Mi mejor cliente sería yo mismo. :-)

    M.

  8. Manuel,

    De este Thierry Allemand 2001 sans souffre llevo dos botellas o tres, y todas fueron magníficas. Parece que las botellas rana como tu dices las exportaron a otro lado. También degustamos hace poco una mini vertical 1998-2000 de vinos de Allemand: http://vinosycopas.com/2009/07/28/cornas-thierry-allemand-reynard-98-99-2000/

    hasta el momento, no he encontrado botella de este productor que no me guste.
    Saludos, Gerhard

  9. Manuel Camblor

    Gerhard,

    A veces son importaciones “a mano”. Otras ocurre que el vino, al no tener sulfuroso añadido, es un poco frágil y si no se cuida la temperatura de almacenaje a cada paso pasan cosas.

    Pero cuando aparece una buena, este Allemand “Sans Souffre” es maravilloso.

    M.

  10. El Cornas “Sans souffre” de Allemand…

    I’m cryin’ out loud, for Christ sake!

    (He escrito estas ultimas bobadas medio borracho desde Paris, y me da por spik in inglish)

    Un gran salud desde aca, Manuel, y a mis amigos chilenos que te leen (y un aleman chilenizado), que en este lado del mundo cuesta mantenerse sobrio. Un Morgon Lapierre 2008 reciencito me dejo LE-LO. Ahhhhhhhh…

  11. Hombre, Felipe, pues a disfrutar y luego a contarlo…

    M.

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Gravatar
Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s